En Atado a nada: una historia y un análisis de Clics modernos (Vademécum, 2024), Rodrigo Buján propone volver sobre uno de los discos fundamentales de Charly García desde una perspectiva que combina el análisis musical con la investigación histórica y biográfica. A través de un minucioso trabajo de hemeroteca, entrevistas y documentación, reconstruye el proceso de creación del álbum, los músicos que participaron, los instrumentos que definieron su sonido y el contexto cultural en el que apareció.
El libro nació de un proyecto de análisis musical que luego fue ampliándose hasta convertirse en una investigación sobre los meses que rodearon la grabación y publicación de Clics modernos. Lejos de limitarse a repasar una obra consagrada, Buján también se propone revisar algunos mitos sobre su recepción, recuperar voces y documentos de época y entender qué significó aquella renovación estética y sonora para el rock argentino.
En exclusiva hablamos con el autor sobre el origen del proyecto, la transformación artística de Charly, la relación entre música y contexto histórico, el papel de los músicos que lo acompañaron y la importancia de volver a escuchar un disco que, pese a su lugar privilegiado en la cultura popular, todavía ofrece nuevas lecturas.
Otra Canción: ¿Por qué escribir un libro sobre Charly García cuando ya hay tanta bibliografía sobre él? ¿Qué tiene el tuyo de diferente?
Rodrigo Buján: El libro nació a fines de 2018, a partir de un proyecto de análisis musical de Clics modernos. Yo venía de ocho años de formación musical académica y, después de mudarme fuera de Argentina, sentí la necesidad de seguir trabajando con esas herramientas, pero desde una música que me tocara personalmente. Por eso elegí a Charly García, un artista argentino que formaba parte de mi educación sentimental.
En ese momento no existían análisis musicales profundos sobre Charly. Así que decidí estudiar Clics modernos en detalle, no solo desde la armonía, sino también desde la melodía, la estructura, los instrumentos y la producción.
Después me contacté con Roque Di Pietro, de la editorial Vademécum, y decidimos sumar una parte biográfica e histórica al proyecto. Así, el libro terminó combinando el análisis musical con una investigación que incluyó entrevistas y un importante trabajo de hemeroteca.
Para 2021 tenía terminado un manuscrito de entre 700 y 800 páginas, pero era demasiado extenso para publicarlo. Dos años después decidí recuperarlo y editarlo de manera independiente. La primera versión, de 543 páginas, incluía el análisis musical y la biografía. Más adelante, junto con la editorial, preparamos una edición más accesible, centrada en la historia del disco y con materiales visuales, para llegar a un público más amplio.
O.c: El libro es biográfico, pero también tiene algo diferente de otras biografías: hablás mucho de los instrumentos que se utilizaron, quién los hizo, cómo se construyeron los sonidos y de dónde venían. A veces, para quienes no sabemos tanto de música, esos detalles pueden resultar un poco pesados. Sin embargo, también son los que hacen que el libro sea distinto. ¿Buscabas precisamente eso?
Rodrigo: Sí, totalmente. Es una herencia de que el libro haya nacido en el mundo musical y no tanto en el biográfico o periodístico.
Yo no soy periodista, pero cuando leo libros de artistas que me interesan, disfruto mucho de esos detalles. Aunque algunas cuestiones técnicas puedan escapársele a un lector que no conoce demasiado de música, creo que agregan una capa de profundidad.
Quería alejarme de cualquier trabajo generalista y superficial, tal vez porque ya existen muchos libros de ese tipo y se siguen haciendo.
Me interesan los trabajos monográficos, especialmente cuando se trata de artistas tan ricos como Charly García. Llegué a escribir 700 páginas sobre un solo disco. Imaginate todo lo que hay para decir sobre una carrera de más de 50 años.
Me interesaba profundizar en un objeto concreto, en este caso Clics modernos, en lugar de intentar cubrir muchos años y acontecimientos.
También quería poner la misma dedicación en la parte biográfica: encontrar datos que no aparecieran en otras biografías, hacer un trabajo de hemeroteca profundo, recuperar entrevistas y fotografías poco conocidas y desmontar algunos mitos que circulaban sobre el disco, su fecha de lanzamiento y la recepción que tuvo.
Creo que el libro transpira cierta obsesión por el detalle. El fan puede disfrutarla y aprovecharla, mientras que a quien no conoce tanto esos aspectos quizá le enriquezca la experiencia sin que necesariamente le sobre información.
O.c Si tu idea inicial era hacer un análisis musical, ¿por qué elegiste Clics modernos y no otros trabajos de Charly, como Serú Girán o La Máquina de Hacer Pájaros, que muchos consideran más ricos en términos compositivos, con mayor complejidad sonora y más juegos orquestales?
Rodrigo: Creo que casi cualquier etapa o álbum habría sido un buen punto de entrada. La elección fue bastante arbitraria y espontánea.
Era un disco que tenía muy escuchado durante mi adolescencia. Había aprendido a tocar el piano con varias de esas canciones, así que también tenía cierta cercanía física con la música.
Lo elegí de una forma inocente, sin saber con qué me iba a encontrar al analizar la armonía, la melodía, la morfología o la estructura de las canciones. No lo elegí porque creyera que iba a encontrar determinadas características musicales.
Obviamente, ya conocía el contexto del álbum, dónde se había grabado y la importancia que tenía. También sabía que Charly había incorporado un arsenal de instrumentos nuevos y que estaba modernizando su sonido.
Pero decidí tomar una fotografía de ese disco y no moverme ni hacia atrás ni hacia adelante. No quise hacer una comparación sistemática con los álbumes anteriores o posteriores.
En ese momento, Clics modernos ya era un disco legendario e icónico, pero podría haber elegido otro. No fue una decisión tomada por su condición de obra emblemática.
O.c: Charly dijo en una entrevista que era el primer disco democrático. ¿En qué medida pensás que los elementos musicales, además de las letras, dialogan con el momento histórico en el que apareció el álbum?
Rodrigo: Creo que dialoga tanto con el contexto internacional como con el local.
Volviendo al tema de los instrumentos, me parece que hoy escuchás el disco y, aunque hayan pasado tantos años, se nota que fue grabado afuera, con otros equipos, otra producción y nuevos instrumentos.
Hay un cambio tímbrico porque aparecen sintetizadores nuevos, pero también hay una grabación impecable, realizada en un estudio de primer nivel. Lo ponés hoy y sigue sonando moderno. Tiene algunos elementos que lo anclan a su época, pero podría haber sido grabado en otro momento.
Coincide con una etapa de renovación personal de Charly y, evidentemente, con una etapa de renovación para el país.
Es la entrada más definitiva del rock argentino al pop de los años ochenta, aunque eso no significa que haya sido el primer disco de ese estilo. Ya estaban Virus, Los Encargados y otros grupos que utilizaban sintetizadores.
La diferencia fue que Clics modernos tuvo una visibilidad más amplia y una factura técnica distinta. Abrió una puerta hacia la modernización del rock argentino, tomando muchas referencias de lo que sucedía afuera.
En las entrevistas de la época, Charly mencionaba bandas como Men at Work y The Police, además de conciertos que había visto en el exterior, como el de David Bowie en Nueva York.
Había una intención de actualizarse en todos los aspectos: el look, el sonido, la producción y la manera de presentarse. Fito Páez lo describió alguna vez como una especie de extraterrestre que bajaba de una nave espacial.
O.c: Teniendo en cuenta que el disco se grabó en Estados Unidos, que incorporó instrumentos novedosos para la época y que hubo cierta resistencia por parte de la crítica argentina, ¿creés que Charly estaba atado a algo en ese momento? ¿O, por el contrario, estaba intentando desprenderse de todo?
Rodrigo: Me parece que se estaba desprendiendo de cosas anteriores para atarse a otras nuevas. En ese sentido, estaba desatándose de su propio pasado.
Hay un detalle que me parece muy sintomático. Cuando Charly estaba empezando a preparar Clics modernos, todavía grabando demos en Buenos Aires, apareció un anuncio en la revista Pelo que decía que Charly García vendía sus instrumentos.
Me parece una imagen muy elocuente: como si dijera que quería desprenderse de las herramientas que le habían servido hasta ese momento, porque estaba por venir algo nuevo.
No sé en qué terminó aquella venta, pero lo cierto es que algunos instrumentos desaparecieron y aparecieron muchas guitarras y sintetizadores nuevos.
Además, en las entrevistas de la época aparece reiteradamente esa idea de no querer estar atado a nada. Hay una entrevista de la revista La Semana, publicada poco después de su llegada a Nueva York, en la que Charly habla bastante de esa necesidad de desapegarse de las cosas anteriores.
Se había ido prácticamente solo a trabajar a otro país, con gente nueva y en un contexto distinto. Era una especie de salto al vacío, quizás incluso más vertiginoso que el que había dado con Yendo de la cama al living.
O.c: Aunque Clics modernos es un disco solista de Charly García, en tu libro también destacás el aporte de otros músicos y artistas. ¿Por qué elegiste abordar el disco desde una perspectiva colectiva y no centrarte únicamente en la figura de Charly?
Rorigo: Aunque Charly García es el autor de las canciones y el nombre principal del disco, rara vez un álbum se hace completamente solo. Clics modernos representa una apertura a trabajar con músicos que no conocía. Pedro Aznar aparece como un vínculo con su etapa anterior en Serú Girán, pero también se suma el productor Joe Blaney, a quien Charly conocía por su trabajo con The Clash, el guitarrista Larry Carlton, el saxofonista Doug Norwine y el baterista de sesión Casey Scheuer.
Si bien muchos de los arreglos ya estaban pensados de antemano, algo que se puede comprobar al escuchar los demos, no es un disco que Charly haya hecho solo en su casa. Por eso me pareció importante darles voz a esos protagonistas. También incluí testimonios de Daniel Goldberg, que colaboró con la producción y la contratación de músicos, y de otros artistas vinculados con el proyecto y las giras, como Willy Iturri, Alfredo Toth y Daniel Melingo.
Además, me interesaba mostrar cómo, entre 1983 y 1984, Charly era una especie de vórtice que concentraba muchos de los caminos del rock argentino. Tenía la capacidad de incorporar músicos jóvenes y talentosos, como ya había hecho con integrantes de Los Abuelos de la Nada y Los Twist, y darles un lugar en sus proyectos. Era un beneficio mutuo: ellos aportaban frescura y nuevas ideas, mientras que Charly les ofrecía una enorme exposición. Por eso creo que, aunque el disco lleva su firma y él dirigía el proyecto, también es el resultado de un encuentro entre distintos músicos y generaciones.
O.c: Una de las partes que más disfruté del libro es la que habla de Los Twist, de Daniel Melingo y de la relación que tuvieron con Charly. ¿Qué te interesó de esa historia? ¿Por qué le dedicaste tanto espacio?
Rodrigo: Porque se cruzan muchas líneas. Los Twist son una de las últimas cosas que Charly hace antes de irse a Estados Unidos a grabar Clics modernos, y su historia también refleja muy bien el clima de aquella época.
Me gusta esa espontaneidad. En aquel momento, Charly iba a ver un recital, le gustaba una banda y les decía a sus integrantes que quería grabarlos.
El Gonzo cuenta algunas anécdotas de ese período. Después de un recital se agarraron a piñas en Einstein, terminaron en la casa de alguien y escucharon lo que habían grabado. Era el artista más importante del país compartiendo esas noches con músicos jóvenes, generando amistades y colaboraciones.
Además, tres integrantes de aquella banda terminaron formando parte de la banda de Charly, algo que quizás en ese momento nadie podía prever.
Charly también participó en otros proyectos y colaboraciones. En ese período aparecen conexiones con Andrés Calamaro, con otros músicos y con instrumentos que él traía de Estados Unidos.
Todo convivía y se cruzaba. Los Twist, además, tuvieron un éxito enorme. Su disco fue uno de los más vendidos de la época, detrás de Thriller, de Michael Jackson.
Por eso creo que esa historia es una buena fotografía del momento, especialmente en el contexto de la vuelta a la democracia. Había una sensación de que todo era posible y una inocencia que todavía no sabía lo que vendría después.
O.c: En el libro recuperás entrevistas y artículos de revistas que uno quizás no asociaría con Charly García. Hay publicaciones de actualidad, de espectáculos e incluso revistas más frívolas. ¿Cómo fue esa investigación?
Rodrigo: Hice un trabajo de hemeroteca muy profundo. Sabía por dónde empezar, pero después llegó la parte más ardua: ir a la hemeroteca, pedir revistas y diarios y revisar página por página para ver si aparecía el nombre de Charly García.
Era, literalmente, quemarse los ojos buscando información. Encontré material muy interesante, incluidas fotografías que después fui compartiendo en redes sociales.
Aparecían artículos en revistas como Más, El Porteño, Humor y Cerdos y Peces, además de publicaciones más frívolas y diarios.
En esa época los diarios todavía no le daban tanta importancia al rock. No existían los suplementos especializados que aparecieron después, así que había que buscar en lugares inesperados.
Lo interesante de recuperar las publicaciones de aquellos años es que te permiten acceder a la mirada del momento. Me hubiera gustado entrevistar a Charly García en la actualidad, pero no estoy seguro de que eso le hubiera agregado tanto valor al libro como recuperar su propia voz en 1983.
Las entrevistas contemporáneas permiten escuchar lo que pensaba entonces, sin el filtro de cuatro décadas de recuerdos e interpretaciones posteriores.
Por supuesto, nunca se puede agotar completamente un tema. Siempre habrá alguna publicación que se te escape, que no esté en la hemeroteca o que pertenezca a un ámbito más periférico. Pero intenté dar vuelta todas las piedras que pude.

O.c: En el libro aparecen críticas muy duras contra Charly, incluso de periodistas que hoy parecen adorarlo. ¿Por qué creés que se produjo ese cambio? ¿Por qué en determinado momento era considerado un loco y hoy se lo trata como una figura casi sagrada?
Rodrigo: Tiene que ver con el paso del tiempo y con las circunstancias actuales. Charly entró en una especie de estatus de monumento, de figura canonizada.
Me sorprende especialmente el fervor que genera hoy entre generaciones muy jóvenes, que quizás nunca lo vieron tocar en vivo en ninguna de sus etapas.
Pero es cierto que, durante la segunda mitad de los años noventa y los primeros años de este siglo, Charly había dejado de ser cool.
Eso también responde a los cambios generacionales. Cuando uno es joven quiere cuestionar a sus padres, y después se convierte en el adulto al que cuestionan los más jóvenes. Es algo que sucede permanentemente.
Con Clics modernos también quería revisar algunos mitos. Antes de trabajar en el libro, encontraba una narración bastante repetida: Charly se fue a Nueva York, se cortó el pelo, se vistió de blanco, volvió con un disco revolucionario y la crítica lo recibió mal.
Cuando investigué, descubrí que la realidad era más compleja. Charly se había cortado el pelo antes de ese viaje y también había grabado en Los Ángeles, no solamente en Nueva York.
Tampoco encontré tantas reseñas negativas del álbum como suele afirmarse. La cuestión parece haber estado más relacionada con los conciertos y con ciertos escándalos que con la música en sí.
Por ejemplo, la revista Pelo había elogiado enormemente el concierto de Yendo de la cama al living en diciembre de 1982. Apenas dos meses y medio después, cuando Charly cerró esa etapa con varios shows en Obras, la misma revista lo criticó duramente.
Me llamó la atención porque había pasado muy poco tiempo y, además, Charly estaba presentando canciones nuevas. En esos conciertos estrenó material que luego formaría parte de Clics modernos y de otros proyectos.
Me parecía injusto criticar de esa manera a un artista que estaba proponiendo un espectáculo nuevo, con una banda nueva y canciones que todavía no habían sido publicadas.
Algo parecido ocurrió con Clics modernos. Había críticas, por supuesto, pero no encontré una recepción tan negativa como suele decirse. El disco se vendió bien y las reseñas negativas no fueron tantas.
O.c: En aquella época hubo una resistencia importante a cajas de ritmo como la Roland Tr 808. Hoy es algo habitual, pero entonces algunas figuras de la crítica musical la cuestionaban mucho. ¿Por qué pensás que generó tanta resistencia?
Rodrigo: Creo que, en parte, se debe a esa tendencia conservadora que aparece con el tiempo y a la dificultad para abrazar lo nuevo.
A veces se pretende que los músicos sigan haciendo exactamente lo mismo durante toda su carrera. Y Charly era claramente un artista que no hacía lo mismo dos veces.
Desde Sui Generis hasta sus proyectos posteriores había mostrado una evolución enorme.
Además, en Clics modernos la batería electrónica Roland TR-808 es un instrumento importante, pero Charly no se presentó con cuatro sintetizadores y pistas grabadas, como Kraftwerk. Tenía un baterista en vivo y una banda tocando con instrumentos reales. La máquina de ritmos era un elemento más dentro de ese conjunto.
Incluso ya había aparecido, en menor medida, en Yendo de la cama al living, particularmente en «Inconsciente colectivo», que funciona de alguna manera como un puente hacia Clics modernos.
Por eso creo que esa resistencia tenía mucho que ver con la dificultad de aceptar un cambio estético y musical. Charly estaba dispuesto a explorar nuevos sonidos, y no todo el mundo estaba preparado para acompañar ese movimiento.
O.c: En varias partes del libro aparecen testimonios que después contrastás con entrevistas de la época o con otros documentos. ¿Cómo trabajaste esas contradicciones, especialmente cuando se trata de recuerdos de hechos ocurridos hace más de cuarenta años?
Rodrigo: Creo que eso también nos exculpa un poco a todos. A veces ni siquiera recordamos con exactitud lo que hicimos anoche, así que es difícil acordarse de algo que sucedió hace cuarenta años.
Me interesa corregir especialmente cuando hay algo incorrecto en las propias fuentes de la época, no tanto cuando alguien hoy intenta recordar un acontecimiento lejano.
Me parecía importante permitir que los protagonistas compartieran sus impresiones, aunque no recordaran todos los datos con exactitud. Después, cuando podía corroborar o rectificar alguna información mediante un documento, una entrevista o una publicación contemporánea, lo hacía.
Si había algo que no podía sostenerse con suficiente documentación, intentaba no presentarlo como una certeza.
La idea era darles lugar a distintas voces, pero sin abandonar el rigor de la investigación.
O.c: A más de cuatro décadas de su publicación, ¿qué aspectos del disco considerás innovadores? ¿Y cómo podemos evitar que se convierta en un álbum intocable, una obra que solo se admire y sobre la que ya no se pueda discutir?
Rodrigo: En el análisis musical, uno de los aspectos que más me interesó fue la estructura de las canciones. Encontré mucha variedad y poca previsibilidad en la forma en que se organizan las distintas partes. Algunas son casi modulares: podrías cambiar el orden de las secciones y aun así funcionarían. También me interesó el trabajo rítmico y la precisión con la que se habla de la polirritmia en el disco.
Otro aspecto importante es el sonido. Charly quería sonar moderno en 1983, incorporando sintetizadores e instrumentos nuevos y aprovechando la calidad técnica de grabar en Estados Unidos.
En cuanto a la posibilidad de discutir el álbum, me parece interesante que podamos sacarlo del altar. Los rankings y las redes sociales a veces convierten ciertas obras en íconos indiscutibles. Me gustaría que alguien pudiera decir que su disco favorito de Charly no es Clics modernos, sino Parte de la religión o Filosofía barata y zapatos de goma. Ahí se abre el debate.
Lo que me da un poco de pena es que Clics modernos esté tan instalado en ese lugar de privilegio que, a veces, termina opacando otros discos extraordinarios de Charly, tanto anteriores como posteriores.
O.c: Mientras leía el libro, me pasó que volvía a escuchar las canciones y descubría cosas que antes no había percibido. ¿Te ocurrió algo parecido durante el análisis? ¿Hubo alguna canción que te obligara a revisar una interpretación que tenías muy arraigada?
Rodrigo: Sí, en alguna medida. No me metí demasiado con las letras porque sentía que no era mi especialidad, que no iba a hacerlo bien y que ya había trabajos que abordaban ese aspecto.
Pero el análisis musical sí me hizo repensar muchas cosas.
Empecé a trabajar a fines de 2018 y, en aquel momento, tuve que escuchar el disco una cantidad enorme de veces. Fue un análisis compás por compás. Fue una disección muy detallada.
Uno de los aspectos que más me interesó fue el de las codas, es decir, las partes finales de las canciones. En algunos casos sucede algo completamente nuevo, algo que no había aparecido antes.
Normalmente, uno podría pensar que el final sirve para rematar lo que ya se dijo. Pero Charly, en algunas canciones, introduce elementos nuevos en ese momento. Eso me parece un gesto compositivo muy interesante, porque demuestra que hay una atención especial desde el primer segundo hasta el último compás. No parece haber partes de relleno a las que se les haya prestado poca atención.
También me llamó la atención la estructura de canciones como «No me dejan salir», que pueden entenderse como una especie de construcción modular. Las secciones podrían organizarse de distintas maneras y la canción seguiría funcionando.
Son aspectos que quizás ya estaban ahí, pero que pude observar con mucha más claridad gracias al análisis.
O.c: Para terminar... Después de todo ese trabajo, ¿hay algo del disco que todavía no terminás de comprender o que te gustaría seguir investigando?
Rodrigo: Seguro, muchísimas cosas. Hay detalles de grabación, de los equipos y del estudio que impactan mucho en el sonido, pero sobre los que no encontré suficiente información.
Además, hoy existen herramientas que permiten separar las pistas de una grabación con bastante facilidad. Si pudiera volver a escuchar el disco de esa manera, seguramente descubriría detalles que en aquel momento no pude identificar.
Hay otra parte que está en la versión completa del libro y no en la edición más biográfica: después de analizar cada canción, también estudio cómo fue evolucionando a lo largo de la carrera de Charly.
Me refiero a las distintas versiones en vivo, desde que las canciones fueron estrenadas en 1983 hasta las interpretaciones de 2008.
Muchas tienen diferencias enormes en el ritmo, la instrumentación, los arreglos, la armonía y hasta las letras improvisadas.
Eso me parece una de las características más interesantes de Charly García: la capacidad de volver a vestir sus propias canciones con ropas nuevas, según la época y la banda con la que estuviera tocando.
No permitió que quedaran solidificadas en una única versión. Por eso, si hablamos de las interpretaciones en vivo, no existe un solo Clics modernos. Hay muchísimas versiones para disfrutar.