Pedro Berreta, más conocido como Paraná Berreta vuelve a Córdoba con Cantor y guitarrero, un espectáculo que condensa el corazón de su búsqueda actual: una voz sola, una guitarra y una manera de decir que no necesita artificios para conmover. El sábado 25 de abril a las 21 h en Platz (Avenida Maipú 350), Paraná Berreta —ese nombre que ya recorrió pulperías, teatros y rutas de todo el país— se presenta en un formato íntimo donde la canción popular se vuelve relato, memoria y presente. Las entradas ya están disponibles en antesala.com.ar.
Después de once años en Los Tabaleros, Pedro encontró en este camino solista un espacio para despojarse de máscaras y volver a la raíz desde otro lugar. Su repertorio cruza composiciones propias con versiones reinventadas de José Larralde, Ricardo Iorio, el Indio Solari y otros autores que marcaron su sensibilidad. Entre historias de ruta, paisajes mínimos y una vulnerabilidad que no negocia, su música se mueve entre la tradición y la contemporaneidad sin perder verdad.
O.c: Venís de una banda con una identidad muy marcada como Los Tabaleros. ¿Qué parte de ese universo sigue vibrando en vos y qué necesitabas soltar para que apareciera Paraná Berreta?
Estuve once años en Los Tabaleros y de ahí me quedó algo fundamental: el amor por la canción popular sin prejuicios, la mezcla, el humor y la entrega arriba del escenario. Eso sigue intacto.
Pero también hubo un momento de quiebre. Conocer a Ricardo Iorio fue muy importante. Guitarreando con él le toqué una canción de José Larralde y me dijo que yo tenía pasta para cantar ese repertorio, que no cualquiera podía. Fue algo que yo nunca me había planteado y me abrió una puerta.
A partir de ahí, lo que necesité soltar fue cierta máscara, cierta necesidad de sostener una estética colectiva todo el tiempo. Paraná Berreta aparece cuando me doy permiso para quedarme solo con la guitarra y decir las cosas más a fondo, sin tanto artificio. Más cerca de lo que soy cuando no hay nadie mirando.

O.c: Tus canciones mezclan raíz, urbano y una intimidad muy personal. ¿Cómo encontraste ese equilibrio sin que suene a collage forzado?
No lo pensé tanto como mezcla, sino como algo natural. Yo soy eso: campo y ciudad, guitarra criolla y ruido urbano. Si la canción es honesta, las cosas se acomodan solas.
Cuando aparece el forzado, generalmente es porque uno está queriendo “mostrar” algo. Yo trato de contar, no de demostrar.
O.c: En tus letras aparece una sensibilidad ligada al paisaje, a lo cotidiano, a lo mínimo. ¿De dónde nace esa mirada y cómo la trabajás en la escritura?
Nace de mirar mucho. De viajar, de estar solo, de manejar horas, de ver cómo cae la tarde en distintos lugares.
Y después en la escritura trato de no exagerar. A veces una imagen chica, bien dicha, tiene más fuerza que una gran idea explicada. Me interesa eso: que lo mínimo tenga peso.
O.c: ¿Qué músicas, lecturas o imágenes fueron decisivas para construir tu identidad como Paraná Berreta?
En la música, claramente José Larralde, Alfredo Zitarrosa, Atahualpa Yupanqui, Carlos Gardel, y también Ricardo Iorio y Indio Solari.
Después hay mucho de paisaje: rutas, ríos, estaciones de servicio, la Patagonia, el litoral. Y lecturas más ligadas a lo criollo, a lo existencial. Pero sobre todo escuchar mucho y vivir.
O.c: Si tuvieras que nombrar el corazón de tu proyecto —eso que no puede faltar en ninguna canción tuya—, ¿qué sería?
La verdad. Aunque sea incómoda o simple.
Y una guitarra que sostenga todo eso. Si no están esas dos cosas, no soy yo.
La canción tiene una nostalgia muy física, casi corporal. ¿Recordás qué imagen o sensación fue la chispa inicial del tema?
Sí, más que una idea fue una sensación en el cuerpo. Como un recuerdo que no pasa por la cabeza sino por el pecho.
Una escena muy concreta, un momento compartido que se quedó dando vueltas. Desde ahí empezó a salir todo.
O.c: “Cuando asesiné mi timidez” es una frase muy fuerte. ¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en tu forma de escribir y de narrar vínculos?
Es central. Si no hay vulnerabilidad, la canción queda prolija pero no pasa nada. A mí me interesa que pase algo, aunque sea incómodo. Esa frase tiene que ver con animarse a sentir y a decir, incluso cuando uno queda expuesto.
O.c: El tema parece hablar de un amor que marcó una época pero que no necesariamente vuelve. ¿Es una canción sobre aceptar, sobre soltar o sobre recordar?
Un poco de las tres cosas. Pero sobre todo sobre aceptar que hay cosas que fueron muy importantes y no necesitan volver para seguir siendo valiosas. A veces recordar ya es una forma de amor.
O.c: La letra está escrita desde un yo adulto que mira hacia atrás. ¿Cómo cambia la escritura cuando se compone desde la distancia y no desde la inmediatez del sentimiento?
Cambia el pulso.
Cuando estás en el medio del sentimiento, escribís desde la urgencia. Cuando pasa el tiempo, aparece más claridad, más síntesis.
A mí me gusta ese lugar porque podés entender mejor lo que te pasó sin dejar de sentirlo.
O.c: Versionaste canciones populares como “Había una vez” del Indio Solari, donde la letra toma otra dimensión al despojarla del sonido original. ¿Cómo elegís qué canciones versionar?
Elijo canciones que me atraviesan de verdad. Y que siento que, llevadas a la guitarra y la voz, pueden mostrar otra capa. No es hacer un cover: es volver a decir la canción desde otro lugar.
Si la letra no se banca ese despojo, no la hago.
O.c: En “Se va el tren” aparece un cruce entre folclore y una armónica cercana al blues. ¿Cómo dialogan esas influencias en tu música?
Dialogan porque en el fondo hablan de lo mismo: del laburo, del viaje, de la soledad, de la supervivencia. El folclore y el blues tienen una raíz muy parecida en ese sentido. Yo no los veo tan lejanos, más bien se encuentran naturalmente.
O.c: “Se va el tren” retrata a un vendedor ambulante que “crea necesidades” para sobrevivir. ¿Qué te interesaba contar sobre las economías informales y las estrategias de subsistencia en un país donde muchos viven del ingenio más que de la estabilidad?
Me interesaba correrse del juicio y mirar. Ese tipo está haciendo lo que puede con lo que tiene. Hay algo de creatividad, de dignidad y también de crudeza en eso.
En un país como el nuestro, mucha gente vive así, inventándose el trabajo todos los días. La canción intenta poner el foco ahí, sin romantizar pero tampoco condenar.