Hasta que amanezca llega en un momento donde el país parece caminar a tientas. Teresa Parodi no esquiva esa sombra, la mira de frente y, desde ahí, enciende una luz. No una luz ingenua, sino una que se sostiene en la memoria, en la experiencia y en la convicción de que la esperanza también es un trabajo.
Este álbum número 34 expande su territorio sin perder identidad. Parodi dialoga con nuevas generaciones comoShitstem, Okto, Maggie Cullen y con voces de enorme trayectoria como Susana Baca, Soledad, Julia Zenko, Lisandro Aristimuño para construir un sonido que respira presente sin dejar de sonar a tradición. Murga, cumbia lenta, chamamé, rap, cantos afroperuanos, guitarras limpias, texturas contemporáneas, todo convive sin forzar nada en el nuevo disco de Teresa. La producción de Emilia Parodi y Matías Cella arma un paisaje donde lo ancestral y lo nuevo se encuentran con naturalidad.
Pero lo que sostiene el disco, más allá de la variedad sonora, es la mirada. La compositora vuelve a su gesto más profundo, contar vidas concretas para hablar de una sociedad, como ya lo hizo por ejemplo en el famoso pedro canoero. El álbum respira política, pero no desde la consigna, desde la experiencia de maestra rural, desde la escucha atenta, desde la certeza de que dar testimonio es parte de su oficio. En “Sin miedo”, la frase “nos tiran a matar y florecemos” condensa la idea del disco, la resistencia como impulso colectivo, como forma de no dejar que el silencio gane.
El cierre, “Hasta que amanezca”, es íntimo y a la vez universal. Una canción escrita para su compañera de vida que se vuelve declaración pública: caminar juntas, caminar como pueblo, sostener la luz aunque tiemble. No porque el amanecer esté garantizado, sino porque la caminata compartida ya es una forma de claridad.
Hasta que amanezca es un disco que abraza sin ocultar la herida. Que ilumina sin negar la sombra. Que confía en que el país puede volver a encontrarse.
En tiempos dificiles para muchos, Teresa Parodi vuelve a recordarnos que la música popular sigue siendo un lugar donde el país se piensa a si mismo y la memoria persiste aunque intenten borrarla.
Canción por canción
Me veo en vos — con Doña Bastarda y Shitstem
La unión entre la murga Doña Bastarda y la rapera Shitstem le da a esta canción una impronta rioplatense poderosa, donde conviven calle, ritmo y una forma muy actual de decir. La canción camina la ciudad como quien lee el país desde sus propios ojos. La miseria convertida en paisaje, la indiferencia como rutina, la rueda que sigue girando porque todos seguimos caminando aunque duela. Ese “somos nadie” que Teresa subraya señala a la pobreza como sistema, como administración del descarte. Pero incluso desde esa multitud golpeada puede nacer una fuerza distinta, una manera de imaginar lo común.
Lento — con OKTO
La canción retrata la ciudad como un territorio que nunca termina de abrirse del todo. En ese paisaje acelerado, la protagonista avanza lento, fuera de sincronía con el ritmo que la rodea. Su caminata revela la herida del desarraigo, ya no es de aquí ni de allá, apenas una figura que la ciudad tolera sin mirar. El quiebre llega cuando ella decide plantarse: “Vine a trabajar, no a pedir que me quieras”. Un acto mínimo de dignidad. La fuerza del tema está en el tomarse un tiempo para caminar lento, sostenerse, aprender a existir en un camino gris que nunca duerme.
La Negra Ulogia — con Susana Baca
La Negra Ulogia es la guardiana de un mundo que persiste en los márgenes, donde tambor es el agua que guía ese rio sonoro de la música Afroperuana, pero también es espejo y archivo histórico. Su gesto de lavar tan cotidiano, tan antiguo se vuelve un acto de transmisión, cada golpe en el agua despierta una historia que el país olvidó. La canción mezcla herencias con delicadeza, la voz en guaraní, la memoria afro, la línea familiar que atraviesa guerras y silencios. Ulogia encarna una memoria que no está en los libros, sino en las manos. El pedido final “Contame, Ulogia”—es un ruego. Una invitación a que esa memoria que muchas veces no está en los libros vuelvan a sonar.
Al sur del Moconá — con Maggie Cullen
La canción podría ser el descripción de un cuadro vivo, verde, húmedo, lleno de amanecer. En el centro, una niña que trabaja desde que sale el sol, heredando una tarea que no eligió. La canción la observa con ternura sin borrar el desamparo. La letra recupera un mundo donde el trabajo infantil es destino, donde la belleza del monte convive con la dureza de la vida rural. Un mundo donde la naturaleza no funciona como decorado sino como testigo de esa vida muchas veces solitaria y dura.
La belleza es soledad — con Lisandro Aristimuño
La canción se instala en un territorio donde la naturaleza funciona como memoria. Parodi y Aristimuño construyen un sur que no responde al imaginario turístico, por el contrario es un espacio donde la presencia mapuche sigue siendo el núcleo identitario. La canción trabaja esa idea con precisión, el cultrún que “viene cantando en los pinos” no es metáfora poética, es un recordatorio de que ese territorio tiene historia, dueños y continuidad cultural.
El tema evita la romantización. En la belleza que describe también habita la herida, una soledad que baja de las alturas y que habla de un pueblo que persiste a pesar de los silenciamientos. El diálogo entre ambas voces aporta matices, Parodi desde la tradición narrativa, Aristimuño desde una sensibilidad contemporánea que amplifica el clima del sur profundo.
La frase final “En mapuche brilla el sol, en mapuche besa la luna” funciona como cierre y como gesto político, devolverle nombre y presencia a una nación que todavía pelea por ser escuchada.
Chamamé cantor — con Soledad
Una canción sobre volver sin volver. El caminito de regreso existe solo en la memoria, el sol en el agua del río, la luna en el patio de la casa materna. La nostalgia no busca consuelo porque es una herida que acompaña pero que ya no duele. El chamamé aparece como puente entre lo perdido y lo que todavía sostiene. La música se vuelve casa cuando la casa quedó atrás. Si de eso no sabrá Teresa Parodi correntina que a pesar de estar radicada en Buenos Aires todavía encuentra en el chamamé su casa.
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Teresa decide reversionar un clasico del cancionero popular, una de las canciones más bellas del rosarino Fito Páez. Una canción que se planta en medio del derrumbe y elige un gesto mínimo como forma de resistencia. No promete épicas: ofrece un corazón como documento inalterable. La letra reconoce la dificultad y aun así insiste. En tiempos donde nada alcanza, apuesta por lo elemental, dar algo y recibir algo que alivie. Su fuerza está en la sencillez radical cuando todo parece perdido, todavía queda un gesto humano capaz de cambiar algo.
Siempre a la misma hora — con OKTO
Una escena cotidiana, un hombre tirando un carro con un gurí en brazos se vuelve un retrato profundo de la desigualdad. En la canción no hay metáfora sino realidad. La canción reconoce la dignidad en un tiempo indigno. El hombre no solo tira un carro, tira la vida entera hacia adelante. El final es certero “Vos vas tirando el carro y nosotros no”. No es culpa ni lástima, es conciencia. Una invitación a mirar lo que la ciudad prefiere olvidar.
Peregrino del bien
Retrato de un hombre que sostiene a los demás cuando todo alrededor se cae. No es héroe ni mártir: es faro. La canción lo nombra “peregrino del bien”, “voz del que no tiene voz”. Su luz no debería apagarse nunca. Funciona como abrazo y agradecimiento: su camino importa, su amor plural sostiene más de lo que imagina.
Sin miedo — con Julia Zenko
La canción desplaza la idea clásica de resistencia como aguante y la redefine como la necesidad de crear, decir, insistir. Cuando Parodi afirma “Mi pueblo crece en mí, yo soy mi pueblo”, instala una identidad que no es individual sino colectiva. El estribillo retoma esa línea y la vuelve declaración: “nos tiran a matar y florecemos. Es el diagnóstico de un país que, incluso en sus peores momentos, encuentra maneras de sostenerse.
Hasta que amanezca
Una canción que apuesta por lo más simple y difícil seguir caminando juntos. La esperanza no es abstracta, es cotidiana, hecha de abrazos a tiempo. Un país sin miedos sigue estando cerca, aunque no lo parezca. Caminar hasta que amanezca no porque el amanecer esté garantizado, sino porque caminar juntos ya es una forma de luz.