Martín Buscaglia y los 20 años de El evangelio según mi jardinero: un clásico que sigue jugando en serio

Este año se cumplieron 20 años de uno de los discos más destacados de la escena musical uruguaya de los últimos 20 años. El evangelio según mi jardinero editado en el 2006 por unos de los músicos más destacados de la escena uruguaya, Martín Buscaglia. Para muchos el disco fue el puntapie de una nueva escena musical uruguaya, el album nació casi en secreto entre Montevideo y Madrir y cone l tiempo se volvió una clasico inesperado para la música rioplatense.

La historia del álbum empieza en 2004, cuando Buscaglia viaja a Europa a tocar y termina quedándose en Madrid. Allí, Lovemonk reedita Plácido domingo y lo invita a grabar un nuevo disco. Entre giras, casas prestadas y estudios caseros, empieza a tomar forma El evangeli según mi jardinero: canciones que venían desde Uruguay, otras que surgieron en tránsito, y un espíritu de laboratorio que se volvió marca registrada. Buscaglia produce el disco junto a Nicolás Ibarburu y al ingeniero Carles “Campi” Campón, que debutaba como productor que luego trabajaría con Jorge Drexler en discos fundamentales. Fue también un disco de primeras veces: el primero grabado parcialmente en un estudio casero, el primero hecho fuera del país y el primero que entendió que grabar en movimiento podía impregnar un sonido para siempre.

Desde su primera línea “Cerebro, cerebro, gracias por estar en mi cabeza y no en mi rodilla…” el disco abre una puerta a un mundo propio lúdico, poético, sarcastico, y profundamente musical. Tal como lo decfime la discografica Lovemonk el disco es un “bascula entre la psicodelia latina, el funk tropicalista y el pop”, y es cierto, el disco vibra, se mueve, invita a bailar incluso en un país donde, en 2006, bailar todavía se miraba de reojo. Buscaglia agarrra generos músicales y los desarma. Una milonga tocada con bajo reggae y zanfona medieval. Un funk intervenido por un banjo. Un tema construido con un juguete electrónico modificado. Candombe y flamenco que se rozan sin pedir permiso. Incluso los sonidos ambientales, respiraciones, ruidos de objetos, texturas capturadas casi al pasar funcionan como instrumentos, pequeños guiños de complicidad entre el músico y quien escucha.

Un disco que mezcla raíces, juego y una identidad que no se explica: se siente

La genealogía del disco también explica su libertad. Buscaglia creció en una casa donde pasaban Hugo Fattoruso, Eduardo Mateo, Rubén Rada y Urbano Moraes. Ese linaje donde habitaba El Kinto, Opa, el candombe beat, la psicodelia rioplatense está sin duda está en el adn del álbum. Pero también están Marvin Gaye, Tom Waits, Stevie Wonder, Jorge Ben. Esa mezcla explica por qué El evangelio según mi jardinero suena rioplatense sin ser tradicional, global sin perder raíz, sofisticado sin perder juego. A eso se suman las colaboraciones de Arnaldo Antunes, Juana Molina y Nicolás Ibarburu, y una colección de instrumentos que parecen salidos de un museo y de una juguetería al mismo tiempo: ravanahatha, juguetes modificados como el Simon, un carrusel, banjo, zanfona, percusiones intervenidas. Y una voz qu nunca grita, pero dice la verdad con la honestidad de un niño.

En las letras, Buscaglia despliega un uso recurrente del juego verbal sin sacrificar profundidad. “Atahualpa y Marco Polo van a sentarse a la orilla para pensar en sus cosas y abrazarse las rodillas” es un ejemplo perfecto de esa mezcla entre humor, ternura y lirismo. Aunque el disco recorre climas y estilos distintos, escucharlo de corrido revela una identidad, una manera de cantar, de producir, de elegir timbres y silencios. Una forma de entender la riqueza de la música del Río de la Plata y su constanre movimiento.

En 2025, El evangelio según mi jardinero fue elegido entre los diez mejores discos uruguayos del siglo XXI. No por nostalgia, sino porque sigue sonando actual, libre, desafiante. Sigue siendo un albúm que a primera escucha las canciones, por más complejas que sean, suenan simples, frescas, luminosas. A dos décadas de su lanzamiento, El Evalgelio según mi jardinero se confirma como un disco bisagra, un punto de inflexión, un recordatorio de que la música puede ser seria sin perder el juego, profunda sin perder el humor y sonar rioplatense sin perder el mundo. Con esté disco Buscaglia entendió algo esencial: que la identidad no se busca, se encuentra. Y que a veces aparece justo ahí, donde uno se anima a mezclar lo que no debería mezclarse.