No quedarse quieto: sueter7 y el intento de salir del loop

En un presente atravesado por la saturación estética, la nostalgia reciclada y la ansiedad de época, sueter7 irrumpe con un disco que no solo dialoga con sus influencias, sino que intenta torcerlas desde un lugar propio. Entre guitarras, glitches y una sensibilidad profundamente generacional, el proyecto se mueve en ese limbo fértil donde lo íntimo se vuelve colectivo y lo local encuentra nuevas formas de resonar en clave global.

Lejos de una construcción calculada, sueter7 parece crecer como una extensión natural de su propio recorrido: de la experimentación más anónima en internet a una inserción cada vez más concreta dentro de una escena local que exige, devuelve y tensiona. En esta entrevista, el artista reflexiona sobre identidad, procesos creativos, cruces de géneros y las condiciones —muchas veces adversas— de hacer música hoy en Argentina, trazando un mapa donde conviven la frustración, la búsqueda y la necesidad de imaginar algo distinto.

O.c: Para quienes todavía no conocen sueter7, ¿cómo nace la idea del proyecto y de dónde surge el nombre?

Sueter: Mi proyecto anterior se llamaba Mild Sorrow Integrated, era más instrumental y electrónico. Quería un nombre más corto y fácil de pronunciar. Además, fue una forma de arrancar de cero, con un estilo más centrado en la canción y las guitarras. No se muy bien cómo surgió, pero creo que la onda era que sonara un poco como Spacemen 3, o las cámaras Super-8.

O.c: El disco parece construido desde una sensibilidad muy íntima, pero al mismo tiempo dialoga con escenas globales. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo profundamente local y lo estéticamente internacional?

Sueter: Aunque veo imposible ir a contracorriente de mis influencias tan internacionales, cada vez me interesa más buscarle la vuelta para darle un tinte “local” a lo que hago. Lo encontré sobre todo desde las letras, en lo temático. Esta vez intenté no quedarme solo en mis emociones más personales y privadas, sino también mirar hacia afuera y conectarlo con esas cosas que observo que también le están pasando a la gente a mi alrededor, lo que me cuentan y sienten mis amigos, lo que charlo con gente de mi edad en la actualidad. Me inspira mucho los inicios del rock nacional y como retrataban lo urbano y lo que atravesaba a la juventud de su época. También me gusta mucho la intertextualidad; hay alguna que otra referencia o conexión con letras de otras canciones argentinas con las que me siento identificado, de distintas épocas. Todo el disco está lleno de samples de diálogos de dibujitos, películas y entrevistas argentinas, medio subliminales a veces. En el último tema uso un bombo legüero, aunque con un compás raro que no tiene mucho que ver con una verdadera zamba o chacarera.

O.c: ¿Cómo decidís qué mostrar y qué preservar en la identidad de sueter7, y qué papel jugó el anonimato inicial a la hora de arriesgar más en lo artístico?

Sueter: Creo que cuando todavía subía música de una forma más anónima a internet, como con Mild Sorrow Integrated o cuando recién saqué Diario, hacía todo mucho más relajado, “así nomás”, porque no tenía una noción real de quién recibía mi música. Quienes me escuchaban en ese entonces venían de internet y de lugares muy dispersos del mundo. Hay muchos errores y vagancia en esos temas porque no sentía un verdadero feedback.

Ahora que siento que encontré mi rincón en una escena local, con personas de carne y hueso, y donde tengo que mostrar la cara un poco, me presiona (en un buen sentido) a mejorar mi obra, sabiendo que hay un público más concreto que lo va a escuchar y al cual puedo demostrar que puedo hacer las cosas bien cuando me lo propongo. Exponerme me cuesta un poco aún, pero creo que el hecho de saber que hay alguien de verdad que va a escucharme y verme me motivó a hacer un trabajo mejor y más redondo con este álbum.

O.c: ¿Qué tan consciente fue la construcción del “universo sueter7” y cómo imaginás que ese universo se expande en lo sonoro, conceptual o vital en lo que viene?

Creo que en general, mi “dirección artística” siempre surgió de una forma más o menos natural, como un reflejo y combinación de mis propios gustos e intereses artísticos y de aquello que me atraviesa en la vida en un momento dado. Por eso siento que no hay mucha distancia entre mi música, las letras y lo visual, y terminan formando un universo más o menos congruente (eso espero). La dirección o visión aparece fácil dentro de todo; después para concretarla es un quilombo y hay que ponerle mucho trabajo. Por caer en frases típicas, es siempre como querer “hacer la música que uno quisiera escuchar”.

De todas formas, es recién ahora que ya terminé y saqué el disco que estoy pudiendo prestar más atención a todo eso que rodea la música en sí: lo visual, lo estético, lo narrativo, lo performático incluso. Además, lo estoy haciendo en colaboración con otros artistas colegas, lo cual ayuda muchísimo

O.c: El disco irrumpió en un ecosistema que muchos sienten saturado y cada vez más conservador. ¿Qué creés que revela su recepción explosiva sobre la necesidad de renovación dentro del underground argentino?

Sueter: Tal vez solo me estoy copiando de un nicho de música antes que los demás; todo lo que hago se puede rastrear hacia minimo 20 años atrás!!! Pero si me pongo en opinólogo desde mi humilde lugar, tal vez veo mucha nostalgia y replicaciones super precisas de sub-sub-sub-géneros cada vez mejor etiquetados y específicos del pasado. Siento que esa lógica nos atraviesa a todos hoy en día, es algo de época: millones de tableros de Pinterest, playlists y moodboards con cada vez más “-cores”, “-waves” y “vibes”. Yo claramente todavía no logro escapar de esa lógica, pero empiezo a creer que la salida es tener una mentalidad de fusión. Nos volvimos expertos en replicar el resultado final de la música alternativa 90s-00s, en vez de replicar la mentalidad de apertura, fusión y eclecticismo que había detrás de ella y que hizo que esos géneros alternativos nacieran en primer lugar. Es como que sabemos copiarnos la tarea de matemática pero no sabemos cómo razonar para hacer las cuentitas nosotros mismos. Mucha de esa música alternativa que amamos venía desde un lugar de experimentación, no de copiar una referencia específica al pie de la letra.

}Una vez veía una entrevista a Daniel Melero que decía que antes no se entendía a las referencias como se hace ahora; las referencias eran cualquier cosa que estuvieras escuchando en un determinado momento, era mucho más abierto. Es loco porque siento que en mi generación hay mucha apertura musical desde la escucha: cada vez veo más gente joven melómana, que a través de internet escucha gran variedad de estilos y artistas que en el pasado eran lo más under de lo under, pero no sé si esa variedad y apertura se ve muy reflejada en lo que creamos necesariamente. Pienso que hoy usamos mucho “la lupa”: nos vamos a la referencia acotada a unos pares de bandas y estilos muy específicos, y los replicamos genial porque tenemos muy buenas herramientas hoy en dia. Abarcar poco y apretar mucho, está buenisimo. Pero creo que también tiene gracia animarse a apretar abarcando mucho, mezclar varias cosas y que salga algo nuevo. Pienso que esa es la verdadera mentalidad que había en el aire detrás de esa música fabulosa de los 90s que tanto nos gusta: desde Bjork y Stereolab hasta Bocanada, el trip hop en general y, no se, todos los saltos de estilo loquisimos que hayan hecho en esa década Babasónicos y los Fabulosos Cadillacs.

No creo haberlo logrado del todo aún, pero ojalá poder volcarme más a esa lógica proyectos futuros, porque siento que una verdadera renovación podría venir de la mano con ese mindset.

Medio en esa línea, una vez charlaba con un amigo que los distintos “unders” del país (hay un under de rock, otro de pop, otro de electrónica, otro de hip hop…) son cada uno su propia burbuja y no se mezclan mucho entre sí. Esta cosa que hago de fusionar rock, electrónica y pop no es algo necesariamente novedoso desde lo musical, pero localmente me deja en un limbo raro que me permitió conectar con gente de nichos muy distintos que no suelen tocarse y es divertidísimo. También vemos que hay en el aire ideas nuevas, vemos bandas de electrónica (Ultra Sombra, Cuatro Signos de Pregunta, Das Mermas, str4kys), que habitan esa zona de no ser una banda de rock pero tampoco tocar un DJ Set. Para mi lo más fresco está viniendo por esa mano.

O.c: sueter7 introduce subgéneros poco explorados acá, como bitpop, glitch o noise pop. ¿Por qué pensás que estos lenguajes, tan presentes afuera, tardaron tanto en encontrar un espacio relevante en Argentina?

Como dije antes, mucho de lo que hago recontra puede rastrearse hacia los 2000s, incluso acá en Argentina, solo que no siempre lograron mucha trascendencia. Todo lo que investigué al respecto lo tengo en una playlist, bien al frente de todo de mi perfil de spotify, es como mi mini homenaje a los que se animaban a hacer este tipo de cosas acá.

Lo de llamarlo “indietronica” es medio una forma fácil de englobar todo, en la era de las etiquetas. Yo soy del 2003 así que crecí con acceso a toda la música grabada del mundo al alcance de un click, pero en la época de la mayoría de artistas que ubiqué en esa lista el descubrimiento de música era mucho menos instantáneo. Lo lindo es no saber a qué punto estaban al tanto de lo internacional o si llegaron a esas sonoridades por casualidad.

Algunos fueron mas exitosos que otros; creo que lo divertido de estos géneros es que son completamente compatibles con el formato canción y con el pop, entonces que tanto colaban comercialmente era re variable. A mi me vuelve loco que “Hoy No” de Entre Ríos, con esa guitarra toda glitcheada, haya estado en una publicidad de Quilmes.

O.c: El álbum tiene un nivel compositivo y de producción muy alto. ¿Qué te dice eso sobre la falsa dicotomía entre experimentación y accesibilidad dentro de la música independiente local?

Sueter: Gracias! Que se yo, cada músico independiente puede decirte algo distinto al respecto y está parado en un lugar diferente entre ambos “bandos”. Yo concuerdo con que es una falsa dicotomía, creo que cualquier estilo puede estar bueno si lo haces bien. La música experimental puede ser emocionante o aburrida, novedosa o inescuchable, honesta o pretenciosa, linda o fea. La música accesible puede ser divertida o insulsa, ambiciosa o conformista, honesta o manufacturada, linda o fea.

Personalmente, lo que más me gusta, por encima de cualquier género musical, son las buenas canciones. Ponerse en modo “cantautor” es toda una ciencia, me tomó mucha práctica aprender (y animarme) a escribir canciones. Las melodías son lo que más amo en la música, pero hacer una melodía memorable es complicadísimo y un hermoso desafío que plantearse. Además de las melodías poperas también me gustan los acordes rebuscados y las canciones largas, en el fondo soy un viejo que escucha Genesis. Creo que todo eso puede ir de la mano con la compu, yo aprendí a hacer música desde la compu. Los sintetizadores, el diseño de sonido digital y pensar los arreglos desde el DAW, lo tímbrico y hacer ruiditos es divertidísimo. Ahí me hago el moderno y tengo referencias más contemporáneas; pero detrás siempre voy a querer tener de base una canción pop que, idealmente, pueda bancarsela en un formato reducido o acústico o algo así. Re hincha pelotas.

O.c: ¿Qué hilo conceptual une “Escritorio”, “Mapache” y “Todo Salió Bien”, y cómo construyen ese clima de época que atraviesa el disco? En estas canciones aparece fuerte la idea de un sistema que asfixia lo creativo…

Sueter: Mapache y Todo Salió Bien son canciones muy conectadas. Surgieron mucho de la reflexión entre charlas con amigos. Escritorio es el primer tema porque establece el clima de malestar que plaga todo el disco. Hay algo en el aire referido a lo que es volverse un adulto y querer hacer algo mínimamente por fuera de lo ordinario en este país cada vez más pateado; es esa sensación constante de “no se puede”, “no hay un peso”, “no hay tiempo”, “no es una prioridad”, “vivimos lejos”, “mi familia espera tal cosa de mi”, “es muy arriesgado”, “estoy muy ocupado”… Veo a mis conocidos y parece que a medida que crecemos la realidad exterior se está volviendo más castrante, desmotivadora, intolerante; te sofoca toda intención creativa y de cambio, nunca se puede llevar nada nuevo a la acción. Y es ahí donde uno se repliega al mundo interno, a lo fantasioso (y a las pantallas, que lo alimentan con su lluvia de estímulos y algoritmos especializados en complacerte). El mundo interno es un arma de doble filo, porque puede ser un lugar donde se gestan grandes ideas como también un lugar cómodo, sedante, conformista, auto indulgente, escapista. Si llegas a casa después de un dia de mierda, cansado de laburar, estudiar, lidiar con gente, de una rutina que no te representa, la única energía mental y corporal que te queda la vas a drenar en scrollear un rato, o en cualquier otro vicio instantáneo (si es que tenes el lujo de siquiera poder relajarte cuando apoyas la cabeza en la almohada). Es un loop donde esa fantasía nunca se proyecta hacia afuera creativamente, donde esa fantasía no se transforma en imaginar un futuro mejor, sino que se desvía hacia adentro y hacia atrás, a la nostalgia constante, o a la pasividad de solo ser un consumidor y espectador de un mundo sobre el que parecieras no tener control.

Ojala estas letras no se lean como puro estancamiento en el pasado, todo lo que hago es mirar al presente y hacia el futuro. “Un camino sin andar para no volver atrás” son mis ganas de alejarme de la nostalgia, estoy cansado de la idealización del pasado. Tampoco me gusta el optimismo vacío, a veces la esperanza es un lujo que no te podes dar con cómo están las cosas; ni hablar.