“Paso las páginas de aquí para allá y digo: he aquí una vida”, dijo Carlos Ulanovsky, eminencia del periodismo gráfico con más de seis décadas de carrera, en la presentación de su último libro: Notas musicales de un periodista cultural (Ed. Gourmet Musical, 2026). Se trata de una compilación de sus entrevistas a músicos entre 1967 y 2025 que van desde Antonio Tormo hasta Kevin Johansen, pasando por unos jovencísimos Luis Alberto Spinetta, Charly García y Fito Páez, incluyendo la primera entrevista a Alejandro Dolina y un duelo verbal con un Alfredo Zitarrosa, quien advertía: “también a la nostalgia uno se aficiona”.
“Imaginate que eran los años 60: había un clima de época en donde de alguna manera la insolencia era una herramienta, era un recurso”, cuenta el propio Ulanovsky, ex docente de la UBA y fundador del instituto TEA, remontándose a sus primeros artículos en diálogo con Otra Canción: “Y bueno, yo era un joven de esa época, probablemente un poco insolente e incluso un poco desagradable. Me encargaron esas notas, que en el fondo eran para ir a joder al entrevistado, y yo me hice cargo alegremente.”
Ulanovsky está hablando de sus columnas para la sección “Reportajes insolentes” de la revista Confirmado, una serie de entrevistas a músicos y demás figuras mediáticas publicadas a partir de 1967; a la postre las primeras compiladas en su libro. La entrevista clave, sin embargo, tuvo como víctima a un psicoanalista:
“Alberto Fontana, se llamaba… Fui a hacerle esa entrevista con un cuestionario basado en chismes de sus pacientes. Y entonces le hice una pregunta que era muy cándida para esa época: si era cierto que él se comía las uñas. Y el tipo brotó en ira, me empezó a insultar y nos echó tanto al fotógrafo como a mí.”
La entrevista a Alberto Fontana, por no ser este un músico, no fue incluida en la compilación. Pero el autor encontró allí la clave que sostendría todas las demás:
“Llegué a la redacción y le dije a mi jefe: no quiero hacer más este tipo de entrevistas, me hacen sentir mal. Mi jefe me dijo: Yo lo hubiera resuelto de otra manera: le hubiera pegado un buen uppercut en el estómago”, se ríe Ulanovsky, que matiza: “Bueno, yo no lo hice, y la verdad es que tampoco recuerdo si dejé de hacer las entrevistas. Pero fue un momento bisagra, en donde dije: me parece que este no es el camino. El camino no es la entrevista para que brille el entrevistador; la entrevista es para que brille el entrevistado.”

Curiosidad y nostalgia
“Vos fijate que mi primer libro fue una biografía primero autorizada, después desautorizada, de Palito Ortega”, empieza Ulanovsky, que omite aquí el final triste de la anécdota: tras un conflicto legal con el artista, la tirada completa de ejemplares fue incinerada por orden judicial.
Más de cincuenta años después, Leandro Donozo, fundador de Gourmet Musical y vecino del barrio La Paternal, le propuso lanzar una segunda edición. “Quería que mi libro, literalmente, reviviera de su cenizas. Creo que hice bien en decir que no”, escribe el ya curtido periodista en su prólogo a Notas musicales…. Es en esta conversación, sin embargo, que Ulanovsky encuentra el origen de su 28° libro publicado.
“Así que estaba muy al tanto del panorama musical”, retoma el autor. “Cuando el Tata Cedrón inauguró un boliche que se llamaba Gotan, yo iba todas las noches, porque todas las noches cambiaba el invitado. Ahí empecé a seguir a Astor Piazzola, conocí a muchísima gente…”
“¿Cómo describirías el panorama cultural de esos años 60 en Argentina?”
“Era muy variado, y para todos los gustos. Estaba el Club del Clan pero también estaban la Radio Nacional y la Radio Municipal, que pasaban música clásica. Durante cincuenta años Radio Nacional editó un folleto mensual con la programación, que tenía día y hora. Entonces la gente iba a buscar su folleto, se lo llevaba a la casa y se programaba para escuchar lo que le interesaba. ¿Qué quiere decir eso? Que la gente tenía tiempo, no como ahora que no tenemos tiempo.”
“¿Cambió desde entonces la relación de los artistas con la prensa?”
“Antes era mucho más sencillo: conseguías el teléfono, llamabas, el tipo te atendía y te decía que sí o que no. Hoy los artistas se dieron cuenta que tener un representante, tener un jefe de prensa les facilita la vida. En este momento, con cualquier medio que vos trabajes, si no tenés vínculo con los jefes de prensa estás listo. Y por otro lado, también se estableció que los artistas tienen presencia en tanto y en cuanto hagan algo: si editaron un disco, si hacen una presentación en el Movistar Arena, y ahí sí se prestan a entrevistas.”
En 1972, el año de su entrevista compilada, Luis Alberto Spinetta acababa de disolver Almendra para formar Pescado Rabioso. Allí afirmó, entre elevado y lisérgico, que “yo veo más con Pescado Rabioso que con Almendra. Me refiero a ver los tejidos; los tejidos de la paranoia como los de la felicidad”. La nota a Charly García (1976) se da con la formación de La máquina de hacer pájaros: “la gran posibilidad que tenemos todos de crear, que sólo hay que descubrirla para ponerla en marcha”. En 1988, a un año de lanzar Ciudad de pobres corazones, Fito Páez confesaba que no le gustaba llamarse rockero, que “los guetos limitan, estupidizan”.
Sigue Ulanovsky: “Siempre fui un tipo curioso, lo que me llevó a tener ganas de conocer gente que en principio admiraba, o por lo menos me llamaba la atención. Por cholulismo y con la excusa de la nota me acerqué a gente que de otra manera no hubiera conocido. Por eso muchas de mis entrevistas han sido primeras entrevistas a esos artistas, como por ejemplo a Leo Maslíah o a Alejandro Dolina.”
Esta misma curiosidad que lo acercó a Maslíah y a Dolina permite a Ulanovsky desenredar las metáforas de Spinetta, preguntarle a Charly García por qué dice tanto “mató”, y fijarse en que Alfredo Zitarrosa, entonces exiliado en México, había empezado a usar la palabra “ahorita” (para acto seguido preguntarle: “¿Cuántos años tiene ahorita?”). Es una curiosidad capaz de aunar a Astor Piazzola con Kevin Johansen, a Víctor Heredia con Sudor Marika, al humor de Les Luthiers con la melancolía del mismo Zitarrosa, quien decía en su entrevista de 1982: “indudablemente se encuentra cierto regoce en esa evocación perpetua, uno se sienta a descansar en la poltrona de la nostalgia”.
Notas de una carrera
Carlos Ulanovsky rara vez descansa. La presentación del Notas musicales de un periodista cultural se llevó a cabo el pasado 9 de junio en el Museo de la Lengua y contó con la presencia de Humphrey Inzillo, periodista especializado en música y autor del prólogo del libro; Sergio Pujol, historiador y ensayista; y del mencionado Leandro Donozo, de la editorial Gourmet Musical. Fue moderada por Lupita Rolón, periodista e histórica productora de Ulanovsky, quien aún conduce junto a Hugo Pradero el programa “Dos dinosaurios vivos” de la Radio Provincia.
Desde un costado de la mesa y de cara a un auditorio lleno de colegas y artistas, Rolón declaró: “Este es un perfil de cómo se hace periodismo musical. (…) La de Cultura es la primera sección que se revienta en un medio. Siempre se habla como si fuera una boludez, y después terminamos hablando de ‘batalla cultural’.”
Dice al respecto Ulanovsky: “El periodismo de hoy en la Argentina es un periodismo completamente precarizado. Iniciada la década del 70, en Buenos Aires se editaban diez diarios nacionales y por lo menos diez semanarios de actualidad, entonces había trabajo de sobra. Ibas a cualquier lado, golpeabas la puerta y te atendían, te escuchaban y, si tenías suerte y llevabas un buen sumario, ligabas una nota para hacer. Nota que por otro lado se pagaba en tiempo y forma, no como ahora que se paga a los premios y mal. Yo, por ejemplo, en los años 69-70 me quedé sin trabajo y empecé a hacer colaboraciones, y con tres o cuatro colaboraciones mensuales vivías. Hoy ni pensarlo.”
“¿Y cómo crees que afecta esto a lo que leen los públicos?”
“Me llama la atención que haya un debilitamiento —y no es nuevo esto— de la crítica; de la posibilidad de crítica. Hoy si, por ejemplo, vas a hacer la nota de una obra de teatro y no te gustó, criticarla parece una alevosía, porque cualquier cosa que se haga hoy en Argentina es un esfuerzo enorme. Entonces, ¿con qué derecho se pone uno en el lugar del crítico capaz de invalidar ese esfuerzo? Pero eso genera un debilitamiento del nivel de crítica.”
“¿Y cuándo crees tú que empezó ese empobrecimiento de la crítica?”
“Yo creo que durante el menemismo. Durante el menemismo hubo como una consagración de la frivolización. Y del que daba lo mismo: ‘No te tomes la vida en serio’ era una frase de esos tiempos. El que se tomaba la vida en serio era mal visto, mal mirado.”
“¿Ves algo positivo en el panorama periodístico cultural actual?”
“No se puede uno apartar del clima de época. ¿Cómo entender, culturalmente hablando, la existencia de un personaje como Adorni? ¿Por qué le vas a exigir fidelidad al director de una obra, o al cantante de un tema musical, si un funcionario importante se burla en tu cara de tu vida? Pero yo creo que persiste, por suerte, y eso lo prueba la gran movilización que hubo a favor de la ley del financiamiento universitario, la superstición de que la educación y la cultura son cosas a respetar. Que son cosas trascendentes, importantes, y que nos mejoran la vida.”
La presentación del libro cerró con la proyección de un gigantesco código QR: llevaba a las “Notas musicales de Ula”, una playlist de 47 canciones elegidas por el autor, una por cada entrevistado, disponible en Spotify; la bendición que descubrió con ayuda de sus nietos. Se reprodujeron saludos del Tata Cedrón (“tengo la cadera pa’ la mierda”, se quejó) y Víctor Heredia. La advertencia de Zitarrosa, con el paso del tiempo, parece haber quedado en eso: en una advertencia.
“El crecimiento es inevitable”, cierra Ulanovsky. “Tengo 82 años, si no hubiera crecido merecería el mote de pelotudo. Yo siempre cuento que mi papá quería que yo fuera médico, y lo intenté, porque yo adoraba a mi papá, pero no pude nunca ingresar a la facultad de medicina. El tema es que, de alguna manera, yo siento que cada nota, cada libro que hice es una materia de una carrera. Esa es mi carrera: la de un periodista que evolucionó desde los años 60 hasta hoy. Porque nada de lo que hago hasta ahora, por ejemplo en radio, es de taquito; me cuesta mucho, mucho hacerlo.”
