Una chacarera se cruza con el jazz, el tango se mete en una big band y el candombe llega desde la otra orilla. Ese es el punto de partida de BIG MAZA, el espectáculo que reunirá a la Córdoba Jazz Orchestra (CJO) y al Daniel Maza Cuarteto el domingo 18 de octubre, a las 20, en el Teatro Ciudad de las Artes. El encuentro propone atravesar géneros y geografías a partir de las músicas argentinas y rioplatenses, la improvisación y la búsqueda de un lenguaje común.
La presentación forma parte de la celebración por los veinte años de la CJO, una orquesta que desde 2015 profundiza su trabajo sobre composiciones de músicos cordobeses y la construcción de un sonido propio. Con el folclore, el tango y el jazz como parte de su identidad, la formación suma a esta propuesta el universo musical de Daniel Maza, bajista, cantante y compositor uruguayo radicado en Argentina desde los años ochenta. El repertorio incluirá composiciones del cuarteto, temas de Melomazeando, su último álbum, y el estreno de un arreglo realizado especialmente para la ocasión sobre una obra de Maza.
Nicolás Ocampo, director de la CJO repasa el recorrido de la orquesta, los desafíos de llevar ritmos populares al formato de big band y las posibilidades que aparecen cuando distintas tradiciones musicales se encuentran. También reflexiona sobre la identidad de una formación construida desde Córdoba, los cruces entre el jazz y la música latinoamericana y la importancia de la experiencia en vivo: un encuentro irrepetible entre una orquesta, un cuarteto y dos orillas.

Otra canción: ¿Qué les despertó la música de Daniel Maza como para pensar que podía dialogar con el universo de la Córdoba Jazz Orchestra? ¿Cómo surgió la idea del espectáculo y qué posibilidades encontraron en el encuentro con su cuarteto?
Nico: Cuando escuchamos lo que Daniel viene haciendo, encontramos muchos puntos en común con nuestra propia búsqueda. Él desarrolla una música que combina de forma orgánica ritmos latinoamericanos con jazz, funk y otros estilos foráneos, y eso es lo que la CJO viene trabajando desde su lugar, con el folclore, el tango y el jazz. Esa afinidad nos entusiasmó para consolidar esta alianza y compartir escenario. El nombre del concierto juega con las dos mitades del proyecto: la big band y Daniel, Big Maza. Queremos que el cuarteto y la orquesta suenen cada uno a lo que es, y que además se encuentren en el escenario.
O.c: La CJO viene trabajando desde hace años sobre la idea de Música Cordobesa Inédita para Big Band. ¿Qué significa construir un sonido propio desde Córdoba sin dejar de dialogar con la tradición del jazz? ¿Cómo cambió esa búsqueda a lo largo de los veinte años de recorrido de la orquesta?
Nico: Los primeros diez años de la CJO fueron de cimientos. Trabajamos con repertorio clásico de big band, aprendimos el rol de cada sección y fuimos ganando lugar para sonar en vivo en la ciudad.
Desde 2015 empezamos a mirar hacia adentro. Veíamos que cada vez más músicos de jazz y de música instrumental de Córdoba lanzaban su propia música, y para mí, como director, esa fue una señal clara. Ahí llegó el gran giro artístico: arreglar repertorio a partir de composiciones de músicos cordobeses. Ese núcleo autoral es el primer pilar. El segundo es el sonido propio de la CJO, y para construirlo sumamos a nuestra paleta colores de la música argentina, como el bombo legüero y el bandoneón, además de timbres poco habituales en una big band, como el vibráfono. El tercero son los arreglos originales pensados para esta formación, que funcionan como catalizador de nuestra identidad.
Desde ese momento el trabajo fue muy intenso y profundo. Sin referencias para consultar, ni siquiera un video de YouTube de la música que queríamos tocar, el montaje y el proceso creativo exigió mucha imaginación de cada integrante. El sonido propio se consolidó con un gran esfuerzo colectivo, y hoy ese camino se nota: la orquesta tiene más capacidad para resolver y montar música nueva, porque ya nos entendemos mejor en nuestra cancha.
O.c: En BIG MAZA conviven el jazz, la chacarera, el tango y el candombe. ¿Qué desafíos implica llevar estas músicas al formato de big band? ¿Cómo trabajan para conservar sus particularidades sin perder de vista el lenguaje propio de la orquesta?
Nico: El primer desafío es el peso. Una big band tiene mucha masa sonora, y estas músicas viven de detalles: el balanceo de la chacarera, la respiración y flexibilidad del tango, el ritmo del candombe que tiene que seguir bailando. Por eso trabajamos mucho en dejar espacio: que las secciones entren en el momento justo y que el bombo legüero, el bandoneón de Gaspar Tatián y la percusión sean protagonistas.
Al mismo tiempo, la orquesta propone un contexto poderoso. Llevar estos estilos a una big band abre lugares expresivos muy intensos, con una fuerza y una amplitud de colores que no solemos escuchar en formaciones más tradicionales. Ahí está lo rico del desafío: sostener el detalle y animarse a la potencia en la misma música.
O.c: El espectáculo incluye una composición de Daniel Maza con un arreglo especialmente realizado para esta ocasión. ¿Qué buscan conservar del espíritu de la obra original y qué posibilidades de transformación aparecen al llevarla al universo sonoro de la CJO?
Nico: “Casi una chacarera” me llamó la atención desde el título, porque resume el espíritu de este encuentro: búsqueda, curiosidad y exploración te dan como resultado algo nuevo, que se acerca a lo conocido y suma un poco de sorpresa.
El arreglo conserva la melodía original con su expresividad, y también la estructura formal del tema. Sobre esa base viene la transformación: el contraste entre la melodía de Daniel y una paleta de colores e intensidad rítmica propias de la CJO.
Mantener la forma tiene una razón práctica: vamos a tocarla juntos sin ensayar antes. En este tipo de cruces el encuentro sucede directamente en el escenario, y el arreglo tiene que acompañar esa interacción con claridad.
O.c: Como estás preparando el show, porque es interesante pensar como una música pensada para cuarteto como el de Daniel Maza se puede pasar a un big band.
Nico: Este show se viene preparando desde muchos frentes, además del musical. Dentro de la CJO se fue consolidando un equipo de producción excelente, y eso nos permite proponer conciertos de esta magnitud, como el de nuestros 20 años en el Teatro del Libertador San Martín. Guillermina Boggiatto está en la producción general, Germán Siman en la producción ejecutiva, Ismael Avecilla colabora con el área artística y Regina Grigioni, junto con Hermanager Agencia, se ocupa de la prensa. Es un trabajo en red, potenciado con instituciones y emprendimientos locales como la Fundación Cultural La Escuelita y nuestro sello iNB Música.
O.c: La CJO trabaja con repertorios propios y de compositores cordobeses. ¿Qué les aporta encontrarse con un músico cuya trayectoria está tan ligada al Río de la Plata? ¿Hay algo de Córdoba que aparece en la manera en que la orquesta interpreta el candombe, el tango o la música de Maza?
Nico: Daniel trae una tradición que conoce de cerca, con décadas de escenario y de tocar con músicos muy distintos, y para nosotros es aprender de primera mano. Y sí, hay algo de Córdoba. El candombe es una música para bailar, y desde acá ese movimiento también nos resuena, porque el baile cordobés tiene su propio pulso en el tunga tunga. Siempre se puede encontrar un hilo que conecta puntos de América Latina, y nuestra intención es identificarlos y ajustarnos desde ahí.
O.c: ¿Hay algo de la música popular argentina que el jazz todavía tenga por explorar? En un contexto en el que los géneros suelen organizarse en etiquetas cada vez más definidas, ¿qué les interesa de una propuesta que cruza esas fronteras?
Nico: Mucho! Nuestro país tiene una variedad y riqueza enorme de ritmos y formas regionales, y el jazz como hábitat tiene herramientas muy buenas para dialogar con todo eso: la improvisación, el trabajo con la armonía, la orquestación. Las etiquetas sirven para ordenar, pero la música real siempre se las ingenia para mezclarse. A mí me interesa que alguien que llega a escuchar una chacarera termine disfrutando un solo de jazz, y al revés.
O.c: ¿Están pensando grabar o sacar algún material de este encuentro con Daniel Maza.?
Nico: Seguramente tengamos registro del concierto, pero eso no garantiza un lanzamiento discográfico o multimedia. Nuestro objetivo es lanzar un “concierto en vivo” con todas las letras, y ahí ponemos todo el foco. La big band es una formación que se disfruta más en vivo, y creo que su arte está en la performance: las grabaciones nunca llegan a hacerle justicia.
Por eso esperamos que el público llegue con muchas ganas de entregarse a la experiencia. Es una sola, irrepetible, sin botón de pausa ni posibilidad de volver a escucharla después. Es ahora, 100% en estado presente, y ese es el lugar que más nos entusiasma como orquesta.