Lara Pía y el desafío de cantar sin mapa

Después de varios años de transitar la música desde distintos espacios y proyectos colectivos, Lara Pía atraviesa ahora un momento de expansión de su camino solista. La salida de Todo esto que siento, su primer álbum, abre una nueva etapa para una artista que viene construyendo su identidad musical entre la canción de autor, la guitarra, la poesía y una permanente curiosidad por explorar aquello que sucede alrededor y también aquello que sucede puertas adentro.

Cantautora, guitarrista y compositora nacida en Santa Rosa de La Pampa y radicada en Córdoba, Lara forma parte de Nube de Magallanes, integra y dirige la murga de estilo uruguayo Enganchate Cancan y desde 2022 produce Puesto a Germinar, la celebración cordobesa dedicada a la obra de Gabo Ferro. Ese recorrido por espacios colectivos convive ahora con una búsqueda más personal, que ya había tenido un primer registro en el EP Huella Florida, publicado en 2023, y que encuentra en este nuevo disco una forma más amplia de expresión.

Producido por Rodrigo Carazo, Todo esto que siento reúne siete canciones escritas entre 2022 y 2025. El álbum apuesta por un sonido íntimo y por una escritura atravesada por la identidad, la vulnerabilidad, la aceptación, la introspección, el destino, los vínculos y la memoria. No nació como un disco conceptual, sino como el resultado de un conjunto de canciones que fueron acompañando distintos momentos de su vida y que, con el tiempo, encontraron una manera de convivir.

En ese recorrido aparecen Entre caldenes, donde la memoria de La Pampa se vuelve paisaje; Milonga para Neptuno, una canción nacida de la necesidad de reconstruir la historia de un abuelo al que nunca llegó a conocer; Corazón, donde un abrazo se transforma en una forma de comunicación; y Alzar el vuelo, atravesada por la necesidad de dejar de pedir permisos y animarse a seguir un camino propio.

Ese presente también se proyecta hacia nuevos escenarios. Lara se prepara para participar de la primera edición de Proliferación, un ciclo que reunirá sonidos vinculados al folklore, el pop/rock, el rock alternativo y el indie en un formato íntimo. La cita será el sábado 12 de septiembre en Sala 12, en Córdoba, junto a More Molteni y Luz Pereyra. Pero el calendario también incluye un viaje a Bariloche para participar de un mercado de música patagónico, nuevas colaboraciones y el próximo videoclip de Alzar el vuelo, grabado en la Legislatura Histórica de Córdoba.

Entre canciones que vuelven sobre el pasado y otras que parecen mirar hacia lo que todavía no existe, Lara Pía construye un recorrido sin demasiadas certezas. Quizás por eso una de las imágenes que aparecen con mayor fuerza en su obra sea la de viajar sin mapa: avanzar, probar, golpear puertas y aceptar que no todo puede estar previsto. A pocos meses de la salida de Todo esto que siento, conversamos con Lara sobre la construcción de una voz propia, la vulnerabilidad, la memoria, los vínculos, el azar y la posibilidad de transformar en canción aquello que, de otro modo, quizás resultaría más difícil de decir.

O.c: Los otros días le abriste el show al Plan De La Mariposa. ¿Cambia algo a la hora a la hora de estructurar tu show?

L.P: Si porque hay gente que está esperando meses para ver a su banda. O se da la situación que están ingresando al lugar, se saludan, se encuentran, va a haber gente que va a estar conversando, por ahí una a costumbre en otros conciertos que la gente haga más silencios, pero bueno, es  todo un contexto especial que me desafía un montón, ya lo he hecho otras veces. Hay  algo de esa situación que me gusta y me da adrenalina y siento que crezco cada vez que me sucede una 1 situación similar. Nunca han sido malas experiencias, siempre he sacado cosas buenas.

O.c: Venís de un recorrido muy ligado a distintos proyectos y espacios, como Nove de Magallanes y la murga Enganchate Cancán, y tenés más años de experiencia en esos proyectos que en tu camino solista. ¿Qué desafíos te plantea esta nueva etapa como Lara Pía y qué cosas sentís que aparecen ahora que quizás no estaban en esos otros recorridos?

L.P: Sí, tal cual. Sigo formando parte de ambos proyectos, Nube de Magallanes y la murga.

La verdad que la vida me va presentando los desafíos. Un poco los busco y algunos se presentan solos, y ahí hay que poner la mente en blanco y ser coherente con la situación en la que una se encuentra, si puede o no afrontar ese desafío. Por lo pronto, estoy disfrutando de que salió ya el disco hace dos meses.

Yo creo que en el camino de la música hay tantas cosas y tantas aristas en las que una puede adentrarse, aprender y curiosear.

Ya sea desde decir: “Me gusta cómo estoy escribiendo” o “Estoy conforme con cómo estoy cantando”. Entonces, capaz que ese año clases de canto lo voy a tomar y le dedico a poner todo mi equipamiento de guitarra, cuerdas, micrófonos, ampli, cuestiones, de pronto, más de herramientas a punto.

Pensaba viajar a Bariloche, a un mercado de la música, un mercado de música patagónico. Y, de pronto, me encontré con la situación de que yo no tengo una funda para meter en un avión. Entonces fue, de pronto: “Che, bueno, está bueno este desafío, esta oportunidad, esto que me han elegido para cantar en los showcases del mercado”, para decir: “Bueno, trato de buscar la forma de adquirir una carcasa dura para poder meter en las ruedas de los aviones”. A ver, ese es uno de los desafíos del camino que veo.

La verdad que hago canciones desde los 10 años. Entonces, es como que el proyecto solista comenzó siendo solista, en el medio se transformó, avanzó, y también hemos, con Nube y con la murga, recorrido escenarios súper grandes con un montón de gente. Entonces creo que eso obviamente me da un montón de valores y herramientas en el escenario para mi proyecto solista.

No quita que no sienta un montón de nervios cada vez que me intento ir a cantar, pero sí, las herramientas se van adquiriendo, y creo que estos espacios colectivos son de las mejores formas de vivirlo, entenderlo y compartirlo.

O.c: Me decías un poco sobre los nervios y sobre este disco que acaba de salir hace apenas unos meses, Todo esto que siento. Pero antes habías editado el EP Huella Florida. ¿Qué diferencias encontrás entre esos dos trabajos y qué sentís que cambió en vos y en tu manera de hacer canciones? Y, en ese proceso, ¿qué significó trabajar con Rodrigo Carazo en la producción? Para quienes no lo conocen, dentro del mundo de la canción y la canción de autor en Córdoba tiene un nombre muy reconocido. ¿Qué peso tuvo su mirada en el disco y de qué manera acompañó o guió tu proyecto?

L.P:  Totalmente. Mirá, Villa Florida lo produje con un súper amigo de Rodri, que es Gonza Sánchez, también músico, así que tiene un gran recorrido en la música y varios discos.

Cuestión que Gonza se va a vivir a México con su compañera Sofi. En un momento él estaba allá y yo le dije: “Amigo, quiero grabar nuevas canciones”, y me recomendó a Rodrigo Carazo.

Ahí empiezo a escuchar la obra de él y fue como: “Sí, estas canciones que tengo son muy familiares a su forma de cantar, de componer, de tocar la guitarra”. Y, bueno, en diciembre de 2023 le pregunté cómo se debía encarar este proceso. Yo no sabía si él hacía el trabajo de producción o si solamente se dedicaba a cantar y a hacer shows.

Fueron varias reuniones y, de pronto, terminamos grabando en La Granja, que es donde vive actualmente Rodri y donde tiene el estudio. Ahí sucedió toda la grabación y un poquito de la mezcla también. Después se la llevamos a Sebastián Palacios, que también estuvo masterizando Villa Florida.

Yo creo que eso hace un poco también al resultado que se pudo obtener de las mezclas finales y del resultado final del disco. Y me llevé un montón de aprendizajes.

Entonces, para este disco, tenía ganas de que fueran más canciones y de darle esa característica de que fuera un disco. Tenía un montón más de herramientas, pude proponer un montón de arreglos. Yo ya había aprendido a manejar lo que es Ableton, la grabación. Llevaba propuestas bastante resueltas, que eso también facilitó mucho el proceso de Rodri, de decir: “Che, esto está, o sea, no hay que volver para atrás en nada. Esto está bien, arrancamos de acá y solo queda mejorar la canción, sumar instrumentos”. Y, bueno, así termina saliendo Todo esto que siento.

O.c: Por la gente que me decís que trabajó en el disco, no sabía que estaba Sebastián Palacios. Te diría que es como el dream team actual de Córdoba, porque Sebastián debe ser uno de los productores más requeridos, de alguna manera. ¿Qué significó para vos trabajar con ellos?

L.P: Es que la verdad es que es muy profesional, muy amable, muy empático. Vos le estás llevando una parte de tu alma; Y el trato que él tiene, cómo te recibe, cómo se compromete con tu trabajo hace que realmente den ganas de atravesar ese proceso, además de aprender y de seguir.

Yo, al día de hoy, le sigo consultando cuestiones y él está ahí respondiéndome. O sea, no es solamente que está el vínculo del trabajo, sino que, en general, como son muchas horas las que pasás ahí, terminás, bueno, creando una amistad, digamos.

O.c: Tengo entendido que las canciones fueron escritas entre 2022 y 2025, es decir, que no son todas contemporáneas. Sin embargo, escuchando el disco aparece, de alguna manera, un hilo común: una invitación a mirar hacia adentro, a hacerse preguntas y también a aceptar algunas cosas del mundo o del ser que quizás no tienen respuesta. ¿En qué momento sentiste que todas esas canciones estaban unidas por ese hilo y que podían convivir dentro de un mismo disco, con un concepto en común?

L.P: Sí, tal cual, como decís. Hay algunas de las canciones que yo venía cantando desde 2022 y otras que sucedieron en el mismo proceso de la grabación, que comencé a escribir tal vez en 2024 y en 2025 cerramos y las grabamos.

No es un álbum conceptual. Yo, en mi descripción, hablo también de “antiálbum”, como dice David Aguilar, que es un cantautor que es un poco guía y maestro que siempre nombro. Es un mexicano que escribe hermoso.

Es una lección porque, de pronto, no es que él dice: “Voy a escribir de todo esto que siento, que sean todos vínculos sobre el amor”, pum, y aparece el disco conceptual.

Casualmente, esta frase está en una de las canciones y yo creo que terminó englobando todo, pero fue posterior. No es que fue una búsqueda, como te explicaba: elegir un título, un concepto y de ahí diagramar o recopilar las canciones que hablaban de eso.

Creo que es una búsqueda de canciones que yo estaba disfrutando de cantar, que me representaban en ese momento y que me representan hoy. Y que están muy cargadas de paisajes, de preguntas sin respuestas, de cuestiones filosóficas.

Porque, al fin y al cabo, mucho no sabemos cuál es la verdad de todas las cosas. Entonces, para seres que vivimos en comunidad, tenemos que acudir a ciertas reglas y acuerdos comunes para desarrollarnos. Pero, bueno, al final, las verdades más importantes ninguno las sabe todavía.

Nadie se puede parar en este momento, entonces me intriga. Me gusta mucho esa parte, verle siempre las dos caras a una misma situación. Y el juego de las palabras, creo que está cargado, sobre todo, de una profundidad poética.

Vengo de esa parte, antes de agarrar la guitarra, sin querer, sin saber lo que me esperaba acá en la escuela, pero escribía rimas en el concurso que se cruzara.

Tenía muchos libros de poesía en mi casa.

Así que, bueno, por ese lado se ve que me gusta la búsqueda en las canciones, de por ahí resaltar esos sentidos y juegos de las palabras y las frases, que no sean letras vacías.

No digo que tal vez mañana haga una canción que vaya por otro lado, que no se haga estas preguntas y busque tal vez un compromiso de cantar con el otro, un juego abierto más a eso.

O.c: Pienso en las canciones cuando son escritas: ¿cómo cambia una canción cuando pasa el tiempo y una canción que fue escrita en 2022 la publicás en 2025? Para el autor puede sentirse vieja, pero para el público es nueva, porque recién sale a la luz y empieza a circular. ¿Cambia en algo tu manera de ver o de sentir una canción cuando pasa ese tiempo entre escribirla y publicarla?

L.P:  Yo creo que no. La verdad, era como un tabú que una a veces del otro lado ve y le decís: “Che, El cielo de Los Piojos sigue cantando Tan solo. ¿Y cuánto hace que compuse esa canción?”. Y vos lo ves en el escenario y él la canta con las mismas ganas que la primera vez.

Lejos de compararlo con esa situación, porque estoy todavía años luz, pero hay algo que es único cada vez que lo cantás. Más allá de que la canción sea la misma, la situación en la que vos estás, desde que estás en formato solista o si estoy acompañada, y ni hablar del lugar. Puede ser al aire libre, puede ser cerrado, puede ser una feria, puede ser un lugar como la Plaza de la Música para 600 personas o puede ser una biblioteca para cinco amigas.

Digo, es tan relativa esa situación que a mí hoy no me hago esa pregunta. La verdad que disfruto y la siento. Al revés, la he pasado por el cuerpo y mis manos. Hay que intentar decir que voy con más seguridad y atenta a otros detalles que quizá antes se me pasaban de lo que es la interpretación de la canción, de volver a decir: “Che, yo escribí esto, porque ¿qué estaba sintiendo? ¿Qué estaba viviendo y atravesando en esta situación?”.

Y eso, en general, es lo que me hace elegir querer escribir canciones. Es como a modo de un relato, cuando mire para atrás dentro de varios años y vea eso. A modo de terapia también, y hacerse preguntas. Porque después la canción son unos versos, pero en el cuaderno quedan 40 versos más escritos.

Entonces, bueno, es un momento que yo trato de regalarme y de mantener lo más posible dentro de la rutina y el resto de los compromisos, también laborales y demás, que hay que ir ejerciendo.

O.c: Hay una de las canciones que me gustó mucho, Alzar vuelo, donde decís: “Hoy tu permiso no es necesario, solo deseo andar volando”. De alguna manera, ahí aparece una idea de emancipación, de desprenderse de algo para poder encontrar una voz propia. Y pensando un poco más allá de la canción, ¿qué tan necesario sentís que es hoy ese desprendimiento, en un mundo en el que muchas veces estamos guiados por la tecnología, por el deber ser, por mandatos o por recorridos que parecen estar marcados de antemano?

L.P:  Sí, sí, qué linda pregunta. No me habían hecho esa pregunta antes.

Sí, paradójicamente, no está escrita pensando en una persona, como por ahí sí me han dicho: “Che, ¿estás acá escribiendo esto?”. Y digo: “No, la verdad que es más hacia un compromiso conmigo misma, de dejar de lado presiones o, de pronto, qué dirá el resto, ¿no? Esa etiqueta de dejar de hacer cosas que querés hacer porque no sabés qué va a decir el que está mirándote”.

Sobre todo eso: “Doy tu permiso”, pero es un permiso que me estoy pidiendo a mí misma, ¿viste? Como: “Che, dejá de pensar en esto y ponete a trabajar y hacer las cosas, seguí tu camino”.

Y, al mismo tiempo, ir agradeciendo esa presencia y esa pregunta que apareció y ese permiso que me doy, porque también, de alguna manera, es premiado. Es, a ver, sentarse un segundo a también ver el recorrido y agradecer, y tenerte un poco también a vos mismo de empatía. Y, a ver, si tenés empatía con el resto, ¿cómo no tenerla con vos mismo? Y dejar de exigirte tanto. Era una búsqueda por ese lado.

Y, bueno, un poco de magia también, un poco de magia en el sentido de que sabemos que cuando uno dice “alzar el vuelo”, toda esa metáfora que está ya en nuestra cultura es, bueno, poder ir avanzando, ir avanzando.

O.c: También me parece que aparece algo de lo que venís diciendo en la canción: viajar sin un mapa. En un momento decís “mapa sin recorrido, viajo en silencio”. Y, de alguna manera, en un mundo donde todo parece estar tan estructurado y donde siempre hay un mapa que te indica hacia dónde ir, ¿qué significa hoy animarse a soltar ese mapa, a no tener un recorrido marcado y decir: “Voy y que suceda lo que tenga que suceder”?

L.P: Exactamente, exactamente. Sí, en eso me da mucha impresión, porque es lo que estoy sintiendo en este momento, de decir: “Che, yo esto no lo planifiqué, vamos para adelante”.

Hay cosas, sí, obviamente, que están planificadas. Es un poco y un poco, como yo, como buena libriana, en el día, porque somos la balancita. Tengo mi mundo de los sueños adentro y los pies en la tierra también.

Pero, en lo que es la música, el arte, el juego, a mí me gusta dejar bastante más al azar, a lo que dicte ahí el universo y las fichas que se van moviendo. No deja de ser también una construcción que fui haciendo de contactos, de gente, de amistades.

De pronto, de tomarme este permiso de agarrar Instagram, encontrar a Nicolás Barbour y decirle: “Che, ¿vas a cantar esta canción cuando vengas a presentar tu disco?”. Sí, me dice que no. Y le digo: “Bueno, si querés hacerla, a mí me encanta y yo podría cantarla”. Y me dice: “Bueno”. De ahí junté, o sea, cosas que jamás… no, o sea, inventadas.

No sé si me preguntás ahora, no sé si lo volvería a hacer o por qué lo hice en ese momento, pero digo, es una construcción que una va buscando y hay que golpear puertas y todo, pero no hay un destino final en este mapa.

O.c: Cuando me contabas que te animaste a escribirle a Nicolás Ibarburu, también pensaba en algo que parece muy propio de los cancionistas de los últimos años: esa posibilidad de compartir, de mandarle un mensaje a alguien por Instagram, encontrarse, hacer una canción juntos. Me parece que es algo muy de esta época, que quizás antes no sucedía de la misma manera. ¿Cuánto tiene que ver en eso la posibilidad de la virtualidad y de las redes sociales?

L.P: A mí me ha permitido hacerme amigos de varios lugares de Argentina, también de otros lugares, de pronto, y tener la posibilidad, en estos últimos años, de encontrarme con esas personas.

Esto de compartir los caminos, los procesos, las herramientas que me han servido a mí, cada vez que tengo la oportunidad de conversar con colegas o con gente que está comenzando, trato siempre de estar en esa, con esa apertura para conversar. También porque conmigo fueron de esa forma, porque me acercaron a aconsejarme, me acompañaron, me sostuvieron en presentaciones, digamos, gente que quizá tenía una carrera un poco más larga, más asentada en la música.

Pero sí, hoy Internet tiene esa posibilidad y me parece hermosa: compartir. Que escribí este pedacito de canción y la otra persona está pidiendo más, y te devuelve un audio y: “Mirá lo que sé yo…”. Bueno, y así vas compartiendo y también, nada, es la excusa para mantenerse en contacto con gente que una quiere. Un poco, un poco esa es la premisa en mi experiencia o en mi búsqueda.

O.c: El disco, al escucharlo, me transmite algo de vulnerabilidad. No sé si decir que es un disco vulnerable, pero hay algo de mostrarse, de decir “soy esto y no tengo problema en mostrarlo”, en un mundo donde muchas veces parece que todo tiene que ser de una determinada manera. Y, de hecho, eso se ve mucho en Corazón, cuando decís: “Me avergüenza a veces pedir que me abraces fuerte”. Me parece una frase muy fuerte, pero también muy necesaria en estos tiempos. ¿Sentís que, de alguna forma, el disco también es una reivindicación de la vulnerabilidad, de poder mostrarla y entender que también es necesaria?

L.P:  Ay, gracias. Gracias por haber sido tan detallista y tomarte el tiempo para la escucha atenta del disco. Eso no tiene precio, porque es para eso que trabajé durante mucho tiempo y muchísimas horas.

Sí, y eso es un poco lo que soy también. Más que ponerme a escribir sobre esta situación, son relatos y cuestiones que me pregunto, que me suceden y que observo. Observo cómo cura un abrazo, cómo podés conocer a una persona en el momento en que la estás abrazando. Pueden pasar tantas cosas: desde que la persona no quiera, hasta que sea un abrazo cortito, hasta que, bueno, no te mire a los ojos. Hay tanta información en ese momento como para conocerse entre las personas.

Entonces, el abrazo me parece una herramienta por ese lado, un modo de comunicación, y también porque durante mucho tiempo, con esto de la pandemia, no lo pudimos sostener. Y sí, creo que es una de las formas de contacto más amorosas que tenemos como seres humanos.

Entiendo que a los argentinos nos reconocen esto de abrazarnos, de saludarnos, de estrecharnos las manos. Dicen que por ahí se saludan más cordialmente en otros países. Pero el abrazo, la verdad, siendo sincera, me parece una forma muy sana de contacto. Cuando abrazás unos segundos de más, la otra persona puede terminar dejándose también, ¿no? Sin saber que lo necesitaba.

O.c: Pienso en el disco, en las canciones, y muchas veces siento que dicen cosas que, de otra forma, quizás no me animaría a decir. Y pienso que vos también decís cosas en las canciones, ya sea para vos misma, para una persona o para quien sea, que quizás de otra manera no dirías o no te animarías a decir. ¿Sentís que la canción también funciona como un lugar donde podés decir aquello que de otra forma te costaría expresar?

L.P:  Totalmente. Acabas de descubrir de descubrir la esencia de  mis canciones. No tengo nada más para agregar.

O.c: De hecho, me sucedió lo mismo con algunas canciones tuyas, como me sucedió, por ejemplo, con la obra de Gabo Ferro.  Recuerdo la primera vez que escuché ¿Por qué no llorás un poco?,  para mí, es una canción que dijo algo en un momento que yo podría haber dicho y nunca dije, o que quizás no sentía. Y eso es único, de alguna manera.

L.P:  Totalmente. Gabo es un tema aparte en mi vida. Tuve la posibilidad de verlo en vivo y es una de las cosas que guardo en mi memoria con más amor.

Junto a otros amigos acá en Córdoba hemos reunido esa fuerza y le hacemos un homenaje todos los años. Ya este va a ser el quinto o sexto año que hacemos Puesto a germinar.

Y justo desde La Hojarasca, le mando un beso a Santi y a Paulina, que son quienes llevan adelante la biblioteca, la librería. Nos decían: “Chicos, hagamos este año, acá está todo disponible para que volvamos a hacer este encuentro”.

Nos parece súper necesario. Cantamos, recitamos y bailamos y, bueno, es multidisciplinario el encuentro, pero todo alrededor de la obra de Gabo, porque parece que sigue diciendo cosas totalmente aplicables hoy en día.

O.c: Otra de las canciones que me gustó es Milonga para Neptuno. ¿Cómo nació esa canción? Me parece que es, no sé si decir, distinta al resto del disco, pero personalmente la sentí diferente desde lo sonoro. ¿Qué había detrás de esa canción y de esa búsqueda?

L.P:  Esa es una de las últimas canciones que compuse. Neptuno era mi abuelo y, paradójicamente, le encantaba el mar. Tan es así que todos los años la familia iba y, todos los años de mi vida hasta hoy, sostuvimos ir a pasar la fiesta allá, a Monte Hermoso, al mar.

Es un lugar que queda en la provincia de Buenos Aires, pero que es el mar más próximo que tiene Santa Rosa, que es de donde yo vengo, Santa Rosa de La Pampa.

Hay muchas estrofas que no quedaron en la canción. Y lo más importante que quería decir quedó ahí plasmado.  La verdad que el proceso de escritura fue llevándome hacía la milonga.  

Fue una de las canciones que también me hizo hacer una búsqueda de material de quién era mi abuelo. También de ir enterándome de otras cosas. Fue hermoso.

Bueno, él falleció antes de que yo nací, así que no tuve la posibilidad de escucharlo ni de que supiera que le escribí una canción. Pero mi abuela pudo escuchar esa canción y compartimos unas charlas sobre mi abuelo. Fue súper hermoso, muy fuerte.

Es de las canciones que la gente ha recibido con más amor. Es la que más escuchas tiene. Todavía no puedo sacar muchas conclusiones porque es muy pronto, pero sí creo que tiene una magia especial.

La voy a estar cantando ahora, el  12.  En esa canción también hay algo de vulnerabilidad que vos nombrabas anteriormente, y de contar la historia,  de vivir  tantos años en contacto con lo que es el agua que también me llega muy, muy profundo.

O.c: Digo, en tus canciones, ¿cuánto hay del lugar de donde sos, de La Pampa? Porque, de alguna manera, siento que está muy presente, aunque sea de forma sutil, a pesar de que ya hace más de diez años que vivís en Córdoba. Y en una de las canciones, Entre caldenes, por ejemplo, lo noté mucho. ¿Qué lugar ocupa La Pampa en tu manera de escribir y de mirar el mundo?

L.P: Esa canción es de las más viejitas. Medio que estamos haciendo un pin pon entre la más nueva, y Entre caldenes, que es de las más viejitas.

Esa canción la hice en un taller de canciones con Juan Saraco. En la pandemia empecé a escribirla y la terminé de armar en el 2022 y la debo haber cantado por primera vez ese año.

El caldén es el árbol nativo de la provincia de La Pampa.  La ciudad está rodeada de caldenes, que son árboles nativos de una zona muy seca. Entonces, obviamente, desarrolla espinas, hojas chiquititas y unas cortezas súper grandes, que son todas particularidades que tienen las zonas áridas, porque eso permite que se retenga el agua más tiempo. Tienen raíces más profundas para buscar agua y pasan largos momentos sin lluvia.

Es patrimonio cultural y no se pueden cortar estos árboles, está prohibido. Así que, es un árbol muy vistoso y que está en todas las plazas.  Si te alejás un poquito del centro y vas a encontrar caldenes.

En mi casa de la infancia había todo un espacio verde adelante. En vez de jugar en el patio, nosotros jugábamos adelante, en ese espacio verde, que era compartido con las vecinas. Eran como 20 metros y esto llevaba a la calle. Y en ese espacio verde había caldenes y jugábamos ahí.

O.c: Bueno, para no robarte más tiempo, se viene este show del viernes y después el show propio, el más largo, el 12. ¿Cómo sigue el año? ¿Qué tenés proyectado para los últimos meses y para el año que viene? ¿Hay planes de seguir tocando, quizás con alguna mini gira por el interior durante el verano?

L.P: Sí, tengo ahora planeado un viaje a Bariloche, a este mercado que te conté hace un rato. Ahí espero poder hacer muchos contactos y encontrarme con colegas de Chile, Colombia, Brasil y conversar con ellos. Eso me parece una de las cosas más interesantes y próximas que van a pasar, algo que no me ha sucedido antes.

Después también estamos preparando un videoclip de Alzar el vuelo, que lo grabamos en julio, en la Legislatura Histórica de Córdoba. Así que estamos haciendo esa devolución y espero, antes de fin de año, mostrarles esa producción.

También estoy grabando un single con otro colega de la canción que es de Bariloche. Compusimos una canción juntos y nos hemos escuchado varias veces en este camino de la música.

Y respecto a los toques, estoy con Fer Cruz, que es otro cantautor de Córdoba, planeando hacer algo juntos. Y en el verano me encantaría ir al encuentro de La Serena, que es el festival de la canción que se hace en Uruguay.