Después de más de treinta años como parte de una de las bandas más influyentes del punk argentino, Lucho Scaglione encontró en Lucho al Attaque un espacio propio: un proyecto nacido casi por necesidad, entre la pausa postpandemia, la incertidumbre y el impulso vital de seguir tocando. Este nuevo camino lo trae nuevamente a Córdoba, donde se presentará el Sábado 14 de Marzo en Capitain Blue para festejar los 23 años de la Rústicar Bar junto Fachi y Abel, miembros fundadores de Viejas Locas, Cantinela: con la participación de Elio Delgado (Callejeros) y Martín Ale (Los Gardelitos). Corderos: realizando un homenaje al recordado Bocha Sokol, entre otros.
En esta charla, Lucho habla de la reinvención, del vértigo de componer sin red, del espíritu del “hágalo usted mismo”, de la importancia de los espacios alternativos y del lugar que ocupa hoy el punk en un país donde las escenas se transforman pero la energía sigue intacta. También se permite mirar hacia atrás, con afecto y sin nostalgia paralizante, para pensar en lo que fue Ataque 77 y en la posibilidad —si los planetas se alinean— de un reencuentro futuro.
Otra Canción: Lucho al Attaque nace como un renacer personal y también como un guiño a la historia del punk y de Attaque. ¿En qué momento sentiste que era hora de volver a salir a la ruta y que este proyecto tenía que llevar tu nombre?
Lucho: Mirá, cuando terminó la pandemia sentí que no arrancaba con la fuerza y las ganas que yo quería, y nos dimos cuenta de que era momento de tomar un descanso indefinido. Pero al otro día mismo me di cuenta de que no podía vivir sin salir a tocar, sin la historia de Ataque, que habían sido más de treinta años en lo personal.
Sentí que tenía que seguir haciendo esta música y, bueno, siempre con algún tema nuevo. Por eso me puse a grabar rápido un temita que tenía dando vueltas; después grabé un disco, después un disco en vivo, y ahora estoy grabando el segundo disco. Y nada, ya pasaron casi cinco años y el proyecto fue creciendo un poco. Yo estoy muy feliz de seguir adelante y de que mucha gente lo tome con alegría, sobre todo poder seguir cantando las canciones de Ataque, más en estos contextos que vivimos hoy, que son bastante chotos.
Y sí, di muchas vueltas con los nombres hasta que me encontré con “Lucho al Ataque”, y me pareció que estaba bueno y que cerraba un poco la idea general.
O.c: Empezaste a tocar a los 15 y hoy, con más de 50 y décadas de bajista, te convertiste en cantante y capitán de tu propia banda. ¿Cómo vivís este rol protagónico que antes evitabas? ¿Era una deuda pendiente con vos mismo?
Lucho: No, el rol protagónico realmente no era una deuda conmigo. Yo siempre estuve muy cómodo en mi lugar de bajista y coros, y cantaba alguna que otra canción. Lo tomé con mucha naturalidad. Ya en algunos shows de Ataque había tenido que salir a cantar porque Mariano, el cantante en ese momento, no había podido viajar por temas de salud, así que ya me había tocado cantar frente a mucha gente temas de Ataque.
Me acomodé con naturalidad: obviamente hubo cosas que me costaron, otras que me gustaron y otras que no, pero uno tiene que adaptarse y seguir adelante si ese es el deseo. Seguir el deseo y tratar de hacerlo con amor, con honestidad. Y me di cuenta de que había un montón de temas que me quedaban bien, que los podía cantar; otros que no voy a cantar nunca, pero en general fue bastante natural la situación.
O.c: El disco fue hecho sin sello, sin manager y sin estructura industrial. ¿Qué te enseñó este proceso sobre tu oficio, tu carácter y lo que significa realmente “hacerlo uno mismo” en esta etapa de tu vida?
Lucho: Me encontré con esta frase histórica del punk fundacional, del do it yourself, del “hágalo usted mismo”, y me encajó perfecto a todo nivel. Nunca en mi vida había trabajado solo, sin una compañía, sin toda una estructura, y la verdad es que me encontré con algo difícil, duro, pero muy gratificante y muy lindo.
Después de los cincuenta, con toda la experiencia y con mucho conocimiento de un montón de cosas que tienen que ver con la música, algunas cosas me fueron fáciles, otras difíciles, pero sin duda “hágalo usted mismo” refleja el momento que viví: encontrarme solo, con ganas de seguir adelante, y disfrutarlo pese a las dificultades
O.c: Hágalo usted mismo reúne invitados que representan toda tu historia: Juanchi, Rotman, Corbata, Comotto, Pulpul, Mosca, Mike, Hugo Lobo, Tamara. ¿Qué te reveló esta experiencia sobre la comunidad que construiste en más de tres décadas de música?
Lucho: Sí, el hecho de poder tener un montón de amigos músicos invitados fue muy lindo. Fue, de alguna manera, cosechar años de amistad y de compartir música con muchísima gente. Un lujo impresionante. Para mí fue increíble tener la posibilidad de invitar a mi disco a tantos genios grosos de la música que, encima, resultan ser mis amigos.
O.c: Hágalo usted mismo mezcla canciones que arrastrabas de Attaque con otras nuevas. ¿Qué necesitabas decir hoy que quizás no hubiera tenido lugar dentro de la lógica histórica del grupo?
Lucho: Bueno, en Attaque había una suerte de compositores muy talentosos: Ciro en su momento, Mariano un poco después. Y sí, me costaba; por ahí me sentía un poco inseguro en el momento de componer. Tengo muchos pedazos de canciones que vengo arrastrando hace años y que recién pude grabar y terminar en Hágalo usted mismo.
Formé una dupla compositiva muy interesante con Gori, que me ayudó mucho a atravesar esas inseguridades que, en mi caso —al no ser un compositor nato— me costaban un poco más.
Y no, no pienso puntualmente en que “tengo que decir algo”. Trato de fluir y que salga lo que salga. Obviamente mi escuela tiene que ver con el punk, con el rock, con Ataque, y siempre con historias de lo cotidiano: el amor, el fracaso, el éxito, el enojo, historias personales o de otros.
No es una cosa muy poética ni elevada; son letras más pragmáticas, más concretas. El punk rock siempre estuvo ligado al haiku, esa poesía japonesa directa, corta y contundente. Eso es lo que me sale. No tengo una idea fija de qué decir: lo que va saliendo, si me gusta, lo voy trabajando.
O.c: En tus shows conviven clásicos de Attaque, temas que no sonaban hace años y tus canciones nuevas. ¿Cómo encontrás el equilibrio entre honrar un legado tan fuerte y construir una identidad propia que no dependa solo de la nostalgia?
Lucho: Sí, a ver, la nostalgia nos acompaña y es parte de los sentimientos constantes en lo cotidiano del ser humano. Me pareció que estaba bueno: un poco de nostalgia siempre tiene que haber. Pero, como digo e insisto, también tiene que haber un tema nuevo. No puede ser solo lo nostálgico.
Para el músico es muy importante. A veces el fan quiere cantar las canciones que conoce y el tema nuevo medio que lo embola, pero para el músico es fundamental tener esa canción nueva que te vuelve a dar ganas, que te da la sensación de lo nuevo. Para el músico eso es clave.
O.c: Strummer Bar se volvió un punto de encuentro para bandas nuevas, músicos históricos y varias generaciones mezcladas. ¿Qué te emociona de ver pibes, padres e hijos conectados por el punk? ¿Cómo ves hoy el lugar del rock en un mundo dominado por otros géneros?
Lucho: Sí, Stramer Bar se transformó en un lugar muy importante, un semillero, como en los 80 lo fueron Cemento o el Parakultural. Me parece que Argentina —y Buenos Aires en particular— se caracteriza por estos espacios. Sin esos lugares no hubieran existido ni Los Redondos, ni Memphis, ni Los Pericos, ni Los Ratones, ni Ataque. Son parte de la identidad del país y de nuestra música.
Y la verdad es que esto de que otros géneros hoy dominen el mainstream me importa muy poco. Para mí el rock es de lo más importante a nivel histórico: por el mensaje, por el sonido, por la historia, por las letras. Hoy hay una música que los jóvenes escuchan más, pero también es engañoso, porque como vos decís, en Stramer conviven todas las generaciones: desde pibes muy jóvenes hasta gente grande que ya triunfó y está de vuelta.
No hay que preocuparse. Uno tiene que hacer lo propio de la mejor manera, mirar para adentro y no estar pendiente de qué pasa con la música urbana, el rap o el trap, géneros que claramente no nos identifican y que a nosotros no nos gustan. Pero bueno, que estén ahí, que cada estilo haga su camino. Para mí el rock es todo y jamás se ve amenazado por ninguna situación.
O.c: Además de este proyecto, venías trabajando en propuestas paralelas, incluso con tu compañera. ¿Cómo se articula hoy tu año artístico entre Lucho al Attaque, giras, colaboraciones y esos otros proyectos personales?
Lucho: Sí, bueno, estoy hace muchos años en pareja; mi mujer es cantante, y siempre combinamos un poco el amor y la música. Nos divertimos mucho haciendo música juntos. Es todo lo que me gusta hacer: tocar todo el tiempo, grabar, estar de gira. Siempre me gusta que me inviten y probar diferentes estilos, no solo quedarme encerrado en el punk rock. Me gusta mucho el rockabilly, la música de los cincuenta… es una especie de vicio que uno puede despuntar y disfrutar.
Es lindo estar siempre rodeado de amigos y de afectos. La música para mí es todo, así que todos los días estoy viendo cuál es el próximo show, donde sea y en todos los formatos posibles.
O.c: La pregunta inevitable: cada tanto vuelve el rumor de una reunión de Attaque. ¿Sentís que puede suceder en algún momento o hoy lo ves lejano? ¿De qué dependería realmente?
Lucho: Sí, son épocas de muchos rumores, más aún con juntadas históricas tanto en el plano nacional como internacional. Acá volvieron Los Piojos, Los Caballeros de la Quema… afuera se juntan grupos como Oasis. Entonces, obviamente, todo el mundo pregunta. Hay rumores de todo tipo, ha habido llamados de productores y de eventos. Por ahora no hay nada, pero sí: a mí me gustaría. Es la banda de mi vida.
Le tengo un afecto enorme a todos los exintegrantes, a los excompañeros con los que compartimos muchísimos años, éxitos, fracasos, el paso del tiempo y la vida. Son familia. Ojalá que Ataque tenga su vuelta. Estaría buenísimo.
Y si no sucede, también estar agradecido por todo lo hecho y lo vivido. Pero creo que sí: en algún momento se alinearán nuestros planetas y un reencuentro estaría buenísimo, claro que sí.
O.c: Mirando tu recorrido —Attaque, Strummer, tu proyecto solista—, ¿qué parte de esa historia sentís que te define más como artista en este presente?
Lucho: No, creo que me define del todo. Siempre fui una persona muy movediza, muy veloz. Me gusta mucho el deporte, me gusta la gastronomía y cocinar, y la música es lo que más me mueve. Así que sí, me define esta cosa multifacética, de mucho movimiento y de nunca estar quieto.
Me gusta estar siempre buscando el próximo desafío y no tener todo asegurado. Esa parte de aventura, de no saber qué va a pasar, me genera una adrenalina y una intriga que me hacen bien.
O.c En un contexto donde la cultura está siendo golpeada y muchos pibes “construyen con menos que cero”, ¿qué lugar creés que ocupa el punk hoy? ¿Puede seguir siendo un espacio de resistencia y comunidad como lo fue en los 80 y 90?
Lucho: El punk me parece una escuela musical fundamental. Fue muy importante en la explosión de los setenta y, aunque nunca formó parte total de la cultura dominante, dejó una marca enorme. Ataque, Dos Minutos, Cadena Perpetua… son grupos que tuvieron su momento popular y fueron aceptados en el establishment radial y musical, pero aun así el punk siempre fue algo contracultural. Nunca los invitaban a ningún lado ni a las radios —por eso hacían programas clandestinos—, ni a la prensa gráfica —por eso los fanzines—, ni a los shows masivos —por eso tocaban donde se podía: en una plaza, en una casa tomada.
El punk tiene algo muy genuino, visceral, orgánico y real. Y me parece que hoy incluso hay mucha gente joven acercándose; creo que hay un revival del punk a nivel general. Más allá de que el mainstream hoy sea más pop, más reguetón o lo que sea, siento que el punk en cualquier momento puede darnos una gran sorpresa. Las cosas vuelven, giran y regresan. Y eso está buenísimo.