El Cuarteto D’ Coté cumple 30 años de trayectoria y lo celebra con un show especial el viernes 30 de octubre, desde las 20, en el CAFF (Bustamante 772, CABA).
Treinta años después de su creación, D’ Coté sigue explorando las posibilidades del tango a través de una formación poco habitual: cuatro saxofones que asumen los roles de una orquesta tanguera sin perder de vista la improvisación y la búsqueda sonora. A lo largo de ese recorrido, el grupo editó tres discos, realizó cuatro giras europeas y construyó una identidad propia dentro de la escena musical.
Integrado por Cecilia Dottore, Martín Pantyrer, Nicolás Porley y Gustavo Hunt, el cuarteto celebra su aniversario con un show especial el viernes 30 de octubre en el CAFF, en Buenos Aires, antes de participar del Mendoza Sax Fest en noviembre.
A pocos días del festejo Martín Pantyrer repasa los orígenes del proyecto, el desafío de trasladar el lenguaje del tango al saxofón y las dificultades de sostener una propuesta independiente en un circuito musical centralizado. También reflexiona sobre los cambios en la forma de producir, difundir y escuchar música, y sobre cómo mantener viva una búsqueda artística después de tres décadas.
Integrado por Cecilia Dottore, Martín Pantyrer, Nicolás Porley y Gustavo Hunt, el ensamble construyó una identidad propia al llevar el tango tradicional y contemporáneo a la sonoridad de los saxofones. Con tres discos editados y cuatro giras por Europa, el grupo consolidó una búsqueda artística que combina el trabajo de arreglos, la exploración sonora y el conocimiento profundo del lenguaje tanguero. En esta entrevista, sus integrantes repasan el recorrido del cuarteto, los desafíos de sostener un proyecto colectivo durante tres décadas y las nuevas posibilidades que se abren para una formación que sigue explorando los cruces entre tradición e innovación. Después del festejo en Buenos Aires, el grupo participará del Mendoza Sax Fest, del 20 al 23 de noviembre.
Martín: “Yo necesito tanto de una cosa como de la otra; si tengo solamente una, me marchito como persona y como músico”
Otra Canción: Ayer me ponía a pensar en vos y en tantos músicos que tienen varios frentes abiertos. ¿Cómo hacés para sostener tantos proyectos musicales y, al mismo tiempo, tener una familia?
Martín: Yo también me lo pregunto. Creo que la respuesta está en no preguntárselo tanto. Siempre con amor a la música, ante todo. Soy un amante de la música y un emprendedor al que le fascina sumarse a proyectos que le gustan.
Tengo proyectos desde hace muchos años. Además de D’Coté, que cumple 30 años, estoy en Escalandrum desde hace 27. También tengo un grupo con el que llevo muchísimos años, una orquesta y mi grupo actual. Todo eso es por amor a lo que uno hace. Me parece que ahí está el secreto: no cuestionárselo demasiado.
Después está la familia, que es el motor y la contención de todo eso. También hay que hacer malabares. Tengo hijos chicos, aunque yo ya no soy tan chico. Pero se puede. Si uno quiere hacerlo, se puede.
Hace años trabajé con orquestas y en entidades municipales. La verdad es que se trata de vivir de ser músico, a fondo.

O.c: Hace poco Daniel Maza me decía que ahora puede vivir un poco más tranquilo, pero que en algún momento la multiplicidad de trabajos respondía a una necesidad: estar activo y generar ingresos. Pienso especialmente en el jazz y el tango, donde quizás no hay tantas posibilidades de sostenerse con un solo grupo. ¿Hay una necesidad de tener varios proyectos para seguir trabajando?
Martín: Conociendo y admirando a Daniel Maza, que es un gran referente de la música popular, y pensando también en el candombe y otras músicas, creo que cada uno va llevando el barco como puede.
En mi caso, lo artístico me hace bien espiritualmente y lo necesito en mi vida cotidiana. Después está la parte de la música que me permite pagar los impuestos, alimentar a mis hijos y sostener la vida que tengo.
En esa conjunción de cosas está, por ejemplo, Escalandrum. Hace poco logramos cierta estabilidad y vivimos del grupo. No te digo que lo hayamos conseguido definitivamente, pero nos va bastante bien en ese sentido. Somos un grupo que no es masivo, aunque tiene mucha trayectoria y actividad.
No es el caso de D’Coté. Es un grupo que cumple 30 años y que tiene una música más popular por definición, más allá de nuestra manera de abordar el tango, pero no tiene la misma cantidad de conciertos ni de giras. No puedo decir que voy a vivir del cuarteto D´Coté por el solo hecho de tenerlo hace 30 años.
El músico con el que me relaciono suele tener esos proyectos artísticos en los que no se pregunta cuánta plata hay después del concierto. Y después tiene otros trabajos más comerciales, en los que va, hace su trabajo de músico y presenta la factura del monotributo.
Me parece que mi vida funciona a partir de esa combinación. Necesito tanto una cosa como la otra. Si tengo solamente una, creo que me marchito como persona y como músico.
O.c: Hace poco tuve la posibilidad de ver a Escalandrum en La Cumbre y pensaba en Pipi Piazzolla y en los músicos de jazz, que están constantemente tocando en distintos grupos y proyectos. ¿En qué momento descansan?
Martín: Creo que no se trata tanto de descansar, porque tocar no genera cansancio en sí mismo. Conozco a muchos músicos de jazz de Buenos Aires y de distintas partes de Argentina. Me parece que hay una pasión por lo que uno hace.
Cuando hay pasión, no sentís que tocar tanto te desgaste. Después está la cuestión de tener una familia que te banque, porque somos personajes especiales.
El músico de jazz toca mucho porque también se alimenta artísticamente. No piensa solamente en la parte comercial o económica, sino en lo que le pasa musicalmente.
Además, el músico de jazz suele ser más individualista en el sentido de que lo llaman para tocar, quizás ni ensaya, sube al escenario y resuelve en el momento. A veces no se dedica exclusivamente al jazz, sino que también tiene otros grupos y proyectos.
En mi caso, arranqué contándote que tengo cuatro o cinco grupos funcionando desde hace muchos años. Apostar a un grupo implica otro tipo de desgaste, pero no por el hecho de tocar, sino por todo lo que supone sostener un proyecto colectivo.
En general, el músico de jazz va con su instrumento, pasa un poco la música antes del concierto y después sube al escenario. No creo que eso genere cansancio en lo más mínimo.
De Coté: 30 años de tango en cuatro saxofones
O.c: El 30 de octubre se viene el festejo por los 30 años de D’Coté. ¿Cómo surgió la idea del grupo? Porque es un cuarteto de saxofones que toca tango, una combinación que no parece tan sencilla de sostener ni de presentar al público.
Martín: Cuando armás un cuarteto de saxofones, por lo menos hace 30 años, las primeras partituras que tocábamos eran jazzísticas. El saxofón está muy asociado al jazz, aunque quizás sea una asociación un poco limitada, porque también se utiliza muchísimo en la música académica contemporánea.
Pero el jazz le dio una voz masiva al instrumento y hay mucho repertorio para tocar en cuarteto.
Yo tuve un viaje en los años noventa. Antes de formar D’Coté, en 1993 y 1994, me fui a vivir afuera para estudiar y compré muchísimas partituras para cuartetos. La mayoría estaban relacionadas con el jazz.
Cuando nos juntamos por primera vez, empezamos tocando ese repertorio. Gustavo, el saxofonista tenor y arreglador del cuarteto, estaba reuniendo partituras. Tocamos esos arreglos, nos miramos y dijimos: «Acá pasó algo». Había algo que nos gustaba más que lo que veníamos haciendo con temas de Gershwin y otras composiciones modernas.
Yo había traído un montón de partituras y también un arreglo de Fuimos, un tango de Dames. Lo tocamos y nos miramos todos. Dijimos: «Acá hay algo». Más allá de la formación musical de cada uno, sentíamos esa música como propia.
Soy un fanático del jazz, muy melómano, escucho muchísimo y también dirijo una orquesta de jazz y swing. Pero cuando me pongo a tocar tango, siento una afinidad mucho más directa. No es necesariamente el tango que escuchaban mi viejo o mi abuelo: lo estoy tocando con una formación distinta.
En aquel momento fue todo un desafío. Hoy, con el diario del lunes y 30 años después, hay cátedras en escuelas de música popular que estudian el saxofón en el tango, además de libros y materiales. Pero hace 30 años no había nada de eso y eran pocos los que se animaban a hacerlo.
De todos modos, hubo músicos valientes en la época de oro del tango. Muchos de los tangueros con los que tuve la suerte de compartir música también estaban relacionados con el jazz. Las famosas orquestas típicas y los jazz tocaban en los restaurantes, y muchas veces eran los mismos músicos. Hay una conexión histórica entre esas músicas populares.
O.c: En estos 30 años, ¿sentís que cambió la relación entre el tango y el jazz? Antes parecía que el cruce estaba asociado principalmente a Piazzolla. Hoy, al menos en la escena de Buenos Aires, aparecen más bandas que exploran ese límite y parece haber una mayor aceptación.
Martín: Creo que Piazzolla fue quien cruzó ese límite de una manera indiscutible. Era un amante del tango, conocía su historia desde Gardel en adelante y no se le puede discutir nada, salvo desde esas posiciones retrógradas que en su momento lo rechazaban y le tiraban tomates.
Piazzolla hizo evolucionar una música popular desde un lenguaje más intelectual, le dio otra vuelta de rosca y, al mismo tiempo, la acercó a su época.
Creo que hoy el tango empezó a abrirle las puertas a la improvisación. Es un lenguaje universal que no pertenece exclusivamente al jazz, aunque el jazz lo haya desarrollado de una manera muy particular. La improvisación aparece en muchísimas otras músicas. Escuchás música popular búlgara y también encontrás músicos que improvisan.
Es un tema mucho más largo, porque alguien podría decirte que el tango ya improvisaba antes. Pero me refiero a que hoy el lenguaje del tango incorpora determinados elementos vinculados con la improvisación, el vértigo y la posibilidad de generar climas en el momento.
También hay composiciones más arriesgadas, con armonías modernas que el jazz utiliza desde hace tiempo. Pero el jazz hoy es una música casi universal. No creo que exista una música popular contemporánea que no tome, de alguna manera, elementos que el jazz aportó.
O.c: ¿Y cómo se hace para llevar un tango tradicional al lenguaje de un cuarteto de saxofones? Porque uno escucha un tema que originalmente tiene violines, bandoneones, piano y contrabajo, y se pregunta cómo se adapta todo eso a cuatro instrumentos.
Martín: Yo hablo bastante de eso en los conciertos, cuando presento al arreglador. Un cuarteto de saxofones es, en algún punto, un cuarteto de voces. Tenemos saxo soprano, contralto, tenor y barítono: son cuatro voces monofónicas, cuatro cantantes.
Ahí está el desafío del arreglador y también lo que sucede en vivo. Muchas veces la gente nos dice que escucha una orquestita. Se sorprende porque somos cuatro, pero siente que hay un piano, un contrabajo, violines, bandoneones y otros instrumentos armónicos y melódicos.
Nosotros somos cuatro instrumentos monofónicos y tenemos que conseguir ese resultado. Siempre estuvo el desafío de hacer sonar los tangos maravillosos de la historia y la tradición del género en un cuarteto de saxofones.
Cuando Gustavo trajo aquel primer arreglo de tango y nos dimos cuenta de que funcionaba, empezó un trabajo enorme. En mi caso, como toco el saxo barítono, tuve que escuchar la historia del contrabajo en el tango, entender cómo articulaban los músicos y trasladar esas ideas a mi instrumento. Lo mismo ocurrió con los violines y los bandoneones.
Hay una similitud sonora entre el bandoneón y el saxofón, porque son instrumentos de viento con lengüeta. Existe una afinidad en el sonido y en la parte rítmica. Empezamos a investigar y a trabajar sobre eso.
Por eso celebrar los 30 años también significa recordar ese trabajo inicial, que fue el que nos permitió construir un lenguaje propio.
O.c: ¿Cómo se distribuyen esos roles entre los cuatro saxofones? ¿Qué hace que el saxo pueda sonar como un violín, un bandoneón o un contrabajo?
Martín: Ahí está el valor del tipo que se sienta a arreglar y tiene ese lápiz. Cuando vos ponés la partitura y la tocás, más allá de los condimentos que cada músico pueda agregar, tiene que sonar.
En general, el saxo soprano toca en un registro que puede parecerse al del violín. El contralto también tiene ese registro y puede cumplir una función similar a la de una viola. El barítono suele repartirse otros roles, aunque los cuatro podemos hacer las voces de un bandoneón.
En un arreglo se distribuyen las funciones de un violín, un violonchelo, la mano derecha y la mano izquierda del piano. En mi caso, con los graves, puedo hacer algo parecido a la mano izquierda del bandoneón, mientras que los saxos más agudos se ocupan de otras voces.
Todo eso se va repartiendo entre los cuatro. Me parece que esa es una de las partes más ricas de escuchar al grupo: descubrir cómo nos distribuimos los roles para construir el sonido de una pequeña orquesta.
O.c: Después de 30 años de trayectoria, ¿qué sienten que todavía les falta explorar con D’Coté? ¿Qué les gustaría hacer que aún no hayan hecho?
Martín: Tenemos mucho recorrido. Tanto yo como los demás integrantes participamos en otros proyectos que quizás tienen más actividad, pero D’Coté nunca dejó de existir. Y eso, por sí mismo, ya es un montón.
Hemos viajado varias veces a Europa, tocamos y realizamos giras por Alemania y otros países. Si me preguntás qué le falta al grupo, creo que ahora empezamos a abrir una puerta interesante con los tangos originales, con composiciones propias que no son los tangos tradicionales conocidos.
También estamos trabajando con un cantor que nos acompaña desde hace bastante tiempo.
Pero si me preguntás por una deuda, me parece que haber construido y reafirmado un lenguaje propio durante 30 años ya es uno de los grandes éxitos del grupo.
A mí me gustaría viajar más, sobre todo para que se conozca mejor la propuesta de D’Coté. Lo hemos hecho y me gustaría repetirlo. Además, es un grupo fácil de trasladar: trabajamos de manera acústica, no necesitamos una estructura de amplificación compleja y es sencillo armar y desarmar todo.
Tenemos una sonoridad muy especial y auténtica. No siento que haya algo que nos haya quedado pendiente desde lo artístico, aunque sí me gustaría que el grupo pudiera circular más.
El ritmo, el sonido y la identidad del cuarteto
O.c: Escuchando a D’Coté, uno puede pensar que, por su relación con el jazz y por ser un cuarteto de saxofones, necesita una batería o instrumentos de percusión para darle más ritmo. Sin embargo, ustedes nunca incorporaron esos instrumentos de manera permanente. ¿Eso no limita las posibilidades del grupo?
Martín: No. Justamente, yo soy el encargado de utilizar muchos recursos de las técnicas extendidas del instrumento para generar pequeñas situaciones rítmicas. También llevo, en algún punto, la línea del bajo, que es una parte fundamental de la base rítmica del grupo.
La verdad es que nunca nos planteamos demasiado esa cuestión.
Tenemos una grabación con una cuerda de tambores que vamos a utilizar en el festejo del 30 de octubre en el CAFF. Van a venir integrantes de una cuerda de tambores de la Escuela de Zona Oeste. Vamos a tocar un candombe y un candombe milonga junto a los tres tambores.
Pero, en general, los tangos que hacemos son muy rítmicos, especialmente cuando los escuchás en vivo. Eso es algo que nos devuelve el público después de los conciertos, y está bueno recibirlo de quienes nos escuchan por primera vez.
Una de las características del grupo es justamente esa parte rítmica. No necesitamos sumar más instrumentos para reforzarla, porque ya está bastante cubierta en nuestra propuesta. Es uno de los colores que maneja De Coté.
O.c: Recién decías que te gustaría que D’Coté viajara más. Es algo que también veo en el tango y el jazz: muchas propuestas están concentradas en Buenos Aires y pocas veces salen al interior. Yo vivo en Córdoba y, aunque cada tanto llegan Escalandrum, Hernán Jacinto y otros músicos, hay muchísimos proyectos que no vienen. ¿Por qué cuesta tanto federalizar la música?
Martín: Comparto completamente lo que decís. El problema es que, a veces, todo parece muy fácil y termina siendo muy difícil.
Si me llamás y me conseguís tres conciertos en Córdoba, nosotros nos subimos a un auto y vamos. Pero eso no termina de suceder. Y no creo que sea porque los músicos no quieran hacerlo.
En este momento debo estar en seis o siete proyectos. Si les digo a los músicos que hay posibilidades de ir a tocar a México, Córdoba, Santa Fe o Mendoza, seguramente todos van a querer ir.
El problema suele estar en la logística que implica armar una gira, salir a tocar y cubrir las pretensiones y necesidades de cada músico y de cada grupo. Siempre aparecen cuestiones que hacen que las cosas no fluyan.
Para mí, esa es una de las tareas pendientes de la música popular: que se federalice mucho más.
O.c: En Córdoba hay lugares como Bebop, en La Cumbre, pero faltan más espacios que sostengan una programación de jazz y tango. El otro día hablaba con un músico de Buenos Aires que me decía que quizás los propios músicos se quedan en la ciudad porque tienen tantos proyectos y tantos circuitos disponibles que terminan tocando siempre entre ellos. ¿Creés que también hay una cuestión de comodidad?
Martín: Puede pasar, pero no creo que sea el problema principal. Es increíble que, en una época de comunicación permanente, estas cosas todavía no fluyan.
No tiene que ver solamente con los músicos. En el medio está el productor, que tiene que ponerse de acuerdo con el grupo para organizar el viaje. Siempre parece que todo está cerca, pero después aparecen las preguntas: ¿va a ir gente?, ¿cómo se venden las entradas?, ¿cómo se cubren los gastos?, ¿quién paga los pasajes y las comidas?, ¿dónde se alojan los músicos?
Cada proyecto tiene sus necesidades y sus pretensiones. Se empieza a armar todo ese entramado y termina siendo complicado.
En Buenos Aires hay una cantidad descomunal de proyectos. Se toca todos los días y en muchos lugares, pero pocos músicos tienen la posibilidad de ir a Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca, Puerto Madryn o al sur del país.
Antes existía cierto respaldo de organizaciones estatales o nacionales que ayudaban a los músicos a viajar, cubriendo pasajes y otros gastos. Hoy eso está bastante más limitado y se vuelve más engorroso.
Tendría que ser al revés. Estamos hablando de viajar por Argentina. Nosotros, con D’Coté, tampoco hemos viajado mucho por el país.
Es un grupo con el que, si consigo una fecha en La Cumbre y otra en Córdoba capital o Río Cuarto, puedo subirme al auto y salir. Estoy feliz de hacerlo. Sin embargo, no sucede con la frecuencia que debería.
No pasa solamente con D’Coté. También ocurre con dúos, tríos y pequeñas orquestas. Tendría que ser mucho más fluido.
O.c: ¿Por qué resulta más fácil tocar en Europa que en el interior del país? Pienso en las giras de D’Coté por Alemania, Suiza, Holanda, Polonia o Austria. ¿Cómo se explica esa diferencia?
Martín: No lo sé. La gira europea que hicimos hace 15 o 20 años fue en una época anterior al celular. Viajábamos sin teléfono y nos comunicábamos por correo electrónico. En ese momento era más fácil organizar ciertas cosas.
También era diferente desde lo económico, por lo que generaban los conciertos. Nosotros tenemos un estilo de tango que se puede bailar perfectamente, así que tocábamos en milongas de Alemania, Austria, Suiza y otros lugares de Europa.
Teníamos un repertorio muy bailable y eso nos permitía encontrar espacios para tocar.
En aquel momento era más fácil organizar una gira por Europa que una por Argentina. Y la verdad es que nunca fuimos a tocar a Rosario. No tengo una respuesta para eso; me encantaría saberla.
O.c: Hoy, con Spotify y YouTube, parece más fácil llegar a gente de otros lugares. Sin embargo, muchos músicos me dicen que tener más escuchas en las plataformas no necesariamente se traduce en conciertos o giras. ¿Cómo lo ves desde tu experiencia con D’Coté?
Martín: El tema de Spotify es picante. Yo, como músico, estoy absolutamente en contra de su modelo, aunque reconozco que la plataforma tiene un alcance masivo y permite escuchar una cantidad enorme de música. Pero al músico le recortaron una parte importante de sus ingresos.
Con D’Coté, por ejemplo, cuando organizábamos las giras por Europa llevábamos treinta, cincuenta o cien discos. Los vendíamos en los conciertos y eso formaba parte de la retribución económica que obteníamos. Esa posibilidad se fue perdiendo con Spotify.
No sé si una persona va a descubrir a D’Coté porque entra a Spotify y busca «cuarteto de saxofones, tango». Quizás eso pueda pasar más fácilmente en YouTube, pero no estoy seguro de que las plataformas de reproducción sean el camino para llegar a nuevos públicos.
Si no sos un melómano, terminás escuchando lo que te dicta un algoritmo o lo que aparece en las grandes listas. Muchas veces se reproduce una y otra vez la música que las grandes discográficas y las plataformas deciden poner en circulación.
Por eso no sé si estar en Spotify te vuelve necesariamente más conocido. No digo que no pueda suceder, pero no sé si ese es el camino.
Hoy hay tantas plataformas y tantas maneras de acceder a la música que tampoco resulta sencillo entender cómo funciona todo eso.
Cuando hablás con gente de grandes sellos discográficos, algunos están más conformes con Spotify que antes, cuando la piratería afectaba sus ventas. Pero también te dicen que hoy la difusión pasa mucho por las redes sociales.
Para alguien de cincuenta y tantos años, como yo, es difícil entender y seguirle el ritmo a todo eso. Pero parece que hoy la convocatoria tiene mucho que ver con las redes sociales, más que con las plataformas musicales en sí mismas.
Nuevas grabaciones y proyectos para D’Coté
O.c: Recién decías que están trabajando en composiciones propias y explorando nuevos caminos. ¿Están grabando material nuevo o ahora la energía está puesta principalmente en el festejo por los 30 años?
Martín: Tenemos varias ventanas abiertas. Hace poco grabamos tangos nuevos en la Universidad Nacional de Lanús, que tiene un estudio espectacular y enorme.
También grabamos otras cosas el año pasado y el anterior. Ya no sé si la palabra «disco» es la más adecuada, porque está quedando un poco vetusta, más allá de lo que significa para los coleccionistas.
Hoy grabás algo y lo subís a YouTube, a las plataformas o a las redes sociales. El año pasado estuvimos publicando material y ahora vamos a subir cosas nuevas de esas grabaciones.
También estamos poniendo energía en otro proyecto que vamos a recuperar para el festejo la Orquesta de D’Coté, que hicimos hace unos 15 años.
En ese caso volvemos a una formación quizás más jazzística, con una sección de cinco saxofones y tres trompetas
Todo eso forma parte de lo que estamos preparando, además del concierto del 30 de octubre en el CAFF, cuyas entradas ya están a la venta.
O.c: Recién mencionabas que la palabra «disco» está quedando vieja. ¿No sentís que, con la publicación de canciones individuales, se pierde algo del concepto que tenían muchos discos de jazz? Ayer escuché un álbum completo de De Coté y encontré un hilo conductor, un clima que quizás se pierde si escuchás cada tema por separado.
Martín: Sí, claramente. Soy un defensor del disco como concepto. Colecciono vinilos desde hace muchos años, tengo una colección linda y disfruto sentarme a escucharlos. También colecciono CD.
Antes, quien grababa un disco pensaba en un orden. Se preguntaba cómo había salido determinada toma, qué tema debía abrir el álbum, qué carácter quería darle a esa apertura, cómo construir un clima en la mitad del recorrido o cómo empezar con mucha energía y terminar de otra manera.
Todo eso formaba parte de la obra. Incluso se podía componer pensando en ese recorrido.
Ahora muchas veces se trabaja con canciones individuales: grabás un tema, lo terminás y lo subís. No digo que todos nosotros vayamos a empezar a publicar exclusivamente singles, porque todavía hay grupos que seguimos apostando al concepto del disco.
Pero ese arte de pensar el álbum, de decidir qué tema abre y cuál cierra, está quedando en un lugar más romántico.
Estamos atravesando una época en la que muchas de esas cosas están en jaque. Y ni hablemos si empezamos a pensar en la inteligencia artificial: alguien puede hacer un tema en diez minutos con determinados programas, mientras que otra persona estudió composición durante años, trabajó sobre la instrumentación y la orquestación y se preocupa por conocer en profundidad su oficio.
No digo que todo eso haya desaparecido. Sigue existiendo y es un fuego que permanece encendido. Pero tiene que pelear contra este monstruo moderno de la inmediatez, de querer todo rápido y tenerlo ya.
O.c: El otro día hablaba con un periodista sobre la infoxicación, ese exceso de información que circula constantemente. Me preguntaba si no ocurre algo parecido con la música: todos los días se publica material nuevo y, aunque Spotify permita subir una canción, también hay tanta oferta que resulta difícil descubrir y seleccionar. Antes había programas de tango, de jazz, periodistas y especialistas que cumplían una función de curaduría. ¿Cómo se construye hoy esa selección?
Martín: Creo que la cantidad de música y de proyectos siempre fue enorme. Hay estudios que muestran que la población de músicos creció mucho durante los últimos veinte años, pero también creció la sobrecomunicación.
Hoy te enterás de que apareció un cuarteto nuevo en Guadalupe, de que Brad Mehldau sacó un disco hace unos días o de que tocó en una jam con otro músico. También sabés qué está pasando en un festival de jazz en Cartagena o en cualquier otro lugar del mundo.
Antes era muy difícil enterarse de un festival en el norte de Noruega, por ejemplo. Uno conocía los grandes festivales y algunas tradiciones, pero muchas cosas sucedían sin que nos enteráramos.
Hoy la sobrecomunicación hace que tengamos acceso a todo. Hay mucha gente queriendo subir sus videos a Instagram, publicar canciones en YouTube y poner su música en las plataformas. A eso se suman proyectos más inmediatos, orientados a una búsqueda comercial, que también nos desbordan.
Quizás siempre hubo mucha música, pero ahora estamos mucho más expuestos a todo lo que sucede.
El festejo de los 30 años y lo que viene
O.c: El 30 de octubre van a festejar los 30 años de D’Coté. ¿Qué viene después? ¿Tienen pensado organizar una gira o el concierto es una celebración puntual y después verán cómo sigue el proyecto?
Martín: El 30 de octubre es el festejo propiamente dicho. Estamos muy cerca de la fecha en que nació el grupo. Nos acordamos de aquellos días de calor en los que ensayábamos en una piecita en una terraza.
Unas semanas después nos vamos a Mendoza. Allí hay un festival llamado Mendoza Sax Fest, un encuentro internacional de saxofón que viene creciendo muchísimo desde hace varios años. Es un festival grande, con maestros de distintas partes del mundo.
En esta edición participan músicos de primer nivel, entre ellos Kenny Garrett y otros grandes instrumentistas. Vamos a tocar, dar clases y ofrecer un concierto.
Eso es lo que viene después del festejo. También estuvimos tocando en el Festival de Tango de Buenos Aires y hace poco hicimos una pequeña gira por los Bares Notables, dentro de un festival que se realiza acá.
Además, hay algunas posibilidades de volver a salir de Buenos Aires que todavía no están confirmadas. Es uno de nuestros objetivos.
O.c: Me decías que van a dar clases y participar en el festival de Mendoza. ¿Qué importancia tiene esa dimensión pedagógica para el grupo? ¿Por qué no quedarse solamente con el concierto y aprovechar esos encuentros para transmitir lo que aprendieron durante estos 30 años?
Martín: Es una parte muy rica de la experiencia. A veces, además de los conciertos, podemos ir a escuelas de música y transmitir no solamente cómo se armó D’Coté, sino también cómo construimos el lenguaje con el que nos expresamos.
Yo doy clases de clarinete y tango en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. El arreglador también enseña historia y tango, y es un gran pedagogo. Todos tenemos alumnos y damos clases particulares.
Además, armamos una clínica sobre la formación de D’Coté y sobre cómo se construye la orquesta.
Sería muy rico ir a un lugar, encontrarnos con los músicos de una orquesta local y armar un ensamble con ellos. Podemos contar cómo desarrollamos el proyecto desde lo musical, cómo trabajamos las articulaciones, la manera de soplar, la impronta del grupo y la parte rítmica.
Es una dimensión muy interesante, que ya hicimos en algunos festivales que nos convocaron. Y es muy nutritiva, especialmente para los músicos.

Fotos: Daniela Haiikins