Hablar de la banda Congreso es hablar de uno de los proyectos más singulares y persistentes de Chile. El grupo, formado a fines de los años 60 en Quilpué, es reconocido por su extensa trayectoria, donde conviven diferentes estilos musicales y contextos tanto políticos como musicales.
Congreso nació en 1969 por Sergio Tilo González, junto a un grupo de amigos que, al igual que otros grupos de Latinoamérica como podría ser Arco Iris, su música iba un paso más allá del rock, en ella conviven el folklore latinoamericano, así como el jazz o el rock progresivo. Su álbum debut, El Congreso, editado en 1971, lo ubicó dentro de la escena emergente chilena de esos años, poniéndolo en diálogo con lo que se denominó la Nueva Canción Chilena, aunque con una impronta más experimental.
Mientras varios grupos decidieron exiliarse por el Golpe de Estado en Chile de 1973, Congreso optó por permanecer en el país, adaptando en parte su lenguaje al contexto represivo de esos años. Durante varios años, la banda tuvo una fuerte impronta instrumental y metafórica, pero sin perder su contenido social. Un ejemplo de ello puede ser Viaje por la cresta del mundo, editado en 1981. Con el retorno de la democracia, Congreso se consolidó como una de las bandas de culto dentro de la escena chilena, y la voz de Francisco Sazo se transformó en un sello distintivo.
Hoy, con más de cinco décadas de vida, la banda sigue activa y editando discos. Su obra no responde a modas ni fórmulas comerciales. Y hoy, con más de 20 discos editados, los invitamos a escuchar La canción que te debía, editado en 2017. Lejos de parecer un gesto nostálgico o un repaso por la historia pasada, estamos ante una de las obras más modernas y frescas de la banda de Quilpué, donde la libertad creativa se hace presente.
Desde el primer tema, “Premio de consuelo”, se puede sentir la amplia paleta sonora y desprejuiciada que siempre caracterizó a la banda. A lo largo de las 15 canciones que componen el disco, la banda se desplaza con soltura entre diferentes universos sonoros, como en el antes nombrado “Premio de consuelo”, con una fuerte impronta pop con tintes andinos, seguido por “París 2016”, un tanto eléctrico. Hay que destacar que, a diferencia de sus discos anteriores, la presencia de samplers se hace muy presente, algo que hasta este disco no se sentía con tanta claridad, excepto por algunos experimentos realizados en los años 80.

Tal vez, para los amantes de la banda, las mejores canciones sean “Canción por la paz”, “La canción que te debía” y “El viaje”, donde la banda parece recuperar su parte más introspectiva, con un sonido más cerca del jazz, pero al igual que en toda su carrera, siempre dialogando con ritmos latinoamericanos como el vals o la baguala.
Lo que hace a La canción que te debía un disco distinto tal vez sean piezas como “Las sillas boca abajo”, donde Tilo González (alma compositiva del grupo desde sus inicios) se permite jugar con diferentes sonidos y melodías, siempre manteniendo un equilibrio sonoro. Mientras que “A las yeguas del apocalipsis” muestra todo su poderío rockero, pero sin necesidad de guitarras, sostenida simplemente en el bajo eléctrico de Federico Faure y una percusión que marca el pulso durante toda la canción. Mientras Francisco Sazo, con su voz tan particular, le rinde homenaje al colectivo que comandó en los años más negros de Chile Pedro Lemebel y Francisco Casas, hoy figuras esenciales de la disidencia artística en los años de dictadura.
Llegando al final, nos encontramos con “El regreso”, canción en la que el saxo de Jorge Antenas toma protagonismo, que junto a la canción “Tiro de esquina” profundizan la modernidad en la que estaba involucrada la banda en el 2017. El cierre llega “Con el corazón”, un epílogo donde Tilo toca el cuatro venezolano: una pieza silenciosa, pero que funciona como una despedida cálida después de un largo viaje de 15 canciones, que vale escucharlo a la vieja usanza, como se hacía antes, desde el primer tema hasta el último.
Tal vez lo que demuestra este disco, al igual que su último trabajo hasta el momento, Luz de flash, editado en 2022, del cual seguramente hablaremos en otro momento, es que no importa cuán longeva pueda ser una banda: lo importante es su lucidez, algo que Congreso hasta hoy lleva como bandera. Esto lo posiciona como uno de los grupos históricos de Chile y con una historia de resistencia cultural durante la dictadura. Hoy, varias décadas después, muchas de las bandas nuevas o referentes como Nano Stern reivindican a Congreso como fuente de inspiración.
Tal vez sea porque Congreso siempre le cantó a la política corrupta, a los olvidados, así como también a los hijos y a los rebeldes, y también a aquellos que, como Pedro Lemebel, sostuvieron la historia desde los márgenes.