Emiliano Zerbini: coherencia, raíz y un folclore que resiste

En un año en el que volvió a girar con fuerza y en el que Córdoba lo recibió casi como un local más, Emiliano Zerbini sorprendió anunciando el cierre de su etapa solista después de treinta años de camino. Lejos de sonar a despedida amarga, su decisión aparece como un gesto de coherencia: una manera de correrse de un ambiente festivalero cada vez más regido por lo comercial y volver a poner el foco en lo que siempre lo sostuvo —la raíz, la comunidad, la peña como territorio vivo.

Y justamente en ese espíritu llega a Córdoba la primera edición de La Peñera, un espacio federal que busca recuperar el encuentro, la guitarreada, la mezcla de voces y regiones. El viernes 5 de junio, desde las 20 h, en CUBA INC (Marcelo T. de Alvear 595), la peña reunirá a una grilla que combina tradición, presente y futuro: Peteco Carabajal como figura central; Emiliano Zerbini; Paola Bernal, referente del canto de raíz; los jóvenes Decime Chango, parte de la histórica edición 60° de Jesús María; El Perfil, desde Santiago del Estero; y Los Coyas, con toda la alegría jujeña. Un encuentro gestado por Maru Mirolo y Charly Flores, dos emprendedores cordobeses que entienden la peña como un hecho cultural antes que como un producto.

En esta conversación, Zerbini habla de ese mundo que lo formó: las peñas como trincheras, la desaparición de los medios de difusión del folclore, la importancia de caminar pueblo por pueblo, la coherencia estética y ética, y la necesidad de sostener un folclore que no se rinda ante el algoritmo. También repasa su presente  y su doble pertenencia afectiva entre Córdoba y La Rioja.

O.C.: Venís teniendo un gran año, tocando mucho últimamente, y justo se dio que varias fechas fueron en Córdoba capital.

Emiliano Zerbini: Vos sabés que hace rato vengo con este ritmo de laburo. A veces se me terminan concentrando varias fechas en un mismo lugar y, encima, a pocas cuadras entre sí. Me pasa seguido: un mes entero en la provincia de Buenos Aires, o en Rosario. Ahora tocó Córdoba y sí, llama la atención, pero en realidad es algo que me viene pasando hace muchos años. Todavía se me concentra el trabajo en una misma región.

O.C.: Además de ser un año de mucho laburo, sorprendiste con la noticia de tu retiro…

E.Z.: Lo que puedo contarte es que voy a ponerle punto final a esta carrera artística, a este formato solista. Estoy cerrando un ciclo que duró treinta años, y eso fue lo que anuncié. Como dice la canción: no sé bien lo que quiero, pero sí sé lo que no quiero. Y ya no quiero seguir en esta carrera con esta dinámica. Afortunadamente puedo dejar todo como está, con un recuerdo hermoso de lo que me viene pasando.

Siento que tengo la valentía y la lucidez de irme en un buen momento. La decisión también tiene que ver con que veo cierto deterioro en el ambiente en el que me moví estos últimos años: el de los festivales, lo más masivo. Hay desgaste, hay una priorización muy fuerte de lo comercial, de la estética, de la dinámica del mercado. Y yo no estoy dispuesto a entrar en eso. Por ahí pasa la decisión.

El otro día en el teatro fue espectacular, inolvidable para mí. Y pensé: qué hermoso poder sentir que tengo este espacio, que no necesito hacer cualquier cosa para permanecer o para transcurrir. Pero no quiero volver a caer en ese “derecho de piso” eterno, en esa sensación de llegar a los festivales y que la noche siempre es de fulanito o menganito, y nunca de nosotros.

Hubo un momento en el que sentí que formábamos parte de un movimiento, de una comunidad. Hoy siento que ese movimiento está más distante, que ya no existe esa movida. Y prefiero retirarme antes de forzar algo que ya no me representa

O.C.: Creo que debés ser de los pocos músicos que tocan en todos lados: en un pueblo de cien personas, en una patronal si te invitan, en un teatro o en una peña. Te he visto en el Festival del Cabrito, por ejemplo. En tierra adentro, por decirlo de algún modo. Algo que ya no sé si se da tanto, pero la escena de la que vos, Ramiro o Raly formaban parte hacía mucho eso…

E.Z.: Vos lo vas a entender mejor porque sos una persona atenta a lo que pasa. Hay algo que influye muchísimo: la desaparición de los medios de difusión y comunicación del folclore. Prácticamente ya no hay canales. Todo se resume a tener una página de Instagram o un TikTok. Y la verdad es que eso me come un poco la cabeza, no lo puedo entender.

Nosotros aprendimos otra cosa. Venimos de esa camada: Coplanacu, Raly, tantos más. Y para mí, a la cabeza siempre van a estar los Copla como referentes de ese trabajo: salir a patear la calle, los pueblos, conocer, entender las limitaciones, las necesidades y las virtudes de cada lugar.

Hoy la comunicación, las redes, el algoritmo hicieron que todo ese sacrificio que hicimos muchos para sostener esta música se reduzca a: “lo vi en un programa de tele de Buenos Aires y lo traigo”. Entonces aparece una disparidad, una falta de coherencia en algunas cosas, y yo no estoy dispuesto a volver a empezar de cero con eso.

Tengo la fortuna de haber tocado en el Festival de Cosquín y también de ser bien recibido en una peña. Hemos tocado en una cárcel, en un club de abuelos, gratis, para movilizaciones colectivas de derechos humanos. Y también tuvimos nuestras noches de gloria en escenarios enormes en los que jamás hubiéramos soñado estar. Ganamos premios, vivimos cosas hermosas. Pero todo eso se construyó caminando, pueblo por pueblo, no siguiendo un algoritmo.

O.C.: Se viene La Peñera. ¿Qué tan importante es? Porque, como decís, vos pateaste este tipo de peñas toda la vida. Y acá van a estar Peteco, vos, Pao Benal, pero también artistas nuevos como El Perfil, Decime Chango, Los Coyas. En un momento donde Instagram impone lo visible y lo vendible, todavía hay espacios que funcionan como trincheras. Creo que La Peñera es una de ellas.

E.Z.: Sin duda. La Peñera es un grupo de gente que hace las cosas de corazón, y por eso estamos ahí. Porque es mucho más que una fecha: es un mensaje. Hace treinta años que venimos acompañando este tipo de movidas. Más allá de que se cobre una entrada y de que vamos a hacer un espectáculo recontra profesional, todos los que participamos —más nuevos, más antiguos— somos gente que trabaja en serio. Y, por supuesto, con Peteco a la cabeza, que es un referente del laburo y de lo artístico.

Creo que esa necesidad siempre va a estar. Ya es casi pura nostalgia, pero sigue viva. Yo recuerdo aquellas noches en el Comedor Universitario, doce mil personas. Hoy los tiempos son otros, todo está más segmentado, pero valoro muchísimo que haya gente que todavía se tome el riesgo de hacer, en Nueva Córdoba, una movida para la gente del norte, del interior, y para quienes escuchan folclore. Un folclore con una línea estética y de pensamiento clara. A diferencia de otras propuestas que muchas veces se desdibujan y quedan a merced del algoritmo.

Estas peñas se hacen con otras cosas: con abrazo, con sacrificio. Y esos son los lugares que estamos orgullosos de habitar y acompañar. Esta es la primera Peñera, pero estoy seguro de que van a venir muchas más. Nosotros hicimos una peña en Buenos Aires durante quince años, tratando de conservar ese saborcito que vos conocés, que conocemos tantos, pero que cuesta muchísimo sostener.

O.C.: También hacerlo en Cuba Inc es raro. No es como antes, cuando uno estaba acostumbrado a lugares como K-bar o el Comedor Universitario. ¿Hacer una peña en este tipo de espacios acerca a públicos nuevos?

E.Z.: Mirá, yo no soy organizador, así que quizás no debería contestar del todo, pero creo que lo que están haciendo los chicos es tratar de acercar. Porque también podríamos hacerlo en barrio Hipona o en cualquier otro barrio, pero muchos dirían “che, me queda lejos”. Entonces, lo que se buscó —creo yo— es elegir locaciones, venues, locales, como quieras llamarlos, que acerquen.

O.C.: Pienso en esto que decías recién, en el folclore más tradicional. Creo que en los últimos años vos abordaste un folclore más clásico. De alguna manera, eso te distinguió. ¿Cómo ves hoy el folclore pensando en eso? Porque vos llevaste siempre una bandera que no es fácil de sostener. Y debo decirlo: el folclore, las danzas, lo que hiciste en los últimos tres discos, es música para bailar, y a veces no sé si tanto para escuchar. Capaz es un prejuicio mío, pero siento que sostenés una bandera que no cualquiera sostiene, y que es necesario mantener.

E.Z.: Mirá, no siempre el análisis es un prejuicio. Me gustaría que hubiera más gente como vos, que analiza, que se toma el tiempo de entender por qué una cosa y por qué otra. Prefiero mil veces eso antes que la gente que solo dice “esto es exitoso” o “esto no es exitoso”. El análisis te hace crecer. Yo vengo de una época en la que realmente se analizaba, se discutía, y se crecía con eso. Agradezco muchísimo la crítica.

Ahora, si la crítica es como la que me dijo un músico famoso —“lo tuyo nunca va a ser exitoso”—, bueno… es una crítica vacía. Todavía me resuena, pero también me causa gracia. Porque si ser exitoso es a cualquier precio, subiéndose a un escenario con cualquier referente político, en cualquier momento, prefiero ser un ilustre desconocido.

Lo mío es una decisión. No está hecha así nomás. No vamos detrás de cualquier cosa que tenga el signo peso. Tomamos decisiones, y muchas veces esas decisiones hacen que nos dejen de seguir o que a algunos ya no les guste lo que hacemos. Pero uno se la tiene que jugar.

Creo que el folclore hoy está más del lado de lo comercial. De juntarse a cantar cualquiera con cualquiera. Yo no creo en eso. Sostengo que hay que tener una línea. Eso no significa ser fundamentalista ni cerrarse, pero sí tener una coherencia. Porque justamente eso es lo que se valora y lo que se conserva. Y el folclore hoy está un poquito como la Argentina: muy crispado.

O.C.: Pienso en estos treinta años… ¿te sentís un referente, un guía, de alguna manera, por el camino que tomaste?

E.Z.: Mirá, generalmente cuando a los pibes les preguntan por sus referentes, no me mencionan. Me encantaría ser referencia de algo, claro, pero yo sé que hay otra cosa que sí reconocen: el esfuerzo, el trabajo, el mensaje. Por ahí no saben ni una canción mía, pero saben que soy un laburador, que me he sacrificado mucho por esto. Y me parece que esa es una excelente forma de ser referente.

Referente es Peteco. ¿Quién no se sabe un tema de Peteco? No hay nadie que no tenga aunque sea una canción suya en la cabeza. Pero a mí me gusta sentir que marcamos una línea de trabajo, una línea de pensamiento, una línea estética. Y está buenísimo ver que hay chicos que revisan eso a la hora de tomar decisiones.

Fijate en esta peña: se pone la grilla completa. Yo creo que la gente tiene que venir porque va a ver lo mejor de Peteco, lo mejor de El Perfil, lo mejor de Los Coyas, lo mejor de Decime Chango. Una de las características que tenemos todos los que formamos parte de la grilla es que ponemos toda la carne al asador.

Es más: creo que en los festivales siempre nos opacan un poco. Tenés que aprender a condensar todo tu mensaje en quince o veinte minutos. En cambio, las peñas son lugares donde realmente podemos poner todo, donde aparece lo que somos de verdad.

O.C.: En algún punto seguís insistiendo, seguís manteniendo la trinchera: la peña como trinchera, apostando a eso de una manera muy firme.

E.Z.: Nosotros, en realidad, siempre apostamos a que la peña dejara de ser una trinchera y se convirtiera en una realidad más posible para todos. Pero bueno, es lo que nos tocó a muchos de los que somos peñeros, y en eso vamos a estar siempre. Ojalá pudiera ser algo menos combativo y convertirse en algo normal. Así como se normalizan tantas cosas espantosas, ojalá se normalizaran cosas divinas como las peñas. Para nosotros sería un gran logro. Además, son lugares de muchísima resistencia cultural.

O.C.: Lo importante son los hechos culturales más allá de la grilla, en una sociedad donde muchas veces vale más mostrar en redes que “estar en el lugar” antes que quién está tocando…

E.Z.: Claro. Y además lo importante es el hecho cultural, no el hecho comercial. Yo no tengo nada en contra de lo comercial: todos tenemos que trabajar y ganar dinero para vivir. No soy un músico bolche. Pero creo que tendríamos que trabajar mucho más cerca de los hechos culturales. Eso no solo nos haría mejores: también nos haría ganar más plata. Y lo digo porque hay países que sí lo llevan a cabo y les va realmente muy bien, países con una idiosincrasia mucho más firme y más cercana a sus raíces.

O.C.: Bueno, para ir terminando… ¿cómo sigue el año? ¿Qué nos podés adelantar?

E.Z.: Ahora estoy haciendo una gira que se llama La gira chalchalera, que es totalmente a beneficio. La semana que viene vamos a estar en Cruz del Eje, y también en Bell Ville, siempre trabajando para causas concretas. En Cruz del Eje es a beneficio de un conservatorio de música, y en Bell Ville para una academia muy grande de danza.

En julio capaz que me tomo unas vacaciones. Pero también estoy lanzando temas en plataformas digitales de un disco que se llama La infancia de los pueblos, que es un disco de folclore para niños y niñas. Invito a la gente a escucharlo en las plataformas.

Y después tenemos invitaciones para tocar en Córdoba y en el resto del país hasta diciembre. Más adelante espero poder hacer algún encuentro importante para despedirme, ya sea en Córdoba capital o en las Sierras. Si no, será en Chilecito o vaya uno a saber dónde.

O.C.: Me imagino que en Chilecito o La Rioja va a haber algo seguro. Creo que son parte de una camada que siempre estuvo marcada por La Rioja, más allá de que vos naciste en Córdoba.

E.Z.: Mirá, yo soy cordobés de nacimiento, pero viví diez años en La Rioja, en Chilecito. Nos aferramos tanto y amamos tanto La Rioja, y conocemos tan bien su cultura, que la provincia nos hizo sentir parte. Hablo en plural porque somos una familia que siempre está presente en todo lo que hacemos.

En La Rioja tengo grandes amigos y referentes, y me parece una provincia hermosa. Aunque nací acá y hace muchos años que vivo acá, con mis hijos acá, siento que tengo la fortuna de tener una doble provincianía —si eso existe— y está buenísimo.