Desde Comodoro Rivadavia, Gaby Caniza viene construyendo una obra atravesada por el sur, los viajes a Buenos Aires, las amistades que fue haciendo en los escenarios y una manera cada vez más colectiva de entender la música. Su relación con la capital es de ida y vuelta: Buenos Aires es una segunda casa, pero también un territorio al que llegar desde 1800 kilómetros de distancia implica otros tiempos, otros esfuerzos y otras formas de hacer circular una obra.
Después de varios años de canciones, Caniza parece haber encontrado una forma más despreocupada de pararse frente a la música: hacer por hacer, sin medir cada paso en función de un resultado. Ese recorrido desembocó en Rubicón, un disco nacido en uno de los momentos más difíciles de su vida y que, paradójicamente, terminó alejándose de la idea de despedida con la que había comenzado.
El álbum reúne canciones sobre una ruptura, el duelo, las contradicciones y la propia responsabilidad, pero también abre espacio para hablar de la situación social, de la vida en una gran ciudad y de la necesidad de sostenerse entre amigos. Grabado y construido desde el sur junto a otros músicos y productores de su entorno, Rubicón también funciona como una declaración sobre hacer música lejos de los centros habituales de circulación.

A casi un año de su lanzamiento, hablamos con Gaby Caniza sobre Comodoro, Buenos Aires, la autogestión, los vínculos que sostienen una obra, las canciones de Rubicón y ese momento en que pensó que tal vez había llegado la hora de dejar la música.
Otra Canción: Para quienes todavía no conocen a Gaby Caniza, ¿cómo te presentarías hoy, después de todo este recorrido?
Gaby Caniza: Hacedor de canciones, me gusta ser sincero y escribir sobre mis frustraciones, los amores que no me funcionaron o no estuve a la altura, también sobre los sueños que nunca voy a cumplir. También soy hijo de mamá santafesina y papá riojano, vaya a saber qué dios eligió mandarme a nacer en Comodoro Rivadavia, pero me crié con cerros y mares a la vista. Si hay algo que explica mis canciones es mi ciudad.
O.c: Sos de Comodoro Rivadavia, pero hace tiempo estás radicado en Buenos Aires. ¿Qué te dio Buenos Aires para tu carrera y qué cosas sentís que todavía seguís construyendo desde Comodoro?
G.C: Aún estoy radicado en el sur, es muy loca la relación de años que fui formando con Buenos Aires, una ciudad que aún no entiendo del todo. Por el momento elegí el camino más difícil, que es seguir haciendo música desde acá. Inevitablemente, yo creo que pronto debería hacerme cargo de esta doble vida que llevo y mudarme por completo porque no puedo estar viajando cuatro veces por año. Ser del sur limita muchas cosas. Desde acá, con mis amigos, fabricamos mi catálogo de canciones, con las herramientas que tenemos, y lo exportamos hacia Buenos Aires, que es mi segunda casa ya a esta altura. También es muy satisfactorio hacer todo desde acá y tener un buen recibimiento a 1800 km de casa, pero la epopeya, mientras más pasan los años, se vuelve más difícil y sé que sería mucho más fácil estar allá.
O.c: Tu música tiene una relación bastante fuerte con el lugar desde donde está hecha. ¿Cuánto de Comodoro aparece en tus canciones incluso cuando no estás hablando explícitamente de la Patagonia?
G.C: El sur es todo para mí, acá tenemos un ritmo de vida mucho más lento. Por eso mis canciones son así. Yo no podría hacer música efervescente porque salgo a caminar y veo el mar ondeando lentamente. Y además, por lo que dije anteriormente, desde acá hacemos todo. Las personas que graban conmigo, mezclan, masterizan y hacen el arte de tapa somos sureños.
O.c: Venís trabajando desde una lógica bastante independiente y artesanal. ¿El DIY sigue siendo una elección artística o en algún momento también se convierte en una necesidad económica?
G.C: Ambas, soy celoso de mi arte como buen solista. Así que no tener a nadie que me apure ni me diga que tengo que hacer esta genial. Lo económico se gestiona, yo tuve la suerte de que los mejores músicos de la Patagonia y productores son mis mejores amigos. Hacemos las cosas por amor y nos ayudamos entre nosotros con todo lo que necesitemos. En todos estos años formamos una comunidad y una red de contención maravillosa que hace que la plata sea lo último que importa, pero bueno, yo soy un afortunado, lo sé muy bien, no todo el mundo tiene las mismas oportunidades.
O.c: En Rubicón aparece con bastante fuerza la idea de atravesar una crisis y seguir adelante. ¿Qué cosas de ese disco entendiste recién después de haberlo terminado?
G.C: Fue el proceso creativo y de grabación más doloroso de mi vida, pero una vez que salió, todo volvió a tener sentido para mí y eso es lo lindo de este disco. Me salvó la vida.
O.c: En algún momento hablaste de la posibilidad de dejar la música. ¿Qué fue lo que te llevó hasta ese lugar y qué hizo que finalmente siguieras?
G.C: Un poco de esa inercia que agarró el disco me tomó por sorpresa y hoy en día me encuentro tocando, disfrutando de tocar, disfrutando de viajar y pasar tiempo con mis amigos. Realmente no sé hacer otra cosa que no sean canciones.
O.c: ¿Cuánto hay de autobiográfico en tus canciones y cuánto necesitás deformar la experiencia real para convertirla en una canción?
G.C: Las canciones son el lugar donde uno se entrega a la fantasía. Me gusta ser sincero e incómodo, incluso incomodarme a mí mismo. Me pasa que hay canciones que hasta a mí me da vergüenza cantarlas porque son muy personales. También me gusta inventarme vidas y formas de ser que no tengo. Es la parte más divertida de crear canciones, que podés entregarte al vacío y ser quien quieras, total la gente nunca va a saber si es verdad o no, pero como todos vivimos las mismas vidas y a veces estamos tristes o nos deja la chica o el chico que nos gusta, tarde o temprano te identificás.
O.c: El título remite a ese momento en el que ya no hay vuelta atrás. ¿Cuál fue, concretamente, el “Rubicón” que estabas cruzando cuando hiciste este disco?
G.C: Estaba pensando dejar la música, dejar todo atrás, estaba enojado con la vida. Hice este disco pensando que era mi despedida de los escenarios, pero pasó todo lo contrario. Por suerte, creo, ajaja.
O.c: En el disco hay una ruptura que parece funcionar como punto de partida, pero también aparece mucha tristeza, contradicción y necesidad de reconstruirse. ¿Fue un disco que necesitaste hacer para atravesar ese momento o las canciones aparecieron simplemente como una forma de contarlo?
G.C: Las canciones fueron apareciendo solas, nos dimos cuenta con mis productores que, bueno, yo venía atravesando mucha tristeza, así que las canciones un poco relataban lo que me estaba pasando y cómo me sentía. Después quedó ordenar el tracklist para que termine de tener sentido e impacto, pero las canciones fueron elegidas muy minuciosamente. Creo que quedó una sola afuera, después entraron todas al disco.
O.c: En Rubicón no solamente aparece el dolor de una ruptura, también aparece cierta revisión de tus propias decisiones y responsabilidades. ¿Fue difícil mirarte a vos mismo desde ese lugar mientras escribías?
G.C: Fui sincero, me habían caído muchas fichas y eso hizo que sea demasiado duro conmigo mismo. Pero fue un buen ejercicio de catarsis, para poder ordenarme un poco.
O.c: “Dos días en Buenos Aires” aparece atravesada por encuentros intensos, despedidas y cosas que quedan a medias. ¿Sentís que esa manera de vincularnos también tiene algo que ver con la época que estamos viviendo?
G.C: Si hay una canción que explique el disco es “Dos días en Buenos Aires”. Mis cortos viajes para ir a tocar, la locura de la gran ciudad, las cosas que uno empieza a descuidar. Buenos Aires es una ciudad hermosa, pero no te regala nada, es la selva. Y yo caí creyéndome el Diego haciendo el gol a los ingleses y me pegaron una patada en el culo. Pero me fue curtiendo con el tiempo, me hizo duro estar allá y ver la miseria de cómo se vive en una metrópolis. Hay gente hermosa, pasan cosas hermosas, es mucha información y me inspira mucho estar allá.
O.c: “No Llores Más” tiene a Máze y El Nota y es uno de los momentos más colectivos del álbum. ¿Qué apareció en esa canción cuando dejaste de pensarla solamente desde tu propia voz?
G.C: Es una canción de aliento, que trata sobre no aflojar aun cuando la cosa anda brava. Santi y Naza son mis compositores favoritos, me identifico con ellos porque cantamos sobre nuestras miserias. Me parecía lindo dar esa vuelta de tuerca y terminar cantando una canción un poco más esperanzadora.
O.c: Hay una tensión interesante entre canciones como “Más Rock Que Yo” y otras mucho más íntimas. ¿Buscabas deliberadamente que el disco tuviera esos cambios de temperatura?
G.C: Yo creo que es parte de cómo explayé mi duelo. El duelo va cambiando: a veces uno está enojado, después se arrepiente, después llora, después toma, después extraña, después mandás un mensaje a las 3 a. m. pidiendo volver, la vida misma.
O.c: “Policía” irrumpe de una manera bastante distinta dentro de un disco tan íntimo. ¿Por qué necesitabas que esa canción estuviera ahí?
G.C: Me parecía importante poner esa canción en el disco, más allá de que rompa con el relato principal. Pero como la vida está tan hostil y la gente no llega a fin de mes, o vas a pedir para vivir en mejores condiciones y te reprimen, me parece que no hay mucho tiempo para canciones de amor.
O.c: Ahora que pasó casi un año desde que salió, ¿sentís que Rubicón consiguió decir aquello que necesitabas decir o todavía hay cosas del disco que seguís entendiendo? ¿Qué tiene para decir hoy Gaby Caniza que no estaba diciendo cuando lo grabó?
G.C: Siento que ya dije lo que tenía que decir, ahora quiero decir cosas nuevas, supongo. La vida sigue pegando de diferentes maneras, pero me encuentra mejor parado. El otro día, por ejemplo, me desperté y se me estaba prendiendo fuego la casa. Todos los días me pasan cosas nuevas, un poco de eso se trata estar vivo.