Hay algo en Matilda que se entiende mejor cuando las canciones empiezan a sonar. Una melodía lleva a otra y una letra escrita hace años vuelve a decir algo en el presente. Matilda dejó en claro que sus 25 años no son solamente una cuestión cronológica: sus canciones, lejos de quedar atrapadas en el momento en que fueron escritas, continúan encontrando nuevos sentidos.
El sábado 22 de agosto, Matilda llegó a Pétalos de Sol, en Córdoba, para celebrar sus 25 años de trayectoria con un recorrido por distintas etapas de su discografía. Manuel “Checho” Godoy e Ignacio “Nacho” Molinos pusieron en escena una selección de canciones que permitió recorrer parte de la historia del dúo rosarino y volver a poner en primer plano una de las ideas que lo sostiene desde sus comienzos: hacer canciones pop y electrónicas que inviten a bailar, pero que también dejen una pregunta dando vueltas, algo que nos haga pensar.
El repertorio mezcló canciones de distintas épocas y encontró una de sus primeras estaciones en Imaginario Popular, el disco publicado en 2019. Allí apareció “Danza sin final”, una de esas canciones que permiten entender buena parte del universo de Matilda. Sobre una base electrónica, el tema habla del movimiento, de los cuerpos, de la imposibilidad de llegar a un destino definitivo y de la necesidad de construir una libertad propia.
También de Imaginario Popular sonó “Musical liberación”, quizás una de las canciones que mejor sintetizan la relación entre baile, trabajo y escape que atraviesa buena parte de la obra de Matilda. La canción habla de horarios, malos pagos y malos tratos laborales, pero no lo hace desde el formato clásico de la canción de protesta. En lugar de quedarse en la denuncia, propone el movimiento como una forma de recuperar algo de libertad. La idea es sencilla y, al mismo tiempo, política: bailar también puede ser una forma de liberarse.
Otro momento de Imaginario Popular fue “Anti romántico”, una de las grandes canciones del universo pop de Matilda para discutir el amor desde otro lugar. El tema cuestiona la idea del amor como posesión, dependencia o destino inevitable y propone correrse de ese relato. “No quiero ser tu dueño” funciona como una declaración de principios que atraviesa la canción y que también puede leerse más allá de la pareja: la necesidad de escapar de las formas establecidas y de aquello que se supone que debe ser de determinada manera.
Después llegó El río y su continuidad, el disco publicado en 2016. La canción que le da nombre al álbum apareció como una de las piezas que mejor condensan otra de las preocupaciones permanentes del dúo: el paso del tiempo.
El propio título funciona casi como una definición de Matilda. El río continúa. Cambia constantemente y, sin embargo, sigue siendo el mismo río. Algo parecido sucede con la banda: cambiaron las tecnologías, las formas de escuchar música, las escenas y los públicos, pero hay una identidad que permanece.
También hubo lugar para “Un amor”, otra de las canciones de ese disco que ocupa un lugar importante dentro del repertorio. En el show funcionó como uno de esos momentos en los que la canción puede correrse del puro impulso bailable y dejar aparecer otra dimensión de Matilda, más cercana a la melodía, la intimidad y la canción pop.
El recorrido también pasó por Bailando en la tempestad, su último disco de estudio, publicado en 2023. El título parece resumir lo que Matilda viene realizando desde hace 25 años: bailar incluso cuando alrededor todo parece desordenado. No como una forma de evasión, sino como una manera de atravesar el presente.
“Estuvimos acá” fue especialmente significativa dentro del show. En el marco de los 25 años, la frase adquiere un peso diferente. Ya no es solamente el título de una canción: funciona como una constatación de la propia historia.
“Lejos del centro” también cobró otra dimensión en este contexto. La canción, fuertemente vinculada con Rosario y lanzada como single en 2022 con la participación de Litto Nebbia, puede leerse desde varios lugares. Está el centro geográfico, pero también el centro de la industria, de la circulación cultural y de las decisiones.
Tal como dijo Checho, Matilda lleva más de dos décadas tocando y construyendo su recorrido prácticamente desde el margen de los circuitos centrales. Estuvieron cuando la escena estaba dominada por otras formas de entender la música joven. Estuvieron cuando hacer pop electrónico desde el interior podía significar quedar todavía más lejos de los grandes centros de circulación. Y estuvieron el sábado 22 de agosto en Córdoba, 25 años después, tocando esas canciones frente a nuevas generaciones.






