Marina Fages: habitar la avalancha

En Atalaya avalancha, Marina Fages vuelve a empujar los bordes de su propio universo: un territorio donde la furia y la ternura conviven sin pedir permiso, donde lo fantástico se mezcla con el conurbano y donde la amistad aparece como un refugio político en tiempos de desconexión disfrazada de hiperconexión. El nuevo disco suena más frontal, más físico, más vivo: guitarras que avanzan como tormentas, baterías que sostienen el pulso y letras que se animan a mostrar zonas más íntimas.

En esta charla, Marina desarma ese proceso de cómo las canciones fueron marcando el rumbo emocional del álbum, por qué el amor y la compañía vuelven a aparecer como fuerza vital, qué lugar ocupa el territorio en su escritura y cómo la comunidad se volvió un sostén imprescindible. También habla de su vínculo con el folclore, de la energía que desea que quede vibrando en quien escucha y del año que se viene, que incluye una fecha muy esperada, este jueves 20 de junio en Pez Volcán, Córdoba, donde el disco seguirá tomando cuerpo en vivo.

Otra Canción: El disco Atalaya avalancha habita un borde emocional muy intenso: derrumbe, furia, ternura, grito y abrazo conviven sin jerarquías. ¿Qué te llevó a querer trabajar en ese límite y qué descubriste de vos misma ahí?

Marina Fages:
Atalaya Avalancha es un disco de diez canciones que, la verdad, no sé si fue una decisión ir por ese lado desde el principio. Más bien las canciones fueron llevando a que ese fuera el concepto del disco: emociones fuertes que se desbordan como desastres naturales. A mí me gusta eso, porque tanto cuando pinto como cuando hago canciones, el inicio suele ser bastante caótico, y de alguna forma, con el correr del proceso, se va entendiendo. Hay cosas que voy dejando de lado y otras que sigo eligiendo conceptualmente para formar esa idea. Las emociones nos atraviesan día a día, y no sé si descubrí algo nuevo de mí misma, pero sí siento que en este disco hay algunas letras un poco más personales que en otros.

O.c: En un clima de desesperanza generacional, tus canciones vuelven al amor y la compañía como refugio y resistencia. ¿Por qué sentís que hoy era necesario recuperar esa dimensión afectiva como fuerza política y emocional?

M.F
: Creo que a todas las chicas de la banda nos atraviesa un montón esto que plantea la pregunta. Es muy loco, ¿no? Porque a veces creemos que con un mensaje de texto o con ver el estado de alguien ya sabemos cómo está, pero no es así. Y venimos hablando mucho de eso: de que podemos estar ‘en contacto’, pero en realidad no lo estamos.

Sentimos que hay que encontrarse más, que la presencialidad es importante. El contacto, un abrazo, reírse juntas, escuchar la voz del otro sin nada de por medio. En Internet hay un recorte: en nuestros perfiles mostramos algunas cosas y otras no.

Pero cuando te juntás con una amiga o un amigo, hay cosas que no se pueden caretear. Preguntás: ‘¿Cómo estás?’, y aunque te digan que están bien, vos ves si realmente lo están. Por eso es tan importante no perder el contacto, no dejar de hacer cosas juntos, no dejar de visitar a la familia. Son cosas simples, pero muy importantes.

O.c: El disco mezcla huracanes, gigantes, rutas, conurbano y San Telmo: lo fantástico y lo cotidiano como estados emocionales. ¿Cómo aparece el territorio —real e imaginado— en tu escritura?

M.F:  La naturaleza, los espacios y los lugares me inspiran un montón. Siento que cada lugar tiene su propia energía y sus propias cosas que pasan con las personas. Los lugares hacen a las personas, y las personas también hacen a esos lugares, y eso siempre me fascinó.

De chica viví en varios lados y noto mucho las diferencias: la gente que vive en la ciudad, la que vive en el conurbano, la que vive en otras ciudades. Todo eso tiene que ver con el lugar. El lugar afecta las costumbres, pero también las emociones, los estados de ánimo y las relaciones.


O.c: “Avalancha” condensa violencia urbana, épica fantástica, pogo, guturales y flautas élficas. ¿Qué te interesaba explorar en esa mezcla tan física y tan imaginativa?

M.F:
  La canción Avalanche habla de una forma bastante metafórica, de  un refugio y de un amor intenso. O sea, del refugio que da un amor intenso. Eso es.

O.c: Atalaya avalancha suena más grande, más frontal, más físico que El mundo pequeño. ¿Qué decisiones musicales te permitieron llevar tu sonido hacia un territorio más aguerrido?


M.F: La producción de Atalaya Avalancha la hicimos junto a Martina Boysager, que es la baterista. Desde el principio nos planteamos que el sonido del disco fuera mucho más parecido a lo que venimos haciendo en vivo como banda desde hace un tiempo. La idea era esa: que las guitarras estén muy presentes, que la batería esté muy presente. Trabajamos juntas toda la producción desde las baterías. Yo hice casi todas las melodías, pero después Martu fue armando, pedazo por pedazo, cosas en la batería que quedaron increíbles.

La intención fue que sonara más al vivo y que también fuera un disco que mantuviera una velocidad. Quizás El mundo pequeño o discos anteriores tienen momentos más climáticos donde pasan cosas distintas. Este disco, en cambio, tiene un continuado de velocidad que lo hace más rutero, más intenso y como en un mismo plano.

O.c: En canciones como “Equipo Putas” y “San Telmo” la comunidad aparece como sostén afectivo y político. ¿Qué lugar ocupa hoy lo colectivo en tu música y cómo se vuelve un espacio de resistencia y cuidado?

M.F: En estos últimos años venimos hablando mucho de esto que mencionás, de la presencialidad y de estar más presentes. Con la banda tenemos una relación de amistad además del trabajo: más allá de los chats donde organizamos cosas del show, también somos amigas. Nos juntamos a comer, vamos a ver a la banda cuando alguna tiene su proyecto.

‘Equipo Putas’, en particular, es una letra que hizo Macarena, la bajista, y son todas frases de cuando estábamos de gira. Nos encantan esos momentos porque compartimos un montón de cosas, es muy divertido, nos reímos muchísimo.

Y ‘San Telmo’ es una canción que habla del barrio y de encontrarte ahí con las tuyas. Cuando todo parece estar muy mal, es lindo saber que en el bar de la esquina podés cruzarte con tus amigas cada tanto, y llorar juntas un lunes a la noche.

O.c: Entre Pequeño mundo y Atalaya avalancha editaste Folklórica, un desvío inesperado en tu discografía. ¿Fue un gusto personal o pensás retomar esa línea en algún momento?

No sé si es un desvío inesperado, porque si vamos más para atrás, en algún momento formé parte de una banda que se llamaba Al Tronador, que era como folk‑punk o algo así. Y también grabamos un disco con Lucy Patané, El poder oculto, que fue una experimentación con instrumentos folclóricos. El folclore me encanta: desde chica mi mamá cantaba canciones folclóricas y para mí es una influencia enorme. Una de mis cantantes favoritas es Mercedes Sosa, que para mí es una referente cultural inmensa.

Hacía bastante tiempo que quería hacer canciones más folclóricas, pero quizás no entraban en lo que veníamos trabajando con Atalaya Avalancha. Por eso salió como EP. Igual hay algunos elementos que ya estaban: el charango en Atalaya, las flautas, ciertos guiños folclóricos. Pero tenía más sentido que este material fuera un EP aparte. Quizás en algún momento lo metemos un poco más.

O.c: ¿Qué te gustaría que quede resonando en quien escucha el álbum entero después de atravesar tanta intensidad?

M.F: No sé si es ‘resonando’, pero a mí me pasa algo con algunos discos que me gustan mucho, y es algo que me gustaría que le pase a otras personas con mi música: que les den ganas de hacer cosas. Como una motivación. Para mí la música ayuda muchísimo a llevar adelante y a procesar cosas, y sobre todo a acompañar. A mí me sirve para realizar tareas, para ponerme en movimiento, para sostenerme.

Siento que esa energía se puede continuar. Si el disco es enérgico, me gustaría que esa energía ayude a seguir, a ponerle fuerza a lo que cada une tenga que hacer. No sé bien cómo explicarlo, pero sería algo así

O.c: Se viene el show en Córdoba el 20. ¿Qué sigue después? ¿Cómo imaginás el resto del año para vos y para este disco que ya empezó a tomar tanta fuerza en vivo?

M.F:  Sí, el 20 vamos a estar en Córdoba. Va a ser muy lindo volver; el año pasado estuvo buenísimo. Las chicas del Care Power también son lo más. Y el día anterior, el 19, vamos a estar tocando en Rosario.

Después siguen algunos shows más: vamos a ir a Chile el 4 de julio, y también tenemos fechas en Quilmes y en Burzaco. Todavía no se anunció, pero va a estar la presentación en Buenos Aires. El resto del año vamos a seguir tocando, presentando el disco y planificando los movimientos para el año que viene.

En lo personal, voy a estar pintando bastante. Con la grabación del disco, todo este laburo y las giras, mi trabajo más personal con las pinturas quedó un poco relegado. Así que eso: viajar, tocar, y en mi casa, en mi estudio, volver a pintar.

Creo que lo más lindo de este año fue sacar el disco, y ahora tenemos muchas ganas de disfrutarlo en vivo.