Delfina Campos: Estoy en una transición hacia una vida 100% abocada a la música

Tras un 2025 consagratorio —con giras internacionales, presencia en Envidiosa (Netflix), shows en festivales como Quilmes Rock y un recorrido que la llevó por España, México, Costa Rica, Chile y gran parte del país— Delfina Campos vuelve a girar con un presente que la encuentra en plena transición creativa. El viernes 15 de mayo se presentará en Rosario y el sábado 16 de mayo en Córdoba (en Pez Volcán), dos fechas que funcionan como una continuidad de la celebración de Películas perdidas y, al mismo tiempo, como un puente hacia el nuevo material que ya empezó a escribir.

En este momento bisagra, Delfina sostiene un pie en cada territorio: por un lado, un disco que sigue creciendo en vivo, con una banda afilada; por el otro, la intuición de un próximo álbum que todavía no tiene forma definitiva, pero que ya empezó a asomar entre viajes, mudanzas y una vida cada vez más entregada a la música.

En esta conversación, la artista repasa ese tránsito: el orgullo que le dejó Películas perdidas, la libertad de no saber aún qué “vestido” tendrán las nuevas canciones, la intensidad de un año que la transformó, la potencia emocional de Casi extraños, la luna como símbolo de lo que no entendemos y los fantasmas que piden ser mirados de frente. También habla del público cordobés —una de sus sorpresas más lindas del año pasado— y de lo que espera de este regreso.

Otra Canción: Estás preparando el show en Córdoba mientras trabajás en un nuevo disco. ¿Sentís que esta fecha funciona como una despedida de Películas Perdidas y un puente hacia la nueva etapa que estás creando? ¿Qué energía trae ese próximo material?

Delfina Campos: Podría leerse como una pequeña despedida de Películas perdidas, de alguna manera. Pero la verdad es que no sé cuándo va a salir el próximo disco, y por eso tampoco sé si quiero llamarlo “despedida”. No tengo certezas sobre cuándo va a aparecer el nuevo material; supongo que será el año que viene, si todo sale bien. Y una nunca sabe si me va a tocar volver a Córdoba o a Rosario antes de que salga ese próximo disco. Con ese panorama, sí: podría pensarse como una despedida en el sentido de que no sabemos si voy a regresar antes de que aparezca lo nuevo.

Internamente sigo disfrutando muchísimo tocar el álbum. Para mí las canciones siguen muy frescas, y de hecho el show y la banda están más sólidos que nunca. No siento que el disco se me haya “vencido” ni que mi relación con él haya caducado. Nada de eso. Lo sigo disfrutando un montón.

O.c: Tu música siempre se movió entre el pop, el rock y el folk sin perder identidad. ¿Qué descubriste sobre vos explorando esos géneros y hacia dónde sentís que se orienta tu sonido en este nuevo disco?

D.C: Lo que yo hago es canción, y tiende a ser bastante melódico. Le doy mucha importancia a las letras y, en ese sentido, siento que hay un germen mío que siempre se mantiene, más allá de cómo decida vestir cada tema. Después, si las canciones me piden irse más hacia el rock o acercarse al folk, eso aparece en una segunda instancia, casi como una consecuencia natural del proceso.

Por eso todavía no puedo decir qué “vestido” van a tener las próximas canciones. Ahora estoy enfocada, sobre todo, en escribir, en dejar que aparezca lo que tenga que aparecer sin forzarlo.

O.c: En varias entrevistas hablaste de renovación y renacer. ¿Qué parte de vos sentís que cambió más profundamente en este tiempo: la artista del escenario o la persona que sostiene la vida entre viajes, mudanzas y discos?

D.C:
Me encanta esta pregunta. Siento que mi vida cambió bastante en el último año. Cuando digo “último año” pienso en todo 2025 y lo que va de 2026. Con Películas perdidas hubo algo en mí que terminó de marcar una transición hacia una vida 100% abocada a la música, como si hubiera empezado a encarnar esa vida al máximo.

Siempre lo hice: desde que empecé con mi proyecto, la música fue central. Pero hubo algo de girar mucho, tocar mucho, viajar mucho gracias al disco, y también de dejar de lado otros proyectos y cosas no musicales, que hizo que mi vida cambiara bastante. Pasé a tener una rutina mucho más variada y, por momentos, caótica, que es un poco la adrenalina de ser música. Y todavía estoy aprendiendo a acomodarme a esa nueva forma de vivir. Sigo en ese proceso.

O.c: Después de casi dos años de Películas Perdidas, con giras, festivales y una gran recepción, ¿cómo ves hoy ese disco a la distancia?

D.C:  Es un disco del que estoy muy orgullosa. Películas Perdidas realmente me hace sentir así: me gusta su energía y me alegra saber que estoy orgullosa de todas las canciones. Cada una, por distintos motivos, me representa. Soy muy autoexigente, y aun así siento que es un disco luminoso, hecho junto a gente muy talentosa.

Crecí mucho humanamente haciéndolo. Aprendí un montón y me enriqueció en muchos niveles. Es un disco muy sensorial, con una energía clara, que responde exactamente a cómo quería sentirme tocando esas canciones en vivo. Ese fue mi norte desde el primer momento.

Para mí es un disco celebratorio, con una energía abierta, luminosa y potente. Y cada vez que lo escucho, lo agradezco. Así que sí: tengo un vínculo muy lindo con el álbum.

O.c: Casi extraños se volvió una puerta de entrada para mucha gente. ¿Qué sentís que tiene esa canción que la vuelve tan identificable incluso fuera del contexto en el que fue escrita?

D.C: Casi extraños la escribí muy en carne viva, todavía atravesando la separación de lo que fue mi primer amor y mi primera relación. Fue una etapa de duelo, de olvido, de dejar atrás algo que me costó muchísimo y que se me hizo muy larga, con muchas fases distintas. Y siento que esa canción apareció ya en las últimas etapas: con la situación relativamente superada, pero todavía dentro de esa paradoja en la que una nunca termina de superar del todo. Hoy ya no me pasa, pero en ese momento estaba esa dualidad: “sí, dejo esto atrás”, pero al mismo tiempo hay una parte de mí que no quiere o que nunca va a poder del todo. Porque las relaciones terminan, pero permanecen en algún lado.

Creo que por eso resonó tanto: porque pude, de una forma muy cruda, un poco pretenciosa y muy honesta, plasmar esa emoción, ese momento, ese estadio. Y después la versión de estudio tiene unas guitarras y una instrumentación que acompañan muy bien esa emoción. La versión acústica también le gusta mucho a la gente, pero siento que la versión de estudio le hace justicia a la canción, la sostiene y la potencia.

O.c: La canción habla de cómo alguien puede volverse “casi un extraño” aun cuando dejó huellas profundas. ¿Creés que realmente dejamos de ser quienes fuimos con alguien, o simplemente aprendemos a convivir con las versiones que ya no existen?

D.C: Yo creo que todos somos la suma de las personas que nos cruzamos en la vida. Todas las relaciones que tuve —amistades, amores, vínculos breves o intensos— están adentro mío, como si cada una fuera una especie de maestrito que me dejó algo. Suena cursi, pero es real: aprendí de todas esas personas, y en ese aprendizaje también me fui mejorando, o al menos transformando.

Me gusta pensar que una lleva dentro suyo a quienes quiso, incluso cuando ya no forman parte del presente. Las relaciones lindas que tuvimos funcionan un poco como una medalla: algo que no se exhibe, pero que se guarda para siempre. Aunque ya no estés con esa persona, lo que viviste con ella queda ahí, en algún lugar íntimo, acompañándote.

O.c: En Romance con la luna, la luna aparece como refugio, espejo e interlocutor silencioso. ¿Qué te interesa de esa idea de buscar consuelo en algo que no responde, pero que igual acompaña?

D.C: En Romance con la luna la luna aparece como una especie de símbolo del misterio: lo que no entendemos, lo que todavía no podemos nombrar y lo que está por venir. Para mí representa esa presencia silenciosa que nos observa desde lejos, algo que no es una persona pero casi podría serlo, una figura llena de secretos que intuimos pero no terminamos de comprender.

Cuando escribí la canción estaba pensando justamente en eso: en encarar nuevas etapas de la vida y entregarse al misterio de lo que vendrá. Confiar en lo desconocido, en lo que todavía no tiene forma. La luna, en ese sentido, funciona como una guía extraña, una especie de faro nocturno que te recuerda que no todo tiene que entenderse para poder avanzar.

O.c: El “romance” con la luna puede leerse como enamorarse de lo inalcanzable. ¿Creés que nuestra generación tiende a vincularse con lo

D.C: Bueno, es una lectura posible de la canción. Hay muchas lecturas posibles cuando aparece esta pregunta sobre nuestra generación. Y sí, creo que puede haber algo de eso.

Personalmente es algo en lo que pienso bastante: esto de salir del carril, de esa visión de túnel que a veces tenemos, donde vamos tan embalados que ni miramos para los costados. Y realmente mirar a los ojos al otro, tener un encuentro con el otro, buscar el amor y cultivarlo… todo eso requiere una entrega que no siempre estamos dispuestas a hacer.

Yo me lo pregunto para mi propia vida también, porque a mí me pasa: cuando siento que algo me pide mucho compromiso, o que me puede incomodar, o que implica sacrificios, no siempre estoy dispuesta. Y creo que hay algo cultural que refuerza eso, que hace que naturalmente sea difícil.

Entonces sí, creo que es un poco un signo de los tiempos.

O.c: En la canción aparece el deseo de que “los fantasmas se dejen ver”. ¿Qué valor encontrás en mirar de frente aquello que nos incomoda?

D.C: Yo creo que con que los fantasmas se dejen ver también hay algo de perderles el miedo. Como de animarse a mirar de frente los fantasmas del pasado, del presente o incluso del futuro. Verlos a la cara y entender que, al final, quizá no era para tanto en muchos casos.

Siento que hay algo de eso: que los fantasmas dejen de jugar a las escondidas y, en algún punto, se dejen ver para que una pueda hasta bailar con ellos. Como una forma de amigarse con lo que a una le da miedo y perderle un poco el respeto.

O.c: Para cerrar: se viene el show en Córdoba y también un disco nuevo. ¿Cómo sigue el año para vos y cuándo sentís que va a ver la luz ese nuevo material?

D.C: El show en Córdoba, para mí, va a ser continuar la celebración de Películas perdidas. La banda está muy afilada y estoy realmente contenta con eso. Va a ser una noche para pasarla bien, celebrar las canciones y compartir con el público cordobés, que para mí es de los mejores del país. Fue una de las sorpresas más lindas del año pasado: descubrir al público de Córdoba y todo el cariño que me dio.

Voy a intentar ir sin expectativas, buscando disfrutar como ocurrió la primera vez, darme al máximo y entregarme a las canciones. Y conectar con el público, que para mí es eso: un encuentro, una celebración de la música.