La Otra Orquesta y El Negro Aguirre: un encuentro para celebrar la música popular

La música popular argentina volvió a sonar durante la tarde-noche del domingo en el Teatro Libertador, de la mano de Encuentros, el ciclo organizado por La Otra Orquesta, que en esta primera edición tuvo como invitado al músico y compositor entrerriano Carlos “El Negro” Aguirre.

Pasadas las 20, La Otra Orquesta salió a escena junto a su mentor y director, José López, para comenzar una velada atravesada por el folclore y la música popular. El repertorio se inició con Flores amarillas, del poeta Dalmiro Coronel Lugones y con música de Peteco Carabajal, esta vez con un arreglo especialmente realizado por José López para la orquesta. Le siguió El desaparecido, de los riojanos Ramiro González y Luis Chazarreta, para luego dar paso a El sendero, una de las obras compuestas por La Otra Orquesta.

El comienzo de estas tres canciones podría parecer azaroso, pero en realidad anticipó buena parte de lo que sucedería durante el resto de la noche: una combinación de grandes compositores de distintas generaciones y de diferentes regiones de la música popular argentina con canciones de la orquesta.

Tal como expresó su director, después de un tiempo marcado por la soledad y las pantallas, volver a compartir el cara a cara y encontrarse con quienes nutren nuestra música se vuelve fundamental. En ese necesario encuentro apareció El Negro Aguirre, quien interpretó un puñado de las miles de canciones que forman parte de su repertorio. Algunas fueron junto a La Otra Orquesta, con Aguirre alternando entre el bombo y el acordeón, y otras en soledad, sentado frente al piano.

Entre las canciones interpretadas junto a la orquesta estuvieron Va siendo tiempo, Peces de luz y El diminuto Juan. En esta última, el arreglo de La Otra Orquesta le otorgó por momentos una impronta cercana al jazz, que acompañó la exquisita poesía de Aguirre y su interpretación al piano.

Promediando el séptimo tema, El Negro se hizo cargo del escenario para ofrecer una pequeña muestra de por qué es considerado uno de los músicos más destacados de la música popular argentina. Solo frente al piano interpretó Pájaros en la nieve, una canción dedicada a Monte Fuji, un lugar de Japón donde vio pájaros cantando mientras nevaba. Se trata de una de las obras más bellas de su repertorio y en ella también pudo apreciarse parte de la influencia de la música clásica en su obra.

Luego llegaron Sueño de arena y Casi un triunfo, de Sebastián Macchi, con letra del propio Aguirre. Como plantea la canción, es “casi un triunfo” por la falta de algunos compases para convertirse en ese género tan característico de la región pampeana. Antes de un breve descanso, Aguirre interpretó Milonga gris junto a cuatro integrantes de la orquesta.

Ya con La Otra Orquesta nuevamente sobre el escenario, su director volvió a poner en primer plano a quienes fueron faros tanto para la formación como para buena parte de la música popular argentina, entre ellos el Chango Farías Gómez y el propio Carlos “El Negro” Aguirre.

Fue entonces el turno de Luna tucumana, de Atahualpa Yupanqui, aunque en una versión completamente renovada, basada en un arreglo realizado en su momento por el Chango Farías Gómez y transcripto especialmente para esta ocasión por José López, Germán Gamón Lozano y Giuliano Gangi. Después llegó La otra chaya, una creación de La Otra Orquesta con fuertes influencias de la música popular riojana.

Promediando el tramo final de la noche, Aguirre regresó al escenario, esta vez con la guitarra, para interpretar la zamba Estampa de río crecido. Junto a toda la orquesta y las voces de Agustina Mercado y Darío Ferrero, integrantes de la formación, construyeron una versión que volvió a poner en evidencia la riqueza del cruce propuesto por Encuentros.

La noche parecía llegar a su final con dos clásicos del repertorio del compositor entrerriano: Voces de otra vida y otro lugar, una de sus canciones más destacadas, esta vez con arreglos especialmente realizados por el propio Aguirre para este encuentro. Pero todavía quedaba lugar para una más. Y para cerrar la noche tenía que ser, inevitablemente, Los tres deseos de siempre.

Si algo dejó en claro la primera edición de Encuentros es que el intercambio musical también puede ser una forma de reivindicar los espacios públicos. La Otra Orquesta nació en el ámbito de la universidad pública y gratuita y, como señaló su director, este cruce entre generaciones y tradiciones musicales ocurrió con una orquesta surgida de la universidad pública y en un teatro público.

Fotos: Juan José Coronel