Tracy Chapman: La voz revolucionaria del folk y la lucha por la justicia social

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La atención de esta nota se centra en Tracy Chapman, mientras suena Beheind the wall. Tracy canta desde el punto de vista de un vecino que escucha a una mujer gritar en el departamento del al lado. Con voz temblorosa Chapman eleva su voz para luego, con la misma rapidez, caer en un susurro. Entre esos versos Tracy parece calmarse para dar vida a una oscura escena. En las últimas líneas la cantante relata que la policía siempre llega tarde, si es que llegan.

Chapman escribió la canción en 1983, cuando todavía era una simple estudiante en la universidad de Tufts y tocaba en las calles de Boston mientras paseaban transeúntes distraídos. Al cabo de cinco años, la interpretaría ante un estadio de Weembley repleto, en el concierto benéfico del cumpleaños 70 de Nelson Mandela. Esa actuación tuvo 600 millones de televidentes. Beheind the wall fue la segunda de lo que se suponía sería su set de tres canciones. pero luego, según cuentan quienes estuvieron en ese concierto, la casualidad le dio al mundo otra visión de la imponente artista. Justo antes de Stevie Wonder actuara, parte de su equipo de sonido desapareció y se negó a subir al escenario. Chapman aceptó volver a salir al escenario con un segundo listado de canciones. fue en ese momento que interpreto otra reconocida canción, Fast Car.


La mayoría de las personas que vieron su actuación en wembley no llegaron conociendo el poder de Chapman y probablemente ni siquiera habían oído hablar de ella. Pero experimentaron en tiempo real su capacidad de llevar el corazón a la garganta de la gente y a la de ella. Interpretó sus canciones de la misma manera que lo hacía durante años, sola y con su guitarra. En ese show Chapman declara a través de sus personajes de clase trabajadora que hemos sido testigos de lo peor que este mundo puede concedernos.

A finales de 1988, unos meses después del homenaje a Mandela, su primer álbum homónimo, Tracy Chapman se volvió álbum de platino y la cantante una estrella.
Algunos atribuyeron el ascenso de Tracy a esa aparición en Wembley. Otros especularon que la insatisfacción del público con el siempre elaborado status quo de la música pop de la época tenía algo que ver con la popularidad de la cantante. Sin importar como un álbum lleno de folk y blues se convirtió en un éxito a finales de los 80, Chapman llegó al escenario mundial con una perspectiva cristalizada en los márgenes de la sociedad.

Su disco debut fue lanzado por el sello Elektra dos meses antes de la famosa actuación en wembley, y lo había hecho con modestas expectativas de ventas. Entre las canciones más conocidas hoy se encuentran Fast Car que trabaja como contrapeso a Behind the wall. Los versos mezclan un reconocimiento sombrío con una esperanza silenciosa. Lo único con lo que los críticos lucharon fue descubrir como una mujer negra, andrógina, vestida con sencillez y una voz cálida creó para una generación uno de los mejores álbumes de folk. Dicen quienes la conocieron que Chapman era tan modesta en la vida real como cuando cantaba detrás de los personajes de sus canciones. Odiaba dar entrevista y no se avergonzaba de su disgusto por haber sido catalogada como “cantante de protesta”. Y a diferencia de artistas como Joni Mitchell o Joan Baez, con quienes se la compara, la música de Chapman no es tan explícitamente confesional, sino más bien un retrato del entorno que fomentó su visión del mundo muchas veces cruda, pero finalmente optimista.


Chapman nació en 1964, creció en Cleveland durante una época en la que las presiones económicas y sociales estaban a punto de estallar. Las escuelas luchaban por integrar, la composición demográfica hacía que los vecindarios cambiaran, los blancos huían a los suburbios y los residentes afroamericanos que permanecían en esos lugares enfrentaban la discriminación en materia de vivienda y oportunidades económicas. Cuenta la historia que cuando Chapman cumplió 12 años, Cleveland se había ganado el sobrenombre de bomba por la sencilla razón de que la gente hacía estallar muchas de ellas en ese lugar. Fue en un vecindario negro en este turbulento paisaje urbano donde su madre Hazel crio sola Chapman y su hermana mayor.


Tracy a los 8 años comenzó a escribir sus primeras canciones, tomó su guitarra a los 11 y a los 14 escribió Cleveland 78, su primera canción analizando los problemas de su ciudad natal. Aunque Chapman dejo Cleveland cuando era adolescente, después de haber obtenido una beca para un internado episcopal en Connecticut, su debut ofrece una perspectiva de clase trabajadora innegablemente negra. Un ejemplo es Acros the lines, en el que la cantante describe, entre rasgueos de guitarra y un dulcémele, una ciudad segregada. La canción se centra en la violencia racializada, incluida la violencia contra las niñas negras en la que Tracy canta: “La pequeña niña negra es agredida, nadie sabe su nombre / Mucha gente herida y enojada dicen, ella es la culpable”. La canción relata como las niñas y mujeres negras son atacadas y olvidadas en diferentes casos de violencia sexual.

También está “Mountain O’ Things”, donde expresa los dudosos sueños vendidos a los pobres estadounidenses. “No moriré sola”, canta con una suave marimba y tambores de mano. En Mountain parece burlarse del consumismo mientras el narrador añora la capacidad de consumir más por necesidad, lo que podría funcionar como una crítica al capitalismo y sus efectos.
Sin embargo, a pesar de la violencia y desesperanza que Chapman captura en sus letras, se siente también una convicción radical y a veces hasta ingenua de que un mundo más justo está en camino.


Talkin’ ‘Bout a Revolution”, sea posiblemente la canción con más espíritu político de Chapman. Para muchos hoy la canción es un himno del folk-pop, con una promesa de que los pobres se levantarán y obtendrán su parte. La canción suena esperanzadora sobre la posibilidad de un cambio estructural y tangible, pero que aún hoy parece estar lejos.
Los sueños de justicia social que atraviesa todo el álbum lo diferencian de sus contemporáneos más vendidos. Pero en última instancia todas las figuras a las que Chapman le da voz quieren la supervivencia y el amor.

Un punto para destacar de Tracy es la cuidadosa redacción que tenía en esos años y contexto. Un ejemplo es Fast car, donde el amante de la cajera no tiene género. Chapman era reservada sobre su propia sexualidad y vida, incluso cuando creaba canciones de amor que invitaban a todos los oyentes a compartir su subjetividad. Mientras que Behind the wall continúa relatando la violencia de género con una escalofriante actuación a capella. La canción es cruda, y su letra habla sobre la impotencia ante la policía que resuena todavía hoy. En cambio “ Baby Can I Hold You ”, uno de los temas más conocidos de Chapman, es simple y conmovedor, lleno de tensión entre el amor y el remordimiento. A las canciones dichas anteriormente se le suma If Not now… con un doble significado: Chapman pide un compromiso con el amor y el cambio social. Esta canción muestra la importancia de la acción decisiva, y su mensaje contra la neutralidad es especialmente relevante hoy en cualquier contexto. La última canción, “ For You ”, es mi favorita de las canciones de amor del álbum, una silenciosa interpretación acústica en solitario con Chapman cantando lo que suena como una íntima confesión de amor.

Después de su lanzamiento, los críticos eligieron al álbum como el regreso de la música popular al arte autentico, por su enfoque político. Pero según grandes críticos, Tracy no logró cambiar el curso del sistema que la tenía por ese entonces el Top 40 de los Estados Unidos, que estaba en sintonía con a la glorificación de la riqueza y la codicia de la época. En ese contexto podríamos decir que fue un álbum aislado dentro la música popular, aunque haya por momentos desafiado cambiar el rumbo. En la música pop de aquella época no existía ningún arquetipo con el que se pueda clasificar una artista como Chapman. Y así a medida que ella se alejaba del centro de atención, también lo hacía el ambiente áspero que ella contextualizaba en sus trabajos.
Aunque una ola de cantautores la siguió como Mellisa Etheridge, Liz Phair y Fiona Apple, pasarían varios años antes que otra mujer negra con guitarra acústica captara la atención del mundo. Esa sería Lauryn Hill (de quien seguramente hablaré en otro momento). Pero Chapman expuso un vació en las expectativas sobre quien podría ser la voz de una generación, un punto de entrada a través del cual las mujeres en la música popular entraron y abrieron su propio camino. Mientras Chapman buscaba innovación a través de sus diversas influencias musicales, ella y su álbum homónimo son una prueba de la inutilidad de encajonar a las artistas femeninas negras.
A veces, aquellas imágenes de ella en el escenario de wembley revelan a una artista tratando de pasar desapercibida, de llamar la menor atención posible. Ella mira hacia abajo y hacía otro lado, se queda en un lugar, la correa de su guitarra se mezcla con su camisa, que se mezcla con el escenario. Pero a lo largo de su presentación y aunque ella trate de pasar desapercibida, su silencio escalofriante entre temas de melodías entusiastas, mirar para otro lado es imposible. Lo mismo sucede cuando terminas de escuchar su disco homonimo.

Hoy 35 años después de su álbum debut, Chapman sigue siendo importante. Con la degradación ambiental, la brutalidad policial racista, la pobreza, la violencia armada y otras crisis que aún hoy persisten y sobre las que Chapman cantó, más personas están listas para un cambio estructural real o eso quiero creer. Al igual que las declaraciones sociopolíticas en el blues, el gospel, el jazz, el soul, el pop y el hip hop, Tracy afrontó su momento con fuerza. La música de Chapman era abiertamente política pero también introspectiva, en una época de brillo artificial, Chapman logró atraer audiencias masivas.
Sin embargo, después de haber dicho todo lo anterior, el legado sociopolítico del disco sigue en duda: incluso si el mensaje de Chapman fue revolucionario, ¿fueron también revolucionarios los usos sociales que se le dio al álbum? A pesar de la participación de Chapman en conciertos para Amnistía Internacional y causas contra el apartheid, la respuesta entonces fue no, pero aún hoy hay quienes creen que el álbum todavía puede inspirar una revolución, la misma por la que cantó Lennon unos años antes.