Killimet: “El rap tiene que ser emancipador y liberador»

En un momento en que el rap argentino parece haberse expandido hasta volverse difícil de encerrar en una sola definición, Killimet reivindica una idea concreta: el rap como herramienta de expresión, protesta y liberación. Desde su lugar en el interior cordobés (La calera), lejos de las categorías que suelen dividir la escena entre “mainstream” y “underground”, el músico construyó en Apoteosis un trabajo atravesado por la política, la identidad, la cultura popular, la vida en el campo y una mirada crítica sobre el presente.

Con una formación en sociología que aparece en sus referencias y en su manera de observar la realidad, pero que intenta dejar fuera cualquier exceso académico a la hora de escribir, Killi busca que sus canciones puedan llegar más allá de quienes conocen los conceptos detrás de sus letras. “Lo que estoy tratando de hacer es rap con sentimiento criollo”, explica. En ese cruce entre pensamiento y experiencia, entre lo intelectual y lo barrial, aparece buena parte de la identidad de un disco que él mismo define como “rap de guerrilla”.

Apoteosis también funciona como la culminación de un recorrido que comenzó con Evocación y continuó con Iluminismo, dos trabajos que el artista describe como etapas más íntimas y esotéricas. Si en aquellos discos predominaba la búsqueda personal, en este nuevo álbum aparece una dimensión colectiva: los amigos, los referentes, el territorio y una generación de artistas que encontró en el rap una forma de construir comunidad.

Hablamos con, Killimet sobre la relación entre el rap y la política, cuestiona las fronteras entre el mainstream y el underground, reivindica la existencia de un rap cordobés y reflexiona sobre las diferencias entre las grandes ciudades y el interior. También habla de la ostentación, la academia, la guerra cognitiva y el lugar del arte frente a los discursos que disputan la manera de interpretar la realidad.

Mientras prepara nuevas canciones y proyecta discos que irán en direcciones completamente diferentes, Killimet también vuelve al folklore, una música que forma parte de su vida desde siempre. Entre el rap, el campo y la necesidad de decir algo en tiempos que considera especialmente conflictivos,

O.c: Ayer, mientras escuchaba el disco, pensaba que, de alguna manera, hay algo de la sociología no sé si necesariamente desde un lugar intelectual, sino también desde tu experiencia y tu formación que aparece muy presente. ¿Qué relación tiene este disco con tu recorrido académico? ¿Qué te aportó el estudio de la sociología a la hora de abordarlo, teniendo en cuenta que es un trabajo con una mirada muy social?

Killimet: Creo que, más que nada, es un disco muy social. Pero si hoy nos ponemos a pensar en grandes músicos que tienen un poco de conciencia social, no sé, puede ser Cafrune, por ejemplo. El loco no era sociólogo y, sin embargo, podía describir la realidad. Yo creo que va más por la parte humana, no por la sociología académica. Yo, lo que escribo en mi disco, trato de hacerlo llegar a alguien que no sepa nada y que, si algo de lo que le tiro le hace picar un bichito, que lo agarre.

Hablando de sociología, se me ocurre el tema de Aníbal Quijano, que es un pensador latinoamericano. Yo te estoy hablando de otra cosa, que vos podés entender tranquilamente sin saber nada de sociología y, de repente, yo digo “soy Aníbal Quijano”, y ese bichito te puede llegar a picar: ¿quién será Aníbal Quijano? Y ahí sembrás una semilla de curiosidad en alguien para que pueda instruirse un poco.

Pero no creo que haya sido un disco sociológico, como un análisis. Es más de conciencia social, y la sociología me ha dado más palabras o la forma de transmitirlo que la forma de hacer el disco. Porque dentro de la academia también tenemos mucha gente conservadora, tenemos gente de derecha. No necesariamente siempre apunta para el pueblo la sociología.

O.c: ¿Quién es Kilimet más allá del rapero? ¿Qué historia, comunidad y experiencias hay detrás de lo que aparece en el disco?

Killimet: Hoy, en el mundo del rap, te tildan mucho: “Che, ¿qué onda este tal Killi?”. “Ah, es mainstream”. Pero acá, en el medio del campo, los pibes con los que rapeo da la casualidad de que son mis amigos.

Santos, uno de los mejores raperos de Argentina, es mi amigo. Nico Meer también es uno de los mejores raperos de Argentina y es mi amigo. La Prima es una de las mejores raperas de Argentina, es mi amiga y estuvo viviendo acá en casa.

Yo creo que va también por el lado de la amistad, más que por hacer una comunidad de raperos. Duki nos hace tocar en Plaza de la Música porque somos amigos hace 15 años, cuando era raro hacer rap.

Hace 15 años, en el pueblo donde vivo, todos andaban con bombacha de gaucho y facón, y si vos andabasvestido de rapero era raro. En ese momento, cuando encontrabas a otro chico o chica que era rapero, o ni siquiera eso, que le gustara el hip hop, ya fuera graffiti o baile, te tenías que hacer amigo.

Da la casualidad de que esa gente es la que viene una bocha peleando por esto. La gente piensa que La Prima es una chaboncita que grabó un par de temas y la mueve, pero ella escribe desde que tiene 12 años.

Ahora seguramente tenemos los medios para movernos un poco más. Con mi crew, los Who’s Sneaky, en la que están Santoz, J-1, Román, el Canter, y Sneaky D. Fak, también fue decir: “Che, estamos haciendo un montón de laburo por separado, unamos todos los recursos que tenemos para hacerlo sonar un poco más allá”. Porque tampoco lo hacemos solamente por hacerlo sonar, sino por hacer un producto que nos guste a nosotros, que sea más refinado, más acabado, más visual y sonoro.

O.c: O.c: ¿Sentís que en Argentina conviven dos vertientes del rap: una más mainstream, ligada a los grandes escenarios, y otra más vinculada al barrio, ¿las plazas y los circuitos independientes? ¿Son escenas realmente separadas, con distintas formas de entender el rap, o existen puntos de encuentro entre ambas?

Killimet:  Yo creo que no existen esas dos vertientes. Para mí, no hay tal separación; la gente hace esa separación en su cabeza. Para mí hay una sola vertiente, que es la del rap. El mainstream y el underground son categorías, un tipo ideal que alguien ha construido para poder estudiar a unos de una forma y a otros de otra.

Hablaste de Duki y Trueno, y cuando vienen a Córdoba, al rancho con nosotros, nos invitan a tocar. Podés ver a Duki en el campo, comiendo un asado con nosotros, yéndose a Capilla del Monte, y a nosotros también en esa. Y al otro día, a las seis de la mañana, estamos laburando. ¿Qué línea nos separa?

Yo creo que no hay tal separación, sino que hay algo que se llama los mundos del arte. Y en el mundo del arte uno se mueve distinto: tenés gente que hace producción, gente que hace música, tenés los públicos. Ya no es como antes, cuando para ser un rapero tenías que tener una discográfica que te bancara y pusiera plata. Eso cayó con Spotify y YouTube. Ya ni siquiera dependés de alguien que distribuya tu música. Vos podés mandar tu tema por WhatsApp; hoy, con que cinco amigos se lo pasen a otros cinco amigos, ya se distribuyó.

Entonces, para mí, la separación entre underground y mainstream no existe. Yo no voy a decir que soy lo mismo que alguien que llenó diez Luna Park, pero la vertiente es la misma. Porque vos tenés al rapero más pegado de hoy en día hablando de cosas que también puede estar hablando un chango que está en su casa, grabando con un micrófono.

En mi crew tenemos algunos que han firmado contratos editoriales, nosotros tenemos firmado un contrato de distribución, y eso nos hace mainstream para la mirada de algunos. Pero yo sigo yendo a la plaza, estoy en tu show. Creo que está un poco desdibujada la línea entre el underground y el mainstream; es algo que los mismos raperos se ponen en la cabeza.

Hoy el arte se mueve por un híbrido, por ciertas herramientas que da el underground y ciertas herramientas que da el mainstream.

O.c: Hoy existe un debate sobre qué es el rap y quién puede considerarse rapero. El género se expandió muchísimo, pero al mismo tiempo hay quienes siguen marcando límites sobre qué entra y qué no. En ese contexto, ¿qué es el rap para vos hoy y dónde sentís que están sus límites, si es que todavía existen?

Killimet: Yo lo tengo bien en claro: el rap no es simplemente rimar sobre un instrumento de rap. El rap tiene un fundamento muy filosófico, que es la protesta, la poesía. El rap tiene que ser emancipador y liberador.

Hoy en día muchos confunden el rap con el éxito capitalista, con la idea de “yo tengo toda la plata, todas las cadenas, toda la ropa”, y al final sos un maniquí, no estás liberado de nada.

Creo que el rap tiene que ser liberador, es decir, no estar a favor de nada de lo que oprima. Si estás a favor de algo que oprime, no es rap.

Por eso yo no creo que haya raperos de derecha, no creo que haya raperos sionistas. Si el rap te está queriendo oprimir, ya no es rap: es rima sobre una base.

Por eso, cuando a un rapero le muestran un spot publicitario de un político hecho con rap, se caga de risa.

O.c: buenos si hablamos de vestimenta ahora estás vestido más como alguien de campo que como el imaginario de un rapero.

Killimet: La  boina me la regalo mi abuela para que yo vaya al colegio, pero vos mírate una foto de Biggie. Esta con una boinita porque los raperos se vestían con las cosas que tenían la clase trabajadora.

O.c: Bueno, es que hoy el rap se mezcla con todo tipo de música urbana. Pocos son los que diferencian el rap del trap, el reggaetón o de otros géneros.

Killimet: Yo creo que el rap también tiene su forma de ostentación. Pero, si nos ponemos a pensar de dónde viene, de la clase marginal, nosotros lo único que tenemos para aspirar son dos cosas, el conocimiento y tratar de salir adelante.

No podés estar hablándole del Museo del Louvre a esa gente, ni del MoMA de Nueva York. No podés hablarle de eso a alguien que no puede salir más allá de su barrio, que no puede pensar que con el dinero puede ir más allá. Entonces, ¿qué hacen los raperos? Te muestran que con el trabajo pueden comprar una cadena de oro. Te muestran que vos, un negro como yo, podés comprar una cadena de oro.

El problema es cuando el mensaje se queda solamente en eso, en ser la propaganda de una marca. Yo, en mis temas, hablo de cadenas de oro, hablo de armas, hablo de opulencia también, pero no es el fin último. Mi fin es poder seguir haciendo rap. Si tengo plata, me compro un libro para poder leer y seguir cultivando la mente para el rap.

El problema es cuando se queda solamente en el objeto y lo único que escuchás es gente diciéndote que gastes en escabio, que gastes en putas, que gastes en oro, que gastes en cosas que no te sirven para nada. Si todo se reduce a hablar de eso, entonces, si yo quiero escuchar eso, me voy al súper y escucho las ofertas en el parlante.

O.c: Existe un rap cordobés, como puede ser por ejemplo el Alkoy que tiene mucho en sus canciones de Salta o del interior de Buenos Aires …

Killimet: Obvio que hay un rap cordobés. El otro día estaba escuchando a los chicos de Jerga Sudáca, que hicieron como una reseña del disco de Red Surface, que son de acá, y decían: “Este es un rap cordobés que capaz a los porteños no les llega”. Pero ¿cómo no te va a llegar el Collar, hermano? No tenés que haber visto nacer un perro en tu vida, no tenés que saber lo que es una calle de tierra para que no te llegue El Alkoy. O sea, tenés que ser muy porteño para que no te llegue. A vos no te llega El Alkoy porque sos un porteño acomodado que no vive lo que vive el 90% del país.

Por más que muchas cosas se muevan en Buenos Aires, vos salís de la Capital y la gente vive de otra forma. Yo tengo más cosas en común con alguien de Salta o con alguien de la Patagonia que con alguien de Buenos Aires, y hasta te diría que con alguien del centro de Córdoba, que lo tengo a 20 minutos. Pero, por más conciencia de clase que uno tenga, hay cosas que están alejadas por el estilo de vida, y creo que eso lo han hecho las grandes urbes.

Las grandes urbes nos separaron de lo que es, en realidad, Argentina: esa donde vivimos nosotros, donde se anda a caballo, se vive hachando, se hacen muchos kilómetros para conseguir algo. Yo creo que el problema ahí es relacional, y no estoy hablando solamente de Buenos Aires, sino del centro de Córdoba también.

Hay gente de Córdoba capital que piensa que yo vivo como en el siglo pasado y estoy a 20 minutos. Hay personas que tardan más en ir a Villa El Libertador, que es un barrio de Córdoba, que en venir a visitarme a La Calera.

Hay un subrap cordobés, pero te digo que el cordobés se siente más identificado con un tema de La Mona que con un tema de rap de Buenos Aires, porque le cantan a las cosas de acá y tienen su tonada, su forma de decir las cosas.

En mi disco, en una canción digo: “Está Santa Fe es el cambio, parece Ituzaingó y Alvear”. Lo digo por las casas de cambio que están en esas calles y la gente explota. En Buenos Aires, en cambio, te miran como: “¿Qué dijo?”. A esa persona le gusta solamente porque fue un buen juego de palabras.

Igual, creo que hay algo más importante, que es el rap argentino, que se vive distinto a lo que se vive en Buenos Aires, Córdoba o Rosario.

 O.c: Recién te escuchaba y pensaba en eso porque, si bien hay muchas rimas y referencias en tu música, no siento que caigas en un rap excesivamente intelectual o literario. Hay una tradición dentro del género en la que aparecen Borges, Marx y otras referencias, y a veces, en esa búsqueda, puede perderse algo de la esencia. En tu caso, sobre todo en este último disco, siento que eso no sucede. ¿Cómo trabajás esa tensión entre lo intelectual, lo literario y esa esencia más barrial y del interior que también aparece en tu música?

Killimet: Yo trato de hacértelo llegar. Si yo te digo: “No, porque Karl Marx dijo que la conciencia no determina…”, ya te estoy mareando. Ya no querés escuchar lo que dijo Karl Marx. Pero si te lo digo criollamente, como lo diría una persona, te llega, y el trasfondo es el mismo. Entender eso es algo que me costó, porque mis trabajos anteriores los he hecho muy sectarios.

Yo estuve en una época donde el rap se empezó a masificar y los raperos queríamos ser un poco ocultistas. Entonces hacíamos nuestro rap lo más encriptado posible, y el rap no sirve para eso. Si había mucha gente a la que le interesaba y le picaba el bichito, no es algo que yo le pueda mostrar a un viejo.

Hoy siento que, por ejemplo, “Aurora”, de mi último disco Apoteosis, que la hago con la banda del Ejército de Colombia, es un tema sociopolítico que habla de la situación actual de Argentina. Y si yo te lo puedo explicar con autores, con datos económicos, no lo vas a escuchar, no transmite nada. Eso es lo que a mí me molesta de la academia. Mucha gente escribe citando a otro y está perfecto, pero solamente estás copiando lo que dice otro. Para eso, agarrá y dale el libro al chango que te está escuchando.

Lo que yo estoy tratando de hacer es rap con sentimiento criollo. En el tema “Aurora” empiezo diciendo: “Gracias a la codicia, la avaricia, la incompetencia de estos gobernantes que no pudieron con una estrategia que nos saque de la pobreza”. Ahí te estoy hablando a vos como le hablaría a un tachero, como le hablaría a alguien que me preguntara mi visión política. No te estoy remontando al materialismo histórico, no te estoy hablando de grandes filósofos: te estoy hablando de cómo yo lo siento. Y termino haciendo referencia a datos reales, a cómo sentimos un país que está detonado.

A la hora de escribir, a mí me gusta mucho Abel Ibáñez, que es el primer escritor folclórico. El chabón escribe imágenes y eso es lo que traduzco cuando hago rap. Si no te puedo transmitir una imagen con mi rima, la borro, por más que esté buenísima.

Yo creo que va un poco por hacerle imaginar a la gente las cosas que estoy diciendo. Y cuando uno se lo imagina, es porque lo está sintiendo. Ahí es cuando le va a llegar.

Ahí es cuando rompemos esa barrera de lo intelectual, de citar una gran frase o un texto sociológico.

O.c:  Creo que desde tu primer disco Iluminismo a Apoteosis se nota un cambio en la letra….

Killimet: En realidad, mi primer disco se llama Evocación y anda dando vueltas por la Matrix, por la web. Evocación es traer algo de afuera. Son procesos ocultistas, un poco esotéricos.

En mi primer disco era traer todo lo que sentía: dolor, sentimientos de amor, de afuera. En mi segundo disco, Iluminismo, traigo un poco de luz a la oscuridad del pensamiento. Te diría que mi segundo disco es bastante esotérico. En ese disco traigo cosas como aprendizajes del rey Salomón.

Yo creo que lo que me separa de Iluminismo y Apoteosis es que Iluminismo era un camino propio y personal. No me importaba quién lo escuchara. Son temas muy raros, con beats muy raros. Es esa época que te decía, en la que pensaba que el rap tenía que ser solamente para ciertos entendidos.

En cambio, Apoteosis es el momento final de una obra. Iluminismo era yo siendo la carta del Ermitaño del tarot, andando por la niebla con mi faro, yo solo, viendo las sombras y la luz, sin guiar a nadie. En cambio, Apoteosis ya es la culminación de ese camino del héroe, donde traigo a toda mi gente atrás.

Por eso Iluminismo tiene un solo feat, que es con mi hermano del alma, Blaster, y ya para Apoteosis traigo a todos los superhéroes que fui juntando en el camino.

Yo creo que el primero es algo más íntimo, más de yo alumbrar mi propia sombra, y Apoteosis es la cúspide, es el camino del héroe.

O.c: Es un disco que toma una impronta contestaría  que si bien es hip hop  tiene cosas Hardcore, hay mucho de guitarra de rock. Es un rap al estilo Cypress Hill más que a Tupac.

Killimet: Me han dicho mucho que lo mío no es rap de conciencia, sino rap hardcore, porque no es crudo por ser crudo, sino que busca despertar la conciencia. Un loco lo describió en una reseña como un disco “subversivo de armas tomar”, pero yo creo que responde a la época que estamos viviendo. Yo lo defino como rap de guerrilla.

O.c: ¿Sentís que, de alguna manera, este rap vuelve a recuperar un espíritu contestatario que estuvo muy presente en los 90 y los 2000, con bandas como Las Manos de Filippi o Bersuit, pero que después fue desplazándose hacia propuestas más ligadas al pop? ¿Hay algo de ese espíritu que hoy vuelve a aparecer en el rap?

Killimet: En los 90 estábamos en crisis. Después de lo que pasó en 2001, con los gobiernos de Néstor y Cristina volvió un poco el progresismo y la clase media empezó a estar mejor. Ahora eso no pasa.

En esos años te movía decir: “Estos hijos de puta nos están matando, nos están dejando en la calle”. Porque vos tenías trabajo y ya podías hablar de otras cosas. Si tu familia se está cagando de hambre en los 90, no hay laburo, salís y la yuta te caga a tiros, tu prioridad va a ser otra.

Si ya pasaste los 2000, cuando la calle está más o menos normalizada, donde ya hay trabajo y tu pensamiento primigenio ya no es “me estoy cagando de hambre” o “me están cagando a tiros en la calle”, las letras cambian.

Creo que la situación de ahora amerita estos raperos más combativos. Vos decís, yo incluso hasta el Nico Mier te tira sus bocados combativos. En un tema que tenemos dice: “Yo te reviento igual, uses o no uses kippa”.

A mí me preocupa mucho también que los raperos no hablen de tomar las armas, de estudiar, y que estén en esto de ser un maniquí: de cantar que tengo puesto tal cosa, que me voy de shopping, a bailar y qué sé yo. Me parece que hoy necesitamos otra cosa.

O.c: En el disco hay varios feat entre ellos la prima… ¿Cómo los elegiste?

Killimet: on Vicky somos amigos hace años, somos muy amigos. Vivimos juntos en el Bajo de Yapeyú.

Nico Mir es mi hermano. Él ha estado mal y se ha venido a casa conmigo. Yo he estado mal y me he ido a vivir a su casa. Este mes, cuando me tocó pasar una de las cosas más difíciles de mi vida personal, al primero que llamé fue a Santos. Me preparó un sillón en su casa y me quedé ahí.

Hace años yo laburaba con Vicky en un bar de Córdoba y ella era mi jefa. Es más, cuando ella empezó a rapear, que fue hace tres años, fue el día que nos echaron en Navidad de ese laburo. Le dije: “Bueno, vamos a la plaza a hinchar las bolas”. Fuimos a la plaza, había una competencia de rap, nos anotamos, rapeamos y llegamos a la final.

Ahí yo estaba empezando a hacer el disco y salió este tema. Con Nico también somos amigos desde ese año y, da la casualidad, estos últimos años Nico explotó.

A Cero Uno lo conocí porque Vicky lo escuchaba en el bar. Una vez lo escuché y lo seguí en Instagram, como para hacerle el aguante, y el loco me respondió.

Después, al otro año, tocó en Pétalo del Sol, acá en Córdoba, y me dijo: “Killi, ¿querés venir a tocar conmigo?”. En esa fecha habrá habido 30 personas. Después explotó Cero Uno y llenó Club Paraguay. En esa fecha me volvió a invitar y me dijo que lo metiera en un disco mío.

Yo no grabo con gente que no sea mis amigos. Está Román, está el Santo, está el Cirio. La primera vez que vinieron los Golden Boyz a Córdoba hicieron el evento junto a Who’s Sneaky, que es mi crew.

Somos gente que estamos hace rato por algo cultural, por el rap, no por llegar a tal lado o usar el rap para tener plata y pegar fama.

Yo creo que uno se encuentra en el sentimiento y terminás haciéndote amigo. Todos los que estuvieron en el disco han venido acá, a mi casa, al campo, a comer un asado. Y eso lo hacés con tus amigos.

O.c: Recién me hablabas de lo cultural y eso me lleva al comienzo del disco, donde aparece una introducción en la que hablás de la “guerra cognitiva”, como un campo de batalla. ¿Cómo pensás el lugar del arte frente a los discursos sociales que circulan hoy, particularmente desde ciertos sectores de los medios de comunicación y del Gobierno? ¿Qué papel puede tener el arte frente a esa disputa por las ideas, las percepciones y las formas de interpretar la realidad?

Killimet: La primera guerra que nos están haciendo a nosotros, como argentinos, es cognitiva. No nos hace falta que gasten plata tirando una bomba atómica. Aparte, nadie quiere gastar un misil de 10.000 dólares acá. Es más fácil poner un TikTok con un tren de mierda que te queme la cabeza, que hable de lo contrario a los valores de tu tierra.

O.c: Como vienen las fechas, me imagino que con un recorrido importante presentando Apoteosis…

Killimet: Voy a andar por Salta, Buenos Aires y termino en Córdoba presentando el disco. Apoteosis es un disco que la gente está recibiendo incluso con asombro. Para mí es algo que ya está trabajado, masticado, pero para la gente es algo nuevo.

En realidad, cuando escribí Apoteosis ya tenía en los planes hacer tres discos. Apoteosis es uno. Tengo otro que es totalmente distinto, que es sexual, un disco erótico dedicado a una mujer. Es un disco completamente diferente: los ritmos son otros, la forma de hablar es otra. Es un disco sexual que está por salir. Mi idea es que salga ahora, en el verano. Es un disco muy sentimental, de amor, pero no como lo entiende la gente: es muy distinto. Tiene cosas muy retro, desde Dyango hasta Emmanuel o Luis Miguel.

Este disco que va a salir se llama Especial dedicación para…. También tengo otro disco que estoy haciendo con mi DJ, que ya está escrito y me falta grabarlo, que se llama Guerra ferroviaria. Es un disco geopolítico que habla de la guerra ya directamente. La primera barra empieza: “Piensan que esa marca Versace compensa su falta de calle. Yo sueño que meo la tumba de Margaret Thatcher…”. Ese sí podemos decir que es hardcore político, es más bardero.

Otra parte dice: “Llevo y nadie va a poder sacar ni un centavo de más. Impongo el puto corralito del rap. Dicen que no saben nada, lo mismo que Messi con Trump, pero cuando los atrapan, cantan como un cardenal…”. Es un disco de bardo, por eso digo que es un disco de guerra.

Ese tercer disco no sé cuándo va a salir porque no tengo nada grabado, pero lo escribimos durante la gira y los beats también los hicimos de gira. Ese disco todavía lo tengo que grabar.

Pero sí puedo decirte que lo próximo que va a salir es el disco sexual, que ya está todo trabajado. Va a tener una estética retro, art déco. Va a tener una mujer desnuda en un sillón, con plantas, y yo pintando un cuadro. Muchas referencias de ese tipo porque a la chica a la que le dedico el disco le gusta mucho el arte y viaja por el mundo conociendo museos.

Pero hoy en día estoy escribiendo folclore. Yo hago mucho folclore desde siempre, pero nunca saqué nada. Solo me vas a escuchar tocar folclore y cantar mis temas si has estado en el campo conmigo. Si no, no lo vas a escuchar grabado en ningún lado, no vas a ver un tema dando vueltas.

Ahora estoy en proceso de hacer un disco de folclore. Eso es lo que más me gusta y me apasiona. Yo hago todos los acordes y los punteos, así que estoy en eso. Qué bueno: mi disco sexual y, por otro lado, el folclore.

O.c: Sabía que te gustaba el folklore, pero no que cantabas o no te imagino haciendo un disco de folklore…

Killimet:  Es que no quiero hacerlo en un estudio, quiero conseguir unos micrófonos y hacerlo en la montaña, todo en vivo, en una sola toma, alrededor del fuego, con el sonido ambiente.