Huracanes, vulnerabilidad y resistencia: la voz de Ivo Macchieraldo

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En el vértigo de las primeras veces, Ivo Macchieraldo decidió dar un salto que lo marcará para siempre. Nacido en San Francisco, Córdoba, y formado entre bandas locales y búsquedas íntimas, encontró en la música no solo un lenguaje, sino una manera de habitar el mundo. En 2024 se animó a poner su nombre al frente de un proyecto solista y así nació Katryna, su primer disco, un mapa emocional de nueve canciones que recorren distintos “huracanes” internos: amor, tristeza, incertidumbre, resistencia.
La presentación oficial será el 30 de noviembre de 2025 a las 19:00 hs en Sala Formosa, Córdoba, un espacio que le abrió las puertas para mostrar por primera vez su obra completa con banda. Allí comenzará a girar el huracán que da nombre al álbum, un caos inevitable que se transforma en relato circular y en viaje compartido con el público.
En esta entrevista, Ivo habla de vulnerabilidad, de metáforas que lo atraviesan, de la tensión entre memoria y vértigo, y de cómo el arte puede acompañar las tormentas internas y colectivas. Katryna es su primer paso en solitario, pero también una invitación a dejarse llevar por la fuerza de lo que se mueve adentro.

Otra canción: Me gustaría empezar porque nos cuentes un poco quién es Ivo Macchieraldo y cómo nació este proyecto.

    Ivo Macchieraldo: Soy un chico de San Francisco, Córdoba, que desde muy chico encontró en la música una forma de estar en el mundo. Crecí rodeado de arte y bandas que me marcaron, y más que una decisión fue una necesidad: tenía cosas adentro que solo podía decir cantando. Toqué en varias bandas locales, pero en 2024 sentí que era tiempo de animarme solo, de poner mi nombre en algo que sea completamente mío. Así nació esto: desde el vértigo, desde la búsqueda… y desde la necesidad de entender mis emociones a través de la música.

    O.c: ¿Por qué elegiste Sala Formosa como el lugar para presentar Katryna y qué significa para vos que el “huracán” empiece ahí?

      I.M: Sala Formosa fue el primer lugar en Córdoba que me dio un espacio real para mostrar mi proyecto solista. Antes hice algunos acústicos chiquitos, pero esta es la primera vez que toco mi disco completo con banda, como lo soñé. Confiaron en mí, y eso para mí vale muchísimo.

      Que el huracán empiece ahí es simbólico: es un nuevo capítulo que nace en una ciudad que no es la mía, pero que hoy siento un poco como casa. No sé hasta dónde va a llegar este huracán, pero ya empezó a girar… y empieza ahí.

      O.c: Katryna funciona como un “ida y vuelta” emocional y el huracán atraviesa todo el disco. ¿Cómo trabajaste esa idea para que las canciones se conecten en un relato circular de nueve temas?

      I.M: Más que un solo huracán, yo lo pensé como distintos huracanes emocionales. Cuando te enamorás, te arrasa un huracán de amor; cuando te separás, aparece uno de tristeza; cuando estás perdido, otro de incertidumbre. Cada canción es un tipo de huracán diferente, pero todos comparten ese movimiento de ida y vuelta: te levantan, te sacuden y te obligan a mirarte de otra manera.

        Por eso no quise un disco de canciones aisladas: quise un mapa emocional. Hay temas más calmos y otros más intensos, pero todos vienen de un mismo lugar interno que se mueve. Katryna no es un solo huracán… es el momento en el que algo adentro tuyo empieza a girar y ya no vuelve al mismo lugar.

        O.c: El álbum combina pop alternativo, rock e indie con texturas electrónicas. ¿Qué influencias y desafíos encontraste al definir esa identidad sonora?

        I.M: Fue un desafío porque escucho música muy distinta: desde Cerati, Spinetta y Usted Señalemelo hasta cosas modernas como MGK o el indie pop actual. Entonces traté de no copiar estilos, sino buscar sensaciones. Guitarras con aire rockero, bases pop, texturas electrónicas y ambientes medio oníricos. La identidad apareció cuando dejé de pensar en géneros y empecé a pensar en emociones.

          O.c: El disco habla de atravesar tormentas internas. En tiempos como los que vivimos, donde muchas veces la tormenta no es solo interna, ¿cuál creés que es el rol del arte?

            I.M: Creo que el arte no cura, pero acompaña. No tiene que resolver algo sí o sí… pero te hace sentir que no estás solo adentro de tu tormenta. Hoy también hay tormentas afuera: sociales, emocionales, colectivas. Frente a todo eso, el arte puede ser una forma de resistencia: escuchar, frenar, sentir… todo lo contrario a la velocidad con la que vivimos.

            O.c: Tus letras invitan a atravesar la tormenta con franqueza. ¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en tu manera de escribir canciones?

            I.M: Para mí la vulnerabilidad no es debilidad, es honestidad. Yo escribo cuando estoy confundido o cuando siento algo tan fuerte que no lo puedo decir hablando. La vulnerabilidad es mi forma de ser sincero conmigo y con quien escucha. Si no hay vulnerabilidad, no hay canción.

            O.c: ¿Qué te llevó a transformar la imagen de Katrina en un símbolo de procesos internos y emocionales?

              I.M: Porque un huracán arrasa, pero también reorganiza. Después de un huracán nada vuelve al mismo lugar. Yo sentí muchas veces eso en lo emocional: cosas que me rompieron, sí, pero que también me hicieron crecer. Katryna primero fue una imagen externa… y después se volvió un símbolo interno. No es una persona ni un hecho puntual es ese momento donde todo se mueve adentro tuyo.

              O.c: En temas como Mil Vueltas y Tomate un Tranquinal aparece la tensión entre el sobrepensar y la necesidad de frenar. ¿Cómo se refleja tu propia experiencia personal en esas letras?

              I.M: Yo sobrepienso mucho, me quedo girando en ideas que a veces me hacen mal. Y al mismo tiempo necesito bajar un cambio. En Mil Vueltas está el girar sin salida. En Tomate un Tranquinal aparece el pedido de pausa, pero también la frustración de no poder frenarse. Son dos caras de lo mismo: mi cabeza acelerada y mi corazón pidiendo calma.

                O.c: En tus letras aparecen imágenes de espiral, deriva y distancia. ¿Qué significan para vos esas metáforas de arrastre, tanto en lo personal como en lo urbano?

                  I.M: Son imágenes que me aparecen naturalmente cuando escribo. El espiral es ese pensamiento que vuelve; la deriva es la duda; la distancia puede ser física o emocional. No las pensé desde lo urbano, sino desde lo íntimo. A veces uno se pierde adentro suyo más que afuera.

                  O.c: Usás la metáfora del “horizonte de sucesos” para hablar de emociones. ¿Creés que también refleja límites colectivos, puntos de no retorno en la sociedad?

                    I.M: Sí. El horizonte de sucesos es ese punto donde algo cambia para siempre, donde ya no hay retorno. Lo pensé desde lo emocional, pero también creo que existe a nivel colectivo: hay momentos históricos donde no podemos volver a mirar las cosas igual. En lo personal y en lo social… hay puntos de no retorno.

                    O.c: Cuando hablás de “la oscuridad que seduce” y de un “ruido ensordecedor”, ¿cómo dialogan esas imágenes con las fuerzas sociales y la saturación colectiva que vivimos?

                      I.M: Esas imágenes no las pensé directamente desde lo social cuando las escribí. Surgieron de adentro, de momentos donde me sentí saturado mentalmente o emocionalmente. A veces hay un ruido interno que no te deja pensar y una oscuridad que por momentos parece refugio… pero también puede ser una trampa.

                      Después, cuando lo escucho con distancia, sí siento que esa saturación interna también tiene eco en lo social. Hoy todo es rápido, instantáneo, lleno de estímulos… y capaz esa oscuridad seduce porque te promete un lugar donde ya no tenés que responderle a nadie. Creo que lo social se termina filtrando sin querer: lo que pasa afuera también termina haciendo ruido adentro.

                      O.c: La tensión entre “no sé qué pasará mañana” y “no quiero olvidarme el ayer” parece universal. ¿Qué rol juega el tiempo —memoria, presente e inmediatez— en tu manera de escribir?

                      I.M: El tiempo es algo que me obsesiona bastante. A veces siento que todo pasa demasiado rápido y otras veces tengo miedo de que no pase nada. Entre esa ansiedad y la necesidad de agarrarme de los recuerdos aparece muchas de mis letras.

                        En una canción digo: “no sé qué pasará mañana, pero no quiero vivir en el ayer”. Esa frase resume mucho cómo pienso: tratar de estar presente, sin quedarme atado a lo que ya pasó, pero tampoco queriendo acelerar todo. Para mí escribir es intentar encontrar un lugar intermedio entre la memoria y el vértigo.

                        O.c “Supongo que me arriesgué” y “me alejé” sugieren una tensión entre valentía y aislamiento. ¿Creés que arriesgarse hoy implica necesariamente distanciarse de lo establecido?

                          I.M: No siempre, pero a veces sí. Cuando elegís un camino propio, capaz tenés que tomar cierta distancia de lo seguro, o de lo que se espera que hagas. No lo viví como rebeldía, sino como un movimiento necesario. “Supongo que me arriesgué” y “Cuando más necesite fue donde más me alejé” no hablan de soledad por capricho, sino de crecimiento.

                          O.c: Cuando decís “ya no importará nada más cuando se trate de saltar”, ¿lo ves como un gesto de resistencia, de animarse a romper con lo establecido?

                            I.M: Sí. Para mí es una forma de decir: cuando llegue el momento, vas a tener que saltar igual, aunque dé miedo. Es resistencia pero también es honestidad. No es romper todo… es animarse a dar ese paso interno.

                            O.c: La canción La vuelta arranca con la pérdida de una mano en la ciudad y la sensación de deriva. ¿Lo pensás también como una metáfora de cómo nos perdemos en lo urbano y en lo colectivo?

                              I.M: La Vuelta nació desde un lugar personal. No la escribí pensando en la ciudad, lo urbano o lo colectivo. Fue más una sensación interna de perder el rumbo y buscar dónde agarrarse. Después cada persona puede leerla como quiera, y eso está buenísimo… pero el origen fue íntimo.

                              O.c: Decís “deja que el huracán nos lleve por hoy”. ¿Es también una crítica a la forma en que vivimos atrapados en la inmediatez, sin pensar en el futuro?

                                Esa frase la escribí más desde la sensación personal de estar desbordado que desde una crítica social directa. No es rendición, es reconocer la fuerza del momento. Después, cuando lo escucho con distancia, sí entiendo que quizás también habla de cómo vivimos: acelerados, sin pausa, siempre respondiendo. No lo pensé como crítica al escribirlo, pero creo que el huracán también puede ser nuestra manera de vivir hoy, atrapados en lo inmediato.

                                O.c: El tema que da nombre al disco habla de Katryna como un caos inevitable. ¿Creés que aceptar la vulnerabilidad frente al caos es una forma de resistencia?

                                  I.M: Creo que sí. A veces resistir no es pelear, sino aceptar lo que pasa adentro tuyo y seguir igual. La vulnerabilidad para mí no es debilidad es un gesto de sinceridad. Katryna es caos pero también es la posibilidad de encontrar algo nuevo después de la tormenta.

                                  O.c: El álbum se construye como un relato circular. ¿Tenés pensado un orden especial de las canciones para que el show también funcione como un viaje narrativo?

                                    I.M: Sí, hay un recorrido emocional pensado para el show, pero no es el mismo orden que el disco. No lo vamos a tocar lineal. Lo armamos para que el vivo tenga su propia energía, con momentos que suben, otros que frenan, otros que se abren. El disco es circular y el show también, pero gira de otra forma. Es una lista creada para que la gente lo sienta como un viaje, no como una lista de reproducción.