Georgina Hassan presenta “Décimas de Nunca Más”, un homenaje a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo

Georgina Hassan presenta “Décimas de Nunca Más”, una canción concebida como un abrazo poético y político a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.

La pieza cuenta con la participación especial de Teresa Parodi, León Gieco y Pedro Rossi, quien además aporta su guitarra de siete cuerdas en el registro final. El lanzamiento ya está disponible en todas las plataformas digitales, acompañado por un videoclip dirigido por Ariel y Luis Hassan, con fotografía de Sergio Chiossone.

Una canción que borda memoria

Compuesta por Hassan, “Décimas de Nunca Más” retoma la tradición de la décima para tramar imágenes de lucha, ausencia y persistencia: los pañuelos bordados, los hijos buscados, las rondas en la plaza, la identidad que regresa. La canción se mueve entre la ternura y la denuncia, y convierte la memoria en un territorio vivo que sigue interpelando al presente.

El estribillo, interpretado colectivamente, funciona como un gesto de acompañamiento a esas mujeres que “caminan en el borde de los días”, nombrando, resistiendo, enfrentando al poder y sosteniendo una bandera hecha de amor y de obstinación.

La producción artística estuvo a cargo de Georgina Hassan y Gustavo Segal, quien también grabó, mezcló y masterizó la obra entre febrero y marzo de 2026 en Estudio Buenos Aires y La casita de mis viejos.

El videoclip, realizado por Ariel y Luis Hassan, suma la mirada cinematográfica de Chiossone y el trabajo de cámara de Nicolás Orellano, construyendo un relato visual que acompaña la fuerza simbólica de la canción.

“Décimas de Nunca Más” se inscribe en la tradición de las canciones que sostienen la memoria colectiva y acompañan la búsqueda de verdad y justicia. En un aniversario especialmente significativo, la obra de Hassan se suma a las voces que siguen diciendo, desde el arte, que la historia no se borra y que la identidad continúa abriéndose paso.

La canción se despliega como un tejido de memoria viva. Cada verso parece bordado —como ese pañuelo inicial— con hilos que no son metáforas sino materia concreta: piel, noches, rostros, futuros arrancados. Desde el comienzo, la voz poética instala una verdad incómoda y luminosa a la vez: la memoria no es un archivo, es un cuerpo que duele y canta.

La estructura en décimas, con su respiración antigua, le da a la obra un pulso ritual. No es un lamento ni un himno: es una ceremonia íntima que se vuelve colectiva. En ese ritmo, la canción recuerda que la historia argentina no se narra solo en documentos o fechas, sino en las rondas de la plaza, en las piernas cansadas, en la obstinación de quienes caminaron cuando todo invitaba al silencio.

Hay un gesto político decisivo: afirmar que la búsqueda de los nietos, la verdad sobre los crímenes y la restitución de identidades no son asuntos privados, sino cuestiones de Estado. La canción lo dice sin estridencias, pero con una claridad que corta: hubo quienes intentaron tapar, negar, borrar. Y sin embargo, la “verdadera simiente” sobrevivió. La memoria, aquí, no es solo resistencia: es semilla.

Cuando aparecen las nietas, las maestras, los cuerpos que regresan, la canción abre un espacio generacional. No se queda en la evocación del pasado; muestra cómo la memoria se transmite, cómo se encarna en nuevas preguntas, cómo la identidad golpea desde adentro hasta hacerse oír. La historia no está cerrada: sigue buscando, sigue revelando.

El tramo final es una toma de posición ética. Rechaza el silencio, rechaza el miedo, rechaza la mesa compartida con quienes desprecian la verdad. Y propone otra cosa: un canto que es ceremonia, una verdad que arde como candela, un dolor que se transforma en memoria. No para quedarse en el duelo, sino para iluminar.

El estribillo vuelve entonces como un abrazo: las Madres y Abuelas caminan, siguen caminando, y su amor —esa palabra que a veces se evita en los discursos políticos— aparece como bandera y como abrigo. No es un amor ingenuo: es un amor que enfrenta al poderoso, que sostiene la lucha, que funda comunidad.

En definitiva, la canción no solo homenajea: reactiva. Nos recuerda que la memoria no es un acto del pasado, sino una práctica del presente. Y que en esa práctica, todavía hoy, seguimos aprendiendo a decir Nunca Más.