Baliza: de las calles de Dublín a la pregunta de cómo volver a casa

Baliza nació lejos de casa y en un lugar poco habitual para el comienzo de una banda: las calles de Dublín. Se trata de dos músicos españoles que llegaron a Irlanda como tantos otros, en busca de trabajo y con la idea de tocar en la calle. De esos encuentros con transeúntes que se detenían y recomendaban el proyecto, se terminó consolidando una banda.

Con el tiempo, aquellas actuaciones callejeras dejaron de ser simplemente actuaciones callejeras: la calle se transformó en escenario y la experiencia quedó como una marca registrada de Baliza. También quedó la historia de una generación que se fue de España y que, mientras construía una vida afuera, empezó a preguntarse qué significa volver a casa. Esa experiencia atraviesa buena parte de Hasta Que La Calle Nos Separe, el disco en el que la banda reúne historias nacidas durante sus años en Irlanda.

En el camino, Baliza también se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad española en Dublín. Durante el Mundial, por ejemplo, una iniciativa que comenzó casi como un plan entre amigos terminó reuniendo a más de mil personas para compartir los partidos de la selección. Entre canciones, calle, migración y comunidad, la historia de Baliza terminó construyendo algo que va más allá de una banda.

Ahora, con la experiencia de aquellos años todavía presente y el regreso a España como parte de una nueva etapa, hablamos con Baliza sobre lo que aprendieron tocando en la calle, la vida lejos de casa, las expectativas de emigrar, el vínculo con el público y la pregunta que atraviesa buena parte de su historia: cómo volver cuando afuera también construiste una vida.

Otra canción: Baliza nace en Dublín, tocando en la calle, y de ese encuentro entre dos músicos termina apareciendo una banda. ¿Qué les enseñó esa etapa de tocar en la calle que después no encontraron en ningún escenario y que todavía forma parte de cómo hacen música?

Baliza: La calle nos enseñó sobre todo que la actitud lo es todo. Te enseña que tienes que salir cada día a dar el 100%, aunque no haya nadie mirando, y que un público no aparece de la nada: tienes que ganártelo poco a poco, sea cual sea el escenario. Nos enseñó a valorar cada oportunidad y a entender que detrás de cualquier cosa que consigues hay mucho trabajo y constancia.

O.c: Empezaron construyendo un público de una manera muy distinta: alguien pasaba, se detenía, volvía y recomendaba. ¿Qué aprendieron de ese vínculo directo con la gente y cómo terminó influyendo en la manera de pensar las canciones?

Baliza: Aprendimos a valorar a cada persona porque cada una era especial para nosotros. Nosotros crecíamos de uno en uno, no de miles en miles. Hace poco recordábamos cuando hacíamos cuentas después de tocar y decíamos: «hoy nos han seguido 10 personas nuevas», y éramos capaces de acordarnos de muchas de esas caras. Esa cercanía es algo que nunca queremos perder.

O.c: ¿Qué fue lo más difícil de vivir lejos de casa que no se ve desde afuera? Y al revés: ¿qué les dio Dublín que quizás no hubieran encontrado quedándose en España?

Baliza: Lo más difícil es todo lo que no se ve: echar de menos a tu gente, perderte momentos importantes y vivir con esa incertidumbre de no saber cuándo vas a volver, o incluso si cuando vuelvas vas a sentir que has conseguido aquello por lo que te fuiste. Pero Dublín nos dio una oportunidad que cambió nuestra vida: nos juntó como músicos, nos permitió construir algo desde cero y vivir una historia que seguramente no habríamos tenido en otro lugar.

O.c: Hay una generación que tuvo que irse para buscar trabajo, experiencias o simplemente otra vida y que después encuentra dificultades para volver. ¿Sienten que la historia de Baliza también habla de eso: de una generación que consiguió construir algo afuera pero todavía se pregunta dónde está su casa?

Baliza: No nos sentimos representantes de nadie, porque al final somos uno más entre toda esa gente que tuvo que irse. Pero es normal que la gente que está fuera conecte con nosotros, porque nuestras canciones hablan de experiencias personales y nuestra propia historia habla de todo lo que supone vivir lejos de casa. Si alguien quiere vernos como una voz de esa experiencia, intentaremos hacerlo siempre con humildad y honestidad.

Durante el Mundial pasó algo bastante particular con Baliza: organizaron ese encuentro en Dublín para seguir a la selección y terminaron reuniendo a más de mil personas. ¿En qué momento se dieron cuenta de que aquello había dejado de ser simplemente una fiesta para convertirse en un encuentro de la comunidad española?

En Irlanda siempre nos sorprende mucho el poder de convocatoria que puede tener una idea cuando la gente se une. Muchas veces montamos algo sin saber hasta dónde va a llegar y acabamos en shock viendo cómo crece. Con lo del Mundial pasó eso: cuando vimos a miles de personas juntas fue cuando realmente fuimos conscientes de que ya no era simplemente un plan entre amigos, sino un encuentro de toda una comunidad.

Hay algo interesante en que dos músicos que llegaron a Irlanda como emigrantes terminaran siendo parte de la banda sonora de una comunidad española que estaba viviendo el Mundial lejos de casa. ¿Pensaron en algún momento en lo simbólico que era eso?

Todo pasó muy rápido y realmente no tuvimos tiempo de pensar en lo que estaba significando. Pero verlo ahora con perspectiva y saber que hay gente que recuerda esos días y nos relaciona con ellos nos parece algo precioso. Al final nosotros también éramos parte de esa gente que estaba lejos de casa, así que poder formar parte de ese recuerdo es algo muy especial.

O.c: ¿Qué historia querían contar con Hasta Que La Calle Nos Separe? ¿Es también un disco sobre irse, buscarse una vida afuera y tratar de encontrar un lugar propio?

Baliza: En ese disco hay canciones de cosas que nos han pasado en Irlanda, historias personales que vivimos estando fuera. Aunque algunas no hablen directamente de esa narrativa de estar lejos de casa, nacieron en ese momento y por eso conectan con tanta gente. También hay canciones como «El Irlandés», que hablan más directamente de esa realidad. Queríamos que este disco fuera también una forma de enseñar que los chicos de la calle tenían más cosas que decir, que había una historia detrás y que también sabíamos hacer música.

O.c: El título Hasta Que La Calle Nos Separe tiene algo paradójico: la calle fue el lugar que los juntó, les permitió construir una comunidad y hacer crecer la banda, pero también es un espacio de tránsito, donde nadie termina de quedarse. ¿Qué significa hoy la calle para ustedes?

Baliza: La calle es algo que solo entiende de verdad la gente que ha salido a ganarse el pan así. Salir, caminar por una avenida enorme y pensar: «ahora me toca alegrar esta calle durante la próxima hora», y darlo todo para conseguirlo, es algo muy especial. Eso lo compartimos con otros músicos de calle, porque todos tenemos nuestras historias, nuestras anécdotas y nuestras batallas. Pase lo que pase, siempre vamos a ser esos chicos que empezaron en la calle, y probablemente ese será el escenario más bonito y divertido por el que pasemos jamás.

O.c: En “El Irlandés” aparece muy directamente la experiencia del migrante: trabajar, pagar el alquiler, el costo de las cosas, pero también esa contradicción de decir “aquí nos tratan bien”. ¿Querían hablar de esa tensión entre irse buscando una vida mejor y descubrir que tampoco afuera todo es tan sencillo?

Baliza: «El Irlandés» está escrita con frases que una persona que vive en Dublín o en Irlanda entiende directamente, porque habla de cosas del día a día. Es una canción dedicada a esta isla que nos ha dado tanto y a la gente que nos ha visto llegar, soñar y conseguir pequeñas cosas poco a poco. Es nuestra forma de agradecer todo lo que Irlanda ha significado para nosotros.

O.c: “Yo Pensaba Que La Vida Era Mejor” tiene ya desde el título una especie de desencanto. ¿Qué hay detrás de esa frase: la experiencia de emigrar, las expectativas que uno tiene cuando se va de España, o algo más generacional sobre cómo imaginamos que debería ser la vida?

Baliza: Creo que habla de esas expectativas que tenemos cuando nos vamos. Muchas veces pensamos que cambiar de lugar va a solucionar muchas cosas, pero luego descubres que la vida sigue teniendo sus dificultades estés donde estés. También habla de una sensación bastante generacional: esa idea de que en algún momento vas a llegar a un sitio donde todo encaje, y darte cuenta de que el camino es más complicado.

    O.c: Después de todo lo que construyeron en Irlanda, volver a España debe tener algo de regreso y algo de empezar nuevamente. ¿Qué sienten que traen de Dublín que ya forma parte de Baliza para siempre?

    Baliza: De Dublín nos llevamos algo muy especial: el cariño de la gente. Aquí nos han tratado muy bien y sentimos muchísimo apoyo. En España seguramente seremos una banda más, pero aquí éramos los únicos haciendo esto, y la gente nos acompañó desde el principio. La combinación de estar fuera de casa y perseguir un sueño al mismo tiempo creó algo muy difícil de repetir.

    O.c: Hay una pregunta que atraviesa toda esta historia: “¿Cómo volvemos a casa si lo único que sabemos hacer es esto?”. ¿Sienten que esa pregunta es solamente de ustedes o que también habla de una generación que tuvo que irse para poder desarrollar una vida?

    Baliza: Creemos que esa pregunta no es solo nuestra, sino de muchísima gente que ha tenido que irse fuera. Llega un momento en el que construyes una vida, un trabajo y unos vínculos, y volver deja de ser tan sencillo. Es una duda que compartimos con toda una generación que tuvo que salir para encontrar su camino.

    O.c: ¿Les preocupa que el éxito pueda alejarlos justamente de aquello que hizo que Baliza existiera: la cercanía, la calle, tocar para gente que quizás nunca había escuchado hablar de ustedes?

    Baliza: Siempre hemos dicho que el día que algo nos aleje demasiado de nosotros mismos, volveríamos a la calle unos días para recordar de dónde venimos,
    quiénes somos y por qué empezamos. La calle fue nuestro primer escenario, nuestra escuela y el lugar donde nació todo. Queremos crecer, pero sin perder nunca esa parte de nosotros.