Rubén Rada murió a los 83 años y deja una obra demasiado grande para resumirla en una canción, un género o en un solo disco. Durante más de cinco décadas, hizo del movimiento una forma de entender la música: llevó el candombe al rock, al jazz, al funk, a la murga y a la canción popular, pero también llevó todas esas músicas de regreso al candombe.
Su importancia no está solamente en haber sido uno de los grandes nombres de la música uruguaya. Rada fue un músico que amplió las posibilidades de una tradición sin perder nunca su raíz. Desde El Kinto y Opa hasta sus discos solistas y sus colaboraciones, fue dueño de un lenguaje propio, reconocible y profundamente rioplatense. Para muchos Rada fue más allá de sus canciones y sus discos reconocido por su particular forma de ser y de interpretar la música.
Por eso, más que hacer un repaso biográfico, proponemos volver a escucharlo a través de ocho discos. Ocho momentos diferentes elegidos de forma tal vez caprichosa por nosotros pero que creemos permiten seguir un poco todo su recorrido musical desde el nacimiento del candombe beat, la experimentación con el jazz y el funk, su vínculo con la canción popular, el humor y la murga, sus encuentros con Eduardo Mateo, Javier Malosetti y, finalmente, esa búsqueda permanente de llevar el candombe hacia otros territorios.
Rada (1969): antes de que existiera Rada
En Rada, su primer disco solista, todavía no está completamente armado “el Rada” que conocemos, pero ya aparecen casi todas las semillas de lo que después va a desarrollar. Está el cantante, el percusionista, el compositor, el humorista y, sobre todo, está esa necesidad de no quedarse quieto dentro de un solo género. El disco funciona así como una fotografía de un músico que como sabemos siempre se mantuvo en la busqueda constante de nuevos sonidos, pero pero que en este primer disco ya tiene una identidad dificil de confundir.
Rada llegaba a este debut después de una experiencia decisiva junto a Eduardo Mateo en El Kinto, grupo que había comenzado a cruzar candombe, rock, música brasileña y psicodelia. Esa búsqueda aparece también en Rada, aunque todavía de una manera más abierta y despareja. Hay candombe, pop, canción melódica, bolero, jazz y humor. Para muchos el atracrtivo de este disco es que no responde a una fórmula.
Escuchado hoy, puede resultar extraño encontrar tanta variedad en un mismo álbum. Pero esa variedad permite entender algo- Rada todavía no había encontrado el sonido que lo definiría, porque estaba probando hasta dónde podía llevar una canción.
En el centro del disco aparece “Las manzanas”, quizás la canción que mejor anticipa el camino que vendría. Rada la compuso para Musicasión 2, a partir de una invitación de Eduardo Mateo, y la presentó esa misma noche. La respuesta del público fue inmediata y terminó convirtiéndose en uno de los primeros grandes éxitos del candombe beat.
Pero “Las manzanas” también muestra otra característica que acompañaría a Rada durante toda su carrera: la capacidad de hacer popular una idea musical sin volverla solemne. La canción es sencilla y pegadiza.
El resto del disco permite encontrar otras piezas de ese rompecabezas en canciones como “Ahora sí puedo gritar”, “Amigo”, “Qué tonto soy” y “Escapa” muestran a un artista que todavía está experimentando con diferentes registros. Incluso el popurrí “Guantanamera/Una lágrima tuya” habla de la cantidad de intereses de un cantante que no pareció nunca procupado por las fronteras musicales.
La producción estuvo a cargo de Manolo Guardia lo que lleva al disco por momentos hacía terrenos cercanos al jazz y melodicos que lo alejan un poco del sonido con el que hoy identificariamos a Rada como es el candombe beat.
El definitiva Rada es el disco de un músico que parece estar buscando su propia formula buscando que puede hacer con todas las músicas que hay a su alrededor. quizas ahí esté la mayor riqueza de Rada.
Después vendrían Opa, el jazz, el funk, la murga, el rock, la canción popular, Brasil, Argentina y decenas de colaboraciones. Pero muchas de esas búsquedas ya están acá, aunque todavía aparezcan dispersas.
Magic Time (1977): cuando Rada llevó el candombe a otro territorio
Si Rada / Las manzanas muestra el nacimiento del Negro rada y su voz, Magic Time muestra hasta donde es capaz de llegar con su voz. Grabado en Estados Unidos en 1977 por Opa, el grupo de los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso junto a Ringo Thielmann, en este disco deciden incorporar a Rúben Rada como integrantes integrante estaable en voz y percusión. Estamos ante uno de los cruces más i nteresantes de la epoca entre el candombe, el jazz, el rock y la música afroamericana rioplatense.
Si bien estamos ante un grupo de música de Jazz- Rock, en Magic Time el candombe no es un elemento más, es parte de la esctructura misma del grupo y de las canciones lo que le dío por esos años un aire fresco al grupo gracias a la llegada de Rúben Rada. La batería, el bajo, los teclados y la percusión construyen un sonido eléctrico y sofisticado, pero debajo de esa experimentación sigue latiendo una raíz montevideana.
Rada tiene además un protagonismo compositivo enorme. El disco reúne apenas cinco piezas largas: “Mind Projects”, “Camino”, “La cumbia de Andrés”, “Montevideo” compuestas grupalmente, mientras que «Malísimo pertenece exclusivamente a Ruén Rada.
Quizás ahí este lo fundamental de este disco, Rada no entra a Opa para dadaptarse a lo que ya estaba hecho, sino para darme otro aire de lo que venía haciendo el grupo. “Montevideo” es probablemente el mejor ejemplo. Una canción larga, construida sobre un groove que convierte a la ciudad en paisaje sonoro. Es el Montevideo musical, atravesado por el candombe y proyectada hacia un universo de jazz y psicodelia. Con el tiempo se transformó en una de las canciones más representativas de la música uruguaya.
Después está “Malísimo”, una de las canciones que Rada más valoraba de toda su carrera. Él mismo llegó a decir que era la mejor canción que había compuesto y que prefería especialmente la versión de Magic Time.
Pero no podemos dejar de nombrar Mind Projects, porque e la canción donde aparece el Rada más experimental, la composición mezcla distintas texturas y ritmos. Años después, Rada recordaría que prácticamente todas las músicas del disco habían nacido de sus propias composiciones, que desarrollaba durante las noches con un pequeño grabador mientras estaba en Europa.
El disco, sin embargo, no tuvo el éxito comercial que merecía. Opa terminó disolviéndose algunos años después y Magic Time quedó durante mucho tiempo como una obra de culto.
Por eso Magic Time es imprescindible para entender a Rubén Rada. Porque muestra que su aporte no fue solamente popularizar el candombe o convertirlo en canción. Rada ayudó a demostrar que desde Montevideo también se podía hacer música de vanguardia, mezclar géneros, dialogar con el mundo y seguir sonando profundamente uruguayo.
En Familia: El disco donde Rada empezó a sonar a Rada
En familia (1982) es otro disco clave para entender la transformación de Rubén Rada. Si Magic Time muestra su costado más experimental y la capacidad de llevar el candombe hacia el jazz y el funk, acá aparece un Rada más popular, más canción y más cercano a la escena argentina, sin abandonar la mezcla de géneros que siempre fue parte de su identidad.
El disco fue grabado en Buenos Aires y producido por Litto Nebbia, una figura fundamental para entender la relación de Rada con la música argentina. Esa sociedad también resulta significativa porque Nebbia entendía la canción popular desde un lugar abierto al rock, el jazz, el folklore y los ritmos latinoamericanos, un terreno en el que Rada se movía naturalmente.
Hay algo muy interesante en En familia: Rada no necesita abandonar el candombe para ampliar su público. Lo incorpora dentro de canciones más directas, con melodías pegadizas, humor y una fuerte presencia de la vida cotidiana. Es un disco donde el virtuosismo queda puesto al servicio de la canción.
Entre los temas más importantes aparece “Blumana”, uno de los grandes clásicos de su repertorio. También están “Martuan”, “Ómnibus”, “Lo bueno es lo malo” y “Muriendo de plena”, canciones que muestran diferentes caras de un compositor que podía pasar del humor al groove y de la observación cotidiana a la celebración de la música popular.
La canción “Blumana” es especialmente interesante porque concentra algo muy propio de Rada la capacidad de construir una canción accesible sin volverla sencilla musicalmente. Hay ritmo, humor, arreglos y una voz que parece estar permanentemente jugando con la canción.
También hay que escuchar “Ómnibus”, porque el universo de Rada está muy ligado a esas pequeñas escenas urbanas. El transporte, la calle, los personajes y las situaciones cotidianas aparecen transformados en canción. Es una característica que después se volvería todavía más fuerte en gran parte d su obra.
El título En familia también puede leerse como una declaración de principios. Rada construye un disco en el que las distintas músicas se sientan en la misma mesa. Y eso es importante dentro de su recorrido.
Terapia de murga (1991): Rada convierte la vida cotidiana en canción
Si hay un disco que permite entender el costado más popular, humorístico y cotidiano de Rubén Rada, ese es Terapia de murga. Editado en 1991 y producido por Litto Nebbia, el álbum encuentra a Rada en un momento en el que ya había recorrido el candombe beat, el jazz, el funk y el rock, pero empieza a llevar toda esa experiencia hacia un formato más directo: la canción popular.
El título ya funciona como una declaración de principios. La murga aparece como una forma de mirar la vida o mejor dicho como terapia ante la vida.
La canción que da nombre al disco es probablemente el mejor ejemplo. “Terapia de murga” juega con el lenguaje de la psicología para hablar de las relaciones, las inseguridades y esas pequeñas neurosis que forman parte de la vida cotidiana. Rada contó que algunas de las ideas surgieron de escuchar a su esposa mientras estudiaba psicología. El resultado es una canción que transforma el consultorio en carnaval y convierte la murga en una especie de terapia colectiva.
Pero lo interesante en Rada es que el humor funciona como una forma de observarse a sí mismo. Hay una mirada sobre el ser humano, sobre sus contradicciones y sobre esa necesidad permanente de entender por qué hacemos lo que hacemos.
Musicalmente, el disco también representa una síntesis. Después de años de experimentar con distintos géneros, Rada consigue que candombe, murga, funk, rock y canción convivan sin que ninguno parezca estar fuera de lugar. En este disco la idea de fusionar estilo queda rezagada porque todos los estilos juntos forman una nueva identidad.
Además de “Terapia de murga”, aparecen canciones como “La rutina mata”, “Melanco”, “Aprepárate”, “Sudamérica: continente musical” y “El éxito”, que permiten recorrer diferentes estados que van desde la ironía y la observación social hasta la melancolía y la celebración de la música latinoamericana.
En “La rutina mata”, por ejemplo, puede leerse como otra de las obsesiones de Rada, la vida cotidiana como algo que puede ser pesado, repetitivo y absurdo, pero que también puede transformarse en canción. Es que a lo largo de su vida Rada supo agarrar uan situación aparentemente normal y encontrarle ritmo, un personaje y una historia y con ese hacer una canción.
También hay una dimensión rioplatense muy fuerte. Aunque Rada siempre estuvo abierto a la música del mundo, acá vuelve a aparecer con claridad esa relación entre calle, barrio, murga, candombe y canción que atraviesa buena parte de su obra.
Por eso Terapia de murga es más que el disco que contiene uno de sus grandes clásicos. Es la síntesis del Rada experimental y el Rada popular empiezan a ser exactamente la misma persona.
Candombe (1996): Rubén Rada entre el jazz, el funk y los tambores
En 1996, Rubén Rada volvió a encontrarse con una figura importante de su historia musical, el saxofonista uruguayo Héctor “Finito” Bingert. El resultado fue Candombe, un disco que se mueve en ese territorio que Rada había explorado durante toda su carrera: el punto de encuentro entre el candombe, el jazz, el funk y la improvisación.
La relación entre ambos músicos venía de mucho antes. Bingert había sido parte de S.O.S. (Sonido Original del Sur), el grupo que Rada integró durante su etapa en Buenos Aires a comienzos de los años 70. Aquella experiencia mezclaba jazz, soul, funk, rock y ritmos latinoamericanos cuando esas combinaciones todavía resultaban difíciles de ubicar dentro de una escena musical.
Más de veinte años después, Candombe recupera parte de ese espíritu, pero desde otro lugar. Rada ya no es el músico que está buscando cómo combinar esas músicas porque la mezcla ya se había convertido en su lenguaje.
El disco abre con “Candombe”, una extensa pieza de más de siete minutos que funciona como una declaración de principios. El título parece sencillo, pero el ritmo uruguayo aparece rodeado de espacio para la improvisación y el desarrollo instrumental. Bingert puede desplegar su lenguaje jazzístico mientras Rada sostiene la identidad rítmica desde la percusión y la voz.
Después aparece “Terapia de murga”, una de las canciones fundamentales del repertorio de Rada. Pero acá sucede algo interesante, la canción abandona el formato directo y festivo que tiene la versión original. acá la versión es un poco más extensa. Dura más de seis minutos y permite que el espíritu de la canción entre en conversación con el lenguaje instrumental de todo el disco. Esccuhar está versión es entender que Rada nunca pensó sus canciones como esttructuras cerradas.
En “Funkdombe”, esa filosofía aparece directamente en el título. El candombe y el funk no son dos géneros que se encuentran de manera excepcional, forman una misma palabra y, por extensión, una sola música.
También resulta significativo “La Vuelta de Rada”. El título tiene algo de celebración y de regreso. Rada había recorrido Europa, Argentina, Estados Unidos y distintos escenarios musicales, pero una y otra vez volvía al candombe como punto de partida. Y ahí aparece una de las características centrales de su obra. Rada nunca entendió el candombe como una música inmóvil. Lo llevó al rock con El Kinto y Totem, al jazz y el funk con Opa y S.O.S., a la canción popular, a la murga y después a innumerables cruces con otras músicas.
Candombe puede escucharse, entonces, como una especie de conversación entre dos músicos que compartían una historia y una concepción abierta de la música. Bingert aporta el lenguaje del jazz y Rada aporta una identidad rítmica y vocal que hace que todo vuelva a Montevideo.
Si están pensando en un disco hitero este sin duda no lo es. Pero lo lindo de este disco radica en escuchar como se construye una música cuando los géneros borran sus fronteras. Y quizás por eso resulta tan importante dentro de la obra de Rada. Porque demuestra que incluso cuando el candombe está en el centro, Rada nunca está haciendo solamente candombe.
Varsovia (2007): Rada vuelve a jugar
Si Rada (1969) mostraba a un músico que todavía estaba buscando su identidad, Varsovia muestra qué ocurre cuando ese músico, casi cuarenta años después, ya tiene una obra enorme detrás pero sigue teniendo ganas de probar.
El disco fue registrado en vivo en La Trastienda de Buenos Aires en abril de 2007, junto al bajista Javier Malosetti y su trío, integrado por Hernán Jacinto en teclados y Oscar Giunta en batería. El proyecto había nacido un año antes, después de que Rada y Malosetti coincidieran en el programa Música para soñar y tocaran “Georgia on My Mind”. La química fue inmediata y terminó convirtiéndose en una serie de conciertos y, finalmente, en este disco doble.
Lo interesante de Varsovia es que Rada vuelve a mirar su propio repertorio, pero no para reproducirlo con nuevas texturas. Canciones de diferentes momentos de su carrera aparecen atravesadas por el lenguaje del jazz, el funk, el blues y la improvisación. El resultado es un disco en vivo que funciona casi como una conversación entre dos generaciones y dos maneras de entender la música.
Malosetti, además, era un admirador de Rada desde joven. En una entrevista contó que, cuando comenzaron a preparar el repertorio, Rada le dejó elegir las canciones y él, en pleno “modo fan”, terminó seleccionando casi todo material de Rada de las canciones del disco, apenas tres son composiciones de Malosetti.
Por eso Varsovia tiene algo de autorretrato involuntario. El repertorio recorre distintas etapas de Rada: aparece “Dedos”, “Muy lejos te vas”, “Que no le compro yo”, “El Negro Chino”, “Ayer te vi”, “Malísimo”, “Candombe para Gardel” y “Blumana”. También hay una versión de “Esa tristeza”, de Eduardo Mateo, que devuelve a Rada a una parte fundamental de su historia: El Kinto y los orígenes del candombe beat.
La canción “Malísimo” es especialmente significativa. La canción había formado parte de Magic Time, el histórico disco de Opa, y casi treinta años después vuelve a aparecer en otro contexto. Pero el Rada que la interpreta ya no el mismo que estaba explorando el jazz y el funk desde Nueva York, ahora tiene décadas de experiencia y una obra que le permite tocarla con otra libertad.
Algo parecido ocurre con “Candombe para Gardel”. La canción ya había sido una de las grandes muestras de su capacidad para cruzar tradiciones. En Varsovia, esa identidad vuelve a encontrarse con el jazz y la improvisación.
Por su lado “Georgia on My Mind”, funciona casi como el punto de partida conceptual del proyecto. La canción, popularizada por Ray Charles, había sido el tema que Rada y Malosetti tocaron cuando se conocieron.
El propio formato del disco también es importante. Varsovia no busca la perfección del estudio. Busca el riesgo del vivo, hay diálogos entre los músicos, cambios de tempo, momentos de improvisación y hasta intervenciones humorísticas de Rada. Esa dimensión era parte de su personalidad y también una de las razones por las que el disco transmite la sensación de estar viendo a los músicos construir la música delante del público.
El nombre Varsovia pertenece a una de las composiciones de Malosetti, “Varsovia Stomp”, y terminó identificando al cuarteto. El título puede parecer extraño para un disco tan ligado al Río de la Plata, pero funciona justamente porque el proyecto tampoco pretende encerrarse en una geografía musical determinada. Hay Montevideo, Buenos Aires, Nueva Orleans, jazz, blues, funk y candombe conviviendo en el mismo escenario.
Por eso Varsovia resulta tan importante dentro del recorrido de Rada. No es un disco de nostalgia, aunque esté lleno de canciones de su pasado. Es un disco sobre la posibilidad de volver a una canción y descubrir que todavía puede cambiar.
As noites do Rio / Aerolíneas candombe (2021): Rada cruza el río
Si buena parte de la obtra de Rúben Rada puede entenderse como intentos por borrar las fronteras musicales del Río de la Plata, en As noites do Rio es una de las expresiones más claras de esa busqueda. El disco publicado cn el 2021 mira hacía Brasil y especialmente hacía Rio de Janeiro, pero lo interesante es que lo hace sin abandonar la raíz uruguaya que atraviesa toda su obra.
El proyecto nació de uan deuda personal del músico uruguayo. Rada quiso hacer durante años un disco en portugués como homenaje a su madre, Carmen Silva, nacida en Santa Ana do Livramento, en la frontera entre Uruguay y Brasil. Para concretar su deuda eligió trabajar con el poeta y letrista Ronaldo Bastos, con quien luego de intercambiar varias composiciones le dieron forma al albúm. Rada contó que llegó a mandarle casi todo el material en menos de una semana.
Esa historia familiar hace que el disco tenga una dimensión especial. Rada no está mirando a Brasil desde afuera, lo está mirando desde su propia historia.
A lo largo del disco aparecen el samba, el baião, la canción brasileña y distintos ritmos de raíz afroamericana, pero siempre filtrados por la percusión y la sensibilidad uruguaya. Él mismo rechazaba que su música pudiera ser encerrada en una sola categoría y prefería definirse como un artista de world music.
El título alternativo, Aerolíneas candombe, resume justamente esa operación. El candombe funciona como el punto de partida desde el cual Rada viaja hacia otros territorios. No se trata de abandonar Montevideo para llegar a Río, sino de llevar Montevideo hasta Río.
Muchas de las canciones que componen el disco nacieron a partir de composiciones que Rada ya tenía guardadas. Algunas fueron recuperadas y transformadas para el proyecto, mientras Ronaldo Bastos aportaba las letras en portugués. Es decir, el disco también funciona como una especie de relectura de su propio archivo musical.
También hay algo profundamente político, Rada entiende la cultura rioplatense como algo que se construye cruzando fronteras, absorbiendo influencias y devolviéndolas transformadas.
Por eso el homenaje a su madre termina convirtiéndose también en un homenaje a ese territorio cultural compartido entre Uruguay y Brasil. Carmen Silva llegó a Montevideo con sus hermanas y nunca pudo regresar a Brasil. Décadas después, su hijo hace el viaje en sentido contrario a través de las canciones.
Quizás por eso As noites do Rio sea un disco particularmente significativo dentro de la obra de Rada: a los 77 años, cuando podría haberse dedicado simplemente a repasar sus clásicos, eligió volver a cruzar una frontera.
Y esa fue siempre una de sus mayores virtudes. Rada no entendió la tradición como un lugar donde quedarse quieto, sino como un punto desde donde salir a explorar.
En As noites do Rio, ese viaje tiene destino brasileño, pero el pasaporte sigue siendo el mismo: el candombe.
Candombe con la ayudita de mis amigos: llevar el candombe a todas partes
A lo largo de los años, El negro siemre demostró su amor por la música popular y por algunos compositores, de hecho en varios discos grabo versiones increibles de canciones como Dos Gardenias, Cafe la humenedad, Tomo y obligo, Mil horas, Será que la canción llego hasta el Sol, Solo se trata de vivir por nombrar solo algunas.
Pero hasta Candombe con la ayudita de mis amigos nunca había llevado a esos músicos que el admiraba al candombe. Despues de más de cidndo décadas de carrera, Rada ya no necesitaba demostrar que podía mezclar generos, tal vez por eso decidió dar un paso más allá, demostrar que cualquier canción y porque no cualquier músico puede abordar el candombe a su manera y por eso se atrevió llamar algunos de sus amigos para que interpretaran uno de sus exitos al ritmo del candombe. Entre los invitados aparecen Fito Páez, Fernando Cabrera, Pablo Milanés, Julia Zenko, Coti Sorokin y Sebastián Teysera de la Vela Puerca, entre otros.
El concepto había sido explicado por el propio Rada mucho antes de que el disco estuviera terminado. Su preocupación era que el candombe, a diferencia del reggae o la bossa nova, no había alcanzado una circulación internacional equivalente. Su apuesta consistía en algo sencillo: si canciones conocidas podían convertirse en candombe, quizás esas mismas canciones fueran una puerta de entrada hacia el género. Y el disco demuestra que la idea funciona.
El caso más evidente es “11 y 6”, de Fito Páez. La canción conserva su identidad, pero la percusión modifica completamente su andar. Rada no intenta convertirla en una canción uruguaya. Y ahí está uno de los grandes méritos del proyecto, entender que versionar no significa copiar ni disfrazar una canción, sino descubrir qué puede pasarle cuando cambia su ritmo.
Con “El Viejo”, junto a Sebastián Teysera de La Vela Puerca, ocurre algo parecido. El rock uruguayo se encuentra con una de sus raíces rítmicas y la canción adquiere otra textura. Es como si Rada hiciera visible una conexión que siempre estuvo ahí, el rock uruguayo y el candombe llevan décadas dialogando.
Uno de los momentos más emotivos es “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés. Rada reconoció que tenía mucho respeto por el cantante cubano y que estaba especialmente asustado de versionar una canción de alguien a quien admiraba tanto. La grabación terminó siendo una de las últimas realizadas por Milanés antes de su muerte en 2022.
También aparece Fernando Cabrera, otro compositor fundamental de la canción uruguaya. En Candombe con la ayudita de mis amigos, Rada lleva “El tiempo está después” hacia un tempo mucho más rápido y demuestra algo que resulta central para entender el disco, el candombe puede encontrarles otra forma de respirar a las canciones..
Hay algo casi pedagógico en el proyecto, Rada quiere enseñar el candombe haciendo música, no explicándolo. Mostrar que puede convivir con una canción de Fito Páez, con una composición de Cabrera, con una balada de Perales o con un clásico de Manzanero.