Radicada desde hace años en Estados Unidos, la contrabajista argentina Laura Camacho se ha consolidado como una de las principales referentes del tango en ese territorio. Su trabajo combina con naturalidad la práctica artística, la formación académica y la construcción de comunidad. Hoy lidera su propia orquesta, impulsa el Athens Tango Project. que fundó en 2012 y dicta cursos, seminarios y workshops en distintas universidades.
Formada en el Conservatorio Manuel de Falla y actualmente dedicada también a la investigación en etnomusicología, Camacho construyó un recorrido singular que la llevó desde Buenos Aires a ciudades como Athens (Georgia) y más recientemente Austin (Texas), ampliando su influencia en la escena musical estadounidense. Allí no solo difunde el repertorio clásico, sino que promueve nuevas composiciones como las de su disco Todo tiempo pasado y trabaja activamente en transmitir aquello que vuelve al tango una expresión única, incluso en contextos donde todavía es una rareza.
Al frente de la Orquesta Típica Camacho, el primer ensamble tradicional de tango en Norteamérica dirigido y nombrado en honor a una mujer ha hecho que su figura articule tradición e innovación. Gracias a su dirección donde dialoga tanto la herencia tanguera de Juan D’arienzo como la sensibilidad contemporánea, atravesada por su experiencia como docente y su mirada Musicológica. En paralelo, su tarea como formadora y gestora ha sido clave en el crecimiento de la escena, donde músicos, bailarines y público empiezan apropiarse del género desde una perspectiva propia.
Aprovechamos la salida de su último trabajo discográfico para charlar con Laura sobre los desafíos de enseñar y tocar tango afuera de Argentina y la manera en que sus dimensiones artísticas y académicas terminaron por integrarse en una misma práctica.
Otra Canción: Hace varios años que estás radicada en Estados Unidos, donde abordás el tango tanto en escenarios artísticos como en ámbitos académicos. ¿Cómo dialogan esas dos dimensiones en tu trabajo? ¿Cómo se siente el tango en Estados Unidos?
Laura Camacho: En un principio abordé los escenarios artísticos norteamericanos con mucha ingenuidad; yo pensaba que ensayando se arreglaba todo, porque venía de esa realidad. Todos mis logros habían sido como contrabajista, y mi liderazgo se limitaba a enseñar contrabajo, cuerdas graves, y algún ensamble en las orquestas juveniles de Buenos Aires. En base a mi experiencia, darle a alguien grabaciones y una partitura o lead sheet, era todo lo que se necesitaba para llegar al ensayo preparado. Tuve que darme la cabeza contra la pared un tiempo para comprender que mis músicos necesitaban mucho más de mí para crecer. Tuve que pensar la música desde el punto de vista de gente que no solamente venía al tango virgen como intérprete, sino que en la mayoría de los casos no había oído más que Libertango en algún lado. Este proceso me resultó muy útil cuando me empezaron a contactar de escuelas, universidades, y festivales para dar charlas y conciertos. Eventualmente pude preparar a mis colegas para que explicaran su rol no sólo desde la técnica de sus instrumentos, sino desde lo musicológico también. Cada vez que ellos explicaban su instrumento y su función, yo seguía aprendiendo, y esa retroalimentación tan linda continúa de alguna manera hasta hoy, como si navegáramos los marcos teóricos desde adentro. Todo lo que escribo cuenta algo que se puede conectar con el hacer musical como actividad concreta.
El tango en Estados Unidos se siente como esa banda que tu amigo hipster dice haber descubierto antes que su círculo: no la conoce nadie, pero está creciendo con un grupito de 40 músicos adeptos que la siguen religiosamente. Hay algunos ensambles comunitarios, y un par de cursos donde la gente pasa una semana trabajando repertorio con profesores argentinos para tener ese contacto directo con la fuente. Hay mayormente tango milonguero, pero también se trabaja tango nuevo como Piazzolla, y compositores contemporáneos argentinos como Ariel Pirotti o Julián Graciano. Del 2023 a esta parte estrené varias obras mías para festivales o a pedido de ensambles y obras de teatro. En cuanto a milongas, las hay en muchas ciudades. Ahora hay más maratones y festivales también, mucha gente viaja los fines de semana para bailar en maratones de tango. Tengo que mencionar a Mónica y Gustavo de Esquina Tango, ya que ahí debutamos con la Típica Camacho.
De acá a unos años veo una escena tanguera salida de nuestra orquesta escuela. En unos meses de ensayos, ya teníamos alumnos haciendo fechas para bailarines argentinos en una ciudad, mientras yo tocaba con los alumnos de otro estado en un festival. Ambos organizadores quedaron muy contentos y nos volvieron a llamar. Hace un año, la mitad de mis estudiantes hoy convertidos al tango no conocían el repertorio ni el bandoneón. Se sumaron a la típica después de una charla al pasar, de escuchar el disco, y/o venir a un concierto. Además, me contactaron músicos de la comunidad para sumarse, tenemos todas las edades, y se generó una familia que se queda charlando hasta cualquier hora después de los ensayos. Carlos que asiste en bandoneón, Cecilia en violín, y yo damos clase hasta tarde durante la semana, y lo hacemos con ganas. Creo que la música está hecha con amor, y la gente que vibra parecido se encuentra. Entre todos aportamos nuestro granito de arena a una nueva generación de músicos, audiencias, y milongueros jóvenes.

O.c: Venís de una formación muy ligada al tango, pero también a la investigación académica. ¿En qué momento esas dos dimensiones dejaron de ser caminos paralelos para empezar a dialogar entre sí?
Laura: Es interesante pensar en estos dos aspectos de mi profesión planteados así, como dimensiones que se cruzan, porque suelo operar desde una percepción muy gestáltica del mundo. Para mí todo va de la mano, pero fue el doctorado en etnomusicología lo que movió la balanza hace dos años. Tanto en mi licenciatura como en el máster yo había investigado desde historia hasta ciencia, por supuesto tango y música clásica, además de hacer videos instructivos para interpretación del contrabajo en el tango para principiantes.
En 2013 en La Universidad de Georgia tomé mi primer curso de etnomusicología con la profesora Doctorada Susan Thomas; estaba en mi salsa escribiendo ensayos semanales, y a ella le encantó mi presentación oral final. En 2017 me llamó y dimos uno de nuestros conciertos académicos (Lecture-performance) en otra de sus clases. En el 2018 ella ya se había ido de Georgia, pero nos cruzamos en el estreno de un film que tenía música mía. 2023 fue cuando decidí formalizar lo que venía haciendo hacía años con Athens Tango Project y otros colegas durante las giras y workshops en universidades. Esas masters classes a bajistas, la guía a músicos de tango norteamericanos y sus ensambles, las charlas antes de los conciertos en las escuelas, los seminarios de musicalidad en las milongas, etc. tenían todo lo que amo; me resultaban muy naturales los formatos. Yo sospecho que la profesora Thomas ya había visto todo esto en mí y estaba esperando a que yo me diera cuenta…Cuando la llamé contándole mis planes y pidiéndole consejo, me sugirió varios caminos de acción dependiendo de mi preferencia. Uno de ellos era el doctorado, lo cual me asustaba un poco; yo estaba teniendo charlas con otros colegas sinfónicos para evaluar como vivían su carrera, y eso fue muy útil. Había muchos caminos válidos y hasta más fáciles y rápidos para hacer buen dinero dando clases y tocando, pero como decía mi papá: “sarna con gusto no pica”.
O.c: Fundaste el Athens Tango Project en un contexto donde el tango no tenía una escena consolidada. ¿Cómo se construye una tradición en un territorio donde, en principio, no existe?
Laura: Si uno viene a armar una tradición, o a ponerse como representante absoluto de algo, conviene reexaminarse un poco. Ni siquiera se puede decir que Yupanqui era todo el folklore, ni que Pugliese era todo el tango. Yo comparto lo que soy, y lo que aprendí tocando con mis maestros y colegas. Siempre explico que el tango no es una sola cosa, hay muchas maneras de hacer tango; lo que no quita que haya reglas comunes. Esos elementos comunes son un hilo conductor estilístico, y fue mi enfoque siempre. En el 2011 no tenía consciencia de lo que hacía.
Athens Tango Project como nombre reflejaba la fluidez del proyecto, donde los miembros no son fijos— pero para mí era un grupo de gente tocando tango, y punto. De haber tenido consciencia quizás hubiera sido más organizada al empezar. Fui acomodando el recorrido con los años. Construir una tradición suena un poco grande, pero si tomamos esta definición, uno al hacer sólo ve unas partes y algunos pasos adelante. Al menos, esa fue mi percepción inicial. Es como decir planear construir una carrera, o una casa. Hay cosas básicas, y otras que son opcionales o más libres, y vas haciendo una cosa a la vez. A cada momento, lidias con eso, de una manera zen, si se quiere.
En términos musicales, me jugó a favor mi tendencia a priorizar algunas cosas, pero perdí mucho tiempo al no proveer un montón de cosas que hacían falta. Lo bueno de pensar y explicar el tango en la manera natural en que yo lo había absorbido creciendo, es que no generas parálisis en los músicos que están aprendiendo. Un ejemplo sería preguntarse qué ganamos explicándole quince tipos de síncopas tangueras a alguien que todavía no puede tocar las dos más comunes. Es como pedirle una receta complicadísima y fusionada de algo básico como un sandwich de jamón y queso a alguien que jamás probó uno. Sería malicioso, o simplemente poco práctico desde lo didáctico. Siguiendo con la metáfora del sandwich, me encargué de que cuando llegara la síncopa (el sandwich) ellos supieran qué sabor tenía. Una vez que eso estaba establecido o por lo menos encaminado, me enfoqué en la escucha de versiones, en no copiar a nadie en especial, porque además hubiera sido imposible.
También puse énfasis en las letras, en la cultura, y un poco las cosas que contaba hace un rato, de bailar mientras ellos tocaban para que me siguieran, y de explicar sutilezas que los argentinos ni siquiera notamos que hacemos al tocar. Por suerte encontré muchos músicos curiosos que se me acercaron queriendo aprender, gente que daba clases de baile y nos contrata hasta hoy para milongas, y muchos eventos donde tocar entre Athens,
Atlanta, y Augusta. Parece básico, pero quieras o no, cuando los músicos se encuentran operando en contextos concretos, crecen.
O.c: ¿Qué cambia en el tango cuando se lo saca de Buenos Aires y se lo pone a circular en ciudades como Athens o Austin?
Laura: No sé si hablamos de interpretarlo con músicos argentinos, extranjeros, o ambas cosas. Hay ensambles de todo tipo, de dúos de guitarra aprendiendo parrilla a orquestas comunitarias… es lindo encontrar esa variedad. Lo diferente es que suele faltar contexto, el sentir de toda la ciudad y nuestras historias, al bajar del escenario cambian. Nos agrupan como música del mundo, otras veces se lo toca como si fuera música clásica…y si bien los cambios son inevitables, estar acá me hizo empeñarme más en conservar elementos esenciales cuando abordamos cierto repertorio. Después toco el bandoneón con mis alumnos de hip hop, y hago música nueva con el mismo placer y respeto, pero cuido el espíritu de los clásicos. El escuchar los tangos donde se perdió la esencia, donde la onda no está, duele en el alma. Algo que me pasó alguna vez fue encontrarme que alguna milonga fuera más papista que el Papa, o gente que organiza hace años y no te puede nombrar una sola orquesta. Lo disfrutan, lo bailan, organizan eventos, pero para ellos es una radio sin locutor. Por suerte hay más milongueros en el lado obsesivo, tanto para bien como para mal.
El tango no es sólo la música; esa colección de sonidos y yeites no nació de un repollo, sino que es parte de nuestra soberanía, cuenta una historia, o muchas. Para bien o para mal, la música tiene una relación intrínseca con la identidad nacional o y regional que no es unidireccional. Hace siglos que desde el poder se decide quién y qué sonidos son parte de una nación, y eso se ve en todo el mundo. Justamente estamos viendo que finalmente se está hablando de lo afro en el tango. No es casualidad que no se hablara de esos elementos hasta hace unos años. La música nunca es neutral, y en el caso de países del sur global, de lo que se denomina periferia respecto al poder, la música es un bien a explotar. La música es lo que en las ciencias sociales llamamos tercer lugar, “third space”, donde el colonizado encuentra un espacio donde negociar algo de poder frente al colonizador. Eso mismo pasa con el fútbol, y es una gran razón por la que muchos de nosotros, aunque no somos futboleros, nos emocionamos cuando le podemos sacar ventaja a una potencia que nos domina en otros ámbitos.
En un sentido más básico, practicar la música como escucha, como actividad, nos permite mantener lo que Turino llama hábitos, donde en vez de hablar de términos complicados como identidad, hablamos de definirnos a través de nuestra cotidianeidad. Claramente que no se trata de limitarse a estereotipos, de que hay que tener el mate en la mano, comerse un alfajor o un asado antes de tocar El choclo, pero se trata de cierta continuidad, de poder ser uno todos los días, incluso con los cambios que necesitamos hacer en la música, o en cualquier aspecto. Para mí hay más tango en las melodías Gardelianas que canta Milo J, que, en una milonga tocada dura, apurada, sin onda. Por todas estas razones me enfoco en transmitir lo que no está en la partitura, porque cuando falta el alma, es algo muerto y encima mal conservado. Para mí, Pugliese revive cada vez que lo tocamos con todo el ser, con más o menos técnica, y mi misión acá es no ceder esa historia, sino transmitirla lo mejor posible. Después, el tiempo hará lo suyo, y aparecerán otras maneras de hacer tango, otros géneros que tomarán algo de ahí. Los que vienen a tocar conmigo son de todos lados, y el único requisito que tengo es que además de tocar las notas, digan algo.
O.c: Muchas veces se habla del tango como un género muy ligado a la tradición. ¿Dónde encontrás hoy los márgenes para intervenirlo sin que pierda su identidad?
Laura: Esto podría llevar varias páginas de respuesta, las tradiciones también van cambiando; pero hay varias maneras de desmenuzar la música en busca de la esencia, y varios compositores y arregladores vienen haciéndolo. La estructura y el ritmo armónico del tango tiene mucho en común con otras músicas populares, lo cual me resulta divertido de explorar. Hicimos varios covers de rock y pop donde un bajo tanguero o milonguero conviven con un tema de Pylon, por ejemplo. De hecho, tocamos con Pylon Reenactment Society un par de veces, y el tema Crazy tocado como una milonga anduvo bien. Así mismo le puse un bajo piazzollero a Drive de REM para un film, y valses con música de Kishi Bashi. Se juega con la instrumentación de muchas formas también, y eso abre un abanico enorme de posibilidades.
Si nos enfocamos en mi parte favorita que es el ritmo, podemos simplificar, mover acentos, duraciones, y ver a dónde se cae todo. A mi manera de sentir el tango, cuando te alejas demasiado de un sentido del ritmo, incluso en tango no bailable, te vas para otros géneros como el jazz, el minimalismo, la música contemporánea, etc. Ahora, digo esto teniendo plena consciencia de que estamos haciendo tango contemporáneo, de que hay puntos de encuentro con todos estos géneros, y de que cada compositor prueba y presenta lo que quiere. Está bien que seamos todos diferentes. Yo prefiero mantener el ritmo, y usar ese ritmo en un tema pop, como hicimos en un par de temas del disco. Entonces trajiste algo reconocible, la base bailable, lo que le da la onda y hace que puedas bailar a Kate Bush. Para mí el ritmo es divertido de intervenir sin perder un pulso, por raro que nos parezca.
Intervenir la armonía es un recurso muy común que me resulta menos entretenido, pero que disfruto con cuenta gotas, bien utilizado; quizás porque se usó demasiado, o porque nos saca del espíritu de la obra. El otro día hablando con un colega nos reíamos porque tenemos un gusto parecido, y si tocamos un tango clásico, no nos interesa agregarle modulaciones y una fuga a La cumparsita. A veces un arreglador “le quiere dar otra complejidad” etc. Y él me dice “para eso, toquemos La Consagración de La Primavera, y punto”, y coincido con eso. Ahora, sí me gusta cambiar el orden de las notas en estilos tradicionales, y ECOS nació desarmando la línea de bajo de una milonga como si las notas fueran legos desparramados en el piso. El ritmo lánguido de la intro fue inspirado por la bagüala. Melódicamente prefiero conservar la 6ta menor, la “nota verde” del tango, que también se usa en la armonía mixta. Eso tiene que estar. Si disolvemos todo y sólo me puedo llevar dos cosas, tiene que quedar un bajo con cierta estructura, y ese intervalo de 6ta menor de la milonga. Como yapa, recomiendo escuchar una obra de John Harbim llamada “Tango, Seen from Ground Level, for Milo”, que para mí suena a una versión cubista de lo que Harbim entendió desde su distancia como tango.
O.c: Tu trabajo también cruza lo pedagógico. ¿Qué te interesa transmitirles a músicos que se acercan al tango desde afuera, sin ese “background cultural” argentino?
Laura: El ritmo es primordial! Luego está entender el efecto sónico que buscamos sentir en todo el cuerpo, el alma, la mugre, las emociones, y en concreto se trata de bajar eso a las técnicas instrumentales. Les hago afinar el oído a las sutilezas, a despegarse de la partitura un poco y escucharse juntos. Suelo hablarles de las letras, de las oscuridades más hermosas del alma hechas literatura y canción. Les hablo del contexto histórico, y también les hago entender que cuando tocamos ciertos tangos ellos tienen que entrar en ciertas imágenes mentales y usar el físico como si fueran cierta persona o cosa. Son trucos que utilicé yo en su momento con el contrabajo.
O.c: En tus investigaciones aparece el tango como fenómeno social además de musical. ¿Qué te revela el tango sobre las comunidades que lo adoptan lejos de su lugar de origen?
Laura: Por suerte me encuentro seguido con algún argentino y gente de todo el mundo que tiene experiencias parecidas, sea de desarraigo, como de revitalización de un género que escuchaban sus abuelos. Lo más llamativo es la búsqueda de conexión y del abrazo del tango. Una tendencia común es que es difícil hacerse el tiempo para el tango, y abundan profesionales que trabajan en sistemas, por una cuestión de estilo de vida. Entre los músicos estoy conociendo gente muy abierta y curiosa, que le dedica tiempo a aprender el estilo. El hilo conductor en todos los casos es que la gente busca la socialización.
O.c: El contrabajo no suele ser el instrumento más visible dentro del tango. ¿Cómo pensás tu rol dentro del ensamble y qué te permite ese lugar?
Laura: No ser el protagonista no significa que no sea un poco la médula en mis ensambles. Athens Tango Project nunca tuvo bandoneón, y las grabaciones hechas en vivo funcionan muy bien. Con un buen contrabajo y un buen piano siempre logré lo que buscaba. Ser contrabajista me da siempre mucha satisfacción, porque arriba de la línea del bajo se arma toda la música, y me permite llevar el ritmo, marcar las sutilezas, los micro cambios de tiempo, las pausas, y moverme. Estoy dando la armonía y el tiempo a la vez. Si toco con arrastre estoy ofreciendo mucha información al resto, y si toco con los dedos, pizzicato, también: soy un metrónomo humano. No me refiero a perfección, si no a claridad desde lo gestual.
O.c: También impulsás proyectos con perspectiva de género dentro de un ámbito históricamente bastante masculino. ¿Qué tensiones o transformaciones ves hoy en la escena tanguera?
Laura: El tema de género es interminable, y tiene muchas intersecciones.
Es cierto que cada vez hay más mujeres, y hoy tenemos más liderazgo femenino en ensambles y en la danza. Hay mujeres organizando milongas, hay varias milongas queer friendly, y mucho espacio ganado. Es hermoso tener entrevistas y colaboraciones donde todas nos sentimos escuchadas y con mucha experiencia compartida. La flexibilidad en los roles del baile es significativa, porque podemos entender la milonga como un microcosmos de la sociedad. Este lugar nos da la posibilidad de negociar relaciones en tiempo real., y por suerte los escenarios muestran la misma tendencia. Estoy viendo muchos más ensambles femeninos en Argentina, Europa, y Norteamérica, con mujeres compositoras, directoras, y liderazgos compartidos. Por otro lado, hay mujeres generando actividades comunitarias, workshops, y milongas, ofreciendo su energía para organizar eventos de todo tipo. Ahora, la figura con mayor autoridad todavía se le confiere a un hombre. El patriarcado es una estructura, y se sostiene todavía con hábitos de la gente.
Hay que saber leer la realidad entre líneas. Por un lado, soy la primera mujer en dirigir bailando más que Juan D’Arienzo. Supongamos que eso es un detalle pintoresco, el modo de dirigir. Lo sorprendente es ser la primer directora de una orquesta típica con su nombre en cien años, desde que falleció la primera, Paquita Bernardo en 1925. En Norteamérica soy la primera. Para los libros de historia esto es un ancla conveniente, pero en sí no debería ser especial, no debería ser noticia. Sobran mujeres que hacen música, y tenemos cada vez más directoras, pero no en el tango. Esta falta de mujeres ejerciendo liderazgo en orquestas típicas dice mucho sobre nosotros como sociedad. Por suerte tengo muchísimo apoyo de la comunidad, la universidad, bailarines, alumnos, y mis colegas. Esto no evitó que algún varón de menos de treinta años se sentara a mi mesa o al piano post-show, tratando de calmar la ansiedad que le había provocado ver una mujer tan suelta dirigiendo tango. Generalmente intentan mostrar superioridad sugiriendo ideas musicales que no tienen nada que ver con mi obra, y que nadie les pidió. Me pasaba con el contrabajo en orquestas hace años, ahora que lo pienso.
Además de estudiar música y género, ejercer mi posición es activismo. No necesito vender mensajes inclusivos: yo soy, y hago, lo cual ya rompe varias estructuras
O.c: ¿Cómo dialoga tu práctica artística con tu trabajo en la universidad? ¿Sentís que una legitima o tensiona a la otra?
Laura: Es muy lindo poder aunar ambas áreas, ya que se legitiman mutuamente. Por un lado, investigo marcos teóricos que ponen en jaque estructuras que damos por hechas, y eso se aplica a nosotros mismos, a cómo nos entendemos en el entorno. Nos replanteamos el sentido y todas las aristas de nuestra práctica artística, lo que deriva en entender nuestras historias de otra manera. Después me enfoco en ciertos temas como el tango argentino, las mujeres, y sound studies. Ser una mujer argentina que compone, dirige, toca y enseña la música me da la visión corporizada de mi trabajo académico, lo que solemos llamar “embodiment” en etnomusicología, donde uno habla de su experiencia. Es algo positivo sin dudas, porque hay muchas tensiones de todo tipo cuando una persona cubre temáticas de grupos a los que no pertenece. Siempre vas a ofender a alguien con la verdad, pero al hablar del propio grupo, vas a ofender a menos gente.
O.c: En un contexto global donde las músicas circulan cada vez más desancladas de su origen, ¿qué significa hoy hablar de “tango argentino”?
Laura: Si tenemos en cuenta que existe el tango español, y que hay otro tango en Finlandia, el nombre “tango argentino” ubica una raíz, el origen en Argentina de manera geográfica, pero también identitaria, simbólica, hasta emocional. Hablar de nacionalidades es complejo en sí mismo porque las naciones también son construcciones sociales, y la música cumple un rol importantísimo en esas construcciones de pertenencia. El tango es un mapa imaginario de la ciudad, al menos, y así sea un show de baile en España, un concierto en Texas, o una milonga en San Cristóbal, la definición nos ancla en el origen. Junto con el aire que se respira y el suelo que se pisa, los sonidos del tango son parte del territorio, el ADN sónico que cuenta nuestra historia local. De esta manera es que puedo explicar haber sentido cierta emoción cuando escuché versos de Milo J que me transportaron hasta las guitarras de Gardel. No necesita ser tango de una época específica, puede ser algo re-imaginado en la estructura de las melodías, que contiene el ADN familiar que reconocemos, por ejemplo.
O.c: Muchas veces escucho decir que para tocar tango hay que tener algo, que no todos tienen o que por lo menos no todos sienten ¿Qué es ese “algo” que hay que transmitir para que realmente suene a tango?
Laura: Desde lo emocional me gusta decir que hay que estar cómodo con los extremos y controlarlos como un actor, comandando cada escena. El objetivo siempre es encontrar la articulación, volumen, velocidad y fraseos correctos. Hay pausas, hay frases estiradas y frases arrebatadas como los sentimientos. Todo está al servicio de que las emociones tengan forma de notas y frases musicales, incluso cuando no hay letras. La desesperación, la tristeza, la nostalgia, el desamor, la alegría se pueden construir en un tango combinando intensidades y cantidades de cada una de estas partes. Por supuesto que este control hay que poder transmitirlo en los instrumentos con la técnica adecuada. Lo primordial es el ritmo en todas las eras del tango. Como explicaba más arriba, el ritmo es lo que hace al género por sobre los giros melódicos, la forma, y la armonía, ya que se trata de música para bailar. Cada compás es internamente un poco desparejo cuando lo comparamos con su versión europea; las notas no son exactamente como las escribimos. También existen fraseos sobreentendidos, y una clara diferenciación en los acentos de las notas fuertes y las notas débiles.
Para este fin, necesitamos manejar la respiración, postura, la mirada, el peso del cuerpo, las sutilezas de las muñecas, y utilizar los recursos necesarios para crear transiciones sonoras entre las notas, estén las obras escritas o no. Los arrastres, la yumba, la chicharra, la strapatta, y todos esos recursos que llamamos ‘mugre’. ¡Tiene que fluir, y necesita mucha más picardía al tocar de la que muchos piensan!
O.c: Tu vínculo con el género viene desde lo personal, a partir de tu abuela fan de D’Arienzo. ¿Cómo influye esa historia en tu forma de tocar y dirigir?
Laura: Creo que hay cosas automáticas que debo haber absorbido desde el vientre, porque ese ritmo me resulta lo más natural del mundo, y tocar o dirigir al estilo D’Arienzo los siento como un estado de flujo hermoso, me llena de energía. Cuando me reencontré con este repertorio como contrabajista, me invadió una felicidad instantánea y nunca más lo abandoné. Al dirigir y componer voy mucho al cuerpo, al baile, y eso ayuda mucho a sentir si vamos por buen camino.
O.c: Con la Orquesta Típica Laura Camacho creaste el primer ensamble tradicional en Norteamérica dirigido por una mujer. ¿Qué significa para vos ese paso dentro de una escena históricamente masculina?
Laura: Por supuesto me causa mucho orgullo. Estoy enormemente agradecida a todos los colegas que se acercaron a tocar tango juntos. La Típica Laura Camacho es un sueño hecho realidad, y significa un antecedente para todas las mujeres del futuro tanguero. Ojalá no hubieran pasado cien años desde la primera orquesta típica en Argentina hasta la mía, pero es un paso en la dirección correcta.
O.c: También dirigís incorporando el baile como herramienta. ¿Qué aporta esa forma de dirección a la interpretación musical del tango?
Laura : Esto es algo que desarrollé instintivamente durante los ensayos de Athens Tango Project hace más de diez años. A mí personalmente me resulta práctico por mi forma de moverme, ya que me ayuda a brindar más información a los músicos de la Típica. Que yo lo sienta natural no significa que sea algo universal, pero desde mi lugar, es práctico para hacerme entender rápido ante los músicos.
O.c: Muchos de tus alumnos dicen que llegaron al tango por vos. ¿Qué creés que conecta con nuevas generaciones en un género tan ligado a la tradición?
Laura: Algunos alumnos me conocieron en otro contexto musical y les dio curiosidad. Tengo alumnos que también tocan música del medio oriente, y tienen cierta afinidad con nuestros géneros. En todos los casos parecen disfrutar mucho nuestra obsesión con las tonalidades menores, cierta libertad para hacer ruidos, las melodías bien desarrolladas, y el hecho de que están tocando tango contemporáneo seguido. Algunos estudiantes se interesan por el bandoneón y disfrutan el desafío de aprenderlo, de ser parte de nuestra orquesta escuela. Se quedan charlando hasta tarde, lo cual me dice que la interacción cara a cara es algo que valoran. Yo les saco el miedo, les doy el instrumento, les explico lo básico, y les hago tocar algo. ¡Generalmente no se pueden resistir!