Fe Baca pertenece a una generación de artistas peruanas que están transformando la escena musical desde la sensibilidad profunda y la experimentación. Desde Todo está en tus pies, su disco debut celebrado por su introspección y por la manera en que usa la voz para iluminar zonas que suelen quedar fuera de la mirada convencional, Fe se consolidó como una de las creadoras jóvenes más singulares de Perú.
Con Gestos remotos, su segundo álbum, esa identidad se profundiza. Producido junto a Efrén Castillo, el disco parece capturar pensamientos que podrían desvanecerse en cualquier momento. La voz de Fe se mueve con una cercanía que conmueve, sostenida por capas que funcionan como un soporte emocional que realza su escritura. El álbum orbita recuerdos, afectos y pequeñas heridas que conservan su forma a pesar del tiempo, revelando un territorio íntimo que se abre sin dramatismos, con una transparencia que impacta.
Pero la música de Fe no vive aislada de su contexto. Habla desde un Perú atravesado por crisis políticas, violencias históricas y un presente que exige respuestas urgentes. Habla desde la selva, desde Lima, desde el duelo, desde el cuerpo, desde la lectura, desde el feminismo y desde la memoria. En esa mezcla aparece una artista que no teme nombrar lo que duele, que convierte lo íntimo en un gesto político y que encuentra en lo orgánico, lo animal y lo espiritual una forma de pensar el mundo.
A un año de Gestos remotos, conversamos con Fe sobre el lugar de la cultura en un país que muchas veces silencia a sus artistas, sobre la violencia, la selva, el duelo, la identidad, la lectura, la espiritualidad y esa necesidad de volver a lo natural para entender lo que nos sucede.

Otra canción: Me gustaría empezar preguntándote cómo vivís este momento que está atravesando Perú y qué lugar ocupa la cultura en ese contexto. En Argentina la cultura suele tener un rol muy activo, muy presente, pero siento que en Perú no tiene el mismo peso ni la misma trascendencia política y social. Muchas veces veo que artistas peruanos se pronuncian sobre ciertas situaciones y sus voces repercuten más afuera que dentro del propio país.
Fe Baca: Sí. Justo estuve acá desde el día de la votación, y fueron días muy conflictivos y tristes. Hay cosas que pasan en Perú que me impactan mucho, y una de ellas es el racismo.
Hay una polarización muy fuerte que gira alrededor del racismo, como si la gente estuviera en una especie de guerra civil. Si votás por Sánchez, por ejemplo, aparece un terruqueo muy bravo. Y lo que más miedo me da de que Keiko pueda llegar a ser presidenta es la sensación de persecución.
Además, no estamos viviendo en una democracia plena. Es complejo. En los últimos años han asesinado a muchos músicos.
O.c: ¿por qué creés que sucede que lo que dicen los artistas en Perú no tiene tanta trascendencia? Porque el arte está en todos lados, se consume arte, hay escena. El otro día hablaba con Nero Lvigi y me decía que en Perú se consume más lo de afuera que lo de adentro.
Fe Baca: Ni siquiera nos pasan en la radio. El apoyo a la cultura es mínimo. Cuando estaba en el Coro Nacional ya me había dado cuenta de que no nos iban a apoyar. No había un ministro que viniera a vernos, no había presupuesto para giras, todo lo sosteníamos nosotros, los padres, el director. Era muy precario, como esa canción de Rafo Ráez que dice “todo es precario”.
Hace poco armé una playlist que se llama Ahora aquí. La hice primero para mí, para no olvidarme de las canciones que descubro cuando voy a conciertos acá, para poder escucharlas después. Porque sí, le damos mucha más bola a lo que viene del Norte global, a lo que está en inglés, y no escuchamos las voces que están sonando ahora mismo. Y yo soy una de esas voces.
Es complejo entender por qué pasa. Por un lado, hay mucha gente que me escribe o que viene a verme, y eso existe. Pero suele ser gente joven, curiosa, estudiantes, personas que están empezando a buscar otras cosas. Por otro lado, en la radio siguen pasando canciones en inglés de hace cincuenta años, que no tienen ninguna relevancia hoy, y las pasan todo el día.
Otra canción: Pensando en tu proyecto solista que todavía es joven y va por su segundo disco, ¿quién es Fe Baca hoy? En Perú ya te conocen, pero en otros lugares de Latinoamérica, o incluso en Argentina, quizás todavía sos una voz más de nicho, de melómanos curiosos. ¿Cómo te presentarías para quienes recién están llegando a tu música?
Fe Baca: Soy una persona que hace música. Mi instrumento principal es la voz y el teclado; canto, compongo y trabajo desde Lima, mi ciudad natal. Pero también pasé por el Coro Nacional, estudié canto lírico, me metí en el jazz, en la música afroperuana, y viví varios años en Buenos Aires, que también me marcó. Todo ese bagaje está en lo que hago ahora, aunque no lo piense de manera consciente. Es como una mezcla natural de todo lo que fui aprendiendo en distintos momentos de mi vida.
Otra canción: En tu disco conviven muchas influencias lo lírico, lo afroperuano, lo pop, lo electrónico y hoy, con tanta globalización musical, es difícil encasillar a alguien. ¿Cómo te atraviesa esa mezcla de mundos a la hora de cantar y componer?
Fe Baca: Creo que por mi contexto tuve una formación más académica. Mis papás podían llevarme al Coro Nacional, al Conservatorio, a clases particulares. Y al mismo tiempo siempre sentí que no tenía una identidad definida dentro de todo eso. Pero cuando la gente escucha mis discos, sí encuentra una voz particular. Y creo que ese cruce lo lírico, lo afroperuano, lo que viví en Argentina, todo lo que fui estudiando termina mezclándose de manera natural. No es que haya una sola raíz, sino una suma de influencias que me hacen ser lo que soy musicalmente.
Otra canción: El primer disco, “Todo está en tus pies”, siempre me resultó más electrónico, casi una invitación directa a bailar. En “Gestos remotos” esa electrónica sigue, pero aparece más fuerte una nostalgia, algo que fue y ya no está. ¿Cómo se vincula esa mezcla entre baile, duelo y libertad con tu manera de estar en el mundo y con tu filosofía sobre lo que significa bailar?
Fe Baca: justo cuando estaba haciendo el disco murió mi papá. Fue mi primer gran luto, y sentía que tenía que atravesarlo entero, sentir todo lo que estaba sintiendo, escribir desde ese lugar, vivir el duelo con el cuerpo y con la cabeza, porque si no después sale de una manera más explosiva. Por eso quise volver a la danza contemporánea, moverme pensando en eso, escribir las canciones desde esas emociones tan contradictorias y fuertes. Todo eso está en el disco, se siente.
O.c: Hay una canción que se llama historias en el primer disco que debe venir un poco de ese momento
Fe Baca: Pasó todo junto, murió mi papá, terminé una relación importante, mi hermano tuvo un accidente, mi mamá estaba atravesando lo suyo… todo sucedía al mismo tiempo, como suele pasar. Y esa canción es un resumen de esas primeras semanas después de su muerte.
Para mí es importante y sigue siendo ahondar en las emociones. Las emociones son la primera capa; después vienen la rabia, los sentimientos más profundos, las preguntas sobre de dónde viene todo eso. Yo ahondo mucho en mi propia experiencia, en mi mente, en mi corazón, en mi intuición.
Me parece importante no hacerme a un lado, no caer en ese positivismo tóxico de “la vida es linda” y ya. Me gusta escarbar la herida, ver por qué me duele tanto, qué es lo que me duele, contar un poco eso. En Los sueños, del primer disco, también aparece esa sensación de estar atrapada. Para mí es importante contar esas crisis, esa honestidad de ser humano.
Otra canción: Hablando de crisis, uno de los temas que más me gustó del primer disco es Volver al este. Me parece que es el más social del álbum. Me hizo pensar en lo que significa un territorio, un lugar que en algún momento deja de funcionar como lo conocemos. Un territorio que puede ser hermoso como es la Amazonia pero donde también fluye la violencia. ¿Cómo se relaciona esa idea con lo que querías contar en la canción?
Fe Baca: Sí. Bueno… mi hermano tuvo un acercamiento con algunas comunidades de la selva y me contaba mucho. Él me lleva trece años, así que para mí era como escuchar a alguien que ya había vivido un montón. Eso me despertó curiosidad y ganas de conocer. Hicimos amigos en San Francisco, una comunidad shipiba cerca de Pucallpa, en Yarinacocha.
He ido varias veces. También tomé plantas medicinales y después viajé un poco más arriba, hacia el Alto Ucayali. Cada vez que voy a la selva, para mí que soy citadina el tiempo transcurre distinto. Se me van muchos miedos. Es un espacio más salvaje, más natural que Lima. Una vez, por ejemplo, se me trepó una serpiente por la pierna. La selva te pide estar presente, te despierta un instinto distinto.
Siento que, día a día, estando ahí, vas perdiendo miedos. Volver al este habla de esa fascinación, de ese regalo que es para mí ir a la selva. Y de que no quiero nunca dejar de ir.
Otra canción: Desde que escribiste esa canción hasta hoy, ¿cambió algo? ¿Mejoró esa violencia de algún modo? Creo que toda la región parece empeorar…
Fe Baca: No. Es un mal o porque no decirlo es una herencia de la colonización ver como inferior a otras personas. Por eso también esa frase, “lo que les pase a ellos nos pasará”. Para mí ese verso siempre va cambiando de significado. A veces lo canto pensando en los niños de Palestina, otras veces en otra problemática completamente distinta. Pero siempre vuelve a lo mismo, hay mucha división.
Y como decís, es un mal que azota a Latinoamérica. Piensan que pueden pueden devastar la Amazonía, que pueden consumir cocaína sin pensar en toda la cadena detrás, que pueden sostener la minería ilegal, que pueden matar a las personas que viven ahí, tomar territorios, contaminar… como si nada. Y no es así.
Fe Baca: En Piedra Angular decís que hay cosas que no podés contestar, pero en el disco pareces ir respondiéndote. En esa canción aparece una autocontestación. ¿Cuánto podés decir en una canción que no dirías de otra forma, eso que quienes no escribimos sentimos cuando alguien nombra lo que no sabemos poner en palabras?
Fe Baca: Piedra Angular también la escribí en la selva. Hay cosas que una no puede expresar solo con palabras. A veces las palabras quedan cortas. Por eso no basta con decirlas “normal” tenés que cantarlas, gritarlas, bailarlas.
HLa música te abre un canal donde lo que no podés contestar en la vida cotidiana aparece solo. Y ahí el miedo se corre, el pudor también, y lo que queda es algo más honesto, más directo.
Otra canción: Tengo entendido que el primer disco nació muy desde la amistad, desde un trabajo entre amigos. ¿Cómo cambió ese proceso en el segundo? Porque ahí se siente no sé si decir “más profesional”, pero sí un cambio sonoro, una búsqueda más definida.
Fe Baca: Sí, puede ser. El primer disco lo hice con dos amigos productores, Alonso Bentin y Santiago Pillado – Matheu, a quienes admiro mucho. Coincidíamos en muchas cosas, pero yo todavía no la tenía tan clara. Tenía tantas influencias que me costaba decidir el estilo, hacia dónde quería ir exactamente.
En el segundo disco, como decís, está más claro el rumbo. Con Efrén éramos solo dos y hablamos muchísimo sobre el universo del disco. En el primero también conversamos y teníamos un norte, pero en Gestos remotos dijimos “Tomemos Volver al este como punto de partida”. Por eso el disco se llama así: gestos remotos es una frase que aparece en esa canción.
A partir de ese mundo salieron Serpiente, Antídoto, todo ese universo que tiene más unidad. No sé si llamarlo “más profesional”, porque ambos discos se hicieron con gente muy experimentada, pero sí creo que Gestos remotos tiene una unidad de estilo más marcada. Redondeamos más el mundo sonoro.
Otra canción: ¿Cómo definirías el primer disco en comparación con el segundo? Siento que el primero es más electrónico y bailable, y el segundo más tranquilo y concentrado en un mismo clima. ¿Cómo lo ves vos
Fe Baca: Cuando dijiste primer disco y segundo disco, lo primero que me vino para Todo está en tus pies fue “juvenil”. Tiene algo de juventud, de impulso, de juego.
Y para el segundo, en cambio, me viene “bosque”. Como estar dentro de un bosque: un espacio más cerrado, más denso, más serpiente, más antídoto, más círculo. Todo transcurre dentro de un mismo universo.
O.c: ¿El primer disco puede ser que lo empezaste en Argentina?
Fe Baca: Los dos los hice totalmente en Lima. Los trabajamos acá. Sí, creo que en el último disco habito mucho los recuerdos, los afectos, algunas heridas. Hay una canción que habla directamente del machismo y de la violencia. Son temas que están muy presentes en mí y que necesitaba poner en el disco.
Otra canción: ¿Qué memorias persisten en vos y en el disco? ¿Por qué convertir esos gestos tan íntimos en canción, sabiendo que una vez que algo queda grabado ya no se borra, aunque después una piense distinto? Un ejemplo es tabú
Fe Baca: Sí, yo sí quería que tabú exista, y sí quiero no dejar de hablar de todo lo que he pasado como niña, como adolescente, como mujer. Todo eso que vivimos acá, con el patriarcado que tanto daño nos hace.
Tabú nace de eso: yo fui a un colegio de monjas, y hablar de estos temas era casi imposible. No podías decir que te estaban acosando en la calle; si lo decías, te respondían “ay, está loca”. No había apertura, no sabía lo que era el feminismo, no tenía herramientas. Entonces ahora me gusta hablar de esto con mi sobrina, y me gusta que haya una canción que lo nombre. Y la verdad es que cuando la canto me da placer, no me da vergüenza. Es un alivio. Es rico poder decir estas cosas en voz alta, sin miedo.
Otra canción: Pensando en el recorrido del álbum están tus memorias, tus pasajes emocionales, ¿qué gesto o qué línea dirías que lo sostiene? Si tuvieras que definir Gestos remotos en una idea, en un gesto que lo atraviesa, ¿cuál sería?
Fe Baca: Creo que una canción que define mucho el disco es la primera, Serpiente. Otra vez vuelvo a la selva: es un poema que escribí en un viaje, y ese mundo se conecta directamente con Círculo, que es la que cierra el disco. El inicio y el final comparten lo orgánico, lo acuoso, esa sensación de estar dentro de un espacio vivo. No sé si la palabra es “primario”, pero sí algo más animal.
Maus, aunque está en alemán y ocurre en la nieve, también tiene esa energía animal: correr como ratones, jugar, moverse desde el instinto. No desde la complicación de la mente humana, sino desde algo más silvestre.
Y después están Antídoto y Tabú. Antídoto habla del problema del consumo de cocaína en Lima y de cómo eso se expande hacia el extractivismo y toda una cadena de violencia. Tabú tiene más que ver con el patriarcado y con lo que vivimos las mujeres acá. Pero todo está atravesado por mi experiencia personal, por lo que significa crecer y vivir en este lugar.
Entonces, si tuviera que decir un gesto que sostiene el disco, es lo animal, lo orgánico, lo que nace del cuerpo y de la memoria.
O.: En Serpiente te ponés en el lugar de un árbol, de algo natural, para mirar el mundo desde ahí. ¿Por qué necesitás pensar desde ese punto de vista? Y si realmente fueras un árbol, o una nube, ¿cómo creés que verías el mundo y qué cambiaría al pensarlo desde esa perspectiva más silvestre?
Fe Baca: A mí me ayuda mucho meditar, y es algo que aprendí de mi abuela, que meditaba todos los días. En esas meditaciones hago ejercicios de imaginarme siendo un lobo, un árbol, una nube. Al principio cuesta entrar, pero después sentís de verdad, el pelaje, el calor, la quietud, la raíz. Me puedo quedar cuarenta y cinco minutos sentada en el piso sintiendo que soy un árbol.
Creo que no tiene tanto que ver con “pensar” el mundo desde ahí, sino con dejar de ser yo, el personaje Fe Baca, la personalidad, la máscara y ver qué pasa cuando me salgo un rato de eso. Cuando me convierto en otro ser de la naturaleza. Me da curiosidad, me interesa, y me permite mirar las cosas desde un lugar menos humano y más instintivo. Es como un descanso, pero también una forma distinta de entender lo que me rodea.
Otra canción: En esa canción aparece una tensión entre lo humano y lo natural. ¿Hay ahí una crítica a nuestra desconexión con la naturaleza? ¿Un llamado a recordar que no existen “tu mundo” y “mi mundo”, sino un solo ecosistema?
Fe Baca: Esa frase de “tu mundo y mi mundo” es curiosa, porque en realidad no existe tal separación. Y creo que sí, que necesitamos volver mucho más a nuestro mundo natural. No estar tan desconectados.
Me viene a la cabeza un documental de Attenborough, A Life on Our Planet, donde cuenta que desde que él nació hasta ahora el porcentaje de vida salvaje que hemos destruido es altísimo. Queda algo así como un treinta por ciento de vida salvaje en la Tierra. Eso me impactó mucho. Y sí, me gustaría que conservemos eso, que le demos importancia a eso.
No me interesa tanto ese futuro hiper tecnológico, la inteligencia artificial que consume un montón de agua… no es por ahí donde me vibra el futuro. Me interesa más cuidar el bosque, cuidarnos desde ese lugar. Volver a lo natural, a lo que realmente sostiene la vida.
Otra canción: Círculo es una de las canciones que más me llamó la atención. ¿En qué momento nace y qué lugar ocupa dentro del disco? Me da la sensación de que toca una temática muy actual y que dialoga con este tiempo de una manera especial.
Fe Baca: Círculo nació de un cuaderno antiguo que encontré hace poco. Era una página que había escrito el día que murió mi papá, o quizá al día siguiente, en su velorio. Ahí estaba esa idea del círculo, de algo que nace, se rompe, se pierde, pero sigue conectado de alguna manera. Y cuando lo leí de nuevo, sentí que esa imagen seguía siendo verdad para mí.
La canción habla de mi papá, de la muerte, de esa sensación tan extraña de que alguien ya no está, pero igual lo seguís escuchando. Soñás con esa persona, te habla, te dice cosas. Creo que cuando querés mucho a alguien, eso pasa. Hay una presencia que sigue ahí, aunque ya no esté físicamente.
Círculo también tiene algo de búsqueda espiritual, algo que se intensificó cuando él murió. Habla de la imagen del ser, de cómo vemos al otro y cómo lo sentimos incluso después de que se va. Es una canción muy íntima, pero también muy actual, porque creo que muchas personas están pensando en cómo seguimos conectados con quienes ya no están, cómo se transforma ese vínculo.
Otra canción: Vivimos en una sociedad donde la identidad muchas veces se fija por lo que mostramos en redes, aunque gran parte de eso sea ficticio. ¿Cómo sentis que esa necesidad de mostrarse siempre bien afecta la vida privada y también la vida artística? Porque desde afuera parece que todos los artistas están felices, viajando, brillando… pero muchas veces detrás de una foto hay alguien que la está pasando mal.
Fe Baca: Totalmente. Me acuerdo de que hace unos años una chica me dijo: “tú, como figura pública…”, y yo pensé: ¿qué? ¿De qué me estás hablando? Fue en 2020, cuando recién había sacado algunos singles, y me chocó mucho. Me quedé pensando hasta ahora en qué significa eso de ser “figura pública”.
Hoy ya no es que existen casi “las figuras públicas” casi todos lo somos un poco. Todos estamos compartiendo historias, mostrando pedacitos de nuestra vida. Y claro, lo que uno muestra son recortes. Yo comparto desde la sinceridad, pero igual no estás viendo cuando estoy llorando, frustrada o con rabia. No voy a subir una foto diciendo “tengo rabia”. Pero eso no significa que las alegrías que muestro no sean reales; solo que no es todo.
Hay un límite entre lo que mostramos y lo que no. Y a veces, en las canciones, ese límite se desdibuja, y eso es lo lindo. Ahí sí aparece lo que no muestro en redes. Esa parte más vulnerable, más verdadera. Y también es cierto que hay muchos ojos que te protegen, que te acompañan, incluso cuando no estás mostrando todo lo que te pasa.
O.c: cuáles son los ojos que te protegen hoy y en este ecosistema atomizado por redes sociales, por tener que estar componiendo, estar editando, estar sacando singles
Fe Baca: “Muchos ojos te protegen” viene de una visión que tuve. Estaba completamente sobria, solo escuchando los sonidos de la noche en la selva que son una locura de hermosos y de pronto, al cerrar los ojos, empecé a ver ojos. Muchos. Personas mirándome. Rostros de gente mayor, como abuelos. Le conté a un amigo y me dijo “es que en la comunidad ha muerto un abuelo”. Y ahí entendí que esa noche había muchos espíritus presentes. No me dio miedo; al contrario, me pareció una escena muy bonita.
Para mí, esa frase tiene que ver con sentir que la tierra es nuestra casa y que, aunque haya peligros o dolores, también hay presencias que te cuidan. Me recuerda a una línea de Natalia Lafourcade en Hasta la raíz, esa idea de que el mundo también nos sostiene. Y me gusta pensar que esos ojos son los abuelos, las abuelas, los sabios, las brujas, los animales… todas esas fuerzas que te protegen desde lo invisible.
Otra canción: En una de las canciones aparece esta idea del silencio, familias y comunidades que muchas veces callan y terminan protegiendo al agresor, no a la víctima. ¿Cómo te atraviesa eso como mujer y como feminista? ¿Qué lugar creés que tiene la música y tu propia voz para cuestionar esas dinámicas y, de algún modo, intentar cambiarlas?
Fe Baca: Claro. Yo creo que hablar de lo que nos pasa, sin vergüenza, es lo que realmente puede empezar a cambiar la realidad. Hablarlo con otras mujeres, con mujeres más jóvenes, con los amigos.
Hay una frase de Audre Lorde que siempre me acompaña: “Your silence will not protect you”. Tu silencio no te va a proteger. Guardarte lo que viviste no te salva, no te cuida, no te repara. A veces nos toma tiempo, a mí me tomó mucho tiempo, pero en algún momento hay que sacarlo a la luz, aunque duela.
Creo que ahí empieza a moverse algo. Cuando una habla, otra escucha y dice: “a mí también me pasó”. Y esa cadena, esa conversación, es lo que puede empezar a cambiar las cosas. La música, para mí, es parte de ese proceso, un lugar donde puedo decir lo que en otros espacios todavía cuesta decir.
Otra canción: Recién decías que hay cosas que tardan en salir, que hay tabúes que te rodearon durante mucho tiempo. ¿Cuáles fueron esos silencios que cargaste y que ahora necesitás nombrar? Y, sobre todo, ¿por qué sentís que recién ahora es el momento de decirlos?
Fe Baca: Cuando hay tabú, no hay información o la información llega cortada, bloqueada, incompleta. Entonces crecés sin poder hablar de ciertos temas sobre todo los sexuales, los patriarcales, los de género porque simplemente no había espacio para eso. Yo intentaba hablar con mis amigas y ellas estaban igual de desinformadas que yo.
Mi contexto en Lima era con mucho machismo, mucha vergüenza alrededor de estos temas. Y después, cuando crecí, me di cuenta de que otras amigas sí tenían mamás feministas, o espacios donde podían preguntar: “¿esto es normal?”, “¿esto no?”, “¿esto que me pasó es abuso?”. Yo no tuve eso. Entonces muchas cosas que viví de joven recién pude hablarlas a los veintipico, con personas en las que confiaba. Y recién ahí entendí muchas cosas que me habían hecho los hombres.
Lo más loco es eso es que cuando no tenés información, tampoco tenés palabras. Te sentís incomodidad, con miedo, con confusión… porque no sabes cómo nombrarlo. No sabes cómo decir “esto está mal”, porque nadie te enseñó ese lenguaje. Y creo que por eso ahora necesito decirlo. Porque ya tengo las palabras. Porque ya no me da vergüenza. Porque entendí que lo que no se nombra se queda adentro, y lo que se queda adentro te lastima.
O.c Estuviste viviendo en Argentina…
Fe Baca: De los veinte o de los diecinueve a los veinticuatro, una cosa así. De hecho, me ayudó mucho Argentina.
Otra canción: Viviste en Argentina en una edad clave, y ahí muchos temas que en Perú eran tabú sí se hablaban: violencia de género, derechos, marchas, lenguaje feminista. ¿Cuánto te ayudó ese contexto a entender y nombrar cosas que antes no podías? ¿Y sentís que algo de eso te permitió abrir conversaciones cuando volviste a Perú, donde todavía pesan dinámicas muy instaladas?
Fe Baca: Sí, a mí me ayudó muchísimo vivir en Buenos Aires para aprender a discutir. Yo soy una persona que ama la armonía y que evita el conflicto, y allá entendí que discutir no es pelear, es dialogar con fuerza, con claridad, para llegar a otro lugar. Me encantó esa energía de poder decir lo que pensás sin miedo, de estar en el cine o en el teatro y que alguien grite algo que siente, y que de pronto se arme una manifestación espontánea. Esa fortaleza colectiva me marcó.
En Perú también hay marchas y siempre hubo mujeres feministas, no es que no exista. Pero siento que no está tan organizado, o tan articulado entre grupos. Entonces sí, hay un atraso. No porque no haya voces, sino porque esas voces no siempre encuentran un espacio común, o no atraviesan tantas capas de la sociedad.
En Argentina me impresionó que las marchas son enormes, que los temas se discuten en muchos espacios distintos, y que es transversal a las clases sociales. O al menos así lo viví yo.
O.c: ¿Por qué creés que en Perú cuesta más organizarse y articular estos temas, incluso cuando las voces existen?
Fe Baca: Creo que en los últimos años hay mucho miedo. Todo lo que pasó con Dina Boluarte, con los asesinatos en las protestas, con la represión… eso dejó una marca muy fuerte. Y si a eso le sumás el fujimorismo, que viene operando hace décadas, es lógico que la gente tenga temor de salir, de organizarse, de exponerse.
Pero también hay algo más cotidiano, acá la vida es muy dura. Mucha gente está simplemente tratando de pagar el alquiler, de llegar tranquila a su casa. Y cuando estás en ese nivel de supervivencia, no queda mucho espacio para lo otro. Yo misma tengo una posición privilegiada hasta cierto punto, pero igual pago alquiler, me muevo, trabajo. Imaginate alguien que viaja tres horas en micro para ir a trabajar, porque acá no hay subte y el transporte funciona mal. Eso te come la energía.
Son muchas cosas juntas, el miedo político, desgaste económico, falta de infraestructura, ciudades que llegaron tarde a ser ciudades. Todo eso hace que organizarse sea más difícil. En Buenos Aires sentí lo contrario: que la ciudad te conecta, que hay espacios, que hay tiempo, que hay una estructura que permite que la gente se junte y discuta. Acá eso todavía cuesta más.
Otra canción: Nocturna transmite esa tristeza que estamos empezando a normalizar, eso de que “mi cara triste es solo una más”. En Argentina por ejemplo e los últimos tiempos se ve mucha gente en situación de calle y lamentablemente llega un punto que lo normalizamos, no nos llama tanto la atención como la primera vez… ¿Cómo nació la canción? ¿Y coincidís en que estamos naturalizando vivir deprimidos por la realidad? ¿Qué lugar puede tener la música para romper esa apatía y recuperar algo de comunidad?
Fe Baca: Nocturna nace justamente de eso, de cómo estamos normalizando vivir deprimidos por la realidad. La canción es muy explícita cuando dice “la empatía no te gana, la compasión no te gana”, porque realmente me impresiona ver cómo hay gente que se ha endurecido a tal punto que ya no siente nada frente a una injusticia. Y lo veo incluso en adolescentes, que ya empiezan a mostrar esa apatía tan temprano.
Esa frase de “mi cara triste es solo una más” habla de cómo la tristeza se vuelve parte del paisaje. Acá también hay muchísima gente en situación de calle, y aunque te duela, llega un momento en que tu cabeza lo normaliza porque estás metido en tu propia vida, tus problemas y tu rutina. Y creo que esa es la base del capitalismo, cada uno por lo suyo…
Sobre la música, ojalá que sirva para interpelar, para abrir corazones, para derretir un poco esa coraza. Todos tenemos un niño interior, una parte sensible que está ahí, aunque suene cursi. Si una canción te hace preguntarte cómo está ese corazón, ya es un montón. No sé si la música cambia el mundo, pero sí creo que cambia perspectivas.
O.c En una parte la canción dice leer tanto hasta olvidar tu nombre. ¿Qué lugar ocupa la lectura para vos? Pienso leer como escape, pero también leer para entrar al mundo, para llevar algo de eso que uno lee a la vida real. ¿Te acordás qué te llevó a decir eso de “leer tanto hasta olvidar tu nombre”? ¿Qué te pasó ahí?
Fe Baca: Para mí leer y escribir es fundamental. Siento que una cosa va de la mano de la otra. Y también pasa algo parecido a lo que decíamos sobre cambiar la perspectiva cuando vas a un concierto: leer es otra forma de correrse del propio eje, de mirar el mundo desde lo que otra persona pensó o imaginó. Me parece súper importante eso, no quedarnos siempre mirando nuestro propio ombligo.
O.c: Gestos remotos salió en octubre y ya casi cumple un año. ¿Qué repercusiones tuvo? ¿Cómo lo recibió la gente? ¿Hubo alguna crítica que te sorprendiera, sobre todo siendo un disco más de nicho?
Fe Baca: Mucha gente me escribió, me felicitó, me contó cuál era su canción favorita. Eso me encanta. Pero igual siento que me gustaría que el disco llegue a muchísimas más personas. Que lo escuchen, les guste o no, pero que al menos llegue. Porque realmente creo que todavía no alcancé a todos los oídos a los que podría llegar.
O.c: Para cerrar ¿Hay algo del disco que hoy cambiarías? Digo, el álbum ya hizo su recorrido y vos también cambiaste en el proceso. ¿Sentís que hay cosas que hoy harías distinto, o es un disco que todavía te representa y no le tocarías nada?
Fe Baca: La verdad es que amo el disco. A veces hago ese gesto medio heroico de ponerlo y escucharlo, y lo disfruto mucho. Si pudiera cambiar algo, me hubiera gustado tener presupuesto para trabajar con un ingeniero de sonido. Freni y yo somos productores, pero no estudiamos ingeniería de sonido, y eso siempre se nota un poco. De hecho, es algo que quiero empezar a estudiar más seriamente.