El 17 de septiembre, Córdoba será escenario del encuentro entre BESTIAS y Tamboreras, dos proyectos que reúnen a mujeres y disidencias y que vienen construyendo, desde distintos recorridos, espacios de creación, intercambio y participación dentro de la música. El encuentro será en Pez Volcán a las 20:00hs.
BESTIAS, creado y dirigido por Lula Bertoldi, Guadalupe Mol y Jorgelina de Agostino, propone la conformación de bandas a través de convocatorias abiertas, reuniendo músicas de distintas trayectorias para trabajar de manera colectiva. Tamboreras, dirigido por Vivi Pozzebón, nació hace casi 16 años a partir de la Escuela de Tamboreras y se convirtió en un espacio de formación, encuentro y celebración alrededor de la percusión, con siete ediciones del festival realizadas en la Patagonia.
Ahora ambos proyectos se encuentran en Córdoba para compartir una experiencia que cruza música, creación colectiva y territorio, y que busca seguir fortaleciendo la presencia de mujeres y disidencias tanto arriba como detrás del escenario.
Conversamos con Vivi Pozzebón sobre la historia y las transformaciones de Tamboreras, la potencia de tocar juntas, la construcción de redes entre músicas, la necesidad de llevar estos proyectos hacia distintos territorios y las dificultades de sostener espacios colectivos en el contexto actual.
O.c: Tamboreras lleva más de quince años construyendo un espacio alrededor de la percusión y del encuentro entre mujeres. ¿Qué fue cambiando en el proyecto desde aquellas primeras experiencias hasta hoy?
Vivi Pozzebón: Tamboreras va a cumplir 16 años ahora en octubre y, la verdad, ha corrido mucha agua bajo el puente. En un principio, cuando empezamos en Córdoba, justamente con Lili Zavala, con quien iniciamos este proyecto a partir de un taller que hicimos en el Graciela Carena, la idea era hacer solamente un taller de mujeres.
En ese momento ni se hablaba de disidencias, solamente de mujeres. Fue raro establecer esto en Córdoba porque, en los primeros talleres, muchos hombres nos decían por Facebook: “¿Pero por qué no podemos ir los hombres?”. Hoy, por suerte, esa charla ya no está.
Hoy, por suerte, muchas mujeres y disidencias hemos establecido que tenemos todo el derecho a tener nuestros espacios y a cuidarnos. Hacemos un montón de actividades, no solo en lo musical.
En un principio fue tener un espacio de cuidado que, con el tiempo, fue ganando lugar. Lo hemos hecho no solamente en Córdoba. Yo, en todos los viajes que hago, en mis toques, lo he hecho. Hice talleres en México, en Europa, en Francia, en España, en Brasil, en Chile, siempre con estas características.
Pero lo que pasó en Argentina en todos esos años fue muy importante por toda la movida de Ni Una Menos. Así se fue empoderando el proyecto. También, dentro de un contexto, pasó a tener más lugar la presencia de mujeres en todos lados. También en esa lucha en las calles y ese lugar de pertenencia que nosotres, a través del tambor, hemos generado desde Córdoba y ahora en Buenos Aires.
Todavía falta un montón, pero, por suerte, hemos ganado varias batallas.
O.c: Después de tantos años, ¿qué descubriste que puede generar un grupo de mujeres tocando juntas que va mucho más allá de aprender a tocar un instrumento? ¿Cómo se cruzan ahí la música, los vínculos y la construcción de un espacio propio?
V.P: Lo que genera ver mujeres tocando, ya sea marchando en las calles o tocando en un escenario, es muy fuerte. Yo ya lo viví hace muchos años con De Boca en Boca, cuando todavía no estaba tan presente acá en Argentina, ni en el mundo, todo el movimiento feminista. Había una conciencia que se iba generando entre todas las mujeres. Pero todavía no éramos tan conscientes de todo eso a nivel colectivo.
Incluso hoy hay mujeres que ya tocan y que son profesionales de la percusión o de la música y que me dicen: “Che, yo la primera vez que vi De Boca en Boca sentí una energía, una fuerza, y pensé que yo también podía hacerlo”. Eso da mucha alegría, mucha fuerza y mucha potencia: saber que vos también podés hacerlo.
Entonces, toda esta parte del proyecto fue poner en funcionamiento algo que nosotras ya veníamos intuyendo, pero que por ahí todavía no podíamos poner en palabras. Por eso me remonto a cuando tocaba con De Boca en Boca, porque en ese momento no era tan consciente a nivel colectivo.
Hoy, tanto en los retiros que hacemos en el sur —este va a ser el octavo año que los realizamos— como en los talleres y en los toques, sigue estando esa potencia de ver a tantas mujeres en un escenario haciendo música, componiendo y ocupando todos los lugares de la actividad musical y de la producción.
Por suerte, eso sigue alimentando las ganas de quienes nos ven, de creer que es posible y de tener, como digo siempre, un lugar dentro de la música y dentro de la percusión. Porque, a través de los años, las mujeres no estuvimos tan presentes en esos lugares, como tampoco en tantos otros espacios de la música.
O.c: La percusión tiene una dimensión comunitaria muy fuerte: un ritmo necesita del otro para convertirse en algo colectivo. ¿Eso terminó influyendo también en la manera de pensar la música y los vínculos?
V.P: La percusión, el ritmo, necesita del otro para convertirse en un acto colectivo. Evidentemente es así. Los tambores necesitan de esa colectividad para sonar; es su fundamento. Tanto el tambor como la voz son instrumentos primarios de todas las comunidades, de todos los folklores del mundo.
Entonces, eso tiene algo muy potente. Siempre es algo que se hace de manera colectiva. Seguir con esa idea, con ese fundamento que ya está en la raíz misma del tambor, sigue siendo muy poderoso.
Obviamente, siempre necesitamos del otro para afianzar ese ritmo y para aumentarlo. Y eso es algo que los tambores tienen de por sí: tienen en su ADN esa colectividad que nos hermana, creo, con todo lo humano.
Tiene una cosa muy humana, ¿no? Eso de hacer algo en común con todes les humanes.
O.c: Cuando empezaste con Tamboreras, ¿era tan evidente como hoy la necesidad de generar espacios propios para mujeres y disidencias dentro de la música? ¿Qué cambió en estos años?
V.P: Por suerte, han cambiado muchas cosas a lo largo de estos años. Cuando empezamos, no estaba esa fuerza colectiva, esa conciencia de las mujeres y las diversidades. Ni siquiera se hablaba de disidencias.
El colectivo LGBT también estaba como más separado y ahora, de alguna manera, mujeres y disidencias somos parte de una gran comunidad. Antes era “mujeres” o directamente no se nombraba. Creo que todos estos años fueron muy ricos en ese sentido, gracias a la campaña por el aborto, a Ni Una Menos y a que muchas mujeres y colectivas salimos a las calles. Esa fuerza colectiva nos dio empuje a todas las que estábamos haciendo este tipo de actividades y nos hizo sentir parte de algo más grande.
Cuando empezamos con esto en 2010, en Córdoba, yo me sentí un poco rara, como una isla, porque algunos nos cuestionaban por qué era solamente para mujeres. Hoy esa pregunta ya está fuera de lugar.
Por suerte, pudimos ganar un espacio muy grande e importante. Pero, obviamente, esto sigue.
Si vos mirás los festivales hoy en día, también hubo una lucha ganada a partir de la Ley de Cupo y de todo el trabajo del Instituto Nacional de la Música y de un montón de colectivas que se organizaron a nivel nacional para que las mujeres y las diversidades podamos estar en los festivales y tener un cupo más relevante.
Pero eso no se está cumpliendo y, en los últimos años, incluso se bajó mucho esa vara. Sigue habiendo un porcentaje mayor de hombres en los festivales y en los escenarios. Entonces, es como que en estos últimos años fuimos para atrás en un montón de cuestiones.
Pero, bueno, también hay muchas cosas que se consiguieron, por suerte.
O.c: Van a compartir escenario con Bestias. ¿Qué encontraron en la propuesta del ciclo que dialoga con la búsqueda que Tamboreras viene construyendo desde hace tantos años?
V.P: Mirá, con respecto a Bestias, yo estoy viviendo hace tres años en Buenos Aires, y nos volvimos a conectar con Lula.
Lula empezó su carrera musical en Córdoba. Nos conocemos hace muchos años, desde antes de que existiera Eruca. Tenemos muchos amigos en común, entre ellos Titi Rivarola y Jenny Nager. Ellos tocaban antes de ser grupo con Titi Rivarola, que es un gran amigo y músico referente dentro de Córdoba. Ellas también lo cuentan como una especie de padrino musical.
Me encontré nuevamente con Lula y con este nuevo proyecto, Bestias, que tiene junto con Jorge Elena Agostino y Guadalupe Mol, que también son productoras de Bestias.
El año pasado ellas me invitaron a mí como percusionista y, a partir de ahí, las invitamos al retiro de Tamboreras que hacemos todos los años en Bariloche. Hicimos el primer Bestias-Tamboreras en Bariloche este año, en el verano, con todas músicas locales. Ellas convocaron a la parte instrumentista y yo a las percusionistas.
Hicimos un ensamble que, como todas las ediciones, siempre es diferente. El repertorio también es elegido principalmente por Bestias. A veces me consultan a mí alguna cosa, pero sobre todo lo definen ellas.
Después ponemos en acción ese repertorio junto con la banda de Bestias, que siempre tiene batería, guitarra eléctrica, bajo y, a veces, teclado u otros instrumentos. En mi caso, se suman las percusiones.
Como yo ya tenía conformado Tamboreras Ensamble en Córdoba, que funcionó desde 2016 hasta antes de la pandemia, volví a convocar a las mismas percusionistas. Algunas ya no están, así que también hay integrantes nuevas.
Lo que tenemos en común es justamente poner en escena a mujeres y disidencias. Las chicas también trabajan con técnicas. No sé si en Córdoba podrá ser, pero acá, en Buenos Aires, ellas tienen, en lo posible, todas mujeres y disidencias detrás del escenario: en la parte técnica, sonido, luces, stage.
Entonces, lo que tenemos en común es visibilizar la presencia de mujeres y disidencias tanto en escena como detrás de escena, y también profesionalizar esos espacios. Brindarles un lugar para que eso se visibilice y se profesionalice.
O.c: Bestias trabaja con músicas de distintas trayectorias y territorios, mientras Tamboreras tiene una historia muy vinculada a la construcción colectiva. ¿Qué puede producir ese encuentro que no produciría cada experiencia por separado?
V.P: Bestias trabaja con músicas de distintos sectores y territorios, y nosotras también. De hecho, la primera vez que Bestias salió de Buenos Aires fue cuando la llevamos al territorio de la Patagonia. Hasta el año pasado, ellas estaban principalmente en CABA. A partir de Tamboreras, empezamos a llevarlas a otros territorios: primero a la Patagonia y ahora a Córdoba. En ese sentido, unimos fuerzas para poder hacerlo.
Creo que también ahí hay una diferencia de mirada. No es que Bestias tenga una mirada territorial, sino que ellas nacieron y crecieron más en Buenos Aires, son más citadinas. Nosotras, en cambio, venimos de Córdoba, y tenemos una mirada más federal. Siempre queremos llevar los proyectos hacia otros lugares. Imagino que ellas también tienen esas ganas, pero nuestras experiencias son diferentes: ellas crecieron acá en Buenos Aires y nosotras crecimos en Córdoba.
Creo que las dos tenemos ganas de llegar a otros territorios y, justamente, esta comunión entre Bestias y Tamboreras permite hacerlo.
También es muy difícil, en estos momentos, llevar estos proyectos al interior, sobre todo por los costos. Pero a partir de esta unión nació otra forma de producción, de trabajo y de organización. En este caso, con el Festival Girl Power de Córdoba, que también es muy importante para que esto pueda realizarse en todo lo necesario para poder llevar la propuesta fuera de Buenos Aires. Si no, sería muy difícil, porque es mucho lo que implica: la energía, el traslado, el tiempo de cada una de nosotras. Es un esfuerzo, y más en estos tiempos que corren, en los que todo cuesta.
Entonces, creo que la diferencia está justamente en eso: en que estemos juntas y en el poder de lo colectivo que hablábamos antes. Pero esta vez aplicado también a la producción y a la propuesta de cada proyecto, para poder hacer algo que, de manera individual, sería mucho más difícil.
O.c: Tamboreras llega a este encuentro desde una trayectoria larga y Bestias desde un proyecto más reciente. ¿Qué puede aportar una experiencia con tantos años de recorrido a una red que todavía está creciendo?
V.P: Tamboreras tiene más trayectoria, por los años que lleva, y Bestias es un proyecto más reciente, creo que las dos tenemos cosas complementarias.
El hecho de venirme yo para Buenos Aires y lanzar mis proyectos desde Buenos Aires también le da otra visibilidad a nivel nacional. Y lo que nosotras le damos a Bestias es, por ahí, lo que decía antes: la posibilidad de sacarlas, de descentralizarlas de Buenos Aires y llevarlas un poco más al interior, tanto a la Patagonia como ahora a Córdoba. Ojalá que sigamos.
Creo que los dos proyectos se complementan en eso, en cuanto a la visibilidad y al recorrido. Y también se complementan musicalmente, que es algo muy loco, porque ellas tienen una parte más armónica, si se quiere, y más ligada al rock. Tienen una visión un poco más de canción y de rock.
Nosotras, en cambio, vamos más por el lado rítmico, más groovero, y desde lo musical tenemos también una raíz más afro y folclórica.
Entonces, hay varios mundos ahí que también se complementan y se compensan en la parte musical.
O.c: En un contexto de retracción de políticas culturales y de mucha precarización del trabajo artístico, ¿qué significa sostener una red como Tamboreras y seguir generando espacios de encuentro?
V.P: En este contexto de pocas políticas culturales, casi nulas, sostener estos proyectos es una remada diaria, pero, sobre todo, con un convencimiento total de lo que hacemos: de generar estos espacios y de que no se mueran.
Así que, nada, es un autoconvencimiento y, cuando el público lo recibe, también es un convencimiento. Ese feedback te da la energía para seguir. Aunque todo diga que no lo podés hacer, nosotros seguiremos ahí porque, bueno, es lo que a nosotros nos alimenta y queremos que a la gente también le llegue. Es algo retroactivo, digamos.
o.C: ¿Qué esperan que suceda en el encuentro con Bestias y con el público? ¿Qué les interesa que quede después del escenario, más allá de la música?
V.P: Espero que el público pueda ser parte de esa energía colectiva que dan estos dos proyectos, que visibilizan a las mujeres y las disidencias en el escenario. Y que quede una semilla o ganas también de decir: “Se puede seguir haciendo cosas, se puede seguir apostando a lo colectivo”. Y, como dice el dicho, el movimiento genera movimiento. Que esto siga, para nuestro proyecto, para la gente que lo va a ver y para cada una de las músicas que forman los dos proyectos.
También que siga la expansión, con todo el amor que nosotros le damos a nuestro proyecto. Que eso se refleje y que quede en la gente. Que la gente cuando vuelva a su casa diga: “Che, qué bueno que estuvo. No sabés las pibas cómo tocaron. Qué buena esta, la otra…”. Que eso genere también laburo para cada una de las chicas que van a conformar los proyectos.