Facundo Galli llega este viernes 19 de junio a las 20hs al Club Atlético Fernández Fierro (Sánchez de Bustamante 772) para presentar Una voz familiar. Canciones y relatos, un espectáculo que marca un nuevo capítulo en su recorrido como cantautor. Acompañado únicamente por el pianista Facundo Miranda, Galli propone un concierto íntimo donde sus canciones dialogan con pequeñas historias personales que atraviesan su vida familiar, sus primeras veces en la música y los momentos que lo formaron como artista.
Lo que comenzó como un ejercicio de escritura durante la pandemia lleno de textos guardados, leídos apenas en shows mínimos hoy se convierte en el eje de un espectáculo guionado, donde los relatos funcionan como puertas de entrada a canciones que van desde Liebre y Tren hasta Las melodías. En escena, aparecen versiones renovadas de temas como “Pájaro de la alegría”, “Fogonera”, “Cantando para decir”, “Caminito de tierra”, “Dale” y “Cuervito”, entre otros clásicos de su repertorio.
Con una estética que combina emoción, ternura y humor, Una voz familiar revela una faceta nueva de Galli: la del narrador que encuentra en la palabra hablada un complemento natural para su obra musical. Un show pensado para la cercanía, para el ida y vuelta con el público, y para registrar un momento creativo donde canciones y relatos se entrelazan para contar una historia más amplia: la de un cantautor que vuelve a sus raíces para seguir moviéndose
A pocos días de presentar su nuevo espectáculo hablamos con el cancionista:
El viernes presentás tu nuevo espectáculo Una voz familiar, que tiene la particularidad de estar atravesado también por algunos relatos…
Facundo Galli: Sí, los relatos son la novedad. En los últimos años, cuando hacía conciertos más íntimos, solo con la guitarra y en formato cantautor, fui probando meter algún relato suelto para ver qué pasaba. Pero nunca les había dado la entidad que van a tener ahora, donde todo está un poco más guionado.
Los relatos tienen que ver con anécdotas familiares que están directamente relacionadas con mi camino como cantautor. Empecé a escribirlos alrededor de 2021 y al principio los guardé para mí, como un ejercicio personal de escritura. Después los fui leyendo de manera esporádica y me gustó lo que generaban.
Entonces esta vez decidí, formalmente, hacer un concierto que esté atravesado por esos relatos.
O.c: Te escuchaba y pensaba en la historia de varios cantautores. Pienso en vos, pero también en Gabo Ferro, en Silvio Rodríguez… muchos terminan escribiendo poesía o relatos además de canciones. ¿Qué lugar ocupa para vos el relato, la literatura, dentro de tu música y dentro de este espectáculo? Lo pregunto porque hay artistas que dicen “soy cantante, no escribo”, pero en el mundo del cantautor parece haber siempre una necesidad de escribir, ya sea en canciones, en libros o en relatos. La literatura y la música suelen ir de la mano.
F.G: Mirá, para mí son dos formatos bien distintos, con posibilidades de expresión diferentes. En mi caso, la canción tiene ciertos límites estéticos: cuando escribo una canción busco que no sea solo lo que se dice, sino también la musicalidad de las palabras, una síntesis, una brevedad que forma parte de mi estilo. Entonces hay cosas que en una canción no entran o no funcionan del mismo modo.
Con los relatos me pasó lo contrario: sentí que podía decir cosas que en las canciones no encontraba cómo decir, y que incluso se complementaban. Por ejemplo, leer un relato antes de Caminito de tierra que tiene una letra muy breve y repetitiva potencia muchísimo la canción. Le abre un contexto emocional que la canción sola no tiene por su propia naturaleza.
Para mí tiene que ver con eso: son dos frentes de expresión distintos. Y en mi caso fue una sorpresa, porque yo no estudié literatura ni escritura de manera formal, no tengo formación técnica. Empezó como algo muy intuitivo, casi un ejercicio personal, y de repente aparecieron cosas que me gustaron y que, cuando las comparto, generan un momento especial en los conciertos. La gente se identifica con esas historias.
O.c: Recién nombrabas “Caminito de tierra”, un tema que ya tiene sus años. Si no me equivoco salió en 2016, en Liebre ¿Cómo se resignifica hoy esa canción cuando la acompañás con un texto, cuando aparece un relato antes de tocarla?
F.G: Bueno, mirá, para mí siempre es un desafío habitar las canciones, sobre todo las que ya tienen sus años. Cada vez que las canto tiene que ser un “nuevo decir”. Entonces lo que hago es tratar de visualizar la letra, de traer lo que estoy diciendo al presente, aunque la canción haya sido escrita hace diez años o más. Ese ejercicio me ayuda a mantenerlas vivas.
En ese sentido, el relato también me sirve como apoyo. No es que cada canción tenga su texto específico no va a ser “tema + relato” de manera lineal, sino que el concierto está armado en bloques de canciones y algunos relatos. Hay menos relatos que canciones, pero funcionan como pequeñas puertas de entrada.
Por ejemplo, una de mis primeras canciones, si no la primera, es Cuervito, que está en mi primer disco. Y en este concierto voy a leer antes un texto que se llama Primeras veces, donde cuento la primera vez que canté en público, con mi mamá ahí. Cuando conecto ese relato con Cuervito, a mí me pasan un montón de cosas: me emociona, me lleva al momento en que compuse la canción, a mis primeras veces cantando delante de gente. Y creo que algo de eso se transmite también.
Confío en que esa emoción, ese puente entre relato y canción, llega al público.
O.C.: Recién me hablabas de que los relatos van a pasar un poco por tu vida familiar y por tu vida como músico. ¿Hay alguna anécdota que te haya marcado, ya sea para dedicarte a la música o para animarte a escribir?
F.G.: Sí, hay varios momentos que recuerdo como importantes a la hora de decidirme por la música. Muchos de esos recuerdos están en los relatos, y por algo los sigo teniendo tan presentes. La primera vez que canté en público, por ejemplo, yo era muy chiquito. Después hubo otras anécdotas que no están en los relatos, pero que también forman parte del camino: cruzarme con alguien que me dijera “che, qué bien que tocás” o “qué bien que componés”, y que eso me diera ánimo para seguir.
En el caso de la escritura fue distinto. No es algo que yo haya estudiado formalmente; no tengo formación literaria ni técnica. Empezó durante la pandemia, que como a todo el mundo me aisló bastante y me apagó un poco. Me obligó a reconectar con muchas cosas: con la música, con la escritura de canciones… y también con la necesidad de buscar inspiración en otro lado. Ahí aparecieron los relatos, casi como un ejercicio para encenderme de nuevo y generar material artístico.
El primero que escribí y que voy a compartir el viernes es un texto sobre mi abuelo que se llama Sonreír con los ojos. Ese fue el germen de todo. Cuando lo terminé pensé: “che, esto me gusta”. Se lo compartí a mi pareja, a mis amigos, y también les gustó. Ahí sentí que podía haber algo más.
Después vino el paso que más me costó: animarme a leerlos en vivo. Nunca había leído algo mío en un show. Alguna vez recité poesía, pero siempre textos de otras personas. Esto era distinto. Y me fui dando cuenta de que podía escribir sobre la marcha, que había algo ahí que funcionaba. Igual, lo que voy a hacer el viernes sigue siendo una apuesta: me pone nervioso, no sé qué va a pasar, pero me entusiasma. Siento que me abre una posibilidad de expresión que no entraba solo en las canciones.
O.C.: En escena te va a acompañar Facundo Miranda en piano. ¿Es un show a dúo?
F.G.: Sí, vamos a estar los dos nada más: Facundo Miranda en piano y teclados, y yo.
O.C.: ¿Por qué elegiste ese formato tan íntimo? Pienso en otros cantautores que, cuando incorporan poesía o relatos, suelen elegir justamente el piano o la guitarra sola.
F.G.: Fue un poco por eso que decís. El piano tiene una paleta enorme de colores. Y en este caso no es solo piano: también hay teclados, así que aparecen otros timbres. Yo quería que pudiéramos hacer versiones distintas de las canciones, y que cuando yo lea los relatos hubiera pequeños guiños musicales, no una música constante, pero sí detalles que acompañen lo que voy diciendo.
Por ejemplo, si en un relato menciono una canción mía, aparece la melodía muy sutilmente tocada por el pianista. Son detalles chiquitos, pero que visten el concierto de una manera elegante. Eso me gustaba mucho.
O.C.: ¿Cómo fue la elección de las canciones? Tenés varios discos, proyectos a dúo… debe haber sido difícil armar un recorrido.
F.G.: El hilo conductor son los relatos, que están ordenados con cierta cronología de mi vida. Eso me permite poner en escena canciones de 2013 y de 2025, mostrar diferencias lógicas de crecimiento y de estilo, y que todo conviva bien porque lo que se está narrando es el paso del tiempo en la vida de un cantautor.
La elección de canciones tiene que ver con eso: las más representativas de cada disco. Armé un puñado de tres o cuatro temas por álbum, incluyendo los discos que tengo a dúo con Niño Etcétera o con Julián Orozco. Los relatos son lo que une todo.
O.C.: Recién hablábamos de tus discos. Tu último trabajo es Las melodías, que salió el año pasado. ¿Cómo lo estás pensando ahora? ¿Es un disco que vas a seguir presentando o este nuevo espectáculo abre otra etapa? Lo pregunto porque uno podría pensar que Las melodías todavía tiene un largo recorrido.
F.G.: Sí, también hay una realidad que es la del país. Las melodías lo presenté el año pasado en dos oportunidades, así que siento que esa etapa de presentación ya está bastante cerrada. Igual, varias canciones del disco las sigo tocando; no es que desaparecen.
Y con respecto a los relatos, me fui dando cuenta de que podía escribir sobre la marcha. Lo sigo haciendo. Lo que voy a hacer el viernes sigue siendo una apuesta: me pone nervioso no saber qué va a pasar, pero al mismo tiempo me entusiasma muchísimo. Siento que me mantiene expectante frente a una posibilidad de expresión que no entraba solo en las canciones.
Pero también vuelvo a algo que te decía antes: este año sentí la necesidad de hacer algo con menos integrantes, con un formato que me permitiera moverme. No solo tocar en Capital o en Zona Sur, sino poder viajar a Rosario, a Córdoba, y presentar un show sin tener que trasladar a toda una banda, porque hoy por hoy sencillamente no puedo. Entonces pensé: “¿Cómo hacemos?”. Y esa pregunta se juntó con la inquietud que ya venía teniendo de trabajar con estos relatos.
Ahí apareció la idea de hacerlo con Facundo. Él es un músico increíble y entre los dos podemos sostener un espectáculo que, además, suma algo nuevo con los relatos. Eso es lo que quiero hacer ahora. Más adelante no sé; seguramente voy a seguir tocando con la banda, pero ya no en el marco de Las melodías, sino con un show nuevo.
O.c: Recién me decías que la idea es llevar este espectáculo fuera de Buenos Aires. ¿Tenés fechas programadas ya?
F.G.: Me gustaría tocar sobre todo en Córdoba y en Rosario, que son lugares a los que trato de ir al menos una vez por año.
O.c: Pensando en este show esta pensado grabarlo o por lo menos hacer un disco en estudio con ese formato?
F.G: Casualmente, este viernes vamos a filmar y grabar el audio del concierto. La idea es registrar todo y después veré si lo comparto completo o en fragmentos. Pero sí, vamos a grabarlo porque es una buena oportunidad para dejar registro de estas versiones nuevas de canciones que vengo tocando hace mucho.
O.c: El show va a ser en el CAFF. En un momento social tan difícil, ¿el lugar también tiene un significado?
F.G.: Seguro. Yo lo elijo porque es un espacio que, económicamente, no se vuelve tan cuesta arriba para la gente que va a verme: ni la entrada ni lo gastronómico. Se puede pasar un buen rato, ver un concierto lindo y no gastar una fortuna. Son muy conscientes del momento que estamos viviendo.
Además, la gente del lugar es increíble. El año pasado presenté Las melodías ahí, en noviembre de 2025, y tuve el mejor trato. Me sentí muy cómodo en todo el proceso, no solo en el concierto. Por eso decidí volver.
Y aunque es un escenario grande, tiene un equipamiento que permite generar intimidad: buenas luces, buen sonido, un clima cálido. Por eso fue mi elección.
O.c.: ¿Pensás en algún momento plasmar los relatos en un libro, o por ahora solo van a existir en el show y en las grabaciones que puedan surgir de este repertorio?
F.G.: Por ahora, la idea es que existan en estos formatos. Para mí es importante leerlos yo, porque así puedo darles la intención que quiero. No siento que sea un material para publicar en un libro ni para subir escrito a Internet.
O.C.: Para cerrar: más allá de este show, ¿estás componiendo o trabajando en algo nuevo? Lo pregunto porque vos, Julián Orozco y varios músicos de tu generación están siempre creando, dando talleres, armando proyectos… son artistas muy en movimiento.
F.G.: En este momento estoy dando clases y tengo un espacio de acompañamiento para nuevos cantautores y cantautoras en mi casa, en mi home studio, que se llama Mundito propio. Además, estoy haciendo la música de una obra de teatro que estrenamos el domingo pasado.
Y en cuanto a la composición, siempre estoy escribiendo. Tengo canciones nuevas y también muchas que quedaron afuera de distintos discos por una cosa u otra. Tengo una carpeta en la compu llena de temas que nunca grabé y que tengo ganas de registrar. Me pasa que compongo mucho.
La diferencia con otros momentos es que antes tenía más urgencia por mostrar lo nuevo. Era como: “compuse un tema, lo quiero tocar ya”. Hoy estoy más tranquilo. Siento que hay un repertorio que la gente conoce y quiere, y sé cuáles son mis canciones más queridas. Entonces no me desespero por sacar material todo el tiempo.
Pero siempre estoy componiendo, armando maquetas en casa, viendo cómo conviven las canciones entre sí, pensando ideas para próximos discos. Es parte de mi trabajo y también de mi vida.