Después de varios años sin presentarse en Córdoba, Jorge Fandermole regresa con un concierto íntimo y poético. El jueves 20 de noviembre a las 21 h, en la Sala Mayor del Teatro Ciudad de las Artes, el cantautor rosarino compartirá Tiempo y Lugar, su nuevo disco de estudio.
El regreso de Fandermole no es solo el de un músico fundamental de la canción argentina, sino también el de una sensibilidad que ha sabido atravesar generaciones con una obra que combina lirismo, pensamiento crítico y una profunda conexión con el paisaje humano y social del país. En Tiempo y Lugar, su primer trabajo discográfico en más de una década, el artista despliega una paleta sonora austera pero cargada de sentido, donde cada palabra parece haber sido elegida con la precisión de quien sabe que la poesía también puede ser una forma de resistencia.
En vísperas de esta presentación, conversamos con el músico rosarino sobre su proceso creativo, la vigencia de sus canciones, la relación entre arte y política, y el modo en que la poesía sigue siendo su brújula en tiempos inciertos. La entrevista que sigue es un recorrido por esas ideas, pero también una invitación a escuchar con atención a una de las voces más lúcidas y entrañables de nuestra música popular.
O.c: Contanos un poco el show que traés a Córdoba marca tu regreso después de bastante tiempo. Antes venías seguido, incluso varias veces al año. ¿Cómo vivís esta vuelta?
Jorge: Sí, después de un buen tiempo. Cuando volví después de la pandemia lo hice junto con la Trova Rosarina. Tiene que ver básicamente con que hace un tiempo largo que vengo trabajando en este disco que terminé y que ya está en la plataforma.
Aunque nunca dejé de trabajar. Lo que pasa es que, por diversos motivos, no estuve yendo a Córdoba. Tanto la parte de actuaciones en vivo como la docencia, que son las dos cosas en las que trabajo permanentemente, las seguí normalmente. Pero ahora, con este material nos propusimos salir a presentarlo de una manera más sistemática.
Después de haber renegado tanto con este material —porque era una carpeta que empecé en 2018, después vino la pandemia, más las dificultades personales y la dinámica de uno— recién ahora lo pude terminar.
O.c: Este disco lo empezaste en 2018 y pasó mucho tiempo, Más si tenemso en cuenta que Fander salió en el 20014. Algo parecido ocurrio entre Fander y pqueños mundo que salió en el 2005. ¿Por qué tardaste tanto en publicarlo, siendo que varias canciones ya estaban escritas hace años?
Jorge: Algunas son muy nuevas y otras son de las que venía haciendo. Mirá, tiene que ver con eso: como uno no tiene compromiso con una editorial, y en lo personal no tengo esa cuestión de tener que sacar un disco cada dos o tres años para renovarme, prefiero dejar que las cosas se vayan haciendo mientras se pueden.
No es una buena estrategia, soy consciente, pero uno obedece a su propia dinámica, a ver qué se puede y qué no se puede.
O.c: Tus canciones como Canto versos, Oración del Remanso o Solo siguen sonando actuales, incluso en versiones de otros artistas. ¿Cómo se logra esa vigencia? ¿Tiene que ver con que no sientas la necesidad de sacar discos tan seguido?
Jorge: Algunas temáticas son universales y siempre están presentes en lo individual y lo social: el amor, el conflicto, la muerte. Las canciones de amor se van a seguir cantando siempre.
Por otro lado, nosotros no somos cronistas, o al menos yo no me considero cronista de la historia. Uno escribe lo que le parece en el momento. Algunas canciones quedan vigentes porque trasladan un marco crítico que se reitera en la historia.
Por ejemplo, Cantoverso es una canción de los noventa, y los noventa fueron ese tramo en que se instaló el conjunto de desgracias después de la dictadura. Se instaló una forma económica en Argentina de la cual es muy difícil despegarse.
Entonces, buena parte de la problemática de los noventa se reedita de esta nueva manera, y algunas cuestiones críticas terminan actualizándose por los nuevos modos de crueldad, sin que uno lo busque.
O.c: Eso me da miedo, porque parece que no hemos aprendido nada. Hoy, con treinta años, me preocupa pensar que no aprendimos nada.
Jorge: La cuestión es que nuestra generación es la que gobierna. Si hablamos de Argentina, estamos un par de décadas más jóvenes. Pero la generación de los sexagenarios y septagenarios concentra el poder en el mundo y toma las decisiones.
Yo no me considero parte de esa generación, soy parte de los que la sufrimos. Pero los poderes que regían los cambios en los noventa son los mismos que hoy dirigen las decisiones políticas. Es la misma élite, solo que más fuerte y concentrada.
Entonces, no es un problema de aprendizaje, sino de que no hemos podido, como pueblo, recuperarnos de ese vasallaje. Seguimos siendo un pueblo sometido, y ahora además estamos perdiendo el sentido de patria y de nación soberana.
Si uno mira un poco, todo esto forma parte de una gran pelea en un mundo multipolar donde una nación supremacista y hegemónica hace todo lo posible para que su patio trasero esté encolumnado detrás sus intereses. Seguimos repitiendo esas cuestiones históricas cada vez más graves. Al menos yo lo veo así.
O.c: Venís de una generación donde el cancionero era muy fuerte y reflexivo. ¿Cuál creés que es hoy el rol del músico y del compositor?
Jorge: En todas las épocas la canción apareció como reflejo de la historia y de la cultura del momento. Fue testimonial sin proponérselo. Por ejemplo, en el cancionero se nota cómo cambió el ambiente: cómo cambiaron los paisajes, los trabajos. Se sabe por la canción que el monte ya no existe, que en el río cada vez se pesca menos.
Cada generación tiene que buscar su lenguaje para dar cuenta de eso. No como un deber, sino como una intuición poética que se manifiesta de manera distinta en cada época.
Yo ahora me pregunto qué recursos usar, qué elementos del lenguaje necesito. Pero tengo menos energía, no escribo a la velocidad de antes ni con la urgencia de hace treinta años.
Aun así, veo que las generaciones nuevas le encuentran la vuelta. En Rosario, por ejemplo, hay jóvenes de 20, 25, 30 años que proponen permanentemente, buscan lugares alternativos, no se dejan vencer por las dificultades. Cada semana hay una propuesta nueva, una oferta cancionística distinta. Eso significa que se están buscando nuevas formas.
Yo tengo esperanza de que eso funcione, independientemente de que los viejos sigamos buscando cómo decir lo que queremos decir.
O.c: El último disco se llama Tiempo y Lugar, y hay una canción que le da nombre. Muy actual también. ¿Por qué elegiste esa canción como título del disco?
Jorge: Porque me parece la más significativa. Habla de situarnos en el espacio y en el tiempo, que es el modo en que habitualmente vivimos: desde el deseo, lo espiritual, lo físico, los trabajos, los proyectos. Siempre nos preguntamos dónde y cuándo.
Son dos categorías críticas: tiempo y lugar. Si miramos el mundo hoy, ¿hubo un momento más crítico que este? Estamos al borde de una tercera guerra.
Argentina no tiene armas ni ejército, pero está obligada a alinearse por compromisos con Estados Unidos, por negociaciones que nos endeudan más. Siento que somos un país sometido a un proyecto de exterminio.
En medio de ese conflicto global, cada uno debe ver qué le toca. Y esa configuración de tiempos y lugares es lo que me llevó a elegir esa canción como título del disco.
O.c: Hay una frase en esa canción que dice: “Porque sigo, porque tu mano en mi frente es un crédito evidente y es una deuda también”. ¿Por qué sigue cantando Fandermole?
Jorge: Creo que depende de cada uno. Yo trato de seguir porque la acción es una expresión de vitalidad, y también una necesidad para la vitalidad.
Lo que sí veo es que muchas cosas que antes salían fácil ahora fracasan: letras que no termino, músicas que van al tacho. Pero mientras tenga inquietud y pueda transmitirla en este lenguaje, no voy a dejar de hacerlo.
Lo intentaré, y después seré crítico: lo tiraré o lo dejaré andar. Pero no tengo intención de dejarlo mientras pueda y lo cognitivo me lo permita.
O.c En este disco la poesía está muy presente. Incluso aparece, de manera subliminal, la influencia de Edgar Morisoli, gran poeta de La Pampa. ¿Cómo surge esa relación y por qué incluir referencias como la diuca, tan propia de su obra? La diuca está muy presente
Jorge: A mí esa narración poética llamada La lección de la diuca, me resultó una epifanía. Esa idea de invertir causa y efecto: el pajarito canta para dar lugar a la aurora, no porque el ciclo cosmológico lo hace cantar.
Me pareció una metáfora poderosa: lo pequeño, lo aparentemente insignificante, produciendo un cambio enorme en el universo. Pensé que debía escribir algo sobre eso. De ahí arrancó todo.
O.c: En el disco participan Fernando Silva y Juan Quintero. ¿Qué le aportaron? Juan es un viejo amigo tuyo, ¿cómo fue volver a trabajar juntos?
Jorge: Mirá, Juan es un músico impresionante. Cantar con Juan es siempre un gusto, porque es un guitarrista muy formado, un tipo que va rápido, que te espera, porque siempre va más rápido. Tiene una gran sensibilidad para lo vocal, para los arreglos a dúo de voces, para los arreglos de guitarra.
Además, él se entusiasmó con esa canción en particular, Pilar y Juan, porque la conoce desde que yo se la mostré allá por 2015. Ya la habíamos cantado a dúo en público, así que enseguida accedió a grabarla conmigo.
O.c: ¿A quién está dedicada la canción Pilar y Juan? Porque el título me hizo pensar en Juan Quintero y en el disco Fander, donde le dedicaste una canción a él y a Luna Monti
Jorge Fandermole: Pilar y Juan son los nombres de los padres de Juan Carlos Cambas, un pianista argentino radicado en Galicia hace mucho tiempo. La historia viene de ellos. Según me cuenta Cambas, su padrino es Luis Landriscina, que era amigo de la familia y escribió un largo poema sobre la historia familiar.
Cambas estaba haciendo un disco sobre la migración y me pidió si tenía alguna canción al respecto. Yo no tenía ninguna, a pesar de que vengo de familia de inmigrantes italianos. Entonces, él me acercó ese poema, y en base a esa narrativa compuse la canción Pilar y Juan, que primero fue al disco de Cambas.
O.c: Es una canción que habla del exilio, y me dejó pensando: ¿dónde está la patria hoy? ¿Quién es la patria?
Jorge Fandermole: Hay gente que tiene mucho conflicto con eso. No es mi caso, porque tengo una sola ciudadanía y muy clara la idea de patria. Pero entiendo que es un enorme conflicto en este momento.
Hay que pensar en los que se han tenido que ir por cuestiones políticas o llegaron como refugiados a Europa. ¿Dónde está la patria para ellos? ¿Cuál es la patria de los centroamericanos que quieren pasar a Estados Unidos?
Uno de los problemas más graves es cómo los lugares empujan afuera a sus ciudadanos. La migración por razones climáticas, políticas o económicas es uno de los grandes problemas humanitarios que tenemos hoy.
Habría que preguntarle a toda esa gente que está dando vueltas por el mundo, que no tiene un hogar, cuál siente que es su patria. Y también habría que preguntarles a las generaciones nuevas que viven en este país cuál es la idea de patria que tienen, si es que tienen alguna.
Yo no responsabilizo a las generaciones más nuevas, sino al sistema que los educó y a quienes debieron dejarles claro cuál es la idea de nacionalidad y de patria. Es un problema crítico y conflictivo.
O.c: En Milonga con cuatro orillas hablás de “recordar lo que jamás he olvidado” y aparecen imágenes de límites, encuentros y desencuentros. Incluso decís: “nos estamos esperando, suena sorpresa a una promesa”. ¿Cómo nació esa canción y cómo dialoga con el resto del disco, que parece tener una unidad muy marcada?
Jorge Fandermole: se llama Milonga con cuatro orillas porque se refiere a las orillas del Paraná y del Uruguay.
Tiene que ver con el enorme amor que yo siento por los orientales, porque he aprendido mucho de ellos, porque he cantado con ellos.
Además, yo crecí con la música de Aníbal Sampayo, de Zitarrosa, de Osiris Rodríguez Castillo, con todo el canto popular uruguayo. Entonces, esa canción está dedicada a eso: a esa orientalidad, al pueblo uruguayo, a la nación y al país.
O.c: la canción Décima de identidad también me llamó mucho la atención. Hay una frase que dice: “aprendí a cantar cuando era mi palabra por delante”. Me quedó resonando eso sobre la razón y la palabra, al momento de componer, al momento de expresar.
Jorge Fandermole: En esa canción arranqué bien por el principio, porque yo empecé a cantar a los cuatro o cinco años. De las canciones que me enseñaba mi papá, me acuerdo un tango que se llama La Calesita.
Cuando cantaba La Calesita, mi palabra iba por delante como una cosa que yo no entendía, porque cantaba cosas que no estaba comprendiendo. Era el primordio de una idea: las palabras por delante, porque todavía no entendía qué era lo que estaba cantando.
Después, cuando me di cuenta de que lo que estaba cantando era un tango maravilloso, también me di cuenta como emerge la poesía a lo largo del tiempo y cómo en la canción hay una especie de baúl secreto, un tesoro que uno va descubriendo con los años, a medida que va entendiendo toda esa imagen que la canción le propone.
Al principio uno canta, cuando es chico, sin saber bien qué está diciendo, a qué se está refiriendo. Como una sonoridad memorizada, pero sin saber a qué se refiere.
Después viene lo otro, que es parte de tu pregunta: cuando empezás a entender lo que las canciones empiezan a mostrar, las imágenes que tienen, y que hasta que fuiste adolescente o un poco más grande no habías entendido, empezás a darte cuenta de que ahí hay un universo poderoso, un universo poético que conmueve, que emociona. Y entonces uno empieza a preguntarse: “Che, ¿cómo es que estos tipos escriben esto? ¿Yo no tendré nada para decir respecto de las cosas del mundo?”.
O.c: En una de tus canciones aparece la frase: “Sé que un incierto segundo habrá cesado mi empeño”. Me quedé pensando… Si yo fuera músico, ¿cómo me llevaría con la idea de la muerte? No sé si de la muerte en sí, pero sí de la muerte como cantante. ¿Alguna vez pensaste en dejar de cantar? Porque esa frase me dio esa sensación.
Artista: Mirá, yo no tengo conflictos con eso. Tengo muy claro que somos producto del azar, y ese azar me dejará cantar hasta que me deje… o me dejará vivir hasta que me deje. Justamente esa estrofa final tiene en cuenta eso: que todo se termina. Pero no lo pienso de un modo dramático. Para mí, los finales son parte de los ciclos vitales. Lo veo desde ese lugar.
Me acuerdo de Serrat, cuando en su última gira le preguntaban por qué dejaba de cantar. Él respondió algo que me marcó: “A lo mejor, el mundo y yo ya no tenemos más nada que decir”.
Serrat lo dijo después de haber escrito una de las canciones más bellas del cancionero mundial: Mediterráneo. Y pensar que ese mismo mar es hoy una de las mayores tumbas de la humanidad, donde yacen miles de migrantes… Entonces, quizá tenga razón: llega un punto en que uno deja de dialogar con el mundo. Cuando no haya más nada que decir, no diremos nada. Pero mientras tanto, seguimos.
O.c: Campo por Rincón me parece muy actual. Hay una parte que dice: “¿Por qué es todo ajeno allá en el campo rincón?”. Pensé en esa idea que tenemos muchos, los que nacimos en la ciudad, de no sentir el campo como propio. ¿Qué significa para vos?
Jorge: Ahí está la polisemia del lenguaje. Cada cual le encuentra su sentido. Pero en realidad, Campo por Rincón es un lugar concreto: una franja de tierra entre el río Carcarañá y el Paraná, a 40 kilómetros de acá. Hasta hace pocas décadas era monte salvaje, monte prístino. El Carcarañá corre paralelo al Paraná durante muchos kilómetros, en sentido contrario, y hay una quebradura geológica muy extraña. Hemos navegado mucho esa zona. Es una remada de doce horas.
Campo Rincón llega hasta donde están los puertos, casi todos extranjeros, cerca de la desembocadura del Coronda. Es una zona con historia de prófugos, donde murieron muchos del Fuerte Sancti Spiritu cuando fue incendiado por los Timbúes y los corondá. Algunos huyeron por esos rincones y ahí los terminaron de masacrar.
Además, en ese lugar tenía su rancho Chacho Müller. Allí escribió una de sus canciones más hermosas, Monedas de Sol. Por eso la canción remite a él. Hay una parte que dice: “Queda el sauce aquel, a cuya sombra su barco de pura neblina vio en su sueño lúcido el cantor que entero arribó a su ceniza. El agua que entra por el cordontal sabe lo que ha sido y que no volverá”. Todo eso está dedicado también a Chacho Müller.
O.c: Y esa frase: “Su dolor se le quedó sin nombre”. ¿Creés que hay dolores colectivos que la canción tiene que nombrar, cuando nadie se acuerda?
Jorge: Creo que la canción puede dar cuenta de las mayores felicidades y de los mayores infortunios. No sé si tiene la obligación, pero sí la posibilidad de evocar ciertos dolores. Hace unos días leí un artículo de Horacio González, escrito durante la pandemia, titulado ¿Qué significa sentir dolor?. Hablaba de la relatividad del dolor y cómo uno se involucra ante la pérdida: cuánto es individual y cuánto es social. Decía que donde hay una muerte individual, también hay una muerte social, y eso implica responsabilidad política. Me quedó resonando porque la canción, cuando logra sensibilizar, lo hace de manera empática. Pero necesita tiempo. Y hoy, con la lógica del mercado, todo dura cuatro minutos y desaparece. Es improbable que la gente madure la escucha durante años, como pasa con los tangos de Homero Manzi, que son pura genialidad. Pero para eso hay que volver a escucharlos muchas veces. En todo caso, la canción merece tiempo.
O.c: Me hablabas de lo actual, de la industria. Pienso que vos siempre apostaste por el disco completo, conceptual. ¿qué tan importante es hoy sacar el disco el disco como concepto?
Jorge: Lo que veo es que, primero, no sé si se va a escuchar en el orden en que uno lo pensó. Creo sinceramente que hoy se escucha fragmentariamente. La fragmentariedad es una especie de condena a la que estamos sometidos porque el medio te induce a eso. Me apena que no se escuche la obra completa. Los discos fueron hechos para escucharse de punta a punta. Y hoy, la mayoría no lo hace. Eso es lo que más lamento.
O.c: Entre las canciones, me llamó la atención Invocación. Me parece que hablás sobre la musa, sobre cómo salva del olvido y evita cantar inconsistencias. ¿Qué es la musa para vos?
Jorge: La idea de la musa es muy difusa. No hay una sola. Hay muchas cosas que funcionan en ese registro. Va desde mi compañera, con quien convivo, hasta la canción misma, o las canciones de otros que te hacen reflexionar sobre cómo se tienen que decir las cosas. La musa no es una sola, es un conjunto. Pero también se nota cuando las ideas no vienen a la misma velocidad que antes: vienen más lentas, más demoradas. Me pareció una buena oportunidad para pedir ayuda a las musas.
O.c: En otra parte decís: “Callar lo indebido y declarar a veces sin ofensas”. ¿Por qué esa reflexión?
Artista: Porque lo pienso. Tengo canciones que ya no canto, porque en algún momento me excedí: uno se va de boca y establece lo hiriente como un arma. Se excede en el vocabulario. Y nunca, como en estos dos años nos han insultado a todos los ciudadanos. Han usado un lenguaje violento y ofensivo. Nos han calificado, catalogado, condenado a todos los que tenemos una cierta idea, una filosofía, una concepción del mundo y de la sociedad. Ante eso, creo que la respuesta no debe ser con la palabra violenta. La violencia se dará de otra manera, en otro momento y con otras acciones.
O.c: En este contexto, ¿qué papel juega el arte? ¿Hay cosas que el arte no debería decir o tiene que decir todo?
Artista: Yo pienso el arte como lenguaje. No veo impedimento para que un lenguaje deje de tratar cualquier experiencia o idea. No veo por qué debería sustraerse. Después, si lo hace bien o mal, genialmente o de forma burda, es otra cuestión. Pero no veo por qué no debería afrontar cualquier idea tratándose de lenguajes artísticos.
O.c: Para ir terminando, en esa misma canción decís que tu garganta multiplica los ecos. ¿Qué ecos reproduce este disco? ¿Qué dice?
Jorge: Cuando digo “reproduce los ecos de tu palabra que canta”, la que canta es la invocada. Pero uno siempre tiene la esperanza de que lo que se dice en la canción resuene en los demás, en un colectivo. No es una especulación al componer, sino una expectativa cuando la canción se publica. Uno espera que resuene en las sensibilidades de quienes la escuchen. Es un deseo pretencioso, pero bueno, hay que tenerlo.
O.c: Creo que lo has logrado con los años...
Jorge: Sí, pero no pasa con todas las canciones. Uno quisiera que cada pequeña obra de tres minutos tenga resonancia. A veces se da y a veces no. Pero igual uno la hace. A veces resuena y se queda, otras veces desaparece.
O.c: Se viene el próximo show en Córdoba, el 20. ¿Cómo va a ser? ¿Todo el disco nuevo? ¿Clásicos?
Jorge: Voy a mostrar de punta a punta los temas en el orden del disco y complementar con canciones de discos anteriores, las que seguimos cantando con gusto.