Pescado Rabioso fue, sin duda, una de las experiencias más intensas y breves del rock argentino. La banda liderada por Luis Alberto Spinetta tuvo apenas tres años de vida (1971-1973), pero dejó una huella desproporcionada si la medimos con su corta duración. Con discos como Desatormentándonos y canciones que se volvieron referencia, entre ellas “Me gusta ese tajo”, el grupo marcó un giro hacia un sonido más crudo, psicodélico y pesado dentro de la escena local de aquellos años.
En Días de Pescado: Spinetta, la psicodelia y el rock pesado (Gourmet Musical), el periodista Nicolás Igarzábal —autor también de libros como Cemento, el semillero del rock, Mas o Menos Bien. El indie argentino en el post cromañon (2004-2017), Catupecu Machu a Kilómetros de hoy, La bomba musical. Los Brujos y la explosión del rock alternativo en los 90, Grabado en estudios panda entre otros — reconstruye la historia de Pescado Rabioso a partir de archivos y testimonios de músicos, allegados y testigos de época. El libro aborda tanto el recorrido musical como el contexto en el que surgió el grupo, en años atravesados por fuertes tensiones políticas y sociales, como el gobierno dictatorial de Lanusse y lo que significó la vuelta de Perón.
Lejos de ser solo una etapa de transición entre Almendra e Invisible, Pescado Rabioso aparece como un proyecto con identidad propia. Igarzábal lo define como una “supernova”: una formación breve pero de gran impacto, que combinó potencia sonora, experimentación y una estética particular.
Sobre ese proceso de investigación, el lugar de Pescado Rabioso en la obra de Spinetta y la vigencia de su legado, conversamos con Nicolás Igarzábal..
O.c: El libro empieza poniendo en contexto histórico el comienzo de Pescado Rabioso, plena dictadura, La vuelta de Perón, la creación de Montoneros, un momento social difícil y álgido. Por esos años tambien aparece león gieco, Porchetto, el primer disco de David Lebón post pescado con un sonido tal vez más tranquilo. ¿En qué creés que colaboró ese momento para el nacimiento de Pescado Rabioso, un grupo que dejaba por ahí una música más naif, si se quiere, por algo más psicodélico y pesado?
Nicolás Igarzábal Era una época cruda y se necesitaba un sonido más potente, gritar más, tocar al palo. Había otras cosas para decir. Y si bien Pescado no era una banda panfletaria, hablaba de la paranoia, la violencia y la tempestad. A su vez, la vuelta de Perón generaba euforia y esperanza para los jóvenes, un sentimiento de liberación, sobre todo para la camada de Spinetta, que se había criado de dictadura en dictadura y nunca había votado. Pescado también canalizó esos vientos de cambio, por más que después toda esa efervescencia haya terminado mal.
O.c: A lo largo del libro aparece cierta incomodidad tanto de la prensa como del público frente a Pescado Rabioso. ¿Por qué creés que costaba entender la propuesta en ese momento?
Nico: Porque el Flaco venía de “Muchacha (ojos de papel)” y una propuesta más tenue con Almendra. Por más que el segundo disco de la banda era más rockero, no habían podido despegar mucho esa faceta porque ahí ya se separan. Y después salió “Spinettalandia y sus amigos”, que era una mezcla de estilos, más que un nuevo camino para Spinetta. Entonces Pescado fue una novedad total para el público, con canciones más aguerridas, que podían durar 10 minutos, ahogadas en un mar de distorsión, hablando de monstruos marinos, serpientes y larvas. Muy lejos de la ternura de niños dormidos, campos verdes y “pechos de miel”.
O.c: Hay figuras que seguramente muchos jóvenes no conocen, como Miguel Grinberg y Jorge Pistocchi, claves en la carrera de Pescado. ¿Quiénes fueron Pistocchi y Grinberg para la banda y para el rock en general?
Nico: Grinberg y Pistocchi fueron los pistones de Pescado Rabioso y también hay que sumar a Oscar López. Los tres se ocuparon de la producción de recitales en una época de mucha violencia entre el público, dominada por una suerte de barrabravas llamados Firestones, que copaban lugares a la fuerza y rompían puertas y butacas. Grinberg, Pistocchi y Lopez le dieron rodaje a la banda, básicamente “inventaron” lugares donde no había rock y los convirtieron en espacios para su desarrollo. Y también instalaron ciclos como La Semana de Pescado Rabioso, donde tocaban de lunes a domingo, algo clave para darse a conocer en sus comienzos y ganar adeptos.
O.c: En el libro definís a Pescado Rabioso como una banda destacada por su intensidad y corta duración. ¿Qué creés que hizo que ese tiempo alcanzara para dejar una huella tan potente en la historia del rock argentino?
Nico: Su obra. En menos de un año grabaron dos discos muy diferentes entre sí que se volvieron clásicos, pensemos en “Me gusta ese tajo”, “Post-crucifixión” y “Despiértate, nena”. Desatormentándonos son solo cinco temas, una bomba de neutrones. Pescado 2 es más profundo y más variado, muestra distintas caras del grupo, entre la locura y la calma. Y encima después viene Artaud, el cierre perfecto para Spinetta. Son tres discos imbatibles y que cualquier persona que los escuche hoy por primera vez, en 2026, se va a conmover de alguna forma.

O.c: A partir de archivos y múltiples testimonios, reconstruís una etapa muy documentada pero también mitificada. ¿Con qué prejuicios o ideas previas te encontraste al empezar la investigación?
Nico: Siempre parto de la idea de que no hay nada nuevo para contar sobre el tema, que ya está todo escrito y, en vez de desmotivarse, lo tomo como un desafío eso. Entonces busqué huecos en la historia de Pescado y fui a fondo con eso a ver qué aparecía: algún show que no se tenía registro, un colaborador del grupo que nunca haya hablado, recuerdos de fans, entrevistas que quedaron en los diarios de los ‘70 y nunca nadie rescató. Esa es mi premisa siempre, aportar algo nuevo dentro de un tema conocido, alguna perlita que sorprenda.
O.c: Pescado aparece entre Almendra e Invisible en la cronología de Spinetta, pero con una identidad muy distinta. ¿Qué elementos hacen que esa banda tenga un peso propio más allá de ser un “puente” en su carrera?
Nico: La época. Pescado se forma en un mundo post-Beatles, donde reinan Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple. Ese era el sonido del momento, así como Almendra queda más ligado a los Beatles. E Invisible después, si querés, al progresivo y al jazz rock. Y el otro elemento fundamental: las letras. En Pescado, por más que seguía con su poesía surrealista, Spinetta podía cantar “Me gusta ese tajo que ayer conocí, ella me calienta, la quiero invitar a dormir” con una soltura absoluta. Había licencia para desbocarse en el imaginario que él mismo se inventó con Pescado. Después, por ejemplo, con Jade, era todo más contenido y prolijito.
O.c: A más de 50 años, Pescado Rabioso sigue reverberando en artistas muy distintos, incluso fuera del rock. ¿Qué creés que tiene ese repertorio para seguir siendo reinterpretado y resignificado hoy?
Nico: Simpleza y complejidad a la vez. Hay temas bluseros y uno podría pensar que son fáciles, pero hay todo un andamiaje detrás que lo llevan hacia un costado más profundo. Entonces, en primera escucha, hay temas de fácil digestión y que pueden cautivar a cualquier que se acerque de entrada, pero en el fondo hay todo un mensaje, una filosofía y una época que te atrapa. Pescado es un viaje de ida, no conozco gente que lo haya descubierto y después minimizado. Una vez que entrás, su universo es infinito, por eso sigue sonando hasta el día de hoy y siempre va a haber pibes y pibas que se acerquen. Tenía 22 años el Flaco en esa época y esa vitalidad te pega siempre.
O.c: A la distancia, ¿qué nos dice hoy Pescado Rabioso y qué lugar ocupa en la historia del rock argentino y la cultura?
Nico: Es una banda pilar de los ‘70, representativa del primer lustro, junto a Pappo’s Blues y La Pesada del Rock and Roll. Ese magma de rock, blues y psicodelia, con letras voladas y tapas de discos fascinantes, todavía dice cosas, habla de la eternidad y de lo efímero, de gritar y patalear, pero también encontrar la belleza en una flor o en un amanecer. Después se ponen de moda los dúos acústicos y el rock sinfónico, la cosa cambia. Pero Pescado es una parada obligada para cualquiera que se meta en la historia del rock en Argentina.
O.c: En el libro aparece un Spinetta atravesado por una etapa “oscura” y “caótica”. ¿Cómo trabajaste ese costado más íntimo sin caer en el mito o la simplificación?
Nico: Hablando con gente que haya curtido esa etapa a la par suya, por ejemplo, Victor Kesselman, fotógrafo que se fue a Europa con él, o el mismo Pomo Lorenzo. Y también me interesaba su propia mirada, con la distancia del tiempo, que volcaba en entrevistas, libros y documentales. Trato siempre de no mitificar, ni simplificar.
O.c: ¿Qué significa Artaud en la vida de Pescado Rabioso, pensando que más que un disco de la banda es un disco solista de Spinetta bajo el nombre del grupo?
Nico: Artaud es la sepultura de Pescado, el cierre de esos años tan agitados de Spinetta. Se edita con el nombre de la banda por un tema contractual con el sello grabador, pero es un disco 100% suyo, rodeado de tres Almendras y su hermano Gustavo. Se respira un clima hogareño, es un disco que huele a madera, mientras los de Pescado eran pura electricidad.

O.c: En el libro están las voces obviamente de sus compañeros como Osvaldo “Bocón” Frascino, Black Amaya, David Lebón y Carlos Cutaia. También aparecen Emilio del Guercio, Rodolfo García, Pomo Lorenzo, Javier Martínez, Litto Nebbia, Lito Vitale, León Gieco, Daniel Melero, Ana Aizeberg y Miguel Ángel Sosa. ¿Cómo fue la elección de las personas que decidiste incluir en el libro? ¿Quedó alguien afuera que te hubiera gustado tener?
Nico: Me los iba dictando la historia misma a medida que investigaba y escribía. La primera línea eran los músicos, esos hablan hace años del tema, pero trataba de ir a fondo, de preguntarles cosas distintas, buscar y acercarles material que ellos no conocían. Después venían sus colaboradores y cercanos, por ejemplo, la novia de Spinetta de ese entonces o el ilustrador que hizo la tapa de Desatormentándonos. Y en la tercera línea venían los fans, que me parecían importantísimos; muchas veces tenían más data que los propios músicos. Gente que los vio en tal club de su barrio, y que para la banda quizás fue un show más dentro de tres que tenían esa noche, pero para el fan, fue la noche de su vida. Y de los que me hubiera gustado entrevistar que no pude: Norberto Orliac. El técnico de los estudios Phonalex, que grabó los discos de Pescado y Artaud, y tantos otros clásicos del rock argentino. Solo pude recoger testimonios de músicos que me hablaron muy bien de él. Un personaje súper misterioso, que murió en España.

O.c: Venís de escribir sobre La Máquina de Hacer Pájaros, una banda que, si bien no es igual, comparte el mismo período histórico y un integrante importante como Carlos Cutaia. ¿Qué semejanzas y diferencias encontrás entre ambos proyectos como para haber decidido escribir sobre ellos?
Nico: La Máquina fue el disparador para escribir este de Pescado, me motivó a seguir explorando los ‘70, aunque unos años más atrás. Son como libros hermanos de alguna forma, porque reflejan años de transición de Charly y Spinetta, llenos de dudas, aciertos y errores. Hay muchos libros y documentales sobre momentos gloriosos de un artista; yo me enfoco más sobre momentos bisagra, me parecen etapas más humanas, más reales, y menos analizadas.
O.c: ¿Spinettalandia y Artaud funcionan como momentos de transición: el primero hacia Pescado Rabioso y el segundo desarmando la banda en lo que vendría después con Invisible?
Nico: Sí y no. Spinettalandia presagia el sonido pesado de Pescado Rabioso, que se nota en temas como “Castillos de piedra”. Pero Artaud no es el comienzo de Invisible, es más una burbuja suelta, un pequeño-gran metejón acústico que se permite cada tanto, como pasa después con Kamikaze en los 80s y el MTV Unplugged en los 90. Son momentos en que Spinetta busca desligarse de todo y apostar por la simpleza, dejar más desnuda su poesía. Pequeños recreos dentro de sus intrincados discos.
O.c: Su viaje a Europa también marcó, en cierto modo, a Pescado Rabioso. ¿Pareciera que necesitó descargar cierta energía o algo de esa experiencia?
Nico: El viaje fue su “coming of age”, como se le dice en la literatura a las novelas de iniciación. Fue romper el cascarón y salir al mundo, con apenas 21 años. Fue probar suerte en otro territorio, alejarse de su familia y sus amigos, él quería ir a Inglaterra y hacer carrera allá, medirse con los grandes. No pudo entrar por un tema migratorio, pero seguramente hubiera encontrado su lugar, como Moris en Madrid y Miguel Abuelo en París.
O.c: Quienes te seguimos o tuvimos la posibilidad de entrevistarte varias veces sabemos que casi siempre andas trabajado en proyectos y colaborando en distintos medios… ¿hay algo a futuro que estes pensando en escribir?
Nico: Sí, me gustaría escribir sobre Pappo, creo que linkea muy bien con Pescado; es un personaje que inspira mucho al Flaco y que vale la pena bucear en su historia, más allá de los hitos que ya conocemos todos. Hay que buscar bien, alguna perlita va a aparecer.

