Pablo Bruno: “Hay que volver a los encuentros, a compartir, a recuperar el vínculo con los demás

Pablo Bruno presenta Hogar (2026), su cuarto disco de estudio, un trabajo de trece composiciones propias producido artísticamente por Juan Baldo que toma una palabra sencilla como punto de partida para abrir distintas preguntas. El hogar aparece como cuerpo, refugio, vínculo, comunidad y también como territorio compartido.

En Hogar conviven canciones más íntimas y acústicas, como “Sentirme hogar”, “Zamba del juglar” y “Canción de otoño”, con otras de pulso más colectivo y bailable, como “Luna de los desvelos”, “Donde el milagro echa brotar” y “Cuando me largo”. Entre ellas aparece “Cordillera y quebracho”, una de las canciones más explícitamente políticas del álbum, donde aborda los desmontes, la memoria y los organismos de derechos humanos junto a Raly Barrionuevo.

La búsqueda del nuevo disco del cantautor se sostiene en una defensa de la simpleza, de los encuentros y de una manera de hacer canciones que intenta correrse de la lógica de la inmediatez. Frente a una época atravesada por la tecnología, el individualismo y una industria que muchas veces impone sus propios tiempos, Hogar propone recuperar la escucha, el baile, el viaje, la memoria y ese espacio común donde, como dice una de sus canciones, todo lo que hacemos cobra sentido cuando se comparte.

El disco tendrá su presentación en Córdoba el sábado 12 de septiembre en el salón de acto de la UNC a las 21:00hs y continuará con una gira que durante septiembre, octubre y noviembre pasará por Mendoza, San Rafael, distintas localidades de las sierras de Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Santa Fe y Rosario. En Buenos Aires, la presentación será el viernes 16 de octubre a las 21 en JJ Circuito Cultural. Antes de iniciar la serie de presentaciones hablamos con el cantautor sobre Hogar, la canción como forma de resistencia, sus referentes, el valor de lo comunitario y la necesidad de volver a habitar aquello que nos conecta.

Otra Canción:  Contanos un poco cómo estás preparando la presentación de Hogar, que salió hace muy poquito. Primero Córdoba y después Buenos Aires: ¿cómo viene ese armado?

Pablo Bruno: Bueno, acá en Córdoba es el próximo sábado 12 de septiembre. Estoy muy feliz, la verdad, de poder presentarlo en un lugar histórico de Córdoba y de nuestro país como es la Universidad. Y contento también porque después, en Buenos Aires, vamos a estar el 16 de octubre en el JJ y el 17 en La Plata, en La Salamanca, presentando el disco.

O.c: Pensando en Hogar, me parece que el nombre tiene mucho que ver con lo que transmite el disco. Hay algo muy de casa, de encuentro, pero también de estar hacia adentro, reflexionando. ¿Cómo apareció ese nombre?

P.B:  Sí, completamente. Entré como en un vuelo sobre la palabra hogar, sobre qué nos genera y qué cosas entendemos como hogar. Por un lado, está el hogar cuerpo, que es lo que nos permite estar acá, transitando este presente, esta vida. También está el hogar como planeta Tierra, que me parece que implica una cuestión muy importante de cuidado y de conciencia.

Después aparece el hogar universo, que también está reflejado en el álbum, como esa conexión entre la Tierra y el universo, entre lo terrenal y el alma. Pero también uno encuentra hogar en un abrazo con un amigo, en un encuentro con la gente que quiere. Y está también el hogar nación. Hay una de las canciones que dice: “Yo soy argentino y escribo mi canto”. Y ahí aparece ese lugar donde nací, ese país y esa tierra que tanto quiero y que siempre voy a estar dispuesto a cuidar, a defender y a poner en palabras lo que veo, lo que está sucediendo.

Entonces, como bien decías vos, las canciones tienen un poco ese vaivén. Hay una canción que se llama “Sentir mi hogar”, que habla más hacia adentro: “Anhelo encontrarme mil veces más, regresar y abrazarme, sentir mi hogar”. Ahí aparece esa importancia del cuidado de uno mismo.

Y después hay otras canciones, como “Donde el milagro echa a brotar”, que dice: “Vivimos en el encuentro donde el milagro echa a brotar”. Ahí aparece la idea de que todo cobra sentido cuando se comparte.

Entonces, esa palabra tan simple, hogar, me parecía que podía abarcar un poco todo el concepto del disco y de las canciones: el cuerpo, la tierra, el universo, los vínculos, la identidad y también ese encuentro con uno mismo.

O.c: O.c: Ayer, mientras escuchaba Camina ingratitud y Sanará la magia, los dos discos anteriores, sentía que Hogar tiene algo un poco más social, más atravesado por lo que está pasando hoy, y no tanto por lo individual o lo reflexivo. ¿En qué momento fueron apareciendo estas canciones? ¿Vos también sentís que hay algo de eso? Porque la idea de hogar, en este disco, parece ir más allá de uno mismo y tiene bastante que ver con lo comunitario, con ese hogar que construimos con otros.

P.B: Más, el punto principal es ese: el hogar como tribu, como comunidad. Creo que en este tiempo está faltando mucha empatía, y lo veo a mi alrededor: cuesta ponerse en el lugar del otro, en la piel de otre.

Desde mi lugar, intento estar cerca de eso. Mis canciones hablan de mi día a día y nacen de las vivencias, las sensaciones y las emociones que voy atravesando.

Por eso, para mí, es esencial ese sentido de hogar comunitario, de entender que también podemos encontrar un hogar en los otros y en lo que construimos juntos.

O.c: Una de las canciones que más me gustó del disco es “Cordillera y quebracho”. Me parece que es, quizás, la más política, porque aparecen los 30.000 desaparecidos, la salud, la educación pública y distintas cuestiones que tienen que ver con la realidad que estamos viviendo. ¿Qué lugar ocupa hoy la canción como herramienta para hablar de esa realidad e intervenir, de alguna manera, en lo social?

P.B: Sí, completamente. Es una canción muy explícita y va muy directa: habla de los 30.000, de los desmontes, de las Abuelas de Plaza de Mayo y también de las marchas. Yo soy una persona que, siempre que pueda, voy a marchar, voy a estar ahí. Acá en Córdoba se hacen muchas marchas, por el monte, por el agua, por todo lo que ya sabemos, y ahí estamos siempre.

Yendo un poco a lo propio, observé que estaban en duda ciertas cosas, como esto de los 30.000 compañeros y compañeras desaparecidas Y eso no puede ser. Siento que es importante mantener esa memoria, esa historia de nuestro país, para mis padres, pero también para las generaciones más chicas, para no repetir y no caer nuevamente en eso.

También está lo que estamos viviendo hoy, que me parece muy inhumano. Como siempre, el arte está para decir, para hablar desde un lugar de esperanza, de amor, pero también con mucha firmeza.

En mi primer disco, que se llama Nuestro ruidito, también hay algunas canciones que hablan un poco sobre esto y otras que hablan sobre distintas sensaciones.

O.c: O.c: Después hay otra canción que se llama “Viejos senderos”, que habla un poco de la lucha, de que vamos a luchar porque acá estamos como pueblo, para unirnos. Y también aparece esa idea de confiar en ese abrazo colectivo, esperanzador, que todavía está firme en nuestro país. Hay otra frase que me quedó resonando, que dice que “todo lo que hacemos cobra sentido cuando se comparte”. Y pensando en eso, en una época que muchas veces nos empuja hacia el individualismo, donde incluso estando con alguien podemos estar pendientes del celular y de las redes, ¿qué lugar sentís que ocupa hoy la canción frente a esa realidad?

P.B: : Sí, es muy difícil el presente que estamos habitando por la tecnología, pero creo que, con más razón, es muy importante la canción, la poesía, la melodía. Y también estamos en un momento donde la música está bastante lastimada en ese sentido, donde hay mucha música que domina el mundo desde un lugar medio vacío de contenido amoroso, de contenido social, que creo que es importante.

En mí, todo eso brota también por mis referentes, los de toda la vida. José Luis Aguirre, por ejemplo, con quien me he criado escuchando su música, y tantos de los más bellos que están acá, que además son gente cercana. También León Gieco, Mercedes Sosa, referentes que uno tiene como ejemplo y que, de alguna manera, te marcan un camino en cuanto a la poesía y a la interpretación.

O.c: Hablando de referentes, Raly Barrionuevo participa en Cordillera y Quebracho . ¿Cómo surgió la idea de invitarlo? ¿Fue algo que se dio de manera natural por el vínculo que tienen? Y también, ¿va a estar en alguna de las presentaciones del disco?

P.B: Raly me conoció hace un tiempo y, la verdad, todas las veces que nos hemos cruzado siempre se ha portado de una forma muy bella conmigo. Él me había dicho que, para lo que necesitara, contara con él.

El año pasado me invitó a la Peña Trashumante a cantar con él y, cuando se dio la oportunidad, le dije: “Raly, estoy por lanzar mi nuevo disco y me encantaría que seas parte”. Me dijo: “Obvio que sí, Pablo. Grabemos, y mucho más si son canciones tuyas”.

Así que fui a su casa y grabamos “Cordillera y quebracho”. Para mí es muy significativo que justamente esa canción tenga también su voz.

O.c: Recién mencionabas a Raly y José Luis como referentes. Son artistas que trabajan mucho desde la sencillez y la claridad, sin dejar de lado la poesía. ¿Sentís que hoy volver a una canción más directa también puede ser una forma de resistencia?

P.B: Claro, sí, completamente. Justamente hay una canción que se llama “El abrazo de hogar”, que habla de eso: “Volvamos a lo simple, busquemos la paz, donde el amor construye un puente al hogar”.

Yo creo que en la simpleza está el mayor sentido de vivir. En compartir un mate con un amigo, en sentarse, como dice José Olivá, a comer una mandarina al sol. En esas cosas simples creo que está lo principal. Y, justamente por todo lo que hablábamos antes, por la tecnología y este individualismo que estamos transitando, nos estamos alejando de eso.

Creo que hay que volver a los encuentros, a compartir, a recuperar ese vínculo con los demás. Entonces, sí, es un poco una resistencia a eso: volver a ese hogar, a ese hogar propio que nos pertenece y que también nos caracteriza. Pero, sobre todo, hay que habitarlo.

O.c: Recién mencionabas “Sentir mi hogar”, donde hablás de habitar los procesos para sanar. En una época que nos exige resultados inmediatos, y donde incluso la industria musical marca cuándo sacar un single, un disco o cómo promocionarlo, ¿qué importancia tiene hoy respetar los propios tiempos y correrse un poco de esa lógica de la inmediatez?

P.B Creo que es muy importante respetar los tiempos y procesos de cada persona. Cada uno tiene su propio tiempo, sus propios procesos, y para mí es fundamental habitarlos. Desde mi lugar, intento ir a mi tiempo, atravesar mis transformaciones y darme ese lugar.

También siento que hoy se están lanzando varios discos, pero quizás no estamos en un momento en el que la gente se siente a escuchar un álbum como era antes. Entonces creo que también es importante recuperar eso. A mí me gusta compartir lo que me gusta, lo que me hace bien. Esa es un poco mi verdad.

Eso puede tener otros tiempos, otros lugares, que quizás no vayan de la mano con lo que pide el comercio musical. Para mí, primero está el arte y después esto de compartir vivencias, pensamientos, llevar quizás algo de filosofía o decir concretamente algo que siento que es importante.

Me gusta vivirlo como algo que baja. No siento que estoy yo solo escribiendo, sino que hay otras fuerzas acompañando ese momento. Me gusta tener ese refugio, ese mundito propio donde, si bien es un momento solitario, siento que no estoy solo.

O.c: Otra de las canciones que me gustó mucho es “Luna de los Develados”. Yo la escuché como una invitación a dejarse llevar por el cuerpo, por el movimiento, por la música y el baile. ¿Cómo nació esta canción?

P.B: Eso tiene que ver con la importancia de la danza y de dejarse llevar, de no ponerle tanta mente. Y mucho más en esas noches de desvelo, cuando uno está ahí, sin poder pegar un ojo. Va un poco por ese lado  de déjate llevar, entregarse un poco, soltar la cabeza que todo el tiempo está pensando y quiere tener todo bajo control.

La compusimos junto con Pedro Vergara, que toca conmigo en mi banda hace mucho tiempo. Hicimos juntos la música y después yo hice la letra. También es hermoso poder compartir ese proceso con mi banda, con mis músicos, que están conmigo desde el primer disco.

O.c: O.c: Pensando en esta canción, ¿qué lugar ocupa para vos el baile como forma de liberación y también de conexión con los demás? Muchas veces un baile, una peña o un recital nos permite salir por un momento de nuestra realidad personal. Por ejemplo, pienso en la Peña Trashumante: uno va, disfruta, por un rato se corre de los problemas cotidianos y, al mismo tiempo, se conecta desde otro lugar con la gente, con la música y con quienes están tocando. ¿Qué importancia tiene para vos esa experiencia colectiva?

P.B: Me encanta habitar esos lugares y  la posibilidad de crearlos en comunidad. La Peña Trashumante, por ejemplo, es algo que existe hace más de veinte años y que logró generar eso. Pero también hay otros movimientos, como el loco del Dani, donde se genera algo muy bello.

Volviendo a lo que me decías de la danza, para mí es muy importante. Soy una persona que disfruta mucho de tocar y también de ver bailar a la gente. Así como disfruto de la escucha, creo que la danza también es parte de la música, y mucho más en el folclore, donde casi todo tiene su danza, su expresión.

Me gusta esa parte más tradicional, pero también romper un poco con los esquemas. Disfruto de las dos formas y de compartir ese lado con amigas y amigos bailarines, que siempre me acercan también a otra manera de vivir la música.

O.c: “Zamba del jugular” me pareció una de las canciones más personales del disco. Hay algo ahí de enfrentar los miedos, de pelear con la propia sombra. ¿Nace desde ese lugar? ¿Y qué relación encontrás entre esa lucha personal y la música como una forma de luchar?

P.B: Sin duda, representa una manera de luchar, de resistir y también de vivir. La canción dice en una parte: “Pelearé con mi sombra y seré un guerrero”. Creo que todos tenemos esa lucha interna con nuestros propios miedos, con nuestros pensamientos, con ese diálogo interno que a veces hay que atravesar. Y con los miedos soy partidario de ir hacia ellos: hay miedo, bueno, allá voy. Me convierto en un guerrero.

Lo pienso más desde un lugar espiritual, como un guerrero desde ese lado. Me gusta mucho leer sobre eso. Y en el estribillo dice: “Mi juglar bajará del cielo”. Siento que, a la hora de cantar y compartir la música, siempre hay algo más grande que nosotros que también se comparte.

Además, esa canción, como todo el disco, tiene un sonido bastante orgánico. Hay algunos trasteos de la guitarra que decidí dejar porque también son parte de eso: de nuestra vida, de un fogón, de una casa, de compartir. Esos sonidos que quizás no son perfectos también forman parte de la canción, y por eso decidí dejarlos en el disco

O.c: O.c: También siento que esta canción, cuando hablás de lo simple, invita a asombrarse con las cosas cotidianas, abrazar el momento y agradecer. ¿Qué lugar ocupa para vos esa capacidad de encontrar belleza en lo simple, en un mundo que muchas veces nos empuja a buscar siempre algo más, algo más sofisticado o extraordinario?

P.B: Intento todos los días habitar eso, la verdad. Es una tarea diaria para mí. Por suerte, uno puede encontrar belleza en cosas muy simples: en la mirada de un padre o una madre, en unos niños jugando, en un árbol que ves en una plaza y tiene un color maravilloso.

Intento cuidar ese lugarcito que esas cosas generan en mí y habitarlo. Me gusta mucho eso. Lo considero una tarea de por vida: estar en gratitud, desde que me despierto hasta que me voy a dormir. Es una búsqueda que me hace bien, que me conecta conmigo y que trato de sostener todos los días.

O.c: O.c: También está “Viejos senderos”, que tiene una fuerte impronta social y quizás sea una de las canciones más políticas del disco. Hay una pregunta por el poder, por cómo llegamos a perder cierta capacidad de pensar críticamente y por la manera en que la actualidad y los discursos pueden manipularnos. ¿En qué momento nació esta canción y qué querías poner en discusión con ella?

P.B: Sí, sí, completamente. Va muy directo sobre eso, sobre esa manipulación que siento que está y que se ha logrado en muchos lugares. Pero bueno, acá estamos, junto con el arte, como para preguntarnos: che, ¿por qué quieren todo el poder? ¿Por qué quieren solo el poder? ¿Por qué manejarnos, idiotizarnos?

Son preguntas que a mí también me vibran y que, justamente, llevo a la música. Y esta, en particular, es una canción que compuse a los 19 años. Es muy loco porque la tenía ahí y decidió ser parte de este disco.

Por algo no salió anteriormente y sí ahora. Así que eso también para mí significó mucho. Quizás hacía un tiempo que tenía que salir, pero tenía que salir ahora, para este presente que estamos viviendo.

O.c:  En lo personal, me gustó mucho “Ahicito en los encuentros”. Es una canción que, de alguna manera, invita a viajar, a dejarse sorprender por los encuentros. ¿Qué lugar ocupa para vos el viaje como forma de salir de la rutina y de las urgencias cotidianas? ¿Y cómo aparece esa experiencia también a la hora de componer?

P.B: Bueno, esa canción es como la sorpresa del disco, porque es una canción muy simple, tanto en la letra como en la música, o por lo menos a mí me generó esa sensación de simpleza. Y es fantástico ver la repercusión que ha tenido.

Como bien decías, soy una persona que disfruta mucho del viaje, de salir a los paisajes y sorprenderme con los caminos. Si tengo que ir a un lugar, no soy de esas personas que buscan antes en el celular imágenes para saber qué me voy a encontrar. Por ejemplo, si voy a San Rafael, Mendoza, me gusta llegar y encontrarme con el lugar.

La letra la compuse volviendo de Catamarca, en un viaje que hicimos con dos amigas bailarinas. Nació un poco de esa belleza de las costumbres provincianas que hay en nuestro país. Es hermoso: cada provincia tiene su toque único, algo que hace bello al lugar. Y ni hablar de los cerros, que a mí me gustan mucho; a veces me gusta subir a la montaña y estar un rato en silencio.

O.c: Recién me nombrabas que vas a estar tocando en otros lugares, más allá de Buenos Aires y Córdoba. ¿Cómo sigue el año? ¿Qué presentaciones tenés por delante? Y, pensando un poco en el verano, que suele ser un momento muy fuerte para la música popular y el folclore, ¿qué expectativas tenés para esos meses?

P.B: Arrancamos la presentación del disco y la gira este 12 de septiembre acá en Córdoba. El 18 vamos a estar en Mendoza capital y el 19 en San Rafael. Después saltamos a Octubre, donde voy a estar por distintos lugares de las sierras de Córdoba, y después vamos a Buenos Aires y La Plata.

En noviembre tenemos otras fechas en las sierras de Córdoba y también vamos a estar en Santa Fe y Rosario. Y el verano, obviamente, con muchas ganas de festivalear. Por ahí todavía no se me ha dado llegar a todos los festivales como a mí me gustaría, pero siento que muy pronto se van a dar esos encuentros.

Mientras tanto, seguimos preparando todo el verano, porque hay muchísimos lugares para tocar, trabajar y compartir. Así que estamos felices, con todo el equipo, de ir craneando lo que va a ser el verano.