Laura Petrecca: Cualquier expresión que no espere ser funcional a un sistema es una forma de resistencia.

Laura Petrecca, en Piedras, su último poemario publicado por Paripé Books, arma una narración hecha de imágenes: escenas mínimas, casi suspendidas, donde lo íntimo, lo natural y lo simbólico conviven en un mundo sensorial que avanza por capas. Para ella, en la forma de mirar las piedras hay una libertad: no las piensa como objetos quietos, sino como soportes de memoria y tensión, lugares donde algo se sostiene y algo se quiebra.

La escritura de Petrecca atravesada por su formación en cine y arte funciona como un trabajo plástico: fragmentos, planos, atmósferas que se adhieren a la realidad mientras la transforman. Hay un personaje que se desplaza “fantasmalmente” por distintos mundos, desde lo doméstico hasta lo onírico, desde la ciudad hasta París, donde la experiencia de la extranjería afina la observación y preserva el castellano como un territorio propio. Piedras invita a detenerse, a mirar con precisión, a respirar distinto frente a la velocidad del mundo. En esta conversación, Petrecca piensa la poesía como un modo de anclaje y, a la vez, de movimiento: una forma de compañía que no explica, pero acompaña; una manera de habitar la fragilidad sin perder la intensidad de la pregunta.

Otra Canción: En Piedras, las piedras funcionan más como alegoría que como objeto geológico. ¿Qué te llevó a elegirlas como símbolo central de una experiencia vital que parece siempre en movimiento?

Laura Petrecca: Seguramente una búsqueda de anclaje, cierta materialidad o ilusión de materialidad. Buscar el momento en que una situación adquiere una determinada forma, detenerla y a la vez que esa densidad contenga al movimiento, en ese sentido me interesaba la figura de las piedras.

O.c: La voz poética se desplaza entre lo íntimo, lo urbano y finalmente París. ¿Cómo influyó tu experiencia de migración y distancia en la construcción de esos escenarios y en tu relación con el castellano?

Laura: La condición de extranjería y de migración te pone inevitablemente en un lugar de observación más preciso. Pasé muchos años viviendo en otro idioma, viviendo y observando, hablando en otro idioma, mi lengua de origen estaba escindida en el hablar cotidiano. Sin embargo, siempre seguí leyendo y escribiendo en castellano y es curioso lo que sucede con el lenguaje, de alguna forma se preserva, se detiene, al no estar en la relación social diaria. Creo que durante mucho tiempo estuve guardando imágenes que no sabía muy bien donde situar.

O.c: El epígrafe de Calasso habla de la imposibilidad de regresar a las formas. ¿Cómo dialoga esa idea con tu noción de destino y transformación dentro del libro?

Laura: En verdad talvez sería que se puede acceder a las formas pero luego ya no se puede regresar, ¿a qué? no sé, la transformación es irrefrenable. Es muy lindo ese libro, Las bodas de Cadmo y Harmonía, el mito, el intento de explicación para lo que es inexplicable o incomprensible, el halo que que rodea a una historia.

O.c: En varios poemas aparece una tensión entre fragilidad y peso, entre lo que se quiebra y lo que permanece. ¿Qué lugar ocupa esa dualidad en tu escritura?

Laura: Supongo que la escritura tiene mucho de ese querer alcanzar lo que se escapa, traerlo hacia nosotros, es una ilusión de permanencia pero finalmente no la hay. Pensar la escritura como un trabajo artesano y la elaboración de imágenes como una construcción de objetos.

O.c: Tu formación en cine y arte se percibe en la visualidad del libro. ¿Cómo dialogan esas disciplinas con tu poesía y qué te permiten a la hora de construir imágenes?

Laura: Esto quizás tiene que ver un poco con la pregunta anterior, pensar un ámbito desde otro, extrapolar, utilizar herramientas de un soporte en otro. Me da libertad para abordar la escritura de poesía y también una enorme curiosidad, para no usar la palabra inspiración. Trabajo constantemente a partir de pinturas, imágenes, fotografías, películas, que son también una compañía al momento de escribir, de alguna manera siento el escribir similar a la labor plástica, por capas, de forma fragmentada, más que el formular una idea y querer decir.

O.c: La memoria en Piedras parece moverse entre lo personal y lo colectivo. ¿Cómo trabajaste esa doble dimensión y qué importancia tiene para vos mantenerla viva en la literatura?

Laura: No creo que haya tanta distancia entre lo personal y lo colectivo en la poesía, es un yo que se amplía, descreo de esa silueta definida de la primera persona y la pienso más como una plataforma para llegar a otro lugar y también para cuestionarla un poco. Poesía es pensar con otros, compartir preguntas, entrar en ese terreno común, atravesando el límite del yo, el yo como una figura delimitada o fija finalmente no importa mucho, creo.

O.c: El libro invita a detenerse, a mirar las piedras del camino, a respirar distinto. ¿Buscabas que la lectura tuviera un ritmo contemplativo, casi ritual, frente a la velocidad del mundo?

Laura: Quería detenerme sobre algunas imágenes, suspenderlas un poco.

O.c: Muchos lectores encuentran en la poesía una forma de compañía, incluso cuando no resuelve nada. ¿Creés que un poema puede volver más amable una experiencia difícil o abrir una hendija para mirar el dolor desde otro ángulo?

Laura: Y seguramente algo de eso haya y es bueno que no sea funcional ni útil, que pase más por una compañía, por una presencia. Hay algo muy atractivo en la experiencia que no logra definirse sino que es como una estela que continua y puede ir cobrando diferentes sentidos a medida que se desarrolla.

O.c: Vivimos en una sociedad que exige respuestas rápidas y certezas. La poesía, en cambio, trabaja con lo frágil, lo ambiguo, lo que no se puede nombrar del todo. ¿Pensás esa lentitud como una forma de resistencia?

Laura: Creo que cualquier tipo de expresión que no espere ser funcional a un sistema es un poco una forma de resistencia hoy por hoy,  porque plantea una pregunta o establece una disrupción y eso genera una incomodidad, positiva creo, un desconcierto que puede llevarnos a otras partes o que al menos corta con una lógica de efectividad y abre un espacio.

O.c: Hay quienes dicen que la poesía no cambia nada y quienes creen que cambia la sensibilidad, y que eso ya es transformar el mundo. ¿Qué tipo de cambio —mínimo, íntimo o colectivo— imaginás que puede provocar un poema?

Laura: Para mí la lectura de poesía, cuando conocí la poesía moderna y la contemporánea, sobre todo, fue una revelación, de capacidades del lenguaje, de amplificación de la sensorialidad y la sensibilidad, sin dudas, también, porqué no. Creo que la conexión con eso es valiosa, es ampliar la visión, es ver distintos aspectos de algo al mismo tiempo, la realidad adquiere otra trama. Me gusta pensar la poesía dentro del mundo, como parte de él y para comprender cómo estar en él, no como algo distante