Todavía recuerdo la primera vez que escuché Un Mañana, por ese entonces su último disco en estudio. Si bien tardé en ser un ávido escuchador de Spinetta, Un Mañana fue uno de esos discos que atesoro. Creo que Un Mañana teje esa idea que venía desarrollando desde Silver Sorgo. Al fin y al cabo, como toda la discografía del Flaco, hay que escucharlo una y otra vez para entrar en ese mundo que nos muestra cada una de sus canciones; algo que hoy sería imposible si nos detenemos a pensar en la vida moderna, donde ya casi nadie se toma el tiempo de escuchar un disco completo, analizarlo y, menos aún, leer sus letras en la era de Spotify.
En ese mundo, Un Mañana, apenas salió, ya sonaba sofisticado con su impronta jazzera gracias a la participación de Claudio Cardone en teclados, Nerina Nicotra en bajo, Sergio Verdinelli en batería y, por supuesto, Luis Alberto Spinetta en voz y guitarra.
Canción por canción
La Mendiga
El disco empieza con La Mendiga, con una fuerte impronta jazzera al estilo Weather Report. Claudio Cardone, a cargo de los teclados y los arreglos, le da un swing distinto, acompañado por Nerina Nicotra, una bajista con una fuerte impronta funk. Podemos decir que la canción se mueve entre la psicodelia y el funk, hasta la aparición de los teclados.
Por su lado, Spinetta usa la figura de una mujer que camina sola, como perdida por Balvanera, para reflexionar sobre la soledad y el abandono. La canción parece meterse en la vida de una mujer que deambula en una rutina sin propósito. La mendiga parece estar hablando consigo misma, buscando un lugar que nunca va a encontrar porque el mundo parece haberse olvidado de ella.
Una imagen que seguramente, si salimos a pasear y deambular por la ciudad, se repetirá. Cuando canta “La mañana que no asoma”, parece cantarle a ese futuro que nunca llega, donde los días parecen pasar sin traer ningún tipo de esperanza de cambio, ni alguien que mire y se enamore de esa mendiga.
Vacío Sideral
La canción construye un paisaje donde la tristeza no aparece como un final, sino como un territorio de búsqueda. Hay algo profundamente humano en ese “buscar las piedras”, como si el protagonista intentara reconstruirse con los restos que quedan después de una tormenta.
La imagen de la lluvia, los fantasmas, las flores cautivas y la luna perdida en medio del vacío hablan de una sensación conocida: mirar hacia atrás, enfrentarse a lo que ya no está y tratar de encontrar algún sentido en esa ausencia. Pero el Flaco deja en claro que “en tus pasos va naciendo una estrella”, recordándonos que cada herida o recuerdo forma parte de la construcción de algo nuevo.
Porque tal vez, como dice el Flaco, el “alma de cristal” puede romperse, pero también tiene la capacidad de reflejar una nueva luz.
No quiere decir
El Flaco nos invita a reflexionar sobre la ausencia o la presencia en nuestras vidas. A través de metáforas, nos lleva a considerar que la falta de algo o alguien no quiere decir que no exista. Porque, como dice la canción:
“Aunque el sol te abrigue no quiere decir que no tengas más frío.
Y si la luna se cubre no quiere decir que no tengas su luz.
Cada día es la mañana desnuda y tu corazón tiene prisa.
Y si el mundo se oculta no quiere decir que no puedas volar”.
Esos versos funcionan como un recordatorio de que las cosas pueden permanecer incluso cuando no las podemos ver.
Spinetta canta sobre la distancia física de un amor, pero sabiendo que existe una conexión emocional. Porque tal vez lo que persiste más allá de todo son los sentimientos. Por eso sostiene que:
“Una vida lejana
se escucha pedir por su amor sin destino.
Y si la noche la calla,
no quiere decir que se apague su sed”.
Cuando el final llega diciendo: “Cada tanto la palabra adiós retoma el amanecer / cada vez que la pronuncias amor / después yo debo renacer”, nos invita a pensar que algunas despedidas no son definitivas, sino el comienzo de un nuevo camino.
Descubre tu vuelo
Llegando al cuarto tema nos encontramos con Tu Vuelo al Fin, una de las canciones más potentes gracias a la letra que acompaña el ritmo de la canción. Para muchos, la presencia de dos guitarras, líder y rítmica, le da de algún modo ese tinte que tenían algunas canciones de Almendra.
En ella, el Flaco nos invita a autodescubrirnos y liberarnos. Si hay algo que caracterizó a Spinetta fue una poética, por momentos, metafísica o filosófica. La repetición de la frase “Descubre tu vuelo al fin” es un llamado a volar, a descubrirnos, más aún en tiempos donde todo parece ser igual y estamos llenos de ataduras que no nos dejan crecer.
La idea del reloj que solo da vueltas sin marcar parece ser el reflejo de alguien que no puede salirse de lo que está viviendo para ir hacia el cambio, porque el cambio no es solo de pensamiento, sino también de acciones.
Hiedra al Sol
La canción atraviesa una idea muy presente en Spinetta: el amor como una forma de acompañar y entender al otro. Entre imágenes poéticas como “hacer brisa con las manos” o los espejos que se pierden bajo el mar, aparece la necesidad de acercarse a alguien que está lejos, incluso de sí mismo.
Es una canción sobre la búsqueda del encuentro, sobre intentar tender un puente cuando las palabras no alcanzan y cuando la armonía parece difícil de encontrar.
Canción para Olga
Alguna vez contó Claudio Cardone que llegó Luis al estudio y les comentó que había compuesto dos canciones para la misma persona y que quería unirlas con un interludio. Pasó el tiempo y a la misma vecina le había escrito una tercera canción, a la que también le pidió hacer otro interludio para unir las tres piezas.
De esa historia sale canción para Olga, que comienza y termina con solos de violines. En el medio aparece la guitarra rítmica para darle paso a la primera frase:
“Tu alma es extraordinaria,
quiere saber ser el tiempo,
y no quiere saber de mirar relojes,
tus ojos claros de sol a sol”.
En el medio hay dos interludios. El primero, como era de esperar, con fuerte presencia de las cuerdas, pero esta vez mezcladas con vientos, para dar paso a la segunda parte donde el Flaco deja en claro que:
“Esta es una canción de amor para Olga,
así te digo gracias siempre así.
Mis manos ya no paran de sentirte,
los ecos son tus alas
que vuelan coloreando la garúa”.
Para muchos, una canción densa, con interludios muy extensos, pero que demuestran la exquisitez compositiva de Spinetta.
Un Mañana
El tema que da título al disco es el único instrumental. Podría decirse que funciona como un respiro, un descanso después de seis canciones llenas de letras y mensajes.
La pieza se destaca por los sonidos superpuestos, donde por momentos los elementos electrónicos toman fuerza. También hay arreglos de guitarra interesantes que, en ciertos pasajes, parecen recordarnos al disco Kamikaze.
Mi Elemento
Mi Elemento es una de las canciones preferidas de muchos. En ella, el Flaco saca a relucir nuevamente su poética. La canción parece retratar la búsqueda o el encuentro con ese elemento que nos conecta con algo más profundo.
Como es de esperar, ese elemento del que habla Spinetta no es un espacio físico, sino más bien una forma de ver el mundo, de vivirlo en plenitud, que muchas veces aparece en el encuentro con otro.
La naturaleza y el fuego aparecen como elementos que acompañan esa experiencia casi espiritual. Cuando surge la imagen del alba que se pierde en el bosque, la escena cotidiana se transforma en una imagen cargada de misterio.
Mi Elemento resume una de las características más fuertes de la escritura de Spinetta: la capacidad de convertir una experiencia personal en una reflexión universal. Sus palabras parecen moverse en un territorio de sueños, pero detrás de esa poesía hay una pregunta concreta: ¿qué cosas, qué personas o qué momentos nos hacen sentir verdaderamente vivos? La respuesta, en esta canción, aparece en ese instante de conexión donde el silencio también puede decirlo todo.
Hombre de Luz
El Flaco trabaja la imagen del hombre de luz como una figura mística o una especie de guía. No sé si se trata de alguien concreto o simplemente de algo trascendental que nos indique el camino hacia el sol, entendido como una luz capaz de ayudarnos a salir de la oscuridad. A lo largo de la canción parece pedirle a ese hombre de luz que vuele de mil modos, como si no existiera una única forma de llegar a esa plenitud, sino múltiples caminos que cada persona necesita experimentar.
El “sol” funciona como un destino simbólico. No es solo un lugar físico, sino un estado: plenitud, claridad y energía vital. Querer “estar allí” es desear una experiencia total, casi transformadora. Y eso se refuerza con las acciones que siguen: volar, sentir colores, bañarse en la luz. Todo remite a una percepción expandida, más sensorial que racional.
Preso Ventanilla
Uno de los temas más rockeros del disco, donde el Flaco aborda la soledad, la transformación y la búsqueda. Desde el principio, Spinetta recurre a una serie de metáforas para relatar el proceso de cambio que atraviesa el personaje de la canción.
El estribillo parece plantear una pregunta implícita sobre cómo la soledad puede despertar un nuevo protagonismo en la propia vida, abriendo paso al redescubrimiento de uno mismo. Al final, el preso de la ventanilla parece hablarle a alguien que, a pesar de creerse aislado, debe comprender que la verdadera libertad está en la aceptación y en la transformación personal.
Despierta en la Brisa
Llegamos al décimo tema, donde Spinetta recurre nuevamente a lo espiritual, aunque esta vez con un fuerte anclaje en lo terrenal. Desde el inicio, el Flaco nos dice “festejar el fin del sueño cerca de la luz”, como un llamado a salir del adormecimiento en el que muchas veces vivimos para acercarnos a una verdad propia.
Las imágenes de la amiga, el niño y los amigos de la humanidad no hacen más que llevarnos a la importancia de lo colectivo en un contexto de crisis. La canción parece sugerir que el despertar no es solamente individual, sino también compartido, una búsqueda que se fortalece en el encuentro con los demás.
Para Soñar
Llegando al final del disco aparece otra canción con una fuerte impronta jazzera y, por momentos, claramente nocturna. La canción muestra una tristeza palpable en versos como “tus ojos vagan tristes / haciéndose de sombras”.
Mientras tanto, la noche aparece como ese espacio donde dos personas pueden encontrarse lejos del ruido de la ciudad y de la vorágine del día. Esa idea se refleja en la frase “mientras la noche abrigue amor / yo subiré a tu alcoba”, donde la intimidad se vuelve refugio frente al mundo exterior.
Hacia el final, imágenes como “la luna del revés” o “el ángel de las aguas” suman un matiz onírico atravesado por la necesidad del encuentro y por una profunda fragilidad emocional.
