Feli Colina regresa a Córdoba para presentar La otra mejilla, su tercer álbum, un trabajo que construyó durante casi cuatro años y que reúne distintas voces, emociones y contradicciones. La cita será el viernes 6 de noviembre, a las 20, en Club Paraguay.
En este nuevo disco, la artista cruza art pop, canción y experimentación sonora para explorar las distintas versiones que conviven en una misma identidad, la rabia, el orgullo, la culpa, el miedo, el deseo y la ternura. Producido por Nan Q y la propia Colina, La otra mejilla encuentra en la confrontación y la contradicción un motor creativo, pero también propone un recorrido hacia la introspección, la vulnerabilidad y la posibilidad de reconciliarse con una misma.
A días de su llegada a córdoba Feli habla sobre el enojo, los mandatos, la autonomía y la necesidad de revisar las propias actitudes sin dejar de poner límites. También reflexiona sobre los vínculos, las estructuras de poder, la espiritualidad y los cambios que transformaron su manera de entender el amor, la familia y la creación artística.
Otra Canción: El título La otra mejilla plantea distintas maneras de responder frente a una agresión: soportarla, devolver el golpe o poner límites. En el disco aparece una Feli más frontal, que se permite expresar enojos, contradicciones y deseos de venganza. ¿Qué tuviste que revisar de vos misma para dejar de reprimir esas partes? ¿Cómo encontrás el equilibrio entre defenderte y no convertirte en aquello que cuestionás?
Feli Colina: Tal vez tuve que observarme a mí misma y no escapar de esos momentos que me daban vergüenza o culpa. Recapitular, observar las situaciones con valentía y con objetividad, y repensar las cosas que digo, que pienso y que siento, con cierta distancia para poder verlas y aceptarlas. No sé, alguna vez contesté mal a alguien. No pasar por alto esa situación, no dejarla pasar ni sacarla de mi cabeza porque me da culpa o vergüenza, sino dejar que entre en mi conciencia y en mi pensamiento, observarla y aceptarla. Y también ser compasiva. Creo que la compasión ayudó mucho a dejar de reprimirme, a reconocerme errante y a tenerme paciencia en el proceso de desarrollarme como el humano que quiero ser. Y saber que la vida es ese proceso mismo y que vamos pasito a pasito.
Vengo intentando no defenderme, no atacarme, no sentirme atacada. Tratar de tomarme menos personal las cosas, comprender la naturaleza de ciertas situaciones que antes interpretaba como ataques. Estoy tratando de no necesitar defenderme cuando no me siento atacada. También conocer mis tolerancias para poder amablemente decir que no, o delimitar mi espacio, para no llegar a un no iracundo. A un límite iracundo que es más del orden de esto de defenderse y de no convertirme en eso que cuestiono.
Muchas veces me cuestiono lo que soy. Siempre que cuestiono o critico algo, hago el ejercicio de revisión, de ver dónde tengo esa característica o qué parte de mí salta en esa observación. Trabajo para convertirme en el humano que quiero ser y, en el camino, estoy constantemente observando y reconociendo qué partes de mí aportan a ese desarrollo y cuáles lo perjudican. Y mucho de eso lo hago a través de observar a otra gente y de la mirada crítica, de entender ciertas definiciones que después me cuestiono a mí misma.

O.c: En el disco te enfrentás con adjetivos como «ingrata», «megalómana» o «sumisa», que funcionan tanto como acusaciones externas como formas de juzgarte a vos misma. ¿Cuánto de lo que consideramos defectos propios tiene que ver con mandatos que incorporamos y cuánto con cosas que realmente necesitamos revisar? ¿Por qué creés que a las mujeres todavía se les exige gestionar los conflictos desde la comprensión y no desde la confrontación?
Feli: Intento generar mi propio criterio, sobre todo porque ya soy una adulta. Obviamente, durante mi adolescencia y mis primeros veinte años fui parte de muchos mandatos que ni siquiera reconocía como tales. Poco a poco fui construyendo mi propia ética. Ahora, con casi 32 años, creo que soy cada vez más consciente de esos mandatos, aunque también tengo los míos. ¿Viste los mandatos de la Feli de hace cinco años que hoy tengo que desarmar? Creo que los mandatos que uno asume también hablan de uno.
Creo que es muy sana la autocrítica. Creo que tiene que venir acompañada de autocompasión también. ¡Qué fea la palabra autocompasión! Pero se trata de tenerse compasión en el proceso. Siempre prefiero cuestionarme primero, considerarme victimaria, por las dudas, antes que víctima. Trato de no ubicarme en el lugar de víctima porque me resulta poco productivo. Obviamente, somos una sociedad entera atravesada por muchas situaciones de las que somos víctimas, pero no me resulta muy productivo pensarme desde ese lugar.
Yo creo que, en términos generales, hay un intento de empequeñecimiento de la mujer, de que moleste lo menos posible, que exista lo menos posible y que ocupe la menor cantidad de espacio posible. También creo que hay mucho temor, en general, a la ira femenina. No sé si será porque todos somos hijos de madres y hay algo de esa ira femenina que todavía asusta mucho. No sé, yo también lo pienso mucho.
También creo que la comprensión es un gran valor y un gran poder. El contexto social nos hizo desarrollar algo muy groso, algo que está muy bueno, que es poder comprender y cuidar. Todo eso son valores, son terreno ganado, y también tenemos que ganar terreno en la confrontación.
Siento que es importante entender cuánta energía tenemos cada día, cómo deseamos usarla y cuáles son los sí y los no de nuestro cuerpo para poder poner límites. No esperar a que la demanda sea tan abusiva que la confrontación termine convirtiéndose en un vómito de ira, que es lo que a mí me suele pasar, como escucharán en mis discos.
O.c: Después de El valle encantado, un disco muy asociado al folclore y a la música de raíz, en La otra mejilla explorás otros sonidos, con elementos del tango, el punk y la experimentación electrónica. ¿Sentiste la necesidad de correrte de esa etiqueta o el cambio apareció naturalmente a partir de lo que estabas escuchando y viviendo? ¿Te preocupa que las expectativas del público y la industria terminen condicionando lo que una artista puede hacer?
Feli: No fue intencional, en el sentido de que no siempre quiero hacer algo diferente porque sí. Todavía no tuve el deseo de reafirmar algo que había planteado previamente, aunque tal vez lo tenga en el futuro. Y todas las etiquetas son como una ropa que me queda incómoda. Entiendo que se necesita definir cosas en la vida y todo, y está bien, lo acepto, pero en general no me gustan, me incomodan y trato de escapar de ellas.
Sí me preocupa que la industria modele la música que hace un artista. En mi caso personal, no. No me preocupa porque no lo veo muy posible.
O.c: En tus reflexiones sobre la industria hablás de la frustración de medir tu trabajo con parámetros como el éxito comercial, los premios y los números. También planteás que un artista y un entertainer hacen trabajos diferentes, aunque la industria los mida de la misma manera. ¿Cómo se construye una carrera con reglas propias cuando necesitás generar ingresos y sostener a un equipo de trabajo?
Feli: No sé, estoy descubriéndolo. Sé que dedicarse a emprender algo propio, y sobre todo algo artístico, que es tan subjetivo, ya es un camino en sí mismo. No sé si difícil, pero sí requiere cierta constancia, valentía y, sobre todo, confianza. Y pienso que, si ya me mando en esta, me voy a mandar a mi manera, porque también hay que disfrutarlo mientras tanto. No sé, hace 10 o 15 años que estoy elaborando esa respuesta.
O.c: El disco se mueve entre momentos más potentes y confrontativos y otros más cercanos a la canción, hasta terminar en un clima diferente del inicial. ¿Cómo pensaste ese recorrido musical? ¿La estructura del álbum también responde a un proceso personal que necesitabas atravesar para llegar a otro lugar?
Feli: Soy muy atenta a mis propios procesos. También está esta cosa del camino del héroe en el inconsciente colectivo, como cierta narrativa que, no sé, por intuición me suena natural. Después, en cuanto al orden de los temas, me junté con mi suegro, lo pensamos un poco y lo definimos, pero había una sensación que ya estaba clara por la naturaleza misma del proceso.
O.c: En Algún día aparece una frase muy fuerte: «Se enamora de mi prudencia mientras me pudro por dentro». En una época en la que parece que tenemos que controlar lo que mostramos y sostener una imagen de bienestar incluso cuando estamos mal, ¿cuánto de esa prudencia es una elección propia y cuánto responde a la necesidad de ser aceptados y no incomodar a los demás? ¿Qué costo tiene sostener esa imagen en nuestros vínculos?
Feli: Yo valoro la prudencia, valoro el silencio, valoro hablar y expresarse con conciencia, tener en cuenta al otro a la hora de expresarse. También me he excedido muchísimo en eso, seguramente por querer agradar, seguramente por miedo a ser rechazada. Estoy todo el tiempo preguntándome esas cosas. Así que, como con la pregunta anterior, convivo con esa pregunta hace por lo menos una década. Es como que, momento a momento, voy descubriendo cosas.
Yo creo que sostener una imagen es muy costoso. En general, no me cierra el costo-beneficio de sostener una imagen. Muchas veces lo hago inconscientemente, pero, en cuanto entra mi conciencia, nunca me rinde apostar demasiado a sostener una imagen.
O.c: Ingrata empieza señalando al otro, pero después la acusación también se vuelve hacia quien canta. En lugar de quedarse en la denuncia, la canción expone errores y contradicciones propias. ¿Qué implica reconocer que también somos parte del problema cuando sentimos que alguien nos lastimó? ¿Cómo se revisa la propia responsabilidad sin terminar justificando lo que hizo el otro?
Feli: Para mí, frente a una situación que me generó dolor, enojo o lo que sea, lo único productivo que puedo hacer es preguntarme qué responsabilidad tengo yo en esa situación, qué hubo en mí que me llevó hasta ahí. Después, el otro tomará o no su responsabilidad, según su conciencia.
Me parece que está bien, en algún momento, decirse: «Che, esto que me hicieron estuvo feo». Pero no es un lugar en el que suelo quedarme demasiado tiempo, a menos que ame a la persona con la que se generó esa situación. Porque cuando amo, también me interesa el desarrollo humano de la persona involucrada. Entonces, siento que la inversión de energía que significa pensar por qué el otro me hizo eso, si estuvo bien o mal lo que hizo y todo lo demás, tiene sentido si amo a esa persona. Pero, si no, cada cual que se haga responsable de su cabeza.
O.c: En Megalómana aparece una frase que propone otra manera de pensar el poder: «No hace falta quitarme el mío para tener tu trono». ¿Por qué cuesta tanto construir vínculos en los que el reconocimiento y el lugar de cada persona no se vivan como una competencia? Y cuando afirmás «Estoy viva, fui, soy y seré únicamente mía», ¿sentís que estás reivindicando la autonomía frente a quienes intentaron definirte o apropiarse de tu historia?
Feli: En algunos vínculos cuesta y en otros no. No es algo que me suceda en general. Sí creo que tenemos, como sociedad, una tendencia a competir, a sentir que lo que yo tengo se lo quité a otro y que lo que el otro tiene me lo quitó a mí. Hay un poco de esa idea latiendo en el inconsciente colectivo. Entonces, quizás la raíz venga por ahí. Siento que esto se revela en algunos vínculos interpersonales, pero no me pasa con todos ni en todos los momentos de un mismo vínculo. Tal vez son momentos puntuales dentro de algunos vínculos.
En cuanto a la segunda parte, ¿estoy viva, fui, soy y seré únicamente mía? Tal vez sí. Nunca lo había pensado, pero tal vez tenga que ver con algo de eso, con no querer estar encorsetada, con no entrar en el molde de nadie. No sé si alguien intentó apropiarse de mi historia o si alguien me quiso limitar. Trato de pensar que es todo un gran delirio mío, pero sí, va un poco por ahí. Tiene que ver con un intento de salir de lo predictivo… Que hoy sea así no significa que mañana vaya a serlo, que haya hecho esto no significa que siempre vaya a hacer lo mismo. Es como decir: no me metas en tu molde.
O.c: En Destruirte y amarte aparece la idea de tener que destruirse y reconstruirse, pero también la necesidad de abrazar el propio costado triste. ¿Cómo cambió tu relación con la vulnerabilidad a lo largo de los años? ¿Creés que el dolor necesariamente nos fortalece o hay experiencias que simplemente nos transforman, sin que eso implique encontrarles un sentido positivo?
Feli: Me resultaba difícil entender a qué se referían con todos estos dichos de permitirse ser vulnerable y demás. Hasta no hace mucho no identificaba bien cuáles eran mis barreras frente a la vulnerabilidad. Pero bueno, voy de a poco, conociéndolas, viendo dónde resisto, dónde me enfrío, dónde coloco una emoción para tapar otra.
Sí, creo que transformarse es fortalecerse. Creo que el dolor no transforma a todo el mundo, pero para mí es muy poderoso. Lo vivo como una de las emociones más poderosas. El rendirse, estar triste, el dolor siempre es como el clímax de mis procesos. A partir de ahí salgo, me empiezo a llenar de energía y a convertirme en alguien más fuerte y nuevo. Atravesar una dificultad me da mucha autoconfianza.
O.c: En Amituofo aparecen reyes y figuras de poder que suben y bajan, mientras la voz insiste: «Yo sigo acá». La canción también cuestiona la propia ambición y termina reconociendo que una puede ser, al mismo tiempo, quien ataca y quien recibe el ataque. ¿Qué reflexión te interesa plantear sobre el poder, las estructuras que organizan la sociedad y nuestra propia participación en los conflictos que cuestionamos?
Feli: Yo creo que es muy constructivo pensar en nuestra propia participación, porque somos nosotros, cada uno de nosotros, quienes conformamos la sociedad y creamos esas estructuras. También tenemos el poder de construir algo diferente, de empezar a desarmarlas desde uno mismo y trasladar esa transformación al conjunto de la sociedad. Creo que el poder puede ser una herramienta espectacular, muy poderosa, pero que, como todo, depende del uso que hagamos de él.
O.c: En Don aparece una búsqueda espiritual que convive con la introspección y el intento de reconciliarse con el mundo. Hay una frase que dice: «El orgullo es una espada, cuando apunto no hace nada, solamente me hace daño a mí». ¿Cómo distinguís entre revisar la propia posición frente a un conflicto y terminar responsabilizándote por cosas que no dependen de vos? ¿Qué lugar ocupa hoy la espiritualidad en tu manera de entenderte y relacionarte con los demás?
Feli: Creo que uno tiene la posibilidad y el poder de trabajar, sobre todo, en uno mismo. Solo por amor dispondría mi mente a tratar de pensar por qué el otro hace lo que hace y cuánta responsabilidad tiene en el asunto. Eso es un acto de generosidad que haría, o que hago, por amor. Pero, si no, uso esa energía en pensarme y ajustarme a mí, porque soy la persona con la que convivo, básicamente.
La espiritualidad ocupa un lugar, te diría, central en mi vida. Estoy muy atenta a mi espíritu y trato de entrar en contacto con él a través de muchas cosas: la filosofía, la teología, la mística, la música, la poesía, el silencio, los vínculos, el amor y la naturaleza. Siempre voy al encuentro de mi propio espíritu y, por lo tanto, del todo, del gran espíritu, a través de todo lo que hago. Así que sí, es una temática central en mi vida.
O.c: El disco termina encontrando en el amor y en la construcción de un hogar una posibilidad de recomposición después del enojo y la frustración. ¿Qué cambió en tu manera de entender los vínculos y la idea de familia? ¿Encontrar cierta estabilidad afectiva también modifica tu forma de crear, especialmente cuando durante mucho tiempo la incomodidad fue un motor para escribir?
Feli: Cambiaron muchísimas cosas en mi manera de entender los vínculos y la familia. Muchas, muchas, muchas. Mirá, te diría que siento que arranqué una vida nueva directamente en cuanto a esos temas. No alcanza una entrevista para hablar de eso. Ya haré un disco hablando de todo esto, porque realmente cambió radicalmente.
Creo que sí, que la estabilidad emocional y ciertas estabilidades en lo referido al amor y a los vínculos en general me dan otra situación creativa, otra situación de vida cotidiana. Pero ni hablar en lo creativo. También me pregunto cómo serán mis próximos discos, si seguiré con estos discos de enojada, porque ya vamos por el quinto disco de enojada. No sé, no sé si seguiré tan enojosa. Veremos, lo descubriremos juntos, seguramente.