Juli Giuliani: La industria musical se fija más en los números que en la música

Entre Barcelona y Argentina, Juli construyó una identidad musical que encuentra en el rap su punto de partida, pero no un límite. Después de Volver al principio, un álbum en el que conviven el hip hop, el folclore latinoamericano, la bossa nova y otras sonoridades, el artista español de raíces argentinas presentó Spittaz II, un EP que recupera la fuerza del rap más clásico. Con quince años de trayectoria, Juli sostiene una forma de trabajo independiente y una búsqueda musical que se resiste a las etiquetas, al tiempo que cuestiona las lógicas de una industria cada vez más pendiente de los números, los algoritmos y la producción constante de contenido.

Desde Barcelona, Juli conversó con nosotros sobre la autogestión, la identidad artística, el vínculo entre música y vida, el impacto de las redes sociales y la necesidad de encontrar un equilibrio entre la creación, los vínculos y el bienestar personal

Otra Canción: Me gustaría empezar por tu relación con Argentina. Sabemos que sos español, pero pasás buena parte del tiempo acá, o al menos hasta hace poco estabas viviendo en Argentina. Incluso grabaste parte de tu último disco acá. ¿Tenés familiares argentinos?

Juli: Mi vieja es argentina, de Luján.

O.c: ¿vivís en España desde hace cuánto?

Juli: En realidad, nunca viví en Argentina. Me crié acá, en Europa, pero desde chiquito voy siempre a Argentina y tengo mucha conexión con su cultura y su música. Soy argentino, bro. No tengo acento, pero soy argentino.

O.c: Volver al principio, tu último disco, también tiene una parte importante de su proceso de grabación en Argentina. Tengo entendido que lo empezaste a hacer acá.

Juli: En 2023 estuve por ahí y grabé casi todo el disco. Después me volví con una buena parte hecha y lo terminé acá, en Barcelona.

O.c: ¿Por qué decidiste grabarlo en Argentina?

Juli: En realidad, no lo decidí de antemano, sino que se dio. Fui a hacer una gira en 2023 y pensaba quedarme un par de meses, pero la energía fue tan grande que terminé quedándome cinco. Nunca había estado tanto tiempo en Argentina. Como te digo, mi vieja es argentina y, para mí, el país es como una segunda casa en la que nunca viví, pero a la que siempre me gustó volver. Antes iba dos o tres semanas como mucho y después me volvía. Esta vez estuve cinco meses, conocí a mucha gente, hice mucha música y todo se dio de manera natural.

O.c: Tenés una trayectoria, pero seguís apostando por la independencia y la autogestión, en una escena cada vez más atravesada por la industria. ¿Por qué elegís moverte por fuera de los circuitos más tradicionales del mainstream?

Juli: Creo que tiene que ver con cómo se van dando las cosas. No tengo nada en contra de una manera o de otra, y tampoco es que haya tenido determinadas oportunidades. Cuando se me presentaron algunas posibilidades, me di cuenta de que delegar mi trabajo en otras personas que iban a hacer lo mismo que yo, pero peor, me hizo aprender a hacer las cosas por mi cuenta.

Hoy hay ciertas figuras de la industria que ya no tienen tanto sentido, porque, a través de internet, podés llegar directamente a tu público. Ya no necesitás tantos intermediarios. Me cuesta encontrar gente que le ponga a mi proyecto el mismo amor y la misma dedicación que le pongo yo.

Entonces, si voy a delegar mi trabajo en alguien que lo va a hacer peor, prefiero hacerlo yo. Soy una persona organizada, disciplinada y no tengo problema en gestionar una gira por mi cuenta.

Obviamente, estaría buenísimo tener ayuda con determinadas cosas y encontrar herramientas o apoyos que me permitan llegar a lugares a los que solo no puedo acceder. Pero, por ahora, no encontré esos socios con los que pueda trabajar bien.

O.c: En tu trayectoria también hay una apuesta por el disco como obra integral. En Volver al principio, por ejemplo, no parecés priorizar los singles, sino el álbum como un conjunto. ¿Es una decisión consciente, en un contexto en el que la música se consume cada vez más de manera fragmentada?

Juli: Sí, me interesa defender esa idea, aunque no necesariamente se trate de volver al pasado. Hoy estamos tan bombardeados de estímulos que cuesta mantener el foco. Abrís YouTube y tenés ochenta recomendaciones al costado, varias de las cuales te interesan, y es difícil concentrarse en una sola cosa. Si no proponemos otras formas de consumir música, al final todo va a terminar reducido a reels.

Yo adapto mi música a los formatos actuales para presentarla en redes sociales, pero intento que mi obra no se reduzca a eso. Mi obra es una cosa y después la adapto a las formas de consumo actuales. No quiero que sea al revés, porque entonces pierde todo el sentido.

O.c: En tu último disco también hay un trabajo audiovisual que construye un hilo conductor. ¿Surgió como una forma de reforzar el concepto del álbum o también responde a la necesidad actual de generar contenido para las redes?

Juli: No lo hice tanto pensando en tener material de promoción para las redes. También vi que en los últimos años se están haciendo cada vez más álbumes completos con videos o visuales que los acompañan. Me pareció una manera de reforzar la idea del disco como una pieza integral, como una película. Los visuales, además, refuerzan algunas de las ideas que aparecen en las canciones, así que creo que todo suma al conjunto.

O.c: El disco aborda cuestiones sociales, pero también hay lugar para el amor y las experiencias personales. Si tuvieras que contar cuál es la historia que lo atraviesa, ¿cuál sería? ¿Cómo se relaciona con el concepto audiovisual que desarrollaste?

Juli: El disco nace de la idea de entender que todo funciona de manera cíclica y que esa perspectiva me ayuda a atravesar los procesos de la vida con más estabilidad. Todo lo que sube, baja; todo son ciclos, aunque cada vuelta sea distinta. Siempre uso la misma metáfora: si la vida es una montaña, pasás muchas veces por las mismas caras, pero en momentos diferentes.

Es algo que también se ve en la naturaleza, y por eso construí el disco a partir de las estaciones del año: cada año vuelve el invierno y después llega el verano. El álbum habla de la vida y de las cosas que nos van pasando, pero siempre desde esa idea de que todo funciona de manera cíclica y en espiral.

O.c: En el disco conviven el rap con elementos del folclore rioplatense, la bossa nova y otros géneros. ¿Cómo trabajás esas mezclas sin perder la identidad del rap? ¿Te interesa explorar otros sonidos sin quedar atado a las etiquetas?

Juli: Amo la música en todas sus formas, especialmente la música negra: el jazz, el funk, el soul y el hip hop. Creo que el hip hop se nutre precisamente de otras músicas, las toma y las recicla. Cuando empezás a investigar sus raíces, descubrís a James Brown, Marvin Gaye, Roy Ayers y entendés de dónde viene todo eso.

Por el lado materno también tengo una conexión con el folclore latinoamericano, la bossa nova y la música brasileña. Hice una canción con Casss y Guille Saporta, un grupo uruguayo, que va más por el lado del folclore. Me gusta hacer ese tipo de temas porque me sacan de mi zona de confort y me permiten explorar músicas que me encantan, pero que quizás no había trabajado tanto.

Con el tiempo me fui abriendo cada vez más a otros géneros, aunque mantengo un pie en el rap más estricto. Tampoco me gusta pensar la música en términos de géneros, porque siento que es una manera de encasillarla. Al final, es música: si me vibra, me vibra. En el disco también hay un tema con un sonido más cercano al house. Me gusta la música en toda su amplitud y no quiero limitarme. Creo que muchas veces al rapero se le exige ser muy rapero, pero yo hace tiempo que perdí ese miedo.

Otra Canción: En Volver al principio explorás distintas sonoridades, mientras que tu último ep SPITTAZ II vuelve a un rap más clásico. ¿Sentiste la necesidad de recuperar esa faceta más dura y tradicional?

Juli: Spittaz 2 es la continuación del EP que publiqué en 2019  que era rap puro. Es un proyecto que tuvo bastante repercusión. En Volver al principio también hay temas como «El arte de la vida» y «Ciclo cósmico», que tienen esa fuerza y esa agresividad del rap clásico.

Tengo mucha música acumulada que quiero publicar durante los próximos meses. Ahora saque este EP de seis temas de rap duro. Después vendrán otras cosas que van por otro lado. También siento que, a veces, el oyente se pierde un poco porque le gustan algunas canciones, pero otras no tanto. Por eso quiero presentar cada faceta de una manera más clara.

Nunca dejé de disfrutar el rap más clásico, o tradicional, como quieras llamarlo. Simplemente, también me interesa explorar otros caminos. Tengo una faceta más funky y bailable, otra más introspectiva y sensible, y creo que todas esas dimensiones, al convivir, terminan definiendo mi estilo. No creo que se me pueda encasillar en un solo género.

O.c: Hablás de construir una identidad artística propia y de evitar la imitación. ¿Qué lugar ocupa esa búsqueda en tu música? ¿La mezcla de géneros también te ayuda a encontrar una voz propia?

Juli: Sí, creo que no solo me diferencia la mezcla de géneros, sino también lo que cuento y cómo lo cuento. Mi manera de acercarme al rap es personal y, con el tiempo, siento que voy desarrollando una identidad musical cada vez más propia, aunque esté influenciada por muchas cosas. Al final, lo difícil es encontrar tu propia voz. Es fácil mimetizarte con tus referentes y terminar copiando, muchas veces de manera inconsciente. Lo que valoro es poder tomar todas esas influencias y construir algo propio.

O.c: Muchas de tus letras tienen un componente social y político. En Argentina, hoy vuelve a aparecer la expectativa de que el rap recupere su costado contestatario, después de etapas en las que predominaron otras búsquedas. ¿Creés que el rap es hoy la nueva música de protesta, como algunos plantean al compararlo con el rock?

Juli: Creo que el rap siempre tuvo una dimensión contestataria, aunque también sea muchas otras cosas. Su propia forma de hacer música ya implica una ruptura: tomar canciones anteriores, samplearlas y reciclarlas para crear algo nuevo. En ese sentido, ya hay algo revolucionario en su esencia, más allá de lo que diga el rapero en sus letras.

Además, hay muchas maneras de ser contestatario. No hace falta expresar una posición política de forma explícita para cuestionar algo. Por ejemplo, si se espera que un rapero haga siempre rap duro y se mantenga dentro de una etiqueta, salir de ahí y hacer bossa nova también puede ser una forma de romper con lo establecido.

A veces me parece menos contestatario seguir un patrón que salirse de él. Está bien hacer una canción contra los políticos o la policía; yo también puedo compartir esas críticas. Pero, si te limitás a repetir consignas, ¿qué estás aportando de nuevo?

En volver al principio, hay una canción que se llama antropología, es muy contestataria y  habla mucho de la realidad actual, pero creo que también en otras canciones puedo ser contestatario aunque no hable específicamente de ciertas cosas.

O.c: En «Sol de invierno» hablás de los ciclos de la vida y decís que llegaste al país del tango sin saber qué estabas buscando, pero que todavía seguís en esa búsqueda. ¿Qué sentís que estás buscando? ¿Creés que alguna vez llegamos a encontrar eso que buscamos o la búsqueda cambia a medida que avanzamos?

Juli: Creo que la búsqueda es infinita y forma parte de la esencia humana. Muchas veces no sabemos qué carajo estamos buscando y pensamos que, cuando consigamos la libertad, el amor o determinado objetivo, vamos a sentirnos satisfechos. Pero las búsquedas van cambiando: quizás en una etapa de tu vida querés algo y, cuando finalmente lo conseguís, ya no te alcanza.

Es como el horizonte que te acercás, pero el horizonte se mueve. Creo que, en el fondo, todos buscamos amor de una manera u otra. Es lo que necesitamos y lo que mueve nuestras vidas; a través de distintas cosas, creo que estamos buscando eso todo el tiempo.

O.c: En «Fuera de control» decís que ya no sabés dónde estás. ¿Qué significa para vos perder el rumbo? ¿Puede ser liberador dejar de tener el control o también aparece la angustia de no saber hacia dónde vas?

Juli: Creo que muchas veces necesitamos tener el control, saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Esa necesidad está muy ligada al ego y a cómo percibimos lo que nos pasa. A veces, estar fuera de control puede ser liberador, pero también puede resultar perturbador porque te sentís perdido.

La canción nació después de una gira, cuando estaba en Argentina haciendo mucha música. Sentía que, si no hacía música, me deprimía, y creo que había desarrollado cierta dependencia. Todavía la tengo, pero estoy aprendiendo a distribuir mi energía en otras cosas, y eso me ayuda a estar más estable.

La canción habla un poco de eso: de no saber qué hacer, de preguntarte si seguís con la rutina o si parás. A veces no paraba de hacer música porque me sentía perdido y necesitaba canalizar la angustia que tenía encima.

O.c: La música parece ser una forma de conectarte con vos mismo y, al mismo tiempo, con el mundo. ¿Qué lugar ocupa en esa búsqueda? ¿Puede también terminar alejándote de los demás?

Juli: Siempre usé la música para conectar conmigo mismo, hacer introspección, entenderme mejor y canalizar lo que me pasa. Muchas veces escucho mis canciones después y las entiendo mucho más que cuando las hice. En los últimos años escribí de una manera bastante catártica, dejando salir lo primero que me venía a la cabeza. Es como dejar hablar al inconsciente. Después, cuando escucho la canción en perspectiva, entiendo por qué escribí determinada frase o qué estaba necesitando en ese momento.

La música tiene esa doble cara: te permite conectar profundamente con vos mismo y expresarte, pero también exige aislarte y puede desconectarte del mundo. Esa es una de las dificultades de dedicarse a crear: hay mucha soledad y un ensimismamiento que no siempre es fácil de llevar.

Ahora estoy en una etapa en la que hago menos música y trato de canalizar lo que me pasa de otras maneras, vinculándome más con la gente y hablando más. A veces, una buena conversación te permite procesar algo que, de otro modo, quizás terminarías convirtiendo en una canción.

O.c: En «El arte de la vida» también aparece la idea de conocerse a través de la música, revisar las propias heridas y reconocer formas de autosabotaje. ¿Te pasó de descubrir algo de vos mismo al escribir una canción que no habías podido ver de otra manera?

Juli: Creo que la música es una gran herramienta para hacer introspección, casi una forma de terapia con uno mismo. Pero ahí también estás ensimismado, metido en tu propio monólogo. En los vínculos con otras personas pasa algo diferente: el otro te hace de espejo y te permite ver cosas que quizás no podías reconocer por tu cuenta.

La soledad es importante para ordenar las ideas y entender qué sentís y qué pensás, pero creo que también aprendemos mucho cuando nos vinculamos con los demás. La música te ayuda a construirte, a entender quién sos, pero los otros también te muestran aspectos de vos mismo. Y es en esos encuentros donde uno crece.

O.c: En «El arte de la vida» hay una frase que me interesa: «No creo en el contenido, sino en una vida contenida». ¿Qué diferencia hay entre crear contenido y condensar una experiencia de vida en una canción?

Juli: Hoy se usa mucho el término «creador de contenido», pero yo no me considero eso. Soy un artista y lo que hago es condensar mi vida en una obra.

Hoy pensaba en las nubes, que se van cargando de agua hasta que finalmente llueve. Para mí, las canciones funcionan de una manera parecida: la vida se va condensando hasta que finalmente cae en forma de canción. Mi música está cargada de mi propia experiencia.

O.c: En esta canción decís: «Todo tiene dos caras y yo veo los dos lados». ¿Cuánto hay de contradicción en tu música? ¿Pensás esas dos caras al momento de escribir las letras?

Juli: Lo digo porque creo que todo tiene dos caras en la vida, pero siento que con mi música consigo mostrar las dos. Puedo mostrar una faceta más divertida, ligada al ocio y a la fiesta. Mi disco anterior, Strictly Ice Cream, que hice con Griffi, por ejemplo, es mucho más festivo y desenfadado. No es un disco tan profundo, aunque también tenga algunas cosas. Es la otra cara.

Creo que tengo la sensibilidad para hacer música cuando estoy muy contento y también cuando estoy muy triste. Hay gente que compone desde un solo estado de ánimo: desde el enojo, la alegría o la tristeza. En mi caso, siento que mi música abarca todas esas emociones: el desenfado, la joda, la rabia, la tristeza y la sensibilidad.

O.c:  Pienso en esto que decís del desenfado y me pregunto cuánto hay de necesidad, en el contexto social actual, de hacer una canción de amor o más positiva, en lugar de hablar siempre desde la rabia. ¿Creés que, en un momento tan trágico, correrse un poco de eso y proponer algo más liviano también puede ser una forma de ser contestatario?

Juli: Creo que es lindo cantarle al amor y hacer música positiva. Es parte de las dos caras de las que hablábamos y me parece importante que haya de todo. También creo que hay que distinguir entre una música light, completamente banal y vacía, y otra que, aunque sea liviana, te transmite luz y una positividad genuina.

En los últimos cinco o seis años, mi música se fue orientando cada vez más hacia ese lado, en parte porque yo también fui madurando y aprendiendo a centrarme en lo positivo, en lugar de hacerlo en lo negativo. Obviamente, en el mundo pasan cosas horribles, pero también pasan cosas hermosas todos los días. Siempre digo que una bomba hace más ruido que un beso. Todos los días suceden cosas maravillosas. Ni todo es tan malo ni todo es tan bueno: hay cosas terribles y otras hermosas.

Creo que está bien que el arte abarque todas esas dimensiones, porque forman parte de la realidad. Y, además, la realidad también depende de cómo la percibimos: incluso para una misma persona, hay momentos en los que todo parece horrible y otros en los que todo parece maravilloso. Por eso, me parece que el arte tiene que poder mostrar esa diversidad.

O.c: En Volver al principio participa Ana Tijoux en «La Espiral». Es una de las grandes referentes del rap latinoamericano. ¿Cómo surgió la colaboración?

Juli: Ella vivió muchos años en Barcelona, teníamos amigos en común, le gustó mi música y fuimos conectando. Yo la escuchaba cuando tenía 13 años, así que imagínate. La verdad es que le puso mucho amor a mi música y la colaboración se dio de manera muy natural.

O.c: En «La Espiral» aparece la idea de la casa y decís: «¿Cuál es mi casa? Yo soy mi casa». Después de pasar cinco meses en Argentina, un país con el que tenés una conexión familiar y afectiva, ¿cambió tu idea de hogar?

Juli: Fui a Argentina intentando conectar con mi lado materno, con ese segundo hogar en el que nunca viví, pero con el que siempre me sentí conectado. Al final, te das cuenta de que tu casa sos vos mismo. En «Antropología» también digo que, tu dolor te persigue, no importa adónde vayas: si estás mal, vas a estar mal en todos lados. Da igual si estás en Hawái o en Barcelona.

O.c: En «Antropología» también cuestionás ciertas lógicas sociales que reproducimos nosotros mismos. ¿Cómo te llevás con las redes sociales, siendo músico y dependiendo de ellas para difundir tu trabajo?

Juli: No podría haber hecho esa canción si no fuera adicto a las redes sociales. La hice porque es algo que vivo todos los días. Creo que a mucha gente le pasa lo mismo. Las redes tienen cosas maravillosas, como que vos y yo podamos estar hablando ahora, pero también pueden hacernos mucho daño. Nada es blanco o negro: es como el fuego, que sirve para cocinar, pero también puede provocar un incendio. Internet funciona de una manera parecida.

Me preocupa cómo está afectando nuestra forma de relacionarnos. Personalmente, intento controlar su uso y pasar el menor tiempo posible ahí, pero también son mi canal para mostrar y promocionar mi música. Necesito estar presente, así que es una dualidad difícil de manejar.

O.c: Las redes también ponen en primer plano los números: seguidores, reproducciones, likes.  A mí me ha pasado que para darme una nota me pidieron primero las métricas por ejemplo… ¿Cuánto condicionan las oportunidades de un artista y cómo manejas esa presión?

Juli: Es complicado porque, en la industria musical, mucha gente se fija más en los números que en la música. Si una canción tiene millones de reproducciones, te van a contratar, aunque no necesariamente estén valorando lo que hacés. Por suerte, lo que consigo llega de manera orgánica, porque la gente escucha mi música, conecta con ella y la valora, aunque no tenga grandes números.

También pasa que artistas que hacen cosas increíbles quedan a la sombra por no tener esas cifras. Creo que responde a un mundo en el que todo se mide y se valora en números. Intento no prestarles demasiada atención, aunque, obviamente, cuando un lanzamiento funciona bien y llega a más gente, te da un impulso y te pone contento.

Pero también es peligroso para el ego. Podés terminar demasiado pendiente de la respuesta de los demás y preguntarte si haces música por lo que querés expresar o para alimentar tu propio ego. Veo que a muchos artistas les pasa y trato de no tomarme los números demasiado en serio.

O.c: La canción «Wingardium Leviosa» es una referencia a Harry Potter. ¿Cómo surgió ese título?

Juli: Sí, es de Harry Potter. Mientras rapeaba me salió una rima con «estoy haciendo magia, Wingardium Leviosa» y me pareció un título gracioso. Así que se lo puse.

O.c: En esa canción también hablás de aprender a trabajar en equipo. En una época en la que parece primar cada vez más el individualismo, ¿qué lugar ocupa lo colectivo en tu música y en tu manera de entender la vida?

Juli: Me parece vital. Como te decía antes, estamos cada vez más ensimismados y aislados por las redes: hiperconectados con todo el mundo, pero solos en casa. Creo que es a través del vínculo con los demás donde uno crece y donde sucede la magia de la vida. Tenemos que aprender a jugar en equipo en todos los aspectos.

Cuando hice esa canción con Oblivion’s, él vino a Barcelona con su pareja y hablamos justamente de eso porque ellos eran un equipo. Creo que la sociedad nos empuja cada vez más al individualismo, pero la verdadera riqueza está en compartir con los demás. Nos hacen creer que la riqueza es el dinero, pero para mí la riqueza de la vida tiene que ver con la cantidad de amor que uno tiene. La riqueza económica es una cosa; la riqueza afectiva es otra.

O.c: Antes de despedirnos, me gustaría preguntarte cómo nació «Top Notch» de tu último Ep SPITTAZ II. En la canción decís: «Cambié autodestrucción por silencio en mi cuarto, aprendiendo a perder mientras busco mi paz». ¿Qué momento personal hay detrás de esa letra?

Juli: Siento que vivimos a un ritmo muy particular. Durante los veinte, muchas veces uno sale, toma, tiene sexo, consume drogas. Todas esas cosas pueden convertirse en formas de escapar de uno mismo.  Por ejemplo, está naturalizado salir a tomar alcohol todos los fines de semana. Creo que somos sociedades muy alcohólicas y que mi generación, como tantas otras, es víctima de eso. Es algo que intento controlar porque son hábitos que pueden desestabilizarte.

La canción también habla de aprender a perder, como si la vida fuera una partida de ajedrez. Con los años vas perdiendo cosas: ese amigo de la infancia que era como un hermano puede convertirse en un desconocido, o alguien cercano empieza a formar su propia familia y ya no compartís el día a día de antes. No es necesariamente algo malo, pero hay que aprender a aceptar esos cambios. A veces dejás de conectar con alguien y no pasa nada. La vida también consiste en entender eso y aprender a perder sin que te afecte tanto.

O.c: En «Inimputable» aparece una crítica a las playlists de Spotify y a la lógica de los números. ¿Cómo se puede sostener la independencia artística en una industria donde parece que, si no estás en el algoritmo, no existís?

Juli: La frase sobre las playlists es de Jonas, pero yo la interpreto como una crítica a cómo funciona hoy la industria. Si tenés números, te contratan para un festival; si no, es más difícil. Y esos números muchas veces crecen gracias a las playlists y a los algoritmos. Las distribuidoras también te prometen que van a meterte en determinadas listas y mucha gente termina obsesionada con conseguirlo.

Eso puede aumentar las reproducciones, pero no necesariamente significa que haya personas que escuchen tu disco entero y vuelvan a él. Son oyentes pasivos, como los que antes escuchaban la radio: reciben una canción, pero eso no implica que después vayan a comprar un disco o asistir a un concierto. Quizás algunos se quedan, claro, pero no es lo mismo que construir una relación real con tu público. Por eso, nosotros no buscamos ese camino.

O.c: Llevás quince años de carrera y construiste un recorrido de manera independiente. En una industria que premia la virilidad y la velocidad, ¿cómo te llevás con la idea de crecer más despacio y no depender tanto de la aprobación externa?

Juli: Es un camino a contracorriente. La idea es construir una base de seguidores lo suficientemente sólida como para poder vivir de la música, a través de los conciertos y de otras actividades, sin depender tanto de la industria. Si aparece alguien que puede ayudarme y está alineado con mi proyecto, no estoy en contra. Lo que no quiero es engañar a nadie ni conseguir cosas de una manera que no me represente. Me interesa que lo que consiga sea orgánico.

Con el tiempo entendí que mi música no es para todo el mundo, pero que hay personas que conectan con ella de una manera muy fuerte. El otro día hablaba con un amigo y me decía que, en el rap, quizás te escuchan doscientas personas, pero entre ellas hay quince que te aman, que te encuentran por la calle, te abrazan y agradecen lo que hacés. Para mí es brutal que algo que hago como una forma de liberación, de terapia o de catarsis pueda generar una conexión así con otra persona.

O.c: En «Inimputable» decís: «La industria tiene guita, yo tengo un tesoro». ¿Qué representa ese tesoro para vos? ¿Qué lugar ocupa la música en tu manera de expresarte y de relacionarte con lo que pasa en la sociedad?

Juli: Para mí, el arte siempre refleja la sociedad, para bien y para mal. Refleja el momento y el contexto en el que se crea. Mi tesoro es mi vida, mi persona y todo lo que soy, manifestado a través de la música. Me parece mágico el hecho creativo y que otras personas puedan conectar con lo que uno hace.

La música me cambió la vida y me ayudó a definir quién soy. Me acompaña y es fundamental para mí. Si no estuviera en mi vida, probablemente sería otra persona. Por eso creo que tiene un poder enorme.

O.c: Después de Volver al principio y Spittaz II. ¿qué viene ahora? ¿Estás trabajando en un nuevo proyecto?

Juli: Spittaz, un EP de rap puro, pensado para los raperos. También tengo bastante música acumulada de estos años y estoy viendo cómo organizarla: quizás publique varios EP agrupados por sonidos o quizás haga un mixtape. Todavía no lo sé.

Creativamente, estoy en una especie de impasse. Últimamente no estoy haciendo tanta música y siento que necesito recargarme de vida, después de haber producido tanto en los últimos años. Estoy intentando acercarme a la creación desde otro lugar. Tengo muchas canciones guardadas, con sonidos diversos, pero todavía no sé cuándo ni cómo las voy a publicar.

O.c: ¿Y cómo viene la actividad en vivo? ¿Podés llevar al escenario la diversidad de sonidos que aparecen en tus discos?

Juli: Voy a hacer una gira por Latinoamérica que nunca había hecho antes: voy a pasar por México, Colombia, Costa Rica, Perú y Argentina. En España también hice algunas fechas presentando el disco con banda, y la verdad es que le da una energía increíble. Me encantaría poder tocar siempre con músicos, pero mi música todavía no genera los ingresos suficientes para sostener ese formato.

Entonces, cuando hay presupuesto, lo hago con banda; si no, hago el concierto habitual con DJ y MC. Ahora tengo muchas ganas de volver a Argentina y quedarme un tiempo por ahí. No sé si serán cinco meses otra vez, pero la idea es estar allá, trabajar y ver qué pasa.