La Renga volvió a Córdoba y convirtió la Plaza Próspero Molina de Cosquín en escenario de un recital atravesado por el rock, las referencias políticas y los homenajes a músicos que dejaron su huella en la canción argentina. El sábado 17 de octubre, pasadas las 21, el trío de Mataderos desplegó un repertorio de 32 canciones que recorrió distintas etapas de su historia y encontró en el público una respuesta que se sostuvo hasta el último acorde.
Desde varias horas antes del comienzo del show, Cosquín ya empezaba a convertirse en territorio renguero. La plaza San Martín se fue colmando de grupos de personas que compartían la previa entre guitarras, canciones y encuentros, en la antesala de lo que sería el banquete de las 21 en la Plaza Próspero Molina. En la zona de la costanera, una gran cantidad de colectivos estacionados daba cuenta de la convocatoria y de los distintos puntos del país desde donde habían llegado los seguidores para encontrarse con la banda.
Entre las guitarreadas y la espera, una murga con grandes banderas negras le puso movimiento a la jornada y acompañó la expectativa por el comienzo del recital. A su alrededor, los puestos de choripanes y los vendedores de remeras aguardaban la llegada del público y la posibilidad de concretar alguna venta, en un contexto económico difícil que también atraviesa a quienes encuentran en cada recital una oportunidad de trabajo. La previa tuvo algo de ritual compartido, la música como punto de encuentro, la ruta como parte de la experiencia y la espera como otra forma de vivir el banquete antes de que La Renga subiera al escenario.
El arranque con «Tripa y corazón» dio las primeras señales de que sería una lista cargada de rocanroles reconocibles, con clásicos que conviven con canciones menos habituales en el repertorio en vivo. Después llegaron «Buena pipa», «Buena ruta hermano», «Motoralmaisangre», «La banquina de algún lado» y «Cuándo vendrán», en un comienzo que fue desplegando distintas etapas de la discografía de la banda.
Entre los temas que sonaron también estuvo «Veneno», canción original de La Negra que La Renga incorporó a su repertorio y popularizó entre su público. La versión fue otro de los momentos de una lista que, además de recuperar canciones conocidas, dejó lugar para revisitar composiciones de otros artistas.
«A la carga mi rocanrol» fue uno de los pasajes en los que el recital encontró una lectura directa del presente. Después de tocarla, Chizzo dejó una definición que funcionó como una toma de posición: había que salir y decir lo que hay que decir porque, de lo contrario, el monstruo crece. La frase encontró continuidad en «El monstruo que crece» y «Vende patria clon», dos canciones que pusieron el costado crítico de La Renga en el centro de la escena.
A esa altura del show, estaba claro que La Renga no necesita convertir el recital en un discurso político para que su pensamiento salga a la luz. El repertorio, acompañado por una intervención breve del cantante, alcanzaba para poner en circulación una mirada sobre el presente. Las canciones no quedaron aisladas de lo que sucedía afuera del escenario, volvieron a adquirir sentido en un contexto que el público también hizo propio.
La dimensión política se hizo presente durante «Somos los mismos de siempre» Chizzo hizo alguno acordes de la Marcha Peronista. La escena podía leerse como una expresión de identificación política, pero también como un homenaje a uno de los partidos históricos del país, en coincidencia con el Día de la Lealtad. Una vez más, el recital se convirtió en un espacio donde las canciones, las consignas y los códigos compartidos entre la banda y sus seguidores convivieron sin necesidad de explicaciones.
Pero también hubo lugar para la memoria, que ocupó un espacio importante en distintos pasajes del show. Después de «Cuando estés acá», Chizzo recordó a colegas fallecidos en los últimos días. En ese contexto, la banda homenajeó a Ricardo Soulé con una versión de «La verdadera historia de Sam el Montañés», una de las canciones de la etapa de Vox Dei, el grupo fundamental del rock argentino que tuvo a Soulé entre sus principales compositores.
El reconocimiento al ex Vox Dei no puede leerse como un paréntesis en la historia de La Renga, sino como parte de su propio recorrido musical. La banda compartió escenario con Soulé en distintas oportunidades y, como recordó el propio Chizzo, su obra fue una de sus grandes influencias. Al recuperar esa canción, La Renga volvió a poner en circulación una composición que conserva su lugar en el cancionero del rock nacional y reconoció parte de la tradición musical de la que también forma parte.
Algo similar sucedió con Piero. «Me hice canción» fue enlazada con «Para el pueblo lo que es del pueblo», en un pasaje que recordó al músico recientemente fallecido y recuperó una canción ligada al cancionero popular argentino. Entre la versión de Soulé y el homenaje a Piero, el recital abrió un espacio para reconocer a quienes, desde distintas búsquedas, contribuyeron a construir la historia de la música popular del país.
La lista siguió con «El revelde» y «Panic Show», que llevaron el concierto nuevamente hacia un terreno de alta intensidad. En medio de esta última canción, utilizada por el presidente Javier Milei como parte de su identidad política, Chizzo tomó distancia de esa apropiación con una frase dirigida al mandatario: «Guarda, Milei, que el león ya está cagadísimo de hambre». Mientras la banda tocaba, el público coreaba «La patria no se vende», una consigna que volvió a conectar el escenario con el clima político de la noche. Parecía el final, pero todavía quedaba lugar para los bises.
La vuelta al escenario trajo «Oscuro diamante», «La razón que te demora» y «El final es en donde partí». Esta última tuvo además una dedicatoria especial para Julito, uno de los asistentes que mientras estaba armando el show en Cosquín recibió el llamado sobre la reciente muerte de su padre, teniéndose que volver a Buenos Aires.
El cierre llegó con «Hablando de la libertad», una canción que desde hace años ocupa ese lugar en los conciertos de La Renga. Después de una noche en la que convivieron el rock, la memoria y las referencias políticas, el tema volvió a reunir a la banda y a su público alrededor de una idea que atraviesa su recorrido.
En Cosquín, La Renga no se limitó a repasar su historia. La puso en diálogo con el presente, recuperó voces fundamentales del rock argentino y dejó que las canciones hablaran tanto de lo colectivo como de las experiencias personales. La potencia del trío sigue estando ahí, en ese repertorio que se canta junto a los mismos de siempre y que, cada vez que vuelve a sonar en vivo, encuentra nuevas maneras de decir sin dejar de hablar de lo que pasa ahora.