Marcelo Torres: “El bajo es como un instrumento que entra en todos los géneros y no pertenece a ninguno

El destacado bajista Marcelo Torres se presenta el viernes 4 de Septiembre, a las 21 hs en Buddhi La Cumbre, con su formato Solo Set, una propuesta en la que combina bajo de seis cuerdas MIDI, loops, piano y voz para recorrer parte de su extensa trayectoria como compositor e intérprete. El show incluirá canciones de Adivino del tiempo, composiciones de discos anteriores y material que formará parte de su próximo lanzamiento discográfico, además de un homenaje a Luis Alberto Spinetta, con quien integró el mítico trío Spinetta y Los Socios del Desierto.

Marcelo Torres construyó una trayectoria atravesada por distintos mundos musicales. Del rock nacional que escuchó desde chico a la improvisación del jazz, del tango al folklore y la música contemporánea, su recorrido incluye nombres fundamentales como Lito Vitale, Luis Alberto Spinetta, el Indio Solari y Adriana Varela. Pero más que una suma de colaboraciones, su historia puede leerse como la búsqueda de un lenguaje propio a partir del cruce entre músicas.

Autodidacta en sus comienzos, Torres encontró en el bajo un instrumento capaz de ocupar múltiples lugares: sostener, dialogar, marcar el pulso, generar melodías o convertirse en protagonista.

Su vínculo con el jazz fue fundamental para ampliar ese universo. El estudio de la armonía y la improvisación se incorporó a una música que nunca quiso encerrarse en un género determinado. Torres se define como un “contaminador de músicas”: alguien que lleva elementos del rock al tango, del jazz al folklore y de la música popular a cada nuevo proyecto. El bajo eléctrico, en ese sentido, se convirtió en una herramienta capaz de atravesar distintos lenguajes sin pertenecer por completo a ninguno.

En 2019, Adivino del tiempo, su trabajo como compositor y solista, recibió el Premio Gardel al Mejor Álbum Instrumental / Fusión / World Music. El reconocimiento llegó para un artista que sostiene una producción independiente y una idea clara sobre la música que es hacerla desde la propia verdad, sin responder a modas ni a las demandas de la industria.

A pocos días de presentarse en Budhi, Marcelos nos habla sobre el bajo y el arte de acompañar, la improvisación, el aprendizaje y por supuesto su experiencia con junto a Spinetta. pero también sobre los cruces de géneros dentro de la música, los premios y las etiquetas. Pero sobre todo una pregunta que atraviesa su manera de sentir la música qué significa escuchar al otro para construir música.

Otra Canción: Empezaste estudiando guitarra clásica, pero a los 12 años apareció el bajo y sentiste que ese era tu instrumento. ¿Qué encontraste en el bajo que hizo que se convirtiera en tu forma principal de expresarte musicalmente y cuándo descubriste qué lugar querías ocupar vos dentro de una banda?

Marcelo Torres:  Empecé estudiando guitarra española en un conservatorio de barrio acá en Caseros, provincia de Buenos Aires, de los 9 a los 12. Básicamente, atrapado por lo que sería el folclore de esa época. Me gustaba mucho cantar folclore y quería acompañarme, así que por eso aprendí guitarra. Después pasé al bajo podríamos decir de manera casual, porque armamos un grupo y había un guitarrista que tocaba muy bien, entonces yo agarré y toqué el bajo.  Después me empezó a gustar. En realidad, empecé con una guitarra de 4 cuerdas. Y ahí empecé a acompañar con eso, y después ya eso se transformó en un bajo. Y de a poquito me fui enganchando con el instrumento, con las frecuencias, con un poco el rol de completar la idea de lo que es la guitarra eléctrica y la batería, ese puente, digamos, que se genera porque era un trío el que yo tenía. Así que me pareció que estaba buena la elección del bajo. De a poquito fueron amigos trayéndome otros bajos, hasta que pude comprarme el mío, así que, y me quedé ahí en ese instrumento. Y, bueno, me gustó.

O.c: ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre ocupar un lugar protagonista y saber cuándo correrse para que la música respire? En una banda, muchas veces quienes sostienen la estructura son menos visibles que quienes están al frente. ¿Creés que existe una valoración suficiente del trabajo de los músicos que acompañan?

M.T: Mirá, la verdad que los músicos en general, ya cuando elegimos un instrumento, de alguna manera estamos definiendo un rol que vamos a ocupar, que tiene que, muchas veces ligado un poco a la psicología del músico, a cómo es, a la forma de ser, a su personalidad. Generalmente, un guitarrista, quiere tocar melodías, quiere hacer solos, un saxofonista lo mismo. Pero no es lineal eso. En el caso mío del bajo, el bajo y la batería son como los trabajadores de la banda, son la fuerza, la energía de una banda es el bajo y la batería. Pero igual el piano también hace bass, el guitarrista también hace bass, o sea, la verdad que los instrumentos mucho más en estos tiempos han adquirido relevancia, tanto el bajo desde el surgimiento, la presencia de Jaco Pastorius en el mundo del bajo.

El bajo quedó definido como un instrumento que puede ser solista, puede ser base. O sea, que no siento que haya una desvalorización. Al contrario, ahí el rol del bajo, en la música pop, rock, se pondera mucho el sonido de base, el, digamos, el espacio que dejan las notas el bajista con el baterista. Pero si querés tocar otras músicas, tenés que saber solear, tenés que saber tocar acordes. Hay un montón de roles que ocupar desde un instrumento. Y, obviamente, está limitado, si se quiere, por la capacidad del músico. Si el músico se quiere quedar en un rol de tocar solamente tónicas y ahí se siente cómodo, va a encontrar un proyecto que necesite su aporte y ahí andará. Y otros no, otros preferimos tocar 6 cuerdas, tocar acordes, componer música desde el bajo. Obviamente, influenciado también por grandes músicos.

O.c: El jazz aparece como una de las raíces importantes de tu música, pero tu recorrido también atraviesa el rock, el folclore, la música contemporánea y la experimentación. ¿Qué encontraste en el jazz que te permitió ampliar tu manera de entender la música y cómo se construye ese equilibrio entre el conocimiento, el estudio y la libertad de la improvisación?

M.T:  Sí, el jazz es la música que estudié y que estudio básicamente, porque tanto el folclore, lo mamé de chiquito en el ambiente, digamos, la npusica popular en general estuvo siempre en el ambiente de lo que fue la escuela primaria, la secundaria, el rock nacional, o el rock progresivo, el rock británico. Pero el jazz sí lo tuve que estudiar y lo sigo estudiando. Siento que me amplió los conocimientos, me amplió el panorama, el espectro, tanto armónico como melódico para improvisar. Además, a través del jazz entro en el mundo de la improvisación y lo incorporo a mi mundo musical. Yo no compongo temas de jazz, pero hay solos en mis temas que forman parte de la construcción de la canción.

Cuando improvisas ahí tenes que saber qué cosas podés utilizar para improvisar. Entonces, ahí es donde aparece el jazz, hay una riqueza armónica muy linda, muy grande en el jazz, que aprendí y sigo aprendiendo e incorporando en las composiciones.

O.c: Tus primeros años estuvieron ligados al rock, con Tantor y presentaciones en espacios como B.A. Rock y el Festival de la Solidaridad. ¿Qué encontrabas en aquel rock de comienzos de los 80 y qué recordás de ese momento de la música argentina?

M.T:  Fui y soy un fanático del rock nacional. Yo soy un músico formado en el rock nacional, en la música de Manal, de Almendra, de Vox Dei. Bandas que algunas vi, Aquelarre Sui Generis. Te digo así bandas que, o grupos, que por suerte pude ver en vivo, y de alguna manera, me fueron dando una ua educación auditiva de la música sin querer, porque como como oyente, como fans, como seguidor de esa música.

Así que después, imagínate, del festival de la solidaridad o en el barrock donde ya nos cruzamos, me crucé con Spinetta, de hecho, pude tocar con Rodolfo García, con Héctor Star, que venían de Almendra, de Aquelarre, bandas que había escuchado y que admiraba. Para mí y eso fue decir estoy en el lugar que quiero estar, conociendo y tocando con los músicos que quiero tocar. En ese en ese momento otra música no estaba en mi espectro, es decir en mi campo cercano.

De alguna manera tocando con estos músicos para mi era lo máximo. Así que fue un momento que yo considero importantísimo para mí formación y de alguna manera para mi lanzamiento como músico porque en ese momento gracias a que ingrese a Tantor me dedique cien por ciento a la música. En ese momento tenía 21 años y venía trabajando desde los 12 años. Yo fui trabajador de fábrica desde los 12 hasta los 16 obrero.  Después fui cadete y después fui creciendo en una empresa portadora alemana. Y con Tantor fue el paso importantísimo en mi vida, que fue dedicarme a Dejé todo y me dediqué a música, y a vivir de la música hasta la actualidad.

O.c: A lo largo de tu carrera pasaste por formaciones muy diferentes, desde el rock hasta el jazz, la música instrumental, el tango y la música contemporánea. ¿Sentís que esa diversidad fue una búsqueda consciente o fueron las circunstancias las que te fueron llevando de un lenguaje a otro? ¿Sentís que la división entre géneros como el jazz y el rock todavía tiene sentido o la música actual ya trabaja desde otro lugar?

M.T:  Mirá, la división de géneros es como una necesidad del negocio de la música. Porque, ¿cómo definís, si no, festival de jazz, festival de rock, festival de country, festival de blues? O sea, en general, se necesitan las etiquetas para definir una idea, para darle una idea a la gente que va a ir a escuchar. Pero la música, cada vez más, por suerte se entrecruza.  Hace mil años que me considero un músico que hace una música que, como digo yo, está contagiada. No sé cómo explicarlo mejor: no es una música pura, sino que tiene elementos de todas las músicas con las que he participado y por las que he transitado.

Esa experiencia o ese recorrido también me fue llevando a que pueda tocar con Adriana Varela en un grupo de tango o música contemporánea en el Colón, o irme de gira por Europa con música contemporánea, o, bueno, tocar rock con Spinetta.  Todo eso para mí es algo natural. No creo que sea para todos los músicos algo natural, pero para mí lo fue.

Si me tuviera que poner un adjetivo a mí mismo, sería un contaminador de músicas. Porque a donde iba llevaba un poco del rock, o si era una banda rock llevaba un poco de tango, un poco de jazz. O sea, de alguna manera, la gente que me convoca para algunos proyectos lo hace para que yo le ponga una impronta donde no haya una definición pura estilísticamente. Yo doy clase de música y a mis alumnos les digo mirá, tocás el bajo eléctrico, olvídate de que vas a ser un músico fundamentalista o puritano de algún género, porque el bajo eléctrico es como un instrumento que entra en todos los géneros y no pertenece a ningún género. No es lo mismo que al contrabajo, que si bien podés tocar cualquier música también, es más del tango, del jazz. Pero el bajo eléctrico entra en todos lados, folklore, en la música en Argentina cada vez más encontramos eso y está buenísimo porque también, de alguna manera, exige a los músicos que tocan el bajo eléctrico aprender más géneros.

Pensa en toda la música latina, la salsa, esa mezcla de ritmos latinoamericano que de alguna manera se cocinó en los esos ghettos de Nueva York, ahí donde caían músicos de diferentes partes de América Latina y hacían una ensalada de ritmos

Es importantísimo conocer la música brasilera, la música peruana, la música venezolana, nuestro folclore.  Todos tienen algún pattern, una idea básica pero nunca lo vamos a tocar puramente porque no somos originarios de esos lugares o por lo menos yo no lo soy.

Considero que cada vez más se nota más. Ya en el jazz hay una tendencia actualmente de mixturar, hacer un poco lo que yo hago con la música argentina, con el folclore.

Abigail Cohen lo hace con música de Israel, otros lo hacen con música de Armenia. La gente empieza a escuchar algo diferente, además de los músicos norteamericanos que tocan jazz que es su folclore.

O.c: Cuando componés hablas de sentarte, tocar y esperar a que aparezca una melodía, confiando mucho en la intuición. ¿Cómo es ese proceso y qué ocurre después, cuando esa primera idea intuitiva pasa a una etapa más consciente de trabajo y refinamiento?

M.T:  Sí, por eso hay que tocar mucho, dedicarse tiempo, sentarse a tocar y esperar a ver si aparece la melodía o la armonía de alguna canción nueva, de algún tema nuevo. Es importante estar sentado ahí, en el piano o tocando el bajo, porque de ahí van surgiendo cosas.

A partir de que surge una idea, todo es más fácil, porque vas enganchando y empezás a transitar un recorrido de prueba y error: “Por este lado voy, por acá, voy con este ritmo, voy con otro”. En ese sentido, antes de completar una canción, si no estoy conforme con lo que voy haciendo, busco alternativas de rearmonización y diferentes técnicas que se utilizan en la composición para llegar a una idea que me complazca.

Esa es un poco la mecánica que utilizo. No me propongo hacer un tema con una determinada escala o determinados acordes de antemano, sino que dejo que la imaginación fluya y que aparezca alguna idea. Pero eso lleva tiempo. Por ahí estás dos o tres horas sentado tocando y surge una idea de treinta segundos. Pero, bueno, es un montón: treinta segundos.

A partir de ahí puede aparecer un leitmotiv, algo que podés desarrollar. Siempre, cuando hablás con escritores o con cualquier artista, la página en blanco es tremenda: no sabés dónde agarrar. En cambio, si alguien te muestra algo, ya tenés un punto de partida. A partir de ahí empezas a generar arreglos.

Un arreglador trabaja sobre una composición que ya existe. No está creando una música desde cero, aunque el arreglo pueda ser muy creativo. No es lo mismo empezar de la nada que partir de una música, de una melodía o de una armonía que te da una pequeña luz en el camino creativo.

O.c: En la música de Spinetta el bajo muchas veces tiene un comportamiento casi melódico y dialoga permanentemente con la voz, la guitarra y la batería. ¿Cómo era construir ese lenguaje desde tu instrumento?

M.T: En cierta manera es un poco lo que te decía antes, la del camino transitado hasta el momento de la convocatoria de Spinetta. Su convocatoria de alguna manera me permitió poder ofrecer a la música de Spinetta mi visión sobre las canciones que él proponía. Y por momento podía tocar armonías cuando él hacía los solos. Yo por momentos hacía un contrapunto, por momentos hacía una base más convencional, si se quiere o una línea más pensada, como el solo en Cheques, que es muy comentado a veces por mis alumnos.

Digamos que la música de Spinetta me ofrecía ese ese lugar también, porque al ser tres hay que colaborar de una manera más intensiva, que en un grupo de 5 donde hay dos guitarras, un teclado… es más difícil.  El bajo, ahí se limita a un espectro de frecuencias graves que puede ser creativo también, pero el campo sonoro se limita en cuanto a poder tocar más notas. Para mí fue increíble participar de ese proyecto y tener un espacio.

O.c: Trabajaste con músicos y proyectos muy diferentes, desde Spinetta y Los Socios del Desierto hasta el Indio Solari y Adriana Varela. ¿Qué cambia en tu manera de tocar cuando entrás al universo musical de otro compositor y qué aprendiste de esas experiencias sobre el acompañamiento, la escucha y la posibilidad de aportar tu propia identidad?

M.T:
Mirá, una de las cosas que yo a veces comento en las clínicas que doy o conversatorios es justamente que una de las capacidades necesarias para cualquier músico, en este caso, un bajista, Es entender cómo es el proyecto en el cual te estás involucrando. O sea, entender cómo va a interactuar tu instrumento con los demás. A veces los líderes de estos proyectos no saben claramente qué es lo que están buscando en el bajo, o no tienen mucha ide; Entonces, la función nuestra es siempre tratar de resolver proponiendo todo el tiempo cosas Y esa fue siempre mi función. En todos los proyectos donde participé, además de estos que vos nombras, siempre fue la idea de proponer a partir de lo que la música me sugería, y, por suerte, fue siempre, de alguna manera, aceptado, como que fue acertada un poco mi ubicación en cuanto al instrumento que tocaba porque, si no, volás enseguida.  Si tocás de más o tocás de menos, depende del proyecto, no va a funcionar, o si no aportás algo, porque vos podés tocar pocas notas, pero agregar intensidad.  El bajo es un instrumento de mucha profundidad y muy sensible. Entonces, por más que no toques muchas notas, podes tener una presencia tremenda.

Por ejemplo, tocando tango con Adriana Varela no había percusión. Entonces, el bajo era más percusivo. Tenía una función como es en las orquestas de tango, que el bajo es melódico y percusivo a la vez, porque al no haber percusión tenés que llevar ese rol del beat, que además varía bastante, no es un beat de banda rock.

Son todas esas cosas que yo fui aprendiendo a ubicarse. Yo con Lito Vitale Cuarteto, que fue un proyecto muy importante para mí, hacía roles, tocando bajo de 4 cuerdas tocaba un montón de melodías.

Con el indio tocaba todo lo contrario, tocaba todos los bajos posibles. No pasaba de del registro de medios, de graves y ahí nomás.

Con Spinetta tenía un espectro más amplio con el bajo de 6 cuerdas. Ya te digo, lo importante es ubicarse y respetar la música, básicamente.

En todos los proyectos donde yo he participado he respetado la música del de los artistas con los cual he trabajado, así que es una forma de respetarme a mí mismo. Nunca he tocado de mala gana, la forma de amar la música que tengo es esa, es tocar con compromiso…

O.c: En 1996 y 1999 participaste de Metrópolis, la obra de Martín Matalón, en el Teatro Colón y en Barcelona, tocando bajo fretless. ¿Qué significó para vos entrar en contacto con la música contemporánea y con una obra que se alejaba de los formatos tradicionales de canción?

M.T: Metrópolis fue para mí un desafío total porque era toda una música que estaba toda escrita, eran páginas y páginas de notas, no había improvisación, no había un cifrado, nada. Era toda pura melodía y completamente novedosa para mí. Era una música más relacionada a lo decafonismo, al serialismo, pero me pareció fascinante y cuando yo acepté la propuesta sentí que estaba tomando un curso acelerado de lectura y que me lo iban a pagar. Entonces, tuve un mes estudiando eso. y, además, lo estudié de tal forma que yo sabía que iba a volver a tocar en otro lado, y, de hecho, fui el único músico de todos los que tocaron en el Colón que lo llevaron a otra parte del mundo a tocar esa obra. Porque era una obra que era muy difícil para los bajistas, porque tenía un dilema, que era que los contrabajistas clásicos podían leer la música, pero no podían tocar los slapping, había cosas percusivas, había cosas relacionadas a la música popular que no las podían tocar. Y los músicos populares no podían leerla la música, porque era también era compleja en cuanto a la clave y cómo estaban escritas. Así que para mí fue una experiencia buenísima y muy positiva realmente con resultados muy buenos para para mi idea como músico que soy.

O.c: Tu primer disco salió en 1993 y desde entonces fuiste construyendo una obra solista a lo largo de los años. Después de recorrer el rock, el jazz, el tango, la música contemporánea y la composición, ¿cómo cambió tu manera de componer y de pensar tu propia música? ¿Sentís que todos esos caminos terminaron formando una misma identidad musical o todavía los vivís como mundos diferentes que conviven dentro tuyo?

M.T:
Mirá, justamente, si vos escuchás mi primer disco del año 93 y escuchás mi último disco editado, que es del 2019, vas a encontrar un hilo de conexión. O sea, siempre, en mis decisiones artísticas, en mis composiciones prevaleció una importancia por la estética.  Obviamente, pero siempre fue fiel, no me dejé llevar por alguna cosa, alguna sugerencia de moda o algo en cuanto a ritmos o a sonido. Siempre la música que compuse y grabé fue la música que sentía en cada momento que la grabé.

Tiene rasgos de todas las músicas por las cuales he transitado. Pero, por otro lado, también tiene el filtro de alguna manera de Marcelo Torres. Todas las decisiones sobre las músicas son mías y obviamente por ese mismo motivo hay un hilo de conexión, pero todos los discos son diferentes.

 De hecho, mi primer disco constructor se llama dadloose, y tiene una impronta bien folclórica, en general. El segundo disco, ya constructor del alma, es más relacionado al jazz, pero igual tiene una conexión en cuanto a la estética. No sé cómo explicarlo porque, obviamente, es muy difícil explicar una canción o un cuadro, son cosas que no podés explicar, tenés que escucharlo y chau.

Así que lo que te puedo decir es que sí, en todos mis discos hay una relación con el compromiso musical mío, con el con que sea genuino, verdadero y no haya ninguna especulación. Eso está en todos los discos. Es lo que yo le digo a cualquiera que me pregunte, che, ¿y tu disco es bueno? Mirá, lo que tiene es que está hecho desde mi verdad musical. No hay una especulación, no tengo una productora, una compañía que me está diciendo, tenés que hacer esto, mandate más para este lado o para el otro.

Eso, en ninguno de mis discos lo van a encontrar.

O.c: Tu disco Adivino del tiempo ganó el Premio Gardel 2019 como Mejor Álbum Instrumental / Fusión / World Music. ¿Qué significó para vos ese reconocimiento a un trabajo tan ligado a la búsqueda instrumental y cómo te llevás con esas etiquetas? ¿Sentís que ayudan a ubicar una música o muchas veces terminan limitándola?

M.T:  Lo del premio, la verdad que fue totalmente inesperado. Para mí, siempre los premios estuvieron arreglados. Siempre sentí que hay un interés detrás, que hace que algunos algunas cosas sean premiadas y otras no. La verdad que, en ese sentido, es un aprendizaje para mí, porque mi disco es de producción independiente, con mi propio sello. Yo no hice ningún lobby, no le pagué a nadie, no hablé con nadie. Así que fue totalmente una sorpresa para mí, una buena sorpresa.

En cierta manera aprendí algo desde ese lugar. Y bueno la clasificación, como hablábamos antes, es fusión. La palabra fusión a veces está más ligada a la fusión con la música norteamericana. Como un jazz rock, pero es una fusión con música argentina lo mío. Y Wordmusic es como una clasificación mundial que está relacionada a las músicas folclóricas de cada país.

Yo hago una fusión justamente con folklore, no sé si esta categoría me representa totalmente, pero, fue en la que me pusieron. Por este tema de géneros musicales, a veces a mí me cuesta conseguir lugares para tocar, porque, ya te digo, si es un festival de jazz, te dice, pero vos haces folklore, hacés jazz, hacés canciones de Spinetta.  Entonces, es un problema para para el artista, que no te tengan definido en un determinado lugar género.

Pero es una elección que yo he tomado con esta contrariedad incluida, que cuesta más buscar lugares para tocar y eso. Pero, bueno, es una decisión que he tomado porque mi música es así, es así, tiene colores de diferentes lugares y quiero que siga siendo así.

O.c: Para terminar, ¿en qué andás trabajando ahora? ¿Hay algún proyecto o disco nuevo en el que estés trabajando?

M.T:  Sí, tengo un disco ya completo, terminado, que empezó en la pandemia. Después con la pérdida de mi esposa en el año 22 quedó medio en standb y lo retomé ya más más cercano en estas fechas y ya lo terminé. Es un disco con temas míos, con invitados de Torcuato Mariano, que es un guitarrista de jazz, el guitarrista de DJavan, que vive en Brasil, con un músico colombiano que vive en Nueva York. Gabriel Guerrero, tocan músicos argentinos también. Es un poco esa impronta que fue la de la pandemia que grababa cada uno en su casa.

Después lo completé con otras canciones. Ahí están las canciones que yo hago en mi solo set de Spinetta, que es Para ir y Quedándote o yéndote que también están incluidas. Es un disco que lo tengo en digital, pero no está editado en ningún lugar.  Ningún disco mío está en las plataformas. No soy un artista que está de acuerdo con la lógica de las plataformas. Es un es un tema con el cual estoy lidiando, porque tengo ese disco que lo tendría que editar. Estoy viendo editarlo en CD, por lo menos.

También estoy tocando en trío donde el espectro musical se amplía más todavía que al de mi solo set. O sea, mi solo set es un es un concierto donde trato yo de manejar todo el interés de la música porque soy el único músico que está en escena. Además, toco el piano y canto, pero mis conciertos en trío obviamente se integra un pianista y un baterista, y la música tiene otro vuelo, otro recorrido y son otros temas también.  Además de dar clases, clínicas o conversatorios.