Civilización o Barbizi: La defensa de volver a mirarnos a los ojos

Después de más de tres décadas de recorrido, Enrico Barbizi sigue moviéndose por fuera de las autopistas conocidas. Canciones, rock, folklore, música para teatro, cine, danza y radio forman parte de una trayectoria que nunca terminó de acomodarse bajo una sola categoria y que en ese constante cambio o mejor dicho busqueda encontro una forma de permanecer. Ahora vuelve a poner la canción en el centro con Civilización o Barbizi, un disco de 14 canciones que parten de una discusión histórica como es la dicotomía Civilización o Barbarie para mirar el presente.

El viernes 9 de octubre, a las 21, Civilización o Barbizi llegará al Teatro Comedia (Rivadavia 254), en un concierto que tendrá además una particularidad: será registrado en vivo para convertirse en el próximo material discográfico del músico. La banda estará integrada por Jacky Menta en bajo y coros, Román Dagna en batería, Santiago Lanfri y Gabriel Aguirre en guitarras y Renata Barbizi en coros. También habrá invitados como Ají Rivarola, Esteban Kábalin, Laura Ávila y Pedro Ramírez, alumno de Barbizi en el Centro Educativo Terapéutico El Punte, con quien compartirá canciones compuestas juntos.

El título del nuevo espectáculo del músico retoma, con ironía, la vieja oposición entre “civilización o barbarie” y la transforma en una toma de posición artística. Barbizi elige la “barbarie” entendida como aquello que todavía conserva algo de lo ancestral, lo popular, lo analógico, lo anárquico y, sobre todo, lo humano en tiempos producción tecnológica. Las nuevas canciones avanzan sobre una sonoridad más rockera, con elementos electrónicos, pero sostienen una preocupación que atraviesa gran parte de su obra: cómo hacer música en un tiempo marcado por la velocidad, la distracción, el individualismo y una tecnología que muchas veces termina condicionando la forma en la que pensamos y nos relacionamos.

Desde hace más de 30 años, Barbizi trabaja en el ámbito de la discapacidad y entiende la docencia como otra forma de hacer música, construir vínculos y generar espacios de participación. En paralelo, insiste en una pregunta que excede su propio proyecto: qué lugar ocupan los artistas cordobeses en una escena donde muchas veces las decisiones culturales parecen mirar hacia afuera antes que hacia lo que sucede acá.

Entre la canción y la docencia, entre la crítica al presente y la necesidad de seguir haciendo, Barbizi construyó un recorrido que no parece dispuesto a detenerse. “Me interesa más la dirección que la velocidad”, dice. Civilización o Barbizi aparece, entonces, como una nueva estación de ese sendero: una obra que discute qué entendemos por progreso, pero también una invitación a recuperar algo tan simple —y tan complejo— como mirarnos a los ojos.

Otra Canción: “Civilización o Barbizi” ya desde el título toma una discusión muy instalada en nuestra historia. Incluso hoy podríamos pensar en una especie de civilización tecnológica frente a nuevas formas de “barbarie”, atravesadas por la inteligencia artificial, la productividad o la velocidad. ¿De dónde surge la idea de Civilización o Barbizi y en qué momento apareció esa tensión como punto de partida para estas nuevas canciones?

Enrico Barbizi: La idea de este disco y de este título viene rondando hace bastante tiempo. La mastiqué, le fui dando forma, estudié y finalmente pude plasmarla en estás 14 canciones nuevas. Y es que esta tensión entre «Civilización» o «Barbarie» viene de lejos en el tiempo. La civilización ligada siempre al progreso tecnológico nos ha traído hasta aquí. Un tiempo de deshumanización inusitado, de pantallas que nos desconectan, de un plan sistemático para estupidizarnos y anular nuestro pensamiento crítico, de soledades y angustias, del aparentar, de cierta pleitesía a ese nuevo dios llamado algoritmo.

¡¡¡Pues bien, a mi déjenme con la Barbarie!!! Es decir, con los cuerpos, con lo analógico, con el ser, con lo anárquico y revolucionario, con lo ancestral, en definitiva, con lo humano.

O.c: El proyecto propone, de alguna manera, reivindicar aquello que históricamente quedó del lado de la “barbarie”. ¿Qué significa hoy para vos ser bárbaro en una sociedad que parece exigir cada vez más adaptación, productividad, orden y eficiencia?

E.B: Así es, por eso elegí jugar con mi apellido enrolándome en las filas de la Barbarie (Barbizi). Ser bárbaro es hoy, creo, volver al Centro, a la esencia. Quitar adornos y ropas que no son las propias. Volver a hacer aquello que sale de las tripas, despegarse de la homogeneización reinante. Romper, molestar. Esa es la tarea del arte!!! Estoy cansado de que todo sea tan clean, tan «correcto», tan falto de riesgo.

O.c: Vas a presentar 14 canciones inéditas y grabarlas en vivo para que formen parte de tu próximo disco. ¿Qué tuvo que pasar con esas canciones para que sintieras que tenían que aparecer ahora y, además, de esta manera?

E.B: Estas canciones vienen a dar un golpe en la mesa. Primero en mi mesa propia y luego en la de quienes quieran y puedan escuchar y dejarse llevar por otra cosa. Toda mi vida me han dicho «lo que pasa es que lo tuyo es otra cosa, es diferente». Pues bien, yo encuentro ahí un mojón, un lugar desde donde plantear asuntos y conversaciones.

Las canciones llegan a este aquí y ahora para recordarnos que jugar a que jugar es posible es un lindo punto de partida y de llegada. Todo junto y a la vez.

O.c: “Venís de un disco de 21 canciones editado en Julio llamado Desvaríos Varios, ¿sentís que estas 14 continúan esa misma necesidad de producir canciones o hay un cambio de etapa?”

E.B: El disco DESVARÍOS VARIOS que salió en Julio es un disco instrumental. Ahí hay una diferencia con este, pero creo que forman ambas partes de una vuelta de página. Siempre intento desafiarme a mí mismo y entrar, con cada disco o proyecto, en nuevos territorios.

O.c: Hay una idea bastante fuerte detrás del proyecto: ciertas formas de progreso también pueden producir aislamiento o deshumanización. ¿En qué momento sentís que el progreso deja de estar al servicio de las personas y empieza a ocurrir al revés? ¿Y qué lugar puede ocupar el arte frente a eso?

E.B: El progreso deja de estar del lado de las personas cuando vemos que cada vez hay más suicidios, más depresiones, más angustias. Cuando vemos cada vez más hambre, más injusticia. También Cuando vemos que 10 tipos se la llevan toda mientras la pobreza de agranda exponencialmente, cuando todo se mueve en lógicas de likes, reproducciones, etc. Cuando se confunde cultura con espectáculo y entretenimiento.

El arte, en este contexto, debería encontrar la manera de generar otros circuitos, otros canales. Por eso creo que volver a la «Barbarie» es la revolución.

O.c: Tus nuevas canciones aparecen en un contexto político y social muy concreto. ¿Cuánto de ese presente entró en las canciones de manera consciente y cuánto apareció sin que vos lo buscaras?

E.B: Este contexto, esta coyuntura a la que asistimos es muy perturbadora. Me considero una persona sensible y muchas veces me invade la angustia, varias formas de ansiedad, impotencia, etc.
En estas canciones se reflejan estos sentires. Con títulos como, por ejemplo, «Tik-tok», «Perdedor», «Abandono«, «Hora de abrir la puerta», etc

O.c: ¿Te preocupa que una canción demasiado pegada a la coyuntura pueda envejecer rápidamente? ¿Cómo hacés para hablar del presente sin que la canción quede encerrada en un momento determinado?

E.B: No es algo que me ponga a pensar. Considero que hay maneras poéticas y metafóricas de hablar de las cosas. Por eso me gusta tanto Charly García.

O.c: También podría pensarse que hacer canciones hoy es, en cierta medida, un acto de resistencia frente a una época atravesada por la velocidad, el consumo y la necesidad de producir permanentemente. ¿Lo vivís de esa manera o te parece una interpretación demasiado romántica de la música?

E.B: Las dos cosas. Quiero decir, si, lo vivo de esa manera. Sigo sintiendo que hacer canciones (y depende las canciones también porque hay muchas que están trabajando para, digamos, «el lado oscuro de la fuerza») es un acto de resistencia. Pero también soy plenamente consciente de que esta es una visión un tanto romántica.

Igualmente, considero a esa utopía un motor fundamental!. Yo siempre voy a desear cambiar al mundo con mi canción!!!

O.c: ¿Qué lugar ocupa el conflicto en una canción? ¿Una canción tiene que incomodar, hacerse preguntas, poner algo en discusión, o también puede simplemente acompañar?

E.B: La canción ES conflicto. Nace del conflicto. Somos conflicto. Y es ese propio conflicto y el de otros el que nos acompaña. Cuando abrazamos el conflicto y lo hacemos pasar se encuentra algo de paz.

O.c: Córdoba tiene una tradición muy fuerte de discutir el poder, pero también una escena cultural que muchas veces queda fuera de los grandes circuitos. ¿Qué potencial y qué límites encontrás hoy en hacer música desde Córdoba en comparación con cuándo empezaste?

E.B: Amo y odio a Córdoba en iguales medidas. Considero que en términos de políticas culturales hay algo que permanece como inmutable: La falta de interés, de presupuesto y de proyectos pensados por y para los artistas de Córdoba. Termina la cosa funcionando como un privado que quiere hacer su negocio. Los organismos oficiales, muchas veces, se transforman en traedores de cosas. Acá vienen de todos lados. ¿Y los artistas de acá? ¿Para cuándo?

Cuando decidamos ir a lo profundo y dejar de andar nadando en la espuma de la superficie habrá un cambio de paradigma.¡¡¡Aquí hay cosas maravillosas sucediendo!!! Solo hay que tomar la decisión política de ponerlas a la luz.

Yo me siento un poco como la canción de Charly: «Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar». Pero sigo estando, haciendo y proponiendo. Mi culo inquieto no me permite parar. Si, tal vez de un modo quijotezco, pero ahí vamos.

O.c: En tu recorrido aparecen el rock, el folklore, la canción, la música para teatro, cine, danza, radio y distintos proyectos y colaboraciones. ¿Es una decisión consciente escapar de las categorías o simplemente nunca encontraste una categoría que alcanzara para todo lo que querías hacer?

E.B: Es que me gusta todo, disfruto y aprendo de todo. Y creo que puedo aportar a diversas disciplinas artísticas. Me gusta verme en aprietos y encontrar un modo de salir, con otrxs (siempre es colectiva la cosa), hacia esa criatura artística nueva.

No sé si es o fue una decisión, la vida me fue llevando y fui tratando de obedecer a mi deseo y a mis tripas en el camino. Un camino lejano a las autopistas monstruosas diría, más bien, un sendero.

O.c: Después de más de tres décadas haciendo música, ¿qué cosas sentís que cambiaron en tu manera de escribir una canción y cuáles seguís haciendo exactamente igual que al principio? ¿Qué cosas todavía estás buscando y cuáles ya sabés que forman parte de tu manera de ser músico?

E.B: Creo que lo que permanece es la necesidad de cambios. Sin embargo, hay un lenguaje que he sabido y he podido construir que ya me es propio, que no es tan parecido a nada. Es mío.

Hoy por hoy me interesa más la dirección que la velocidad, la escencia más que el adorno, y encontrarme siempre incompleto y con la necesidad de seguir siempre buscando.

O.c: Pensando en Civilización o Barbizi como una discusión que sigue abierta: si tuvieras que elegir hoy qué parte de esa “civilización” querés discutir y qué parte de esa “barbarie” querés defender, ¿cuáles serían?

E.B: Quiero defender la «barbaridad» de mirarnos a los ojos, la empatía con el/la de al lado, quiero defender lo que siento que está bajo ataque permanente: nuestra inteligencia, nuestra sensibilidad, nuestra conciencia.
Necesito hacer y dejar de hacer lo que sea necesario para aportar a qué otra cosa y otro modo sea posible. Uno que no esté interferido por la distracción y el engaño que te hace creer que uno vuela más cuando compra alas.

O.c: Para terminar, ¿quiénes van a acompañarte en el show, qué invitados habrá y qué proyectos tenés por delante después de esta presentación?

E.B: El 9 de octubre en el Teatro Comedia me acompaña una banda soñada, formada por cómplices que me conocen, me entienden y se animan a buscarme en mis aventuras.

Además, voy a tener invitados que admiro profundamente: Ají Rivarola, de Armando Flores; Esteban Kábalin; Laura Ávila, que va a participar desde la danza; y Pedro Ramírez, un alumno del Centro Educativo Terapéutico El Punte, donde trabajo desde hace más de 30 años.

Con Pedro vamos a hacer algunas canciones que compusimos juntos, y creo que va a ser uno de los momentos más lindos y especiales de la noche. Tenía muchas ganas de que Pedro estuviera en el escenario porque también quería visibilizar otra parte fundamental de mi recorrido: el trabajo que hago desde la docencia en el ámbito de la discapacidad, un ámbito tan vapuleado y golpeado. Para mí, poner todo eso en escena también es una manera de mostrar que la música puede ser un espacio de encuentro, de creación y de participación para todos