Un convite a escuchar más hondo: el nuevo viaje musical de Beto Caletti

Hay discos que llegan como un gesto íntimo y, al mismo tiempo, como una celebración compartida. El convite, el nuevo trabajo del guitarrista y compositor Beto Caletti, pertenece a esa rara estirpe: un álbum que abre la puerta a un territorio sonoro donde la palabra se retira para que la música respire con libertad propia. Diez composiciones originales, nacidas de la raíz brasilera y de un oficio que combina investigación, intuición y una sensibilidad profundamente personal.

El trío que presentará este flamante material —junto a Guido Martínez en bajo y Diego Alejandro en batería— subirá al escenario de Bebop Club el jueves 23 de abril a las 20hs, en Palermo, para compartir un repertorio que se expande con la presencia de músicos invitados y una paleta de timbres que dialoga, se entrelaza y se sorprende a sí misma.
Grabado “aquí, allá y en todas partes”, mezclado por Javier Mazzarol y masterizado por Gustavo Segal, El convite es también un mapa afectivo: Franco Luciani, Juampi Di Leone, Bernardo Monk, Mishka Adams, Ayumi Kobayashi, Midori Okamoto y los propios Martínez y Alejandro dejan su huella en cada pieza, completando un tejido que vibra entre la tradición y la exploración.

En esta conversación, Caletti reflexiona sobre el salto hacia la música instrumental, la libertad que encontró al correrse del relato verbal, el diálogo entre su faceta de investigador y la intuición que guía su escritura, y el modo en que los viajes, los públicos y los encuentros fueron moldeando su manera de componer. Un convite, sí: a escuchar más hondo, a dejarse llevar por los colores, a entrar en un mundo donde la canción sigue estando, aunque esta vez no necesite palabras.

Otra Canción: En “El convite” elegís que la música hable sin palabras. ¿Sentís que en este momento de tu camino artístico necesitabas correrte del relato verbal para dejar que la sonoridad ocupe el centro? ¿Qué libertad encontraste en ese silencio de la voz?

Beto Caletti: Cuando hay letra hay una «voz cantante» muy definida, que concentra toda la atención y que guía el tema. Al no haber letra los distintos actores toman protagonismo, se producen encuentros, diálogos, nos disponemos a oír más los diferentes colores. Sin duda se produce una mayor libertad de texturas, incluso la forma es más libre. De todos modos seguí tratando a los temas como canciones, con melodías y contramelodías claras, sin demasiados solos…canciones sin palabras.

O.c: Tu vínculo con la música popular brasilera es profundo, casi de oficio. ¿Cómo dialogan en este disco tu faceta de investigador y tu faceta de compositor? ¿Qué descubriste al volver a las raíces desde un lugar más intuitivo y menos académico?

B.C: Para mi siempre manda lo intuitivo, si hay un proceso académico, para que tenga sentido tiene que integrarse a lo intuitivo. Uno escribe desde la suma de lo que lo ha formado, lo que tiene en la oreja, y ahí aparecen los elementos brasileros y muchos otros que se integran. Nada de esto es pensado, fluye a la hora de escribir y de arreglar. 

O.c: Convocaste a músicos de enorme sensibilidad, cada uno con un universo propio. ¿Qué buscaste en esa diversidad de timbres y personalidades? ¿Hubo algún aporte que transformó una canción de un modo que no habías imaginado?

B.C: Siempre que escribís una canción y hacés un arreglo para determinado instrumento sabés que la interpretación va a darle la personalidad final. Una misma melodía tiene en cada instrumentista un mundo diferente. Cada uno de las participaciones me llenó de alegría, completó, sumó, dio brillo a la canción.

O.c: Después de diez discos solistas, giras internacionales y trabajos para las infancias, ¿qué lugar ocupa “El convite” en tu mapa personal? ¿Lo vivís como síntesis, como desvío o como una puerta que abre un territorio nuevo?

B.C: No pienso mucho en la idea de trayectoria, supongo que es algo que termina ocurriendo sin que uno se lo proponga demasiado, responder a la necesidad creativa de cada momento creo que es lo mejor que uno puede hacer en ese sentido, sin pensar mucho en qué vendrá luego. Sí estoy felíz de haber hecho un trabajo que hace tiempo estaba sonando dentro mío.

O.c: Sobre el proceso de grabación “aquí, allá y en todas partes” El disco se grabó en múltiples lugares y momentos, con músicos de distintas geografías. ¿Cómo influyó esa dinámica fragmentada en el clima final del álbum y en la identidad sonora que terminó tomando “El convite?

B.C: La identidad sonora estaba planteada desde el vamos en la grabación que yo les mandé a los músicos, la interacción tuvo que ver con la sensibilidad de cada uno de integrarse y al mismo tiempo sugerir. Fue muy importante grabar la base juntos con Guido Martínez y Diego Alejandro porque eso define el groove.

O.c: Tu música viajó por América, Europa, África y Asia, y Japón ocupa un lugar especial en tu recorrido. ¿Qué aprendiste de esos públicos tan distintos y cómo influyen esas experiencias en tu manera de componer y tocar hoy?

B.C: En la manera de componer influye la relación con otros músicos. El público, los diferentes públicos,influyen en la interpretación porque uno aprende a disfrutar del vivo junto a ellos. Una de las cosas que aprendí y utilicé mucho es tocar canciones a pedido, trato de hacerlas siempre (aún cuando no la sepa del todo) siempre es un momento feliz en un concierto.