Desde Rosario y con 25 años de recorrido, Matilda construyó una identidad propia dentro de la música independiente argentina. Nacida en 2001, en un contexto atravesado por la crisis social y por una escena donde predominaban el rock barrial y las canciones de protesta, la banda eligió otro camino, el pop, la electrónica y el baile como herramientas para hablar también de su tiempo.
El proyecto está integrado por Manuel «Checho» Godoy y Ignacio «Nacho » Molinos, quienes a lo largo de estos años fueron construyendo un sonido en el que conviven el pop electrónico, la canción, los sintetizadores y las melodías bailables, con letras que mantienen una mirada atenta sobre la realidad y los cambios de época. Esa combinación se convirtió en una de las principales marcas de Matilda, canciones capaces de invitar al movimiento sin resignar profundidad.
A lo largo de su discografía, desde Formas de inventar nuestro destino hasta Bailando en la tempestad, el proyecto fue transformando la premisa del baile y el pensamiento en una forma de hacer canciones que combina melodías bailables con preguntas sobre la realidad, la incertidumbre y los cambios de época. Sin caer en el panfleto, Matilda encontró en la ambigüedad y la poesía una manera de abrir sentidos y permitir que sus canciones se resignifiquen con el paso del tiempo.
En este 2026, mientras celebran sus 25 años de trayectoria con un nuevo trabajo que recupera distintas canciones de distintas etapas de su historia un poco más aggionardas a los nuevos tiempos. Mientras Matilda continúa llevando esas canciones a distintos escenarios del país. En ese recorrido, la banda llegará a Córdoba el sábado 22 de agosto para presentarse en Pétalos de Sol, donde ofrecerá un repertorio que recorrerá diferentes momentos de su discografía y que tendrá al baile como uno de sus principales.
La fecha cordobesa será también una oportunidad para volver a escuchar en vivo canciones que forman parte de distintas etapas del proyecto y comprobar cómo ese universo de pop y electrónica continúa dialogando con el presente. Porque, después de un cuarto de siglo, Matilda conserva una idea que atraviesa toda su obra, que una canción puede ser al mismo tiempo un espacio para bailar, pensar y hacerse preguntas.
Repasamos juntoa Checho parte del camino recorrido, la evolución de la banda, la escena independiente que los vio crecer y la necesidad de seguir sosteniendo una propuesta artística al margen de las lógicas de la industria. También adelanta los próximos proyectos, entre ellos un nuevo disco de canciones inéditas, y cuenta cómo preparan los shows, qué lugar ocupa la discografía en el repertorio y por qué el vínculo con el público sigue siendo fundamental.
O.C.: ¿Contanos un poco cómo se están preparando para el show en Pétalos el 2?
Checho: Justo este año estamos cumpliendo 25 años. Nosotros arrancamos a tocar en 2001 y lo que empezamos a hacer este año fue regrabar canciones de nuestra discografía. Hicimos una especie de compilado con parte de nuestro repertorio habitual en vivo: una selección de canciones de diferentes épocas, en las que regrabamos las voces, los bajos y algunos sintetizadores. También les agregamos algunas cosas nuevas, pero fuimos bastante respetuosos de las producciones tal como habían sido concebidas originalmente.
Creo que antes de fin de año va a salir un álbum con ese material. Y, obviamente, cuando vamos a Córdoba —que generalmente lo hacemos una o dos veces al año— tratamos de que los shows tengan muchas canciones y, en lo posible, que sean bien bailables.
O.C.: Matilda nació en Rosario en 2001, en un contexto social muy complejo y en una escena donde predominaba un rock más contestatario y barrial, con bandas como Bersuit, Las Manos de Filippi o Callejeros. Ustedes, en cambio, apostaron por una música más pop, electrónica y bailable, en una línea que puede conectarse con Virus o Los Encargados. Hoy vemos esa impronta mucho más presente. ¿Sienten que Matilda abrió un camino para esa nueva generación? ¿Cómo ven ese recorrido desde 2001 hasta hoy?
Checho: No sé si abrimos el camino, pero, en todo caso, fuimos parte de una escena musical que, como bien decís, es deudora, sobre todo, de Virus, Los Encargados y de esos proyectos de los años 80.
A fines de los 90 y principios de los 2000, el panorama de la música joven argentina tenía mucho más que ver con las bandas que vos mencionás. De hecho, nosotros íbamos a los recitales de Bersuit y Divididos. Pero tímidamente empezó a aparecer una escena más vinculada al cantautor pop, la electrónica y el indie. Ahí podríamos mencionar a Adicta, Francisco Bochatón o Leo García. Miranda! también estaba en ese momento, aunque todavía no tenía la popularidad que alcanzó después. Creo que nosotros, desde Rosario, fuimos parte de esa movida que con el tiempo se fue haciendo más popular y mainstream.
Cambió todo desde 2001 hasta acá, socialmente. Nosotros tenemos, obviamente, 25 años más y hay otra gente más joven haciendo música, con otra mirada y otra forma de percibir la realidad. Pero siento que hay una continuidad estética en ese sentido. Hoy podríamos decir que hay un público mucho más amplio que el que había cuando nosotros arrancamos.
Mientras tanto, nosotros procuramos seguir siendo fieles a nuestras convicciones estéticas y, por suerte, seguimos tocando y pasándola bien haciendo lo que nos gusta.
O.C.: Repasando la discografía de Matilda, desde Formas de inventar nuestro destino hasta Bailando en la tempestad, se nota una continuidad, pero también distintas etapas y una evolución en la manera de componer. Hay discos con una búsqueda más cancionista y otros más electrónicos. ¿Cómo sienten ustedes esa evolución? ¿Qué fue cambiando en la banda a lo largo de estos años?
Checho: Yo también lo creo. Imaginate que, para nosotros, que somos dos personas que no estudiamos música ni tuvimos una formación académica o formal, la banda, además de ser un grupo y un proyecto musical, también fue un laboratorio y una escuela. Disco a disco fuimos aprendiendo muchas cosas, tanto en lo compositivo como en la producción, las programaciones y las cuestiones de sonido.
Entonces, obviamente, desde Formas de inventar nuestro destino, de 2005, hasta Bailando en la tempestad, de 2023, hubo una evolución. Creo que aprendimos a hacer canciones y encontramos una manera propia de trabajar esa artesanía de crear canciones, sin perder nuestra identidad.
O.C.: Recién hablábamos de la energía de Matilda y de esa tradición de Virus: una música que invita a bailar, pero también a pensar. En Bailando en la tempestad aparecen canciones más oscuras, atravesadas por la incertidumbre del presente, pero que mantienen esa invitación al baile. ¿Qué importancia tiene hoy el baile como forma de expresión y, al mismo tiempo, de reflexión?
Checho: Esa fue una de las primeras premisas que surgieron cuando empezamos a pensar el proyecto con más seriedad. Dijimos: “Queremos hacer música bailable”. Nosotros siempre fuimos habitués de fiestas clandestinas, donde se pasaba mucha música techno y electrónica. Nos gustaba mucho eso, pero también vivíamos una realidad y un momento, como fue el 2001 y todo el período posterior, que de alguna manera nos interpelaba y no nos permitía hacernos los tontos frente a lo que estaba pasando.
Entonces nos pareció que podíamos combinar las dos cosas: hacer canciones bailables que, a la vez, estuvieran diciendo algo o, al menos, generaran una pregunta sobre cómo están las cosas, qué está bien, qué está mal o que despertaran algún tipo de inquietud. Que no fuera simplemente algo contemplativo.
A nosotros las canciones de protesta nos parecían medio un plomo. Si bien muchas veces acordábamos con el contenido, algunas eran muy de cantautor y nos aburrían un poco. Entonces pensamos que también tenía que existir una canción que nos hiciera bailar y pensar.
O.C.: También hay algo interesante en Matilda: romper con la idea de que el pop es una música pasatista o superficial. En sus canciones hay una mirada política, pero no necesariamente explícita ni panfletaria; muchas veces queda abierta a la interpretación. ¿Dónde creen que está el límite entre una canción que busca transmitir un mensaje y una canción que termina siendo panfletaria? ¿Cómo trabajan ustedes ese equilibrio?
Checho: Creo que siempre hay que dejar un lugarcito para la ambigüedad, o al menos para el misterio, y no darle todo cerrado a quien nos escucha. Que las personas puedan encontrar diferentes significados en las canciones y las letras.
A mí no me gusta mucho ser explícito. Si bien hay momentos en los que puedo serlo más que en otros, siempre trato de que haya algo de lírica, de poesía, y que no todo esté tan cerrado. Prefiero que la canción sea algo abierto, que dé el puntapié hacia otra cosa. De lo contrario, se vuelve bastante predecible y aburrida.
O.C.: El otro día pensaba en “Lejos del centro”, en el paisaje de Villa Moreno y en cómo aparece ahí la violencia que atravesó y atraviesa a Rosario. ¿Qué cosas los interpelan hoy como Matilda y cómo vuelven a mirar canciones que hicieron hace 20 años, 10 años o incluso hace tres? ¿Sienten que cambiaron ustedes o también cambió el significado de esas canciones?
Checho: Esto tiene que ver un poco con lo que te decía antes. Siempre tratamos de que las canciones sean algo abierto, que no cierren nada, sino que funcionen como una especie de punto que abre hacia otros puntos. Por eso las canciones se van resignificando. Pasa el tiempo y, al no ser tan explícitas, adquieren diferentes significados.
El momento en el que vivimos siempre hace que escriba canciones que, de alguna forma, tienen que ver con el contexto que estoy atravesando. No exclusivamente con lo político, lo social o lo económico, aunque obviamente todo eso es muy importante. Hay algo que siempre te interpela de la época en la que estás viviendo.
Creo que una de las cosas que más me interpelan en este momento, y a la que no le encuentro una respuesta clara, tiene que ver con este momento de confusión en el que vivimos. A veces no sabemos para dónde salir disparados ante tanta información y tanta estimulación. Las cosas ya no están tan claras. Creo que nunca estuvieron muy claras, pero este es un momento en el que menos claras tenemos las cosas.
O.C.: ¿Esas inquietudes se traducen, en algún punto, en un nuevo disco?
Checho: Nosotros, además del compilado que va a salir este año, también estábamos preparando canciones nuevas. Pero, con esta cuestión de hacer el disco de reversiones, dejamos el otro un poco en stand by. De todos modos, está bastante avanzado: ya tenemos un puñado importante de canciones y lo estamos trabajando de a poco.
También procuramos que el proyecto sea lo que es. Si bien nunca le perdemos el paso, tampoco intentamos forzar nuestros tiempos, que son los mismos que tenemos que compartir con nuestra familia y nuestro trabajo. Creemos que la forma más saludable de sostener un proyecto es no querer acelerar los procesos.
Vamos al tiempo que podemos, pero como es algo que nos gusta mucho, tratamos de sostenerlo: seguir tocando, encontrándonos y haciendo canciones nuevas.
O.C.: Una colega de Rosario me decía que Matilda es, de alguna manera, una banda de culto. Ustedes llevan más de 20 años en la escena independiente, sosteniendo un camino propio. ¿Cómo viven hoy esa permanencia y qué significa para ustedes haber construido la carrera de esa manera?
Checho: Cuando arrancamos a tocar en 2001 tampoco había muchas alternativas. Como hacíamos un género que en ese momento no era muy habitual y no había tantos proyectos trabajando desde ese lugar, tuvimos que hacernos nuestro propio espacio.
Ese ejercicio hizo que, con el tiempo, aprendiéramos a organizar nuestras propias fechas y giras, a negociar con la gente que nos contrata y a ocupar distintos roles dentro del proyecto. Nosotros hacemos desde las canciones hasta los flyers, somos nuestros propios managers y mezclamos nuestros propios discos. Todo lo que hacemos tiene una impronta muy ligada a nosotros.
También entiendo que no todo el mundo tiene ganas de hacer todas esas cosas. Hay otras formas de llevar adelante una carrera y no son mejores ni peores. Pero, bueno, la nuestra es esta.
O.C.: Ya para ir terminando, ¿cómo están pensando el show y el repertorio? ¿Cómo hacen para elegir las canciones y qué lugar tendrá la discografía en esa lista?
Checho: Siempre tenemos una serie de clásicos que tocamos en todos los shows. En ese sentido, nosotros nos ponemos del lado del público, sobre todo porque muchas veces también somos público cuando vamos a ver otras bandas, y cuando uno va a ver una banda le gusta escuchar los clásicos. De todas maneras, siempre tratamos de poner algunas pequeñas perlas, canciones un poco más raras dentro del repertorio.
Pero siempre apostamos fuerte al baile. Es inevitable terminar bailando porque la parte más fuerte es cuando la gente baila e interactúa. Es algo que a nosotros también nos gusta mucho y nos sale muy natural.
Va a ser un show donde vamos a hacer canciones de todos los discos, pero sobre todo apostando mucho al baile.
O.C.: Después de Córdoba, ¿qué se viene?
Checho: Ya tenemos una fecha acá en Rosario y otra en Santa Fe. Después, como te comentaba, vamos a ver si los tiempos dan para hacer la presentación del disco por los 25 años y posiblemente estemos volviendo a Córdoba antes de fin de año.