Toch: cosecharás lo que siembras

Por Pedro Sosa

Ya pasaron varios días, pero una parte mía todavía está en ese momento. Es viernes 13 de marzo. Son las 22 hrs. El comienzo del recital está anunciado para dentro de media hora. La gente va llegando. Todos estamos impostando tranquilidad, pero sentimos por dentro esa ansiedad saludable que provoca la expectativa del hecho esperado. Y es que estamos esperando por escuchar a los Toch, unidos por el mismo amor. El motivo del encuentro es doble: presentación de su último álbum, “Pulso inicial”, lanzado el diciembre pasado, y festejo de cumpleaños número 19 de la banda. El marco de la cita no es el habitual: esta vez el concierto no es en el clásico Studio Theater, donde la banda suele hacer sus recitales cuando toca de local en la capital cordobesa, ni entre el verde de la Feria Agroecológica, una especie de lugar natural de la banda, sino en QualityLab, una de las varias salas que tiene el espacio Quality, atrás de la ciudad universitaria. Mientras Andrés Albornoz –músico, productor y DJ radicado en el Valle de Traslasierra–, ejerce su oficio de DJ con tino y buen gusto en la antesala del concierto, la sala se va llenando progresivamente. Ya está todo dispuesto para que ocurra la magia. De repente la música se detiene y las luces se apagan. El silencio expectante es interrumpido por un coro murguero. Cantan: “Solo con verle basta/no tiene miedo/parece un sueño verle/no tiene miedo”. El recital empieza por el segundo tema del disco: “No tiene miedo”. Una canción con un sujeto tácito que nunca es explicitado. “Salió de la guitarra/de los cuadernos/donde se acumulaban/viejos recuerdos/Se abre camino al alba/nace de nuevo hoy/con los ojos de siempre/recién abiertos”. ¿De quién o qué habla la letra de la canción? La gente acompaña: escucha y canta sin pretender develar el misterio, tal vez solo sintiendo la presencia de esa realidad intangible que las imágenes de la letra indican sin nombrar.

Foto: Mauro Bruno

La lista sigue y suenan (casi) todas las canciones de “Pulso Inicial” ordenados de una manera diferente: “Tomate un mate conmigo”, “Amiga, amigo”, “Salgo a la calle”, “Una clave”, “Madre”, “No sé”. El público las canta como si ya fueran clásicos de la banda. Son canciones atravesadas en su mayoría por un gen uruguayo que es fruto de una relación constitutiva de la banda con la música del país vecino, a lo que suma esta vez la circunstancia de un encuentro personal, cultivado por el trío, con una gran troupe de músicos uruguayos que convergieron en la grabación del disco: los hermanos Nico y Martín Ibarburu y Hernán Peyrou (que conforman el Trío Ventana), el percusionista Nacho Delgado, la murga “Asaltantes con patente”, la rapera Eli Almic. Si el estilo de la banda ya estaba claramente asociado a la música uruguaya (no es difícil sentir en su música el amor y la admiración por Jaime Roos, Eduardo Mateo, Cabrera, etc.), “Pulso inicial” nos lleva de la mano a dar una vuelta por Montevideo, (como lo subraya la letra de “Amiga, amigo” –“Vámonos de viaje… a Montevideo!” – antes de dar paso a un solo hermoso de Nico Ibarburu sobre una base de candombe-toch)

Al hilo de las canciones van subiendo y bajando del escenario los invitados especiales: Nico Ibarburu, Nacho Delgado, los murguistas Pablo Riquero, Mati Bravo y Rodrigo Inthamoussu representando a los “Asaltantes con patente”, y el ya mencionado Andrés Albornoz en teclado. Se suman a la banda estable que acompaña habitualmente al trío en sus recitales grandes: Fede Seimandi en bajo, la “Negra Marta” Rodriguez en trombón y voz, Santiago Bartolomé en flugelhorn, Julieta Ortiz en saxo. Es la banda más numerosa que Toch ha armado y puesto en escena en su historia como banda. A la altura de las circunstancias, David Ames en el sonido (un jugador clave de Toch de un tiempo a esta parte), Manuel Ogando en el retorno, y Trini Pignatta en las luces, hacen el trabajo técnico que semejante despliegue escénico requiere.

Foto: Mauro Bruno

Después de tocar casi todo el disco nuevo (queda “Buen viaje”, una hermosa canción de despedida, para el tramo final del concierto), el recital repasa algunas canciones de los discos anteriores. Con “Plantas” la gente hace pogo al son de ese inventario de plantas nativas que, por ser simplemente nombradas, son registradas, reconocidas y valoradas. Con la “Milonga del mar”, el público se emociona y atestigua esa conversación con el mar que trae las revelaciones propias del agua. Para “Famatina”, Juanpaio Toch insta a toda la gente a cantar para sorprender a los músicos uruguayos presentes con esa marcha-camión que nos adivina pensando en el cerro Famatina, en toda la cosecha que riegan los ojos, en la verdad performativa que enuncia: “oro del futuro es el río, el arroyo”. Suena “Punto ciego” y sentimos que al cabo de tantas idas y vueltas, miramos hacia atrás y podemos vislumbrar, ahora sí, la razón profunda de ese impulso que nos trajo hasta acá. El recital termina con “Voy a encenderme”, himno al sentido de pertenencia por este valle sagrado, y la sala se transforma en un templo: el público corea el “hoy” largo y sostenido que anuncia el estribillo y se genera un profundo sentido de comunidad, una especie de unidad religiosa, en el sentido más fuerte del término (según una etimología posible: religare, volver a unir, ligar).

Toch festejó así sus 19 años de existencia. A poco de nacer la banda, sus integrantes se fueron a España, y el trío transitó sus primeros pasos del otro lado del mar. Allá publicaron, en 2011, su primer álbum, el famoso “disco azul”, homónimo de la banda (en rigor, su primer disco fue una grabación casera con el título “La serranita”, realizada en 2007, que anda dando vueltas por ahí). Motivados por diferentes circunstancias, emprendieron el regreso a estas latitudes en 2013, y al año siguiente publicaron “Amor continental”, disco con el que desembarcaron con fuerza en la escena local. En ese momento se definió el sonido característico de la banda: canciones que combinan el folklore, el rock, el reggae y la cumbia, armadas para una especie de power trio atípico compuesto de bajo, bandoneón y batería, y cantadas a 2 o 3 voces. Luego vinieron “Voy a encenderme” en 2018, un disco precioso con mayor presencia de guitarra española y cajón, y “Devolviendo luces” en 2022, a la vuelta de la pandemia. El crecimiento de la banda fue sostenido y progresivo: regaron su música por todas partes del país y cosecharon los frutos. Amor con amor se paga.

A fines del año pasado, como decía al principio, salió a la luz “Pulso inicial”. Como su nombre sugiere, todavía late en las canciones, como en cada recital en vivo de la banda, esa pulsión vital de todo comienzo. No es poca cosa, para ningún proyecto artístico grupal en estos confines del mundo, sostenerse durante tanto tiempo; Toch no solo lo logró sino que además parece cumplir 19 años en su  mejor momento. Después de todo este tiempo, al cabo de un camino hecho al margen de los mandatos de comunicación de la época, y a fuerza de un andar tranquilo pero constante, cercano y afectuoso, artesanal y preciso, Toch está más vivo que nunca. Y a nosotrxs, esta comunidad afectiva que se reúne en torno a ellos, acá y en estos tiempos, nos da vida.  

A dos días de su presentación en Cba Capital, Toch llevó “Pulso inicial” al Teatro Margarita Xirgu de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El 25 de abril lo presentan con banda completa en La trastienda de Montevideo.

Foto de portada: Nico Papa