Ezequiel Borra: el eco, la banda y el regreso a lo comunitario

Después de un tiempo sin novedades propias, Ezequiel Borra vuelve a escena con una intensidad particular: nuevo disco en proceso, mudanza a la vista, talleres y, sobre todo, un regreso decidido al formato grupal. A fines de mayo emprende una gira que lo llevará por Córdoba (domingo 24, Pez Volcán), Buenos Aires (jueves 28, Cultural Thames), La Plata (viernes 29, Guajira Bar) y Rosario (sábado 30, La lengua del juglar), con un concepto escénico renovado: la Space Echo Experience, donde el eco deja de ser un efecto técnico para convertirse en lenguaje, atmósfera y respiración colectiva.

Afincado hace seis años en las Sierras Chicas (Córdoba), Borra atraviesa un momento de transformación vital y artística. El aire, el paisaje y la distancia de la ciudad modificaron su salud, su ritmo y su escucha. Y aun así, su identidad sigue siendo la de siempre: movediza, inclasificable, en constante mutación. Con más de veinte años de trayectoria, una decena de discos, giras por medio mundo y un universo que mezcla instrumentos convencionales e inventados, improvisación y escritura, urbano y tribal, Borra está por entrar a grabar un nuevo material nacido de improvisaciones pandémicas que él mismo define como “calcomanías”.

En un contexto de austeridad y repliegue individual, él decide lo contrario: volver a tocar con gente, volver a lo comunitario. Cada concierto de esta gira se plantea como una experiencia distinta, más cercana a un laboratorio vivo que a la reproducción de un repertorio. Para eso propone dos formatos: el Terceto Trenzado, un trío orgánico de bajo, batería y guitarra donde la canción aparece en estado crudo y abierto (Córdoba y Rosario); y el Tanka, un quinteto que suma clarón y clarinete para expandir el color, la cámara y la interacción colectiva (Buenos Aires y La Plata).

Entre giras, talleres, un disco que se cocina “poco a poco” y una mudanza inminente, Borra confirma algo que atraviesa toda su obra: la música sigue sorprendiéndolo. Y en esa sorpresa —en ese eco que vuelve distinto— encuentra su manera de seguir avanzando.

Otra Canción: Personalmente hace mucho que no tenía novedades tuyas, salvo por algunas apariciones como invitado como fue hace poco en el show de David Aguiar. Creo que desde la cantimplora no hemos vuelto hablar… ¿en que anda hoy ezequiel?

Ezequiel Borra: Bueno, estoy terminando un disco poco a poco. El otro día hablaba con un amigo y le decía que me di cuenta que siempre estoy grabando un disco. Desde mi primer disco, que empecé a grabarlo en el en el 2000 y salió en el 2004, 2005, ya estaba grabando el segundo disco y así. O sea que un disco estoy grabando siempre, y cada disco tiene un pedazo de vida adentro.

Así que, bueno, estoy terminando un disco que ojalá que salga en el próximo verano. También estoy con algunas giras. Se vienen 4 conciertos, Córdoba, Buenos Aires, La Plata y Rosario, Así que estoy con eso, volviendo a tocar con gente después de un tiempo en Trío y en Quinteto, preparando una girita por Mendoza, una gira por el sur. Vengo de haber tocado en el norte. Bueno, y cuestiones varias de la vida, pero siempre haciendo música y escribiendo y leyendo.

O.c: En un contexto donde predomina la austeridad y el repliegue individual, vos decidís apostar por un formato grupal y una experiencia colectiva está vez. ¿Qué te llevó a poner lo comunitario en el centro justo ahora?

E.B
:  Muy linda pregunta. Me parece que fue una necesidad, justamente, porque si lo pensara de manera estratégica no me conviene. Es un momento en el que muchos proyectos se están achicando, es verdad, por una cuestión económica; no porque no nos guste tocar con gente, con amigos, sino porque es muy difícil sostener una estructura. Y, de hecho, no creo poder sostenerla en el tiempo: no es el plan empezar a tocar siempre así.

Es más bien un regalo que me doy y que les doy a quienes quieran estar en estos cuatro conciertos, por lo pronto. Y es, como te decía, una necesidad volver a tocar con gente: es un gimnasio. No es lo mismo tocar solo que tocar en formato banda. Hay cuestiones de sonido fuertes, distintas, y una convivencia, un temperamento rítmico, una energía en la que hay que estar, y que a mí me gusta mucho. Transpiro en los ensayos y me doy cuenta de que es un deporte que necesito.

Así que, bueno, una y otra vez insistiré.

Quizás me quedó por decir que a la música también le viene bien recibir colores de diferentes músicos y músicas amigas que tocan conmigo. Esa parte comunitaria de encontrarse, de gestionar un concierto con gente, hace bien. Y es un desafío al que me vuelvo a exponer porque lo siento sano.

O.c: La Space Echo Experience propone un concierto donde el eco deja de ser un efecto técnico para convertirse en lenguaje. ¿Cómo nació esa idea y qué te permite decir el eco que no podría decir la canción sola?

E.B Para quienes no conozcan el space echo, es un delay a cinta que tiene —si no me confundo— cinco cabezales que graban y reproducen. Es un delay de los años 70, muy usado por gente que admiramos. Es una reliquia, y algunxs tenemos la suerte de tener uno. Yo lo encontré hace muchos años en Mercado Libre, me lo compré y lo uso en el estudio para los discos. Tiene un sonido muy especial, medio incontrolable. No es algo que puedas manejar como con un clic… o sí, pero siempre mantiene un grado de descontrol. Y justamente esa textura que genera es lo que nos gusta. Siempre me gustó la idea de tenerlo en vivo. Hubo una época en la que lo llevaba, después dejé de hacerlo, y ahora se nos ocurrió volver a incorporarlo al sonido del proyecto. Lo probamos en los ensayos y nos dimos cuenta de que es precioso: genera una textura constante, una pátina de… no sé, de subliminalidad —si existe esa palabra—, y eso es lo que aporta.

No es que las canciones no tengan ya algo de eso, no es que no tengan capas encubiertas, pero el space echo

O.c: Vivís hace seis años en las Sierras Chicas. ¿Qué transformaciones sentís que produjo ese paisaje —sonoro, emocional, vital— en tu forma de componer y de tocar?

E.B: Bueno, sobre las sierras, las transformaciones fueron bastantes. Primero, a nivel salud: es cierto que el aire de la sierra es mejor que el de la ciudad. Yo pensaba que era un mito, porque siempre iba de vacaciones, pero cuando vivís allá y después volvés, lo notás enseguida. Vas llegando a la ciudad y sentís que el aire está más viciado. Y sobre todo cuando volvés empezás a distinguir el aroma del aire: allá huele a tierra, a pasto, a río, a flores. La densidad del aire es otra. Y ese aire me hace bien, especialmente a mí, que siempre tuve problemas de bronquios.

Mi punto débil siempre fue la respiración —paradójicamente, ¿no?, para alguien que canta—. Tuve varias neumonías, tres seguidas en Buenos Aires. Y me fui yendo hasta que me fui del todo. Desde entonces no me enfermé más, más allá de caer unos días. Antes me enfermaba fuerte todos los años, y lo de las neumonías fue intenso. No es que me fui por eso, pero ayudó. Y realmente estar en contacto permanente con la naturaleza es diferente y es muy precioso.

O.c: En esta gira presentás dos formatos muy distintos: el Terceto Trenzado y el quinteto Tanka. ¿Qué te interesa de esa convivencia entre lo crudo y lo camerístico, entre la canción abierta y la expansión tímbrica?

E.B: Con respecto a los formatos que presento: el terceto trenzado es un trío y el tanca es un quinteto. Y todo eso viene de algo que pocas personas saben, pero ya que me lo preguntan, lo cuento. El terceto trenzado es una estrofa poética: una estructura de tres versos, por lo general en decasílabos, muy usada en la elegía, esas poesías que se escriben para alguien que murió, para un amigo o una persona querida que se fue. En esas elegías aparecen estos tercetos, y se llaman “trenzados” porque riman el primer verso con el tercero, mientras que el segundo queda blanco, sin rima, y encuentra su compañero recién en el terceto siguiente. En ese nuevo terceto, el primer verso rima con el que había quedado suelto en el anterior. De ahí saqué el nombre.

El tanca también es una estructura poética, pero de cinco versos, y como somos cinco en ese formato, me gustó usarlo. Tengo entendido que es como una especie de madre del haiku, parecido al haiku pero con dos versos más: 7-5-7-7-7. No sé si es exactamente así, pero ¿a quién le importará de quienes nos están escuchando? A mí me gusta mucho el haiku, y el tanca es como un haiku expandido.

En el terceto somos guitarra, batería y bajo: un trío bastante libre, con una buena cantidad de arreglos, pero también con bastante improvisación. En el tanca se suman clarinete y clarón, y ahí hay más arreglos todavía, porque las líneas de caños están escritas, por lo general. Siempre me gustó esa mezcla entre lo camarístico, lo arreglístico y la improvisación con amigos.

O.c: Llevás más de veinte años de trayectoria, diez discos y giras por medio mundo. ¿Qué te sigue sorprendiendo de la música después de tanto recorrido?

E.B: Por suerte, lo mismo de siempre. La música se reinventa de mil maneras. Hay canciones que son como flores de un mismo tallo: uno podría sentirlas familiares, casi como si ya las hubiera escuchado, y sin embargo son nuevas y vuelven a marcarnos, a tocarnos un punto de emoción. Es como la naturaleza, ¿no? Hay una frase china que dice algo así como: siempre la primavera, nunca las mismas flores. Bueno, la música es eso: renovación constante.

Lo que me sorprende o me cautiva es cuando algo me llega. Cuando me llega la letra, o la melodía, o la textura, la materia prima. Me gusta estar atento a eso. A veces pasa que hay letras hermosas, intenciones muy transparentes, pero el sonido es tan industrial, tan estandarizado, que me genera contradicción, me mata un poco.

O.c: Estás por entrar a grabar un nuevo disco. Sin adelantar demasiado, ¿qué intuiciones, búsquedas o preguntas están guiando esta próxima etapa?. Más en un momento donde el mundo pareciera estar patas para arriba…

E.B
: Bueno, sobre mi nuevo disco… sí, coincido en que el mundo está un poco patas arriba. ¿Qué intuiciones, búsquedas o preguntas están guiando esta próxima etapa? Por ahora siento que es un disco muy colorido, muy divertido, incluso por momentos con algo medio infantil. Vengo arrastrando algunas de estas canciones desde 2020, 2021

Varias letras surgieron de improvisaciones que hice directamente en tiempos de pandemia, y muchas de esas improvisaciones quedaron subidas a YouTube. Lo particular es que, para este disco, tomé esas improvisaciones reales —que a veces tenían una letra escrita y otras no— y trabajé encima de ellas. Es decir: lo que está en YouTube es la toma original, la voz original, y sobre ese video, como si fuera una hoja de calcar, empecé a tocar otros instrumentos. La manera de ser del disco tiene mucho que ver con eso: está construido encima de esas grabaciones iniciales. Y en muchos casos, esos audios originales aparecen tal cual, mezclados entre guitarras, voces, percusiones o lo que se fue sumando después, siempre siguiendo esa hoja de ruta, esa “calcomanía”.

Es una especie de locura que tenía ganas de hacer hace mucho, y a la que yo le digo justamente calcomanías.

O.c: Tu obra siempre osciló entre lo urbano y lo tribal, entre lo escrito y lo improvisado, entre instrumentos convencionales e inventados. ¿Cómo conviven hoy esas tensiones en el nuevo material que estás grabando?

E.B: Bueno, sobre los instrumentos convencionales, los inventados, lo escrito y lo improvisado: todo eso sigue conviviendo en el nuevo disco, igual que en los anteriores. Con esto que te decía en la pregunta anterior, el disco entero está construido sobre improvisaciones. Son improvisaciones que, por supuesto, me gustaron. Algunas tienen un edit mínimo, pero casi ninguna está editada. Son momentos reales. A lo sumo improvisé cuatro o cinco veces y elegí una de esas. Pero el hecho de que todo esté apoyado en esa hoja de ruta —un momento real e improvisado— ya genera un montón de oscilaciones en el tempo y un montón de cuestiones orgánicas que sucedieron ahí. Y arriba de eso, estudiando esas improvisaciones, genero arreglos escritos. Entonces aparece un instrumento con una línea escrita, alguien que la leyó, y encima de eso vuelve a haber improvisación. Así que siguen conviviendo los arreglos escritos y las improvisaciones, como desde mi primer disco hasta ahora.

O.c: Después de los shows en Córdoba, Rosario, Buenos Aires y La Plata… ¿que sigue, por lo que vemos y sabemos siempre estar activo con distintos proyectos?

E.B: Lo que sigue después es terminar el disco y buscar casa, porque me voy a tener que mudar. También estoy preparando varias cosas relacionadas con el taller que doy hace ya 13 años, mi taller de descomposición, que funciona de marzo a noviembre como un taller permanente. Quiero ofrecer otros formatos, así que voy a estar trabajando en eso para poder mostrarlos en una página web.

Voy a estar preparando otras giras, pero sobre todo creo que me voy a concentrar en terminar el disco, con la expectativa de que salga a principios del año que viene.