Con Vigilia, Ines Guridi, más conocida como Ino Guridi confirma algo que en Uruguay ya se intuía desde Pasará: la aparición de una artista que piensa la canción desde los bordes, desde la mezcla y desde una sensibilidad que rehúye las etiquetas fáciles. Su segundo disco —un trabajo nocturno, onírico, tejido en ese estado “entre dormida y despierta” que ella misma define como vigilia— profundiza en un lenguaje propio donde conviven la electrónica, la canción popular y una pulsión íntima que remite tanto a la tradición uruguaya como a su biografía musical.
Pero Vigilia no surge de la nada. Es el resultado de un recorrido que empieza en la adolescencia, cuando Ino componía a escondidas en MySpace, y continúa con su etapa como DJ, su proyecto electrónico Isla Panorama y sus años en Santiago de Chile.
En este disco, esa búsqueda se vuelve más madura y más uruguaya. Allí aparecen la raíz, la memoria familiar, la ciudad como personaje —con su encanto y su agotamiento— y también una reflexión generacional sobre la exposición, la performance y la necesidad de decir algo propio en medio del ruido.
Charlamos con Ino sobre su historia, su vínculo con la electrónica, la influencia de su padre, la construcción de una identidad artística que no encaja en categorías tradicionales, y el deseo —todavía desafiante— de tender puentes con Argentina. Habla de Montevideo como “pueblito”, de la presión por producir, de la importancia del periodismo cultural y de la libertad que encuentra en canciones largas como Cora, pensadas para entrar en trance más que para algoritmos.

Otra Canción: Contanos un poco en qué anda hoy Ino Guridi, despues de un gran 2025 con la publicación de Vigilia.
Ino Guridi: Ahora estoy tratando de retomar mi faceta de DJ.
O.c: Una faceta que desconocíamos, por lo menos nosotros…
Ino: Desde los dieciocho hasta los veinticuatro era uno de mis principales trabajos. Lo dejé porque en un momento quise enfocarme más en producir y no tanto en elegir música. Yo no producía tan buena música como la música que escuchaba. Entonces era muy frustrante estar todo el tiempo buscando la música que mejor suena mientras lo que yo hacía era más o menos. Ahí dije: capaz me conviene enfocarme en componer y producir, aunque sea más difícil, y dejé el laburo de DJ.
Ahora, estos últimos meses, me empezaron a dar ganas de investigar esas carpetas que tengo guardadas con la música que pasaba. La tengo separada por género: techno de los noventa, hits de los ochenta, rock de los cincuenta.
O.c: Una faceta diferente a la de cantautora, si es que se le puede decir cantautora, porque difiere de lo que muchos pensarían…
Ino: No sé si soy cantautora porque además no tengo la voz prodigiosa que asocio con cantautores y cantautoras. Yo soy más una atrevida: tengo la necesidad de cantar y soy consciente de que soy muy limitada. Lo mismo con los instrumentos: no sé tocar la guitarra, soy zurda, toco sintetizador, me paro mucho arriba de secuencias y cosas programadas.
O.c: Pienso en dos cosas. Primero, cuando hablabas del DJ y la música tecno: en tu primer disco Pasará (2023) hay una búsqueda más techno que en el último. Es más electrónico sin sonar electrónico. En este disco hay una búsqueda más por la canción o por el pop, sin ser tan pop…
Ino: A mí me encanta el pop en todas sus expresiones. Lo que me gusta del pop es que trasciende géneros: cada género puede ser un poco pop. Folclore, electrónica, rock… todo puede tener un poquito de pop. Para mí pop viene de “popular” y tiene que ver con llegarle a la gente, con algo que no requiere decodificar ni venir con conocimiento previo de música. El pop es para las personas comunes y corrientes. Y eso me gusta mucho.
Antes de mi primer disco tenía un proyecto que se llamaba Isla Panorama, que era electrónica. Estuve cinco o seis años con ese proyecto. Me fui a vivir a Santiago de Chile con eso, toqué un montón haciendo electrónica en vivo y casi no cantaba. Fue recién cuando volví a Montevideo, en la pandemia, que ahí me puse Ino Guridi y empecé a hacer Pasará. Pero yo ya venía de una tradición electrónica. Siempre estuve pimponeando, coqueteando con la electrónica.
O.c: ¿De dónde viene “Ino Guridi”?
Ino: Tenía catorce, por ahí. Conocí dos amigas que se llamaban Inés: a una le decían Ina y a la otra Ine. Yo me puse Ino, para no ser igual a las otras. Además me tenía que hacer un Bandcamp y quería un apodo artístico para subir mi música. Me pareció que estaba bueno.
O.c: Pienso en tu legado familiar: Renzo Teflón, uno de los grandes músicos del movimiento punk. ¿Hay algo de ese tractor familiar? Pienso en el punk como “no me importa cómo canto, voy siempre adelante”.
Ino: Yo creo en la frase “lo que se hereda no se roba”. Nunca fue algo muy buscado, pero con el diario del lunes es inevitable ver que hay muchas cosas en mi actitud que heredé de mi padre. Una es hacer lo que quieras con lo que tenés, sin esperar que alguien te lo dé, sin esperar el momento ni la herramienta perfecta. Manejarte con lo que hay, aunque sea poco, y sacarle todo el jugo.
Además, mi padre una vez me dijo: “Nadie va a cantar tus canciones mejor que vos”. No importa cómo cantes: si las canciones son tuyas, nadie las va a cantar mejor. Me acuerdo perfecto de eso. Entonces, capaz no soy tremenda cantante, pero si tengo ganas de tener mis canciones y cantarlas. La necesidad de expresarme es muchísimo mayor que mi fineza expresiva como cantante.
Yo no busco al erudito que ejecuta. No busco al músico superprofesional. A mí me gusta que las cosas tengan alma, sentimiento, que sean genuinas.
¿Puedo disfrutar de un contrabajista excelso tocando una pieza clásica increíble? Sí. ¿Es lo que escucho en mi día a día? No. ¿Es con lo que más conecto? Seguramente tampoco. Seguramente conecte más con una banda punk de pibes y pibas que están aprendiendo a tocar pero tienen muchas ganas de decir cosas.
O.c: Pienso en las canciones del Príncipe, de Ana Prada o de Cabrera, que a veces, cantadas por ellos mismos, tienen un alma distinta. Y después está todo el tema de la obra teniendo su propia vida: hay canciones que resuenan tanto en la gente —pienso en Mandolín, por ejemplo— que trascienden a la persona. Todo el mundo quiere hacer una versión, todo el mundo las interpreta, y a veces aparecen interpretaciones muy interesantes y lindas.
Ino: En la música de los sesenta y los setenta está lleno de ejemplos de intérpretes. Quien escribía la canción era un tipo en un estudio y se la daba a Lesley Gore para que la cante, y Lesley Gore la hacía suya. Entonces tampoco soy súper “ay, solo el que lo hace”. Pero sí digo que, si la canción es tuya y te animás y la querés expresar, sacala que de alguna forma va a llegar a la gente
O.c: Recién me hablabas de tu paso por la electrónica y ahora por otras facetas más pop, si se quiere. Pensando en que venís de una familia más ligada al punk —y también con un bagaje cultural enorme por el lado de Mauricio Rosenkof, periodista y figura clave—, ¿cómo llegaste a hacer este tipo de música que, en apariencia, podría verse como las antípodas de tu linaje familiar? Me refiero tanto a lo electrónico como al pop.
Ino: Mi padre, cuando yo era chica, escuchaba mucho Kraftwerk, una banda alemana que fue de las que popularizó la electrónica desde Alemania para el mundo. Yo escuchaba un disco que se llamaba The Man-Machine y me encantaba. Toda mi infancia escuché ese disco y me encanta. Escuché Play, de Moby, también, cuando salió —creo que en el 99— yo tendría cinco o seis años. Me acuerdo cuando salió: mi padre me lo mostró y me obsesioné con ese disco.
Después escuché a Giorgio Moroder, que fue el fundador de la música electrónica con I Feel Love de Donna Summer. Todas esas cosas forman parte de la banda sonora de mi infancia, al igual que Bowie, los Beatles, los Rolling, la Velvet. Yo crecí en una casa donde tanto mi mamá como mi papá eran muy melómanos, y vivía en una realidad paralela a mi edad. No tenía compañeros de clase o de jardín que curtieran lo mismo. Siempre me sentí muy por fuera.
A los trece o catorce me empecé a juntar con un amigo que tenía un teclado y me dijo: “tocá”. Y ahí empecé a hacer música escondidas, en MySpace. No quería que mis padres supieran. Mi abuelo se enteró mucho después, mil años después. Mis padres se enteraron como al año.
O.c: ¿Y por qué nunca les dijiste? Sería lo normal viniendo de padres músicos o melómanos…
Ino: Porque mis padres no me incentivaban con nada. Mi padre era muy crítico, mi madre más indiferente, y yo sabía que no iba a generar algo positivo. La historia de mi padre es que él falleció hace seis años en la pobreza total. Nunca vio un peso por todo el éxito musical que tuvo. Entonces yo crecí con un padre muy limitado económicamente. Si a mí me daban ganas de hacer música, no iba a ser bienvenido, porque la realidad económica no me iba a permitir vivir de eso.
Mi historia musical es lo opuesto: es una historia de rebeldía. Y es muy gracioso que lo sea dentro de una familia cultural.
O.c: Por eso te digo: dentro de una familia cultural uno pensaría que te apoyarían, y me llama la atención que fuera todo lo contrario.
Ino: Recién hace un año, cuando saqué Vigilia, que hice un montón de notas en tele y diarios, mi familia dijo “ah, qué lindo que salís”, y hubo como una aceptación.
O.c: Tu último disco, Vigilia, fue editado el año pasado. ¿Qué repercusiones tuviste? Por lo menos, lo que uno ve en los grandes medios de Uruguay es que siempre estuvo dentro del radar de los mejores discos o de las grandes sorpresas del año. ¿Vos lo ves así? ¿Tuviste esa sensación? ¿Cómo lo viviste?
Ino: Tal cual lo que decís. Siento que esta buena onda de los medios y esta atención, esta validación de los medios uruguayos no llega de un día para el otro. Es algo que vengo construyendo desde que tengo dieciocho años: como persona de la cultura.
No lo vivo como algo sorpresivo. Siento que es algo muy lento, muy paulatino, de muchos años. Y aun así, es un disco que todavía no sé si encontró su público. A juzgar por los plays de Spotify —que son buenos números para Uruguay, pero igual son pocos— siento que mi música podría tener muchísimo más alcance de la que tiene. Y las limitaciones son porque estoy en Uruguay, porque la música que hago no es masiva, y capaz también porque soy mujer, no lo sé.
Aspiro a que siga creciendo. Estoy todavía en una parte del proceso. No me siento particularmente súper reconocida ni nada. Pero sí siento que hay un apoyo re lindo de la prensa, sin duda.
O.c: ¿Cuánto es necesario “saltar” fuera de Uruguay? ¿O cómo se hace para dar ese salto hacia Argentina y llegar a otro público? Lo pensaba el otro día viendo a grandes artistas uruguayos: La Vela Puerca, por ejemplo, tiene la mayoría de sus fechas en Argentina; No Te Va Gustar también aparece muy seguido en los radares de acá. Da la sensación de que muchos artistas uruguayos terminan haciendo hincapié en Argentina e incluso, por momentos, viviendo más en Argentina que en Uruguay.
Ino: Es una pregunta muy compleja. Porque, por un lado, también te puedo decir: en Uruguay hoy hay proyectos como Luana, Flor Zakeo, algunas bandas de candombe, algunas bandas de cumbia, que están teniendo un éxito masivo y están llenando.
El tema en Uruguay es que no hay la suficiente cantidad de gente para abarcar todos los nichos. No es que no haya gente porque hay un montón, Mocchi también llena de un montón.
O.c: Bueno, acá le está yendo muy bien. Es de los cantautores uruguayos que más va creciendo, por lo menos en Argentina.
Ino: Claro. Hay mucha gente, lo que no hay es la cantidad de gente como para abarcar determinados nichos. Yo estoy en un nicho: el de la electrónica alternativa o el del pop alternativo. En ese nicho, en Uruguay, está Dani Umpi, está Salvamento… somos muy poquitos. No tocamos todo el tiempo. No hay ni siquiera una escena de eso. Somos retazos del indie que se fueron para la electrónica.
En Argentina estoy viendo ahora un ejemplo muy lindo de esto: Juana Molina y Juana Aguirre. Me parece que hacen un estilo de música primo al mío, y les está yendo espectacular. Están teniendo muchísima llegada en Argentina e internacionalmente.
Entonces, respondiendo a tu pregunta de cómo podría exportar un proyecto de Uruguay a Argentina: lo primero que te dice todo el mundo es que es muy difícil, y yo lo experimenté. No es nada fácil como uruguayo insertarte en la escena argentina. El argentino es muy distinto al uruguayo, aparte. Y, sobre todo, el argentino que se ganó su lugar no tiene ganas de regalarle un lugar a otro, porque le costó un montón llegar ahí.
O.c: Igual hay grandes músicos uruguayos que han ganado un espacio en Argentina.
Ino: No lo dudo, pero ha sido con sudor y lágrimas. No creo que haya sido algo fácil ni orgánico. De hecho, tengo anécdotas de algunas de estas bandas grandes: las primeras veces que iban a tocar a Argentina, los sonidistas les hacían cosas para que suenen mal. Y se tuvieron que empezar a armar equipos para evitar ese tipo de problemas. No es fácil como uruguayo meterte en Argentina, y los que lo han logrado, me consta que ha sido con mucho sacrificio y mucha insistencia. No sirve ir una sola vez a Argentina: tenés que ir dos veces por mes, tenés que armarte una agenda en el año para poder insertarte.
O.c: El nombre Vigilia es raro… no sé si raro, pero sí me llamó la atención. Y dentro del disco, por ahí, es difícil encontrarle un sentido entre las canciones.
Ino: Vigilia es ese estado nocturno en el que uno está entre dormido y despierto. A mí me pasa mucho que escucho música cuando me voy a dormir, y me gusta ese momento en el que me estoy quedando dormida y estoy escuchando. Es un estado previo al sueño. Y siento que en ese estado fabriqué muchas canciones de este disco, o que es un disco para escuchar en ese estado también. Me lo pondría de principio a fin antes de irme a dormir y transitaría todas las canciones en orden. Tiene que ver con una cosa medio de ensoñación, onírica, nocturna.
O.c: ¿Lo sentís parecido a Pasará?
Ino: Para mí son muy parecidos Vigilia y Pasará, pero son como dos mundos distintos. En los dos encuentro variedad, que es lo que a mí me gusta: hacer un disco heterogéneo, que tenga una canción arriba, una más tranqui, una romántica, una electrónica… Me gusta pasear por todos los géneros que pueda. Vigilia es un disco que, igual que Pasará, comparte eso: son discos con canciones muy variadas.
Pero la diferencia, me parece, es que en Vigilia el sonido está mucho más madurado. Y ahí tuvo mucho que ver que hice equipo con Krishna Della Valle que es mi compañero de banda, mi mejor amigo y coproductor de Vigilia.
O.c: Cuando escuché Pasará y después Vigilia. El primero me sonó un poco más chileno, si se quiere. Y Vigilia lo sentí más uruguayo, como un volver a las raíces. Después me enteré de que habías estado viviendo en Chile y que volviste a Uruguay, y ahí me cerró un poco más.
Ino: Sin duda. Vigilia es un disco mucho más uruguayo que Pasará, como decís vos. Es un disco gestado ya viviendo en Uruguay. Muy poca salida de mi parte, muy poca actividad social, muy inspirada por la música que escucho en mi casa. Pasará venía más tocado por mi experiencia en Chile, y Vigilia está más tocado por mi experiencia en Uruguay.
Aparte, me mudé a la casa de mi infancia mientras hacía este disco, y fue un poco volver a las raíces también, en varios sentidos.
O.c: Me pareció que “Tango 42” dialoga más —diría que es el tema de transición entre un disco y otro— por lo electrónico. Creo que sigue ese camino. Y también, de alguna forma, inevitablemente pensé en Bajofondo. ¿Vos lo viviste así? ¿Es un tema pensado como transición? ¿Cómo nació?
Ino: Lo pensé como la transición entre un disco y el otro, cien por ciento. Yo no soy de escuchar Bajo fondo particularmente, pero lo tengo metido en el ADN como todos los uruguayos, porque lo escuchaban mis tías, mi abuela. Tengo muy buen vínculo con Juan Campodónico; de hecho, nos han entrevistado juntos alguna vez. Me gusta mucho todo lo que son los intentos uruguayos por mezclar tradiciones con cosas más modernas, y Bajofondo es el ejemplo más internacionalizado que tenemos de eso.
En la concepción de la canción, en realidad, empecé haciendo el bajo con un sinte virtual en mi casa, le empecé a cantar arriba, le puse un drum and bass, un sample de drum and bass, lo armé… y salió re rápido. Creo que hice ese tema en una hora.
O.c: ¿Cómo nace la letra y la canción?. Es una canción que tiene algo de tensión, de conflicto interno. Decís “tengo que hacer lo que tengo que hacer”, después hablás de decir ciertas cosas a la cara… Es como una mirada personal, como si se planteara un conflicto.
Ino: Lo de “la cara” me sonó re tanguero, como ese drama que tiene el tango. Esa cosa visceral, de “decirte a la cara”, algo medio tanguero. Después, la parte de “si tuviera que hacer lo que tengo que hacer” es casi algo que tengo metido en el cerebro: esa sensación de no estar haciendo nunca lo suficiente. Llenarme de proyectos, hacer ocho cosas a la vez y aun así sentir que no alcanza, o sentir que quedan cosas por decir.
Después el estribillo: “bailo este tango para los dos, bailo aunque no estés vos”. Esa idea de que para bailar un tango necesitás dos. Me gustaba también un enfoque más feminista o independiente: decir “bailo un tango y no preciso de un otro”.
O.c: Después está “Montevideo”. Yo hubiera pensado que era una oda a Montevideo, algo así. Sin embargo, la canción habla más de un agotamiento, una cosa que sentí casi generacional. ¿Hay algo de eso? ¿Por qué “Montevideo” como título, cuando en realidad no hablás del paisaje de Montevideo ni nada así?
Ino: A veces hay canciones de las que te puedo definir tres imágenes que tuve para hacerla. Y hay canciones como “Montevideo”, donde la letra es mucho más libre. Y sí: para mí habla de un agotamiento de Montevideo. Hay un intento de personificar Uruguay en la letra.
O.c: Digo, un agotamiento que también puedo decir que es generacional. Vivimos en un mundo donde tenemos que estar constantemente creando, haciendo, moviéndonos.
Ino: Vos mismo lo dijiste: por ahí hay que estar siempre creando cosas, estar visible, y en algún momento uno se agota. Me parece que hay una cuestión generacional ahí, o del ahora. Igual, para mí hay cosas que son únicas o muy propias de Montevideo.
Por ejemplo, algunas de las cosas de las que habla este disco tienen que ver con la sensación de “pueblo” de Montevideo, que es algo que la persona de Buenos Aires no vive. Nosotros, los montevideanos, siempre hablamos de Montevideo como un pueblito, como que no llegamos a ser una ciudad cosmopolita.
Hay cosas que responden al carácter de pequeña ciudad que tiene Montevideo, y que sobre todo cuando uno es joven te pueden desesperar: querés nuevos estímulos, querés nuevas cosas, querés salir de noche y ser un total desconocido.
Acá hay mucha señora, hay poca gente joven. Entonces es otra la sensación de vivir en Montevideo, y es algo de lo que a mí me interesa hablar en mis letras, sin duda.
O.c: ¿Creés que, de alguna forma, la ciudad de Montevideo moldeó tu manera de pensar, de moverte, de sentir las cosas? Porque me parece que la canción va un poco por ahí también.
Ino: Creo que todas las personas somos influenciadas por el lugar donde crecemos; es algo que le pasa a todo el mundo.
Yo soy uruguaya, nací en Montevideo, entonces estoy influenciada por Montevideo. También viví tres años en Santiago de Chile, y si bien tres años puede parecer poco, también me siento muy influenciada por Santiago en un montón de aspectos.
De hecho, capaz que me influenció más en otras cosas haber vivido en Santiago que haber vivido en Montevideo. Tengo como una especie de enamoramiento de mi tiempo en Santiago: me ayudó mucho a desarrollarme como persona y a encontrarme conmigo de una forma que no pude lograr en todo el tiempo que viví en Montevideo.
O.c: La otra canción que me gustó mucho es Nuevos trajes. Ahí trabajas una temática muy actual: esto de cambiar de cara, de faceta, de vivir en un estado performativo —una cara para Instagram, otra para el show, otra para lo cotidiano. siento que Nuevos trajes funciona como una reflexión —o quizá una crítica— sobre esa movida tan presente hoy, no solo en lo artístico sino en cómo todos mostramos distintos “trajes”.
Ino: Yo, lo que más recuerdo de mi adolescencia, es una clase de teatro que tuve en el liceo. Una profesora me implantó esa conciencia de que uno está actuando todo el tiempo. Aunque parezca que no, en realidad sí: uno actúa cuando va a trabajar, cuando va a estudiar, cuando está en una clase, cuando habla con su familia, con su padre, su madre, su tío, su primo. No sé si “actuar” es la palabra exacta, pero sí es una especie de performance. Uno adapta lo que dice, lo que no dice, o cómo se comporta, según el contexto en el que está.
También lo pienso con relación a la identidad de género, de la que se habló tanto estos años. Para mí, entender que ser mujer de determinada forma también es una performance, y que ser varón de determinada forma también lo es, fue una enseñanza enorme. No son cosas biológicas u orgánicas: son formas en las que el ser humano se adapta a vivir en sociedad. No hay nada natural ahí, y eso me encanta. En Nuevos trajes siento que pude hablar un poco de eso: de reconocer esa capacidad que tenemos todos de mostrar diferentes caras según la situación. Esa canción la hice desde un lugar de mucho enojo. Creo que es algo que atraviesa a todas las personas que viven en sociedad: esa capacidad de adaptarse según con quién o dónde estés.
O.c: La canción Circo me parece interesante, porque habla un poco de la ausencia de un ciclo ahí. ¿Cómo nace?
Ino: Para hacer esa canción me inspiré un poco en mi papá, pero también es una canción que se puede adaptar a cualquier pérdida o extrañamiento: un vínculo, una mascota, lo que sea. Surgió de una ausencia, y trabajé sobre ese concepto. Y también aparece la pregunta: ¿para qué ser parte del circo? Tiene que ver con esa necesidad que tiene la gente, a veces, de subirse al carro de algo que está pasando solo para tener un poco de exposición, sin ser tan sensibles con lo que sea que esté ocurriendo.
O.c: En Hacer canciones hablás un poco del proceso creativo. ¿Cómo es ese proceso y por qué, en algún punto, hacés canciones?
Ino: En realidad yo nunca quise hacer canciones. Hay cosas que me divierten mucho. Una es: ¿cómo podés hablar del amor sin usar la palabra “amor”? Solo con ese ejercicio podés hacer mil canciones. Una de las que hice parte de esa idea: “yo nunca quise hacer canciones” es una forma de decir “la pasé tan mal que no tuve otra opción que hacerte esta canción”. Es pensar: ¿cómo puedo decir “qué lindo día” sin decir “qué lindo día”? Puedo decir “sopla una preciosa brisa”, y estoy diciendo lo mismo. Ese tipo de juegos me encantan, me divierten.
O.c: ¿Cuánto hay de poesía en tus canciones? No toda canción es poesía, y no toda poesía puede ser canción.
Ino: Leo mucha poesía porque me saca de lo obvio. Me invita a leer combinaciones de palabras que mi cerebro no entiende, y busco una explicación. Ese ejercicio me hace muy bien para la creatividad. Cuando hago las letras, en realidad las improviso. No agarro un lápiz y un papel para escribirlas, lo que hago es cantarle arriba a una base que compongo.
O.c: El disco cierra con Kora, el tema más antirradial del disco: larguísimo, casi anticomercial. ¿Cómo nació y por qué decidiste incluirlo así?
Ino: Yo escucho muchos tipos de música. Escucho mucha música ambient y mucha electrónica, donde una canción puede durar entre cinco y veinte minutos. Es normal dentro del género. Incluso creo que Brian Eno tiene un tema de cuarenta minutos. Otro género que me gusta mucho y que también suele tener bastante extensión es el dub.
Inspirándome en esos géneros hice Cora, cuya intención es entrar en un trance. No es esperar a que termine: es entregarte a que dure doce minutos y ver qué pasa. Ver en qué te ponés a pensar, qué te imaginás. Porque durante toda la canción hay cambios muy sutiles. Es una invitación a abrir la cabeza, a tener otro tipo de experiencia con la música, más parecida a cuando escuchábamos discos enteros y no solo el hit. inmediato.
Lo genial de la música es la diversidad. Yo escucho música africana de los setenta, música tailandesa, cumbia villera, reguetón, tecno… La riqueza está en la variedad, no en quedarse con una sola cosa creyendo que es superior a todo lo demás.
O.c: Me da la sensación de que ahora, quizá por la masividad o por Spotify, hay más gente que se atreve más a jugar con los géneros….
Ino: Yo creo que lo que cambió fue la influencia de Internet. Pasamos de tener un disco que comprabas o escuchabas en la radio, a tener acceso a toda la música del mundo, de todas las época en un solo lugar.
Aun así, está todo armado para que escuches una sola cosa. Spotify no beneficia en nada a que encuentres música nueva: quiere que sigas escuchando lo que ya escuchás. Lo sufro un montón. No favorece la diversidad musical…
Internet atomizó a una generación de gurises que nacieron con el celular en la mano. Hoy están hiper atomizados
O.c: En algún punto hay que volver al rol de los medios, de los periodistas que te recomiendan cosas que de otra forma no llegarías a conocer.
Ino: Por eso para mí es muy importante el rol del periodista cultural, más que nunca. También el del DJ y el del curador artístico. Hoy precisamos gente que sepa bucear en el mar de información, con conocimiento y experiencia, y que pueda darle visibilidad a lo que considera valioso o quiere compartir. Eso es súper importante en esta época.
O.c: Para terminar: el disco ya salió. ¿Estás pensando en uno nuevo? ¿Este disco todavía lo sentís actual?
Ino: Para mí Vigilia es un disco que todavía no se descubrió. Los que lo descubrieron lo valoran, lo disfrutan y me lo hacen saber, y me siento extremadamente afortunada por eso. Aun así, creo que podría tener mucha más llegada. La música tiene sus tiempos, a veces más lentos, y estoy abierta a que haya cosas que lleven años en descubrirse.
Por otro lado, sí, estoy pensando en mi próximo disco, el tercero. Desde octubre del año pasado estoy con eso. Me compré un cuaderno específico para el proyecto. Trato de componer, probar, descartar ideas, expresarme. Ahora me puse algunos lineamientos que me gustaría seguir: creo que va a abordar mucho más lo electrónico.
O.c: ¿Tenés pensado presentarlo en Chile, en Argentina? ¿Hay posibilidades? ¿Cómo sigue?
Ino: Me gustaría ir a Buenos Aires, y estoy tratando de gestionarlo. También quiero traer artistas de Buenos Aires a Montevideo, en particular a Mailén Pankonín, con quien tenemos vínculo.
Quiero empezar a generar un intercambio con Buenos Aires. Está tan cerca… Yo sería muy feliz teniendo audiencia allá. Me encantaría. Pero compruebo que es muy difícil ingresar: podés tener un toque, pero convocar gente, hacerte conocido… a mí, como uruguaya, me cuesta.
Pero bueno, de a poquito, haciendo conexiones genuinas con artistas de allá con los que siento afinidad, creo que se puede lograr. Así que sí: este año me encantaría tocar mucho en Buenos Aires. Y en Chascomús también, que tengo unos amigos que son lo máximo.