María Ezquiaga presenta Déjame envejecer: canciones sobre el tiempo, los cuerpos y el presente

María Ezquiaga llega a Córdoba para presentar Déjame envejecer, su tercer álbum solista, con dos conciertos: el jueves 24 de septiembre en Casa 29, Unquillo, y el viernes 25 en el SUM del Teatro Comedia, en Córdoba capital. En ambos casos, la presentación será en formato trío junto a Javier Mattanó en bajo y Toto Chicone en batería, con Fada Falú como artista invitada.

Publicado a comienzos de agosto, Déjame envejecer reúne diez canciones atravesadas por el paso del tiempo, la belleza, los mandatos sobre los cuerpos, el amor y la necesidad de encontrar una manera propia de transitar el presente. Compuesto en buena parte junto a Mattanó y Chicone, el disco también cuenta con la participación de Ezequiel Kronenberg en teclados y producción, además de colaboraciones de Diego López Arcaute, Juan Pablo Di Leone y la poeta Laura Wittner.

La palabra “envejecer” aparece en el título de manera directa, pero el disco no se queda solamente en una reflexión sobre el paso de los años. En sus canciones también aparecen los vínculos, la mirada sobre los demás, la presión por sostener determinados modelos de belleza y la necesidad de hacer lugar a otras formas de vivir y crear.

Ezquiaga conoce de cerca los cambios de una trayectoria musical. Desde 2003 estuvo al frente de Rosal, banda con la que grabó cinco discos de estudio, dos DVDs en vivo y dos EPs, y en los últimos años profundizó su recorrido solista. Después de Interacción (2021) y Toco y canto (2024), Déjame envejecer abre una nueva etapa en la que la artista vuelve a trabajar desde la canción, pero también desde una mirada cada vez más consciente sobre el tiempo, los vínculos y el mundo que la rodea.

Antes de sus presentaciones en Córdoba, hablamos con María Ezquiaga sobre el origen del disco, el título que lo atraviesa, la relación entre música y poesía, los mandatos sobre la juventud y la belleza, la dimensión política de sus canciones, y las nuevas formas de hacer música.

O.c: Estás presentando Déjame envejecer, un título que ya plantea bastante desde el comienzo. El disco habla del paso del tiempo, de la belleza y de las expectativas que existen sobre los cuerpos, pero también tiene una dimensión muy personal. ¿Qué hay detrás de ese “déjame envejecer”? ¿Qué querías decir con esa frase?

María: El nombre Déjame envejecer surge en una conversación con una amiga. De hecho, hay una de las canciones del disco que se llama así. Antes de ponerle ese nombre tuve otras ideas, pero Déjame envejecer surgió con la idea de dejar bien en claro, sin eufemismos, de qué iba el disco. Es muy directo, no tiene dobles intenciones el título, y tiene que ver con la letra de esa canción.

El disco, en general, habla del paso del tiempo, pero también, en esa canción en particular, de cómo pesa para las mujeres el paso del tiempo cuando el mandato de cumplir con ciertos cánones de belleza es mucho más fuerte para nosotras que para los hombres.

Creo que el disco también tiene letras que tienden a ser muy claras y concisas sobre lo que se quiere decir.

O.c: Pensaba que Déjame envejecer también puede tener un doble sentido: como una aceptación, pero también como un pedido de libertad, de “dejame ser, dejame hacer mi propio recorrido”. Y en un contexto donde todo parece acelerado y hay una presión constante por producir y sacar cosas nuevas, ¿sentís que el título también tiene que ver con defender tus propios tiempos?

María: No es tanto un pedido porque es medio irónico. Es como: “Bueno, no me rompas, dejame”. Y sí, creo que hay algo del paso del tiempo que tampoco se amolda a los tiempos que te piden.

Además, creo que hay una sobreestimación de la juventud y la adolescencia. Está buenísimo ser joven, obviamente, pero pareciera que todo tiene que ser joven. No puede haber diferentes etapas: todo pasa por el mismo filtro. Todo tiene que ser de una forma, todos tienen que ser jóvenes, las mujeres siempre tienen que ser lindas.

En algún punto, si yo me puse a hacer música o mi inquietud fue la música, fue porque a mí el orden establecido de algunas cosas no me gustó. Entonces, la forma de hacer mi propio mundo es con las canciones. Pero no es un mundo aislado, sino un mundo que intenta, por lo menos desde mi punto de vista, decir: “Pará, no quiero que eso me contamine tanto”. Porque tampoco ese orden establecido es necesariamente el que va. Y, si nos ponemos a pensar, últimamente las cosas no están muy bien a nivel de salud mental.

Siento que la música me da un abrigo y un sostén. Es como cuando vas a salir a la calle y hace frío: te ponés una campera, te abriga y hace que el mundo sea un poco más amable y agradable.

O.c: Hay algo político también en las posturas que tomás, aunque no necesariamente desde lo partidario o desde una canción explícitamente política. ¿Sentís que hacer música y sostener una determinada forma de mirar el mundo también puede ser una forma de resistencia?

María: Creo que cuando saqué mis primeros discos no había una cosa ni partidaria ni de conciencia política. En realidad, de algún modo, había una postura, pero yo no me daba cuenta de esa postura que tenía y que venía de un lugar un poco privilegiado.

Me acuerdo de la primera vez que me hicieron una nota para el de Clarín. Me habían mandado las preguntas por mail y, en el medio, me llamó mi mamá por teléfono. Mi mamá es abogada y se dedica a la política. En su momento había tenido algunos contactos con la política. Me habían hecho una pregunta sobre las mujeres y yo dije: “No sé qué diferencia hay”. Como totalmente Luna de Valencia. Y ahí mi mamá me dice: “¿Cómo? Las mujeres estamos en una posición desigual, ¿no te diste cuenta?”. Y me empezó a explicar y yo dije: “Ah, claro, es verdad”.

Siento que también tenía un poco de rechazo a todo eso justamente porque la cuestión política venía de mi casa. Y progresivamente, con los años, fui tomando cada vez más conciencia de mi postura frente a las cosas.

A veces también pasa que, pensando en cualquier persona, la vara de la discusión está tan baja que decís: “Ah, claro, yo no quiero pertenecer a la política”. Pero capaz hay que elevar la vara. Y creo que, sobre todo en los últimos dos discos, esta posición mía se nota más.

O.c: Pensaba ayer mientras recorría el disco y algunas canciones. Desde el principio me pareció una de las más lindas, y creo que ahí también se nota algo de esto. Hay una parte que dice “el mundo entero a través de tus ojos se ve”, y es una frase que me quedó resonando. ¿Qué tan necesario es hoy ver el mundo a través de los ojos del otro? Sobre todo, para empezar a mirar de otra manera ciertos vínculos y, en lo social, lo que está pasando.

María: Totalmente. Es como que pareciera que, por momentos, a la velocidad que vamos, como decías vos antes, no hay otro. Es como que parece que sos vos y el otro no sé quién es.

De hecho, esas discusiones donde se arma tanto odio tienen que ver con eso, como que no hay otra persona. ¿Por qué uno tendría tanto odio por alguien que casi ni conoce? Habla más de uno que de la otra persona.

Hay una velocidad a la que vamos en la que desconocemos al que tenemos al lado.

O.c: También hay algo de lo colectivo en el disco. ¿Qué lugar ocupa lo colectivo para vos y cómo aparece en tus canciones?

María: Tengo la certeza de que pude hacer este disco por toda la gente que tengo alrededor, por los músicos que me acompañan y con los que compuse. Por ejemplo, Javier Matanó, que toca el bajo en el disco y con quien compuse muchos temas. Y también Toto Ciccone, el baterista.

Más allá de lo que hice concretamente con la música, sentirme acompañada por otros artistas y músicos es lo que hace que me anime un poquito más. Siento que este disco me permite asomarme a ciertos lugares que quizás me dan un poco de miedo.

Las conversaciones con esas personas también fueron importantes. Laura Wittner, que es una poeta que admiro muchísimo y que tiene dos colaboraciones en el disco, por ejemplo. Hablar con ella sobre lo que tiene que expresar una canción, y también el trabajo con el productor, Ezequiel Kronenberg, me hicieron sentir más confiada para ir atrás de esas cosas.

Incluso el que es solista tiene gente que le mezcla, que trabaja con él. Solo no se puede ni aprender, ni hacer música, ni estudiar, ni nada.

O.c: Hablábamos recién de Laura Wittner y de su participación en el disco. En tus letras también se nota mucho la poesía. ¿Qué lugar ocupa la poesía en tu música, después de tantos años moviéndote entre esos dos mundos?

María: Para mí, la poesía es el arte que mejor concentra lo que significa hacer algo creativo. Todo eso está concentrado en la poesía. Lo que uno quiere expresar está muy claro ahí. Es otra forma de ver las cosas, otra forma de ver el mundo.

Vos leés un poema que capaz te habla de la lluvia y es como si pusieran el foco sobre una cosa y la vieras de otra manera.

Por eso siento que es algo que me convoca y que me encanta cuando leo o escucho a un poeta y, de golpe, algo te hace ver las cosas de otra manera. Para mí, esa es la función de las artes: hacerte ver las cosas de otra manera. Y esa posibilidad de mirar de otra forma hace que puedas ser más libre, que el mundo se vuelva un poco más amplio, que contenga más cosas de las que ves en lo cotidiano.

Porque si el mundo fuera solamente lo cotidiano, sin esa otra dimensión, sería muy asfixiante, muy angustiante. Ver las cosas de otra forma, para mí, abre.

O.c: Siempre aparece la discusión sobre el vínculo entre música y poesía, incluso desde que Bob Dylan recibió el Nobel de Literatura. ¿Cómo pensás esa relación? ¿Te considerás también, de algún modo, poeta?

María: No, para mí las letras de las canciones no son poemas. La poesía tiene su propia música y la letra de una canción, si no es con su música, no funciona de la misma manera.

Obviamente, ha habido poemas que se musicalizan, pero siento que son cosas distintas. Es una conversación que también tuvimos con Laura. Una canción tiene, por ejemplo, una síntesis en el estribillo, si es que tiene estribillo. Con el estribillo sabés, de alguna manera, todo lo que pasa en la canción. Tiene algo mucho más directo.

Además, la música transforma completamente las palabras. Podés decir una palabra de una determinada manera y tiene un sentido; le cambiás la música y adquiere otro.

En cambio, la poesía tiene su propia lógica, su propia música, y es un todo en sí misma. Por eso siento que no puede ser lo mismo que una letra de canción.

O.c: Hay una canción del disco que me gusta mucho, Tu casa y la mía, que siento como la más luminosa. En una Buenos Aires atravesada por la violencia y cierto desquicio, ¿qué te llevó a hacer una canción así? ¿Sentís que hoy también hay una necesidad de canciones que, en lugar de ir al choque, intenten iluminar un poco?

María: Creo que la necesidad tiene que ver con que no me gusta lo que veo. Con la situación actual, empezás a ver que la violencia se traslada a todos lados y desborda a la gente. Por ahí ves a alguien tratando mal a su hijo o a un nene, pero porque la situación ya está tan sobrecargada. Cosas muy concretas, como no llegar a fin de mes, y empezás a ver la violencia en situaciones muy cotidianas.

Creo que hay una mirada dominante tan fuerte que a veces ya la tenemos asimilada. Incluso las personas que estamos en contra de ciertas ideas muchas veces no nos damos cuenta y terminamos pensando o diciendo cosas que son justamente parte de eso.

Es una mirada muy violenta y aparece por un montón de lugares, incluso en cosas muy de detalle. Está esa idea de que uno puede solo, de las salidas individualistas, del consumo acelerado. Y si una persona realmente se cree eso y encima no logra llegar a los objetivos que supuestamente podría alcanzar, la frustración es muy violenta.

Creo que quienes somos artistas, músicos, escritores, intelectuales, tenemos que ser conscientes de que eso existe y tratar de no sostenerlo, ni con las acciones ni con las palabras. Porque a veces pasa algo que es todavía peor: gente que supuestamente está en contra termina usando las mismas ideas que cuestiona. Parece que las palabras se cambiaron de lugar. De golpe, la palabra “libertad” quiere decir otra cosa.

Entonces hay que tener mucho ojo con lo que se dice y con lo que se replica. Porque terminás siendo transmisor de lo que recibís, sin hacer esa pausa de decir: “Pará, yo no estoy de acuerdo con esto”.

Mi idea es un poco esa. Aunque la canción parezca que no va al choque, se trata de estar atenta, abrir los ojos y tratar de no comprar buzones.

O.c: Recién decías que a veces uno escribe algo y después no sabe exactamente qué quiso decir. ¿Te pasó de volver a escuchar una canción, con el disco ya publicado, y encontrarle un sentido distinto al que tenía cuando la escribiste?

María: Sí, ahora con este disco no me pasó, pero sí me ha pasado de hacer una canción y, al año, decir: “Mirá, estaba hablando de esto”. Y era clarísimo de lo que estaba hablando, pero en el momento quizás no era tan consciente.

O.c: Otra de las canciones que me gustaron es Una Música que no ubicás. Ahí siento que aparece esta idea de no comprar una idea de futuro, de no darlo por hecho. Hay una parte que dice algo así como “calma, no sabés, no tenés comprado el futuro”, que casi parece un consejo frente a esa necesidad de anticiparlo todo. ¿De dónde surge esa idea?

María: Tiene que ver con esa idea de que vos podés inventarte el futuro. Es algo que aparece mucho, incluso en cosas como las redes: si algo no está posteado o no tiene mil visitas, parece que no existe.

Hay una canción de Spinetta, BolsoDios, que siempre me quedó dando vueltas porque dice algo así como que nadie se inventa el destino. Y creo que es eso: pasan cosas inesperadas y no podés tener todo planificado. Yo todavía no aprendí a convivir del todo con esa idea. Si ya lo hubiera aprendido, quizás no habría escrito esta canción.

O.c: Recién nombrabas a Laura Wittner, con quien escribiste Maleza. ¿Cómo surge esa colaboración? ¿Dónde se conocieron?

María: A Laura la conocí creo que en 2008 o 2009. Hicimos un recital que organizó Martín Pérez en el Centro Cultural de España en Buenos Aires. Era un ciclo de poemas y música en donde teníamos que hacer una presentación juntas. Nos conocimos ahí, nos re copamos.

Después, otra vez me dijeron de tocar y que invitara a una poeta, así que la invité a ella. Y de a poco nos fuimos haciendo amigas. En algún momento le pregunté si quería colaborar con una letra y la primera que surgió fue Maleza.

Ella me dijo que prefería arrancar con algo que ya tuviera escrito. Le pasé algunas cosas y ella fue agregando, corrigiendo, hasta que un día me mandó un documento que decía Maleza. Yo primero cantaba “no es bienvenida la maleza” y ella me decía que la maleza también podía ser algo bueno.

O.c: Siento que esta es una de las canciones más íntimas del disco. Hay una parte que dice “mirando mi cuerpo desde un lente quebrado”. En tu recorrido, entre Rosal, tu etapa solista y todos los vaivenes de la carrera, ¿alguna vez sentiste que te estabas mirando a vos misma desde un lugar distorsionado?

María: Sí. No tanto por lo físico, como les pasa a algunas personas, de pensar: “Estoy fea” o “No soy linda”. Nunca tuve ese tipo de mirada sobre mí. Obviamente, una se ve mejor o peor algunos días, pero no va tanto por la belleza, sino más por no quererse tanto.

O.c: En Una vez, otra más aparece mucho esa tensión entre que te presten atención y que te olviden. ¿Alguna vez tuviste ese miedo de sentir que estabas quedando en el olvido, incluso pensando si habías tomado el camino correcto?

María: No sé si uno puede decir: “Tomé el camino correcto”. Vas haciendo cosas, pasan cosas, a veces te sale mejor, a veces peor, y hay muchos factores que hacen que alguien te preste atención.

Subirse al escenario y hacer música tiene mucho de eso: hay una parte íntima, vos en tu casa haciendo música, y otra que es la exposición. Y sí, te puede pasar que pienses: “Lo mío no está bueno porque va poca gente”.

Eso lo charlo con un montón de músicos y a muchos les pasa lo mismo. Pero la relación con la música, con componer y todo eso, va más allá de si te prestan atención, aunque obviamente uno también lo hace para comunicarse con los demás.

O.c: En una de las canciones hablás de un “enemigo querido”. Me quedó dando vueltas esa expresión. ¿Existe hoy eso de querer a alguien que, al mismo tiempo, sentís como un enemigo?

María: Para mí hay algo de abrirse al otro que es difícil. Entonces aparece esa pregunta: “¿Qué va a querer este?”. Es como si fuera un enemigo, pero a la vez lo querés. Tiene más que ver con esa fragilidad que aparece en el amor, con abrirse al otro y quedar expuesto.

O.c: Todo un día con vos me parece una de las canciones más íntimas y, de alguna manera, una canción de amor. Pero está dedicada a la lluvia. ¿Cómo nace esa canción?

María: Es amor a la lluvia y la letra es de Laura. Ella tiene, de hecho, un libro que se llama Lluvias y siempre escribe sobre la lluvia. Entonces hizo una letra sobre la lluvia y estuvo bueno porque es una letra re simple.

Musicalmente parecía una zamba, pero buscamos deformarla un poquito. Al final quedó medio cueca. Pero no te puedo decir exactamente en qué se inspiró porque la letra la hizo ella.

O.c: Gracias habla de agradecer lo que fue y también lo que viene. ¿De dónde nace esa necesidad de recuperar el valor de una palabra que usamos tanto?

María: Tiene que ver con la posibilidad de avanzar en esta cuestión del tiempo. Decir: “Bueno, el tiempo pasó. Gracias, qué bueno que viví todo esto”. Y poder seguir.

O.c: Me decís esto y pienso en Nuevos espejismos**, que parece abrazar lo que pasó, lo que está llegando y también el futuro. ¿Sentís que tenés esa forma de mirar el panorama completo y agradecer lo vivido?

María: Yo creo que cuando logro ver el panorama, sí. Cuando digo: “Ah, mirá, qué bueno”. A veces una se queda medio enroscada en algo.

Incluso siento que la música tiene algo de eso. En Rosal, cada uno tenía inquietudes distintas. En ese momento pensás: “Qué bajón, termina la banda”, y queda una sensación de melancolía porque fueron muchos años tocando juntos. Pero, al mismo tiempo, adentro tuyo ya está el germen de otra cosa. Pensás que te gustaría tocar de otra manera, vas conociendo gente, probando y, de a poco, eso se transforma en algo nuevo.

A mí me pasa ahora. Armé una banda y la forma de hacer música sigue siendo la mía, pero va por otro lado. Entonces pienso: “Está bien. Esto que quería tanto, ese grupo con el que compuse un montón de temas e hicimos varios discos, ya pasó. Y ahora se está armando otra cosa”.

Al mismo tiempo digo: “Qué bueno que todo eso me trajo hasta acá y que ahora puedo seguir con algo nuevo”. Creo que eso también se puede trasladar a otras cosas. Toda esa experiencia me abre a nuevas formas de hacer.

Si una se queda pensando: “La juventud se perdió y ya está, no puedo hacer más nada”, se queda ahí. En cambio, podés decir: “Bueno, ya no soy joven, ¿y qué? A ver qué hay ahora para mí”. Y ahí aparecen nuevos proyectos y nuevas ideas.

O.c: Hablando justamente del paso del tiempo, el disco salió hace poco más de un mes. Para nosotros todavía es algo nuevo, pero vos ya convivís con estas canciones hace bastante. ¿Lo seguís sintiendo como un disco nuevo o ya lo ves como una fotografía de un momento que quedó atrás?

María: No siento que sea algo que pasó hace mil años. De hecho, el disco lo hicimos bastante rápido, hace poco. Entonces tengo la sensación de que ahora quiero presentarlo, tocarlo, mostrarlo. No me pasa como en otras situaciones, cuando pasó tanto tiempo que decís: “Bueno, listo, ya quiero pasar a otra cosa”.

Lo que más se demoró fue la mezcla, pero es un disco que todavía siento muy cercano.

O.c: Pensando en los shows de Unquillo y Córdoba, ¿cómo los estás preparando? ¿Quiénes te van a acompañar y cuánto va a estar centrado el repertorio en Déjame envejecer?

María: Los shows de Unquillo y Córdoba capital van a ser con mi banda, con Javier Mattanó en bajo y Toto Ccicone en batería. Vamos a presentar temas de Déjame envejecer, pero también vamos a tocar canciones de mis dos discos solistas anteriores. Y por ahí hago alguna canción de Rosal con la guitarra.

También va a estar invitada Fada Falú, que es una cantautora que hace canciones muy lindas. También posiblemente participe mi amigo Ricardo Cabral, que es como mi socio en Córdoba.

Estoy súper contenta de armar esto con Ricardo, que siempre tiene propuestas muy sensibles y claras respecto de lo que quiere transmitir. Está buenísimo.

O.c: Después de Córdoba, ¿cómo sigue el año? ¿Tenés fechas previstas en Buenos Aires o estás pensando en alguna gira durante el verano?

María: Tengo la presentación del disco el 5 de noviembre en La Fábrica, en Fitz Roy y Córdoba, que es un lugar que está muy bueno. Ahí va a haber un montón de invitadas e invitados. Va a estar Laura Wittner leyendo y voy a estar con mi banda. Posiblemente también participen algunos de los músicos que grabaron en el disco.

Después tengo otra fecha en La Casa de Lolita, que es un lugar muy lindo en Palermo, que voy a compartir con una artista de Rosario que se llama Mercedes Borrell. También tocamos en un homenaje a Rosario Bléfari, ahora, cuando vuelva de Córdoba.