En En la bici, su nuevo álbum editado por Shagrada Medra, el músico argentino‑estadounidense Tomás Latorre convierte un gesto cotidiano en una poética del movimiento: pedalear como forma de pensar, avanzar, aceptar y, a veces, simplemente sostenerse. Latorre presentará estas canciones en Buenos Aires el jueves 25 de junio a las 21.30 en Cultural Thames.
A veces avanzar no tiene que ver con llegar a algún lugar, sino con aceptar que las ruedas sigan girando. En la bici nace de esa intuición: la vida como movimiento, como ciclo, como un equilibrio frágil entre perderse y volver a encontrarse. La bicicleta simple, cotidiana funciona como metáfora silenciosa: sostener el impulso, aceptar la gravedad, dejar que el tiempo haga lo suyo. “Avanza por favor, las ruedas girarán, con la única cadena que te puede liberar”, canta Latorre, condensando el espíritu del álbum.
Con siete canciones que dialogan con el folclore argentino, la canción latinoamericana y una sensibilidad experimental íntima, el disco explora el crecimiento, las estaciones, el paso del tiempo y la aceptación de lo que no se puede controlar. Fue grabado íntegramente en la pequeña habitación de Latorre en Brooklyn, con apenas tres microfonos, buscando un sonido crudo, transparente y cercano. La mezcla y el mastering estuvieron a cargo de Sebastián Perkal, respetando esa estética orgánica.
El álbum cuenta con colaboraciones de Carlos “Negro” Aguirre, Mariano “Tiki” Cantero, Agustín Uriburu y Tripp Dudley.
En esta conversación Tomás abre el proceso detrás del álbum: la bicicleta como metáfora vital, la influencia de Edgardo Cardozo, la paciencia que exige la creación, la presencia luminosa del “Negro” Aguirre y la transformación de canciones como “Hormiga”, “Primavera” o “Trisustia”.
Lo que sigue es un recorrido por ese universo: un disco vulnerable e imaginativo donde cada canción registra el instante en que alguien se cae, se levanta y vuelve a pedalear.
Otra Canción: La bicicleta aparece como una metáfora del movimiento y la aceptación. ¿En qué momento de tu vida sentiste que esa imagen podía convertirse en el corazón de un disco?
Tomás Latorre: Hace tiempo que vengo queriendo escribirle una canción a la bicicleta. Ando en bici desde que tengo memoria, y nunca dejé de andar, sea por placer o como medio de transporte. Sabía desde ya que una canción para ese vehículo iba a ser por sobre todas las cosas, alegre y animado.
En qué momento de la vida sentí que esa imagen podía ser el corazon del disco? Creo que en cuanto terminé de escribir la canción, ahí mismo. Muchas cosas que ocurren en mi cotidianidad y cosas que describo en canciones como “Primavera”, las contemplo arriba de la misma bici. Así como avanzo pedaleando, me suelen avanzar las ideas.
O.c: Grabaste En la bici solo, en una habitación mínima de Brooklyn, con apenas tres micrófonos. ¿Qué buscabas preservar —o evitar— al elegir una estética tan cruda y cercana?
Tomás Latorre: Acá no puedo dejar de mencionar cuánto me inspiró el taller de canciones de Edgardo Cardozo, el cual hice en 2023. Por ese taller pasaron, o se “testearon” todas las canciones que están en En la bici. Ahí me di cuenta que el nivel de detalle que requiere hacer una canción ejecutada con guitarra y voz, no había sido algo que pude capturar en mis discos anteriores.
Una vez le pregunté a Edgardo cómo había grabado su disco “Las Canciones del Muerto” y resulta que había grabado todo a la vez. Guitarra y voz al mismo tiempo en una sola “performance”. Por más que eso parezca un tanto obvio, con una música tan compleja como la de Edgardo, requiere de una precisión y habilidad superior lograr que suene tan natural. Ese preciso instante me inspiró a (al menos intentar) hacer lo mismo.
Si me pongo técnico por un segundo. Tres micrófonos, porque dos van a la guitarra (creando una imagen estéreo y uno a la voz). Eso genera un sonido claro y amplio a la vez. Y mi habitación, es mi nave espacial, ahí compongo, escribo, grabo, edito, pre-mezclo. Ese espacio es el habitat donde se gesta, nace, crece y madura la obra entera.

O.c: En la canción “En la bici” aparece la frase “la única cadena que te puede liberar”. ¿Qué significa hoy tener una “bici mental” para liberarse en un contexto tan exigente?
T.L: La bici es un elemento único. Uno mismo es el motor. Si no te moves, te caes. No estás tocando el piso, pero no estás volando. Vas viendo todo pasar en movimiento ni muy rápido ni muy lento. No genera humo, casi no hace ruido, te hace bien a la salud el ejercicio. Te da el viento en la cara! Tanto el simbolismo como la actividad literal de andar en bicicleta, estan llenos de sabiduría. La bici mental supongo sería “quedate en movimiento que pronto vas a tener otra perspectiva”.
O.c: El disco dialoga con estaciones, ciclos y tiempos internos. ¿Qué descubriste sobre tu propio ritmo mientras componías estas siete canciones?
T.L: Descubrí que como buena persona ansiosa, quiero hacer e imponer un tiempo a procesos que en verdad no se pueden forzar. La música y el proceso de crear siempre, siempre te muestran el camino y el “timing” de los procesos. Y no te queda otra que respetarlos.
Para dar un ejemplo, empecé a grabar en Julio 2024. En mi mente, yo pensaba que si me mantenía a un ritmo constante, para Noviembre, ya habría terminado. Y terminé en Julio 2025. Me llevó un año. Qué me enseñó? Lo de siempre: las cosas buenas llevan tiempo. Se deben cocinar lento.
¿Por qué? Porque uno mientras crea/graba se siente dios o superhéroe. Pero somos personas.
Y además, grabar, como elegí hacerlo, te va desgastando. No todo el camino es claro. Hay canciones que vas grabando y no te gusta como quedó. Y ahí tenes que volver a la cocina y re arreglar cosas, se siente como empezar de cero. Y también, en tiempos como éstos, lo más difícil es lidiar con el “para qué estoy haciendo ésto?”. Ese fantasma está siempre ahí. Entonces gran parte del trabajo es estar (y mantenerte) convencido de que lo que estás haciendo TIENE valor, y significa algo, o te lleva a algo más grande que uno.
Respondí más en relación a grabar, aunque componer y grabar dialogan constantemente.
El proceso de componer, para mí, es quizás el más natural de la secuencia de eventos en la creación musical. Para mí es: existo, vivo, experimento la vida con sus vaivenes, compongo, sigo viviendo, compongo, etc. Es algo que tengo entrelazado con la misma pulsión de vivir. Si siento ganas de componer, es porque estoy viviendo cosas que necesito expresar.
O.c: La participación del “Negro” Aguirre tiene un peso emocional evidente. ¿Cómo viviste ese encuentro con uno de los referentes de nuestr música folklorica y dueño del sello Shagrada Medra?
T.L: Un verdadero honor. El Negro es un referente enorme. Pensar que la primera vez que escuché algo suyo fue la versión de “Pasarero” de Aca Seca, con Pedro Aznar como invitado. Yo tendría unos 14 o 15 años y para ser honesto no lo entendí. Era una sonido hermoso, denso y suave a la vez. Me era imposible de transcribir o de sacar en la guitarra, pero me invitaba tan fácilmente a formar parte como oyente. Al año, cuando se me despertó un poco más el oído, esa música empezó a convertirse en mi base.
Soy un privilegiado de que Shagrada Medra me abra sus puertas, es una hermosa familia musical. Sentir que Carlos Aguirre confía en mi visión artística a tal punto de plasmar su voz y acordeón, es muy difícil de explicar, simplemente un sueño hecho realidad. Y lo hizo con tanto respeto y buen gusto. Exactamente lo que grabó, quedó.
He tenido la suerte de visitarlo y pasar un rato con el en su casa en Paraná, una experiencia única. El es lo que ves. Su música es un reflejo de el. El río está ahí con todos sus elementos naturales, y él es un espejo que refleja ese entorno en toda su complejidad y sutileza.
O.c: “Hormiga” y “Primavera” parecen registrar escenas íntimas del ir y venir, del desgaste y la renovación. ¿Cómo se transformaron esas canciones durante el proceso de grabación?
T.L: Muy buena pregunta. Justamente esas dos canciones fueron las que más transformaciones atravesaron.
Primavera, es la que más despliegue tiene en cuanto a arreglos, líneas armonizadas, texturas. Cuando esa canción nació, naturalmente tenía una humilde versión de solo una guitarra con el canto. Fue recién a la hora de grabar que me fue “pidiendo” agregar partes. Ahí me di cuenta que tenía que agrandar la canción, sutilmente. Y ahí llamé a mi amigo cellista argentino Agustín Uriburu, vecino mío acá en Brooklyn. Agustín es de los pocos (o único) cellistas que sabe tocar pizzicato como un contrabajo, y su parte está ejecutada hermosamente. Fui grabando, probando, re escribiendo, re grabando, escuchando, tomando distancia, agregando, sacando, hasta que quedó como quedó.
Hormiga, es una toma sola, guitarra y voz grabada a la misma vez. Luego, Mariano “Tiki” Cantero grabó percusión desde Argentina, dándole una dimensión y sentido de espacio que nunca hubiera imaginado. Tiki, otro ídolo, qué más decir. Con muy poco tiempo, grabó sabiendo exactamente qué hacer, entendió de lleno qué necesitaba la canción. Tengo que mencionar que la idea de sumar a Tiki fue de Sebastián Perkal, quien se encargó de la mezcla y mastering.
7 La canción presenta a la trisustia como un mensajero que incomoda pero también transforma. ¿Cómo pensás ese estado emocional en un mundo que suele patologizar cualquier malestar?
Es fácil decir, difícil de hacer, pero la tristeza y la angustia quieren decirte algo. Está en cada uno descubrir qué es lo que nos quiere decir. Hay un poco de “lo que no te mata te hace más fuerte” en ésta canción.
Las canciones pueden ser vehículos. Si es posible, que te den confianza, o la valentía de poder escucharse a uno mismo.
O.c: “Da igual si la rompiente te cae bien o te cae mal” sugiere que la transformación llega igual, nos guste o no. ¿Cómo pensás esa idea en un mundo que intenta controlar todo, incluso lo interno?
T.L: Esta canción está inspirada por mi abuela materna. Tengo una imagen, que por alguna razón me quedó grabada. Yo tendría 7 años y estabamos en la playa con mi familia en Uruguay. Encuentro una piedra lisa del tamaño de un melón. Lisa como una canica. Le pregunto a mi abuela de dónde viene esa piedra. Y ella me dice que el romper constante de las olas es la que moldea a las piedras. Las trae y las lleva, por miles de años y terminan como ésa que estaba en mis manos.
No sé por qué esa imagen aflora hace un par de años, pero me lleva a escribir ésta canción. Me fascina la idea de que por miles de años las olas rompan en las piedras. Trayendolo a la canción, nos guste o no, todos estamos envueltos en una rompiente que nos moldea hacia nuestra esencia…
O.c: La hormiga abandona su colonia buscando libertad, pero termina atrapada en otro sistema igual de exigente. ¿Qué reflexión te interesa abrir sobre esas falsas fugas contemporáneas?
T.L: Con la canción Hormiga, no tengo una posición firme sobre la moraleja. Creo que está bien irse, pero tiene un precio. Y creo que está bien quedarse, también a su costo. Aquellos que se van pueden idealizar a aquellos que se quedan en un lugar y forjan una identidad más fuertemente arraigada a un lugar, cultura y comunidad. Y aquellos que se quedan quizás idealizan a los que se fueron, que se animaron a exponerse y probar algo nuevo. No traigo respuestas, sólo preguntas… la canción la siento como una enorme pregunta.
O.c: La canción termina con la hormiga convertida en ministro de educación, enseñando que el amor potencia y que el perdón es clave. ¿Qué te interesa decir sobre la posibilidad de transformar desde adentro sistemas que antes te hirieron?
T.L: Creo que más allá del mensaje de amor y perdón que la hormiga trae luego de su odisea, es alguien que se hace cargo de sus errores y estuvo dispuesto a pagar el precio. Pagó con media pierna y un ojo. Y pagó corriendo el riesgo de volver a la colonia sabiendo que lo que le esperaba era prisión perpetua. Si cada uno es responsable de si mismo, puede ayudar a los demás también.