Explosión de estilos y sorpresas: así se vivió el Día 1 en Cosquín Rock

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El primer día de Cosquín Rock volvió a demostrar por qué el festival es, desde hace más de dos décadas, uno de los grandes termómetros de la música argentina. Desde temprano, los distintos escenarios comenzaron a dibujar un mapa sonoro donde convivieron generaciones, estilos y búsquedas estéticas que, lejos de competir, se potenciaron entre sí. Rock, pop, indie, psicodelia, murga, electrónica y canción.
A medida que el sol avanzaba sobre el predio, cada artista aportó una pieza distinta a ese rompecabezas que es Cosquín: momentos íntimos, explosiones de energía, homenajes inesperados, zapadas históricas y debuts que quedarán en la memoria. Lo que sigue es el recorrido completo por un día que tuvo de todo y que, fiel al espíritu del festival, celebró la diversidad como su mayor bandera.

Pasadas las 14, Chechi de Marcos abrió el escenario montaña con un toque rockero que, por momentos, parecía dialogar con la tradición de Celeste Carballo. Su set combinó energía y sensibilidad, y entre las canciones que sonaron destacó “Vos y yo”, junto a baladas íntimas como “cena familiar”. Fue una apertura que marcó el pulso de la jornada: un cruce entre herencia y presente, entre la voz femenina que se planta con fuerza y la búsqueda de nuevas narrativas en el rock argentino.

Mientras tanto, en el escenario norte, Gori y su compañía de Fantasmagoria desplegaban un repertorio que convocaba tanto a los viejos seguidores como a quienes recién se acercaban. Bastaron unos acordes de “El Sheriff” —ese estribillo que recuerda que “se me volaron las plumas”— para que la multitud se sintiera convocada. La banda supo mezclar lo lúdico con lo introspectivo con el «Río” y “Gori llamandoo a río” encendió la complicidad de los presentes. Fantasmagoria dejó claro por qué su lugar en Cosquín es más que merecido: memoria viva y renovación constante.

En el escenario montaña, Ryan ofreció un set íntimo, casi confesional. Entre sus canciones, se animó a cantar a capella algunos veros de » voy a olvidarme de mí” de Carlos Vives, gesto que desnudó la vulnerabilidad y la fuerza de su propuesta. Mientras en el escenario boomerang la escena indie encontró su continuidad con 1915, que reafirmó por qué se ha convertido en una de las bandas más destacadas de los últimos años. Su sonido fresco y contundente se enlazó con himnos como “Fuera de lugar” y “policia”, piezas que funcionan como declaración generacional: abrir la percepción, cuestionar lo establecido y encontrar un sitio propio en medio del caos.

Por su parte, Eruca demostraba una vez más por qué es, tal vez, el último gran power trío nacido en Córdoba, pero que también puede surfear por géneros como el folklore —con una chacarera— o Tu amor ausente, en un ritmo de balada power con Abel Pintos como invitado.
Mientras tanto, pasadas las 15:40 en el escenario Boomerang, Un Muerto Más volvió a demostrar su innovador show que une teatro, poesía y canto, con canciones como “Puente” y rindiéndole homenaje a aquellos músicos que lo marcaron, como Intoxicados, cantando (tema no identificado).
Además, repasaron sus clásicos como Amor de verano y Frutilla con crema.
Por su parte, Bersuit fue uno de los clásicos del rock argentino que se presentó en el escenario Montaña con un puñado de hits como El viejo de arriba, Cuatro vientos, demostrando que desde hace varios años mantiene su esencia murguera y festivalera.
También sonó la contestataria Señor Cobranza, para cerrar con el clásico de clásicos: La bolsa.

Emi Brancciari por su parte agradeció a la gente por acercarse temprano al escenario Sur, algo a lo que seguramente no estaba tan acostumbrado ya que No Te Va Gustar estuvo siempre en horarios centrales. Sin duda NTVG una de las ausencias de este año, aunque con su proyecto solista —más rockero y con guiños al rock-pop— sostuvo la energía. Además, adelantó que en mayo estará No te va gustar en la Plaza de la Música y que el año que viene vuelve al festival. También se dio el gusto de hacer canciones que no le pertenecen, como Me siento mucho mejor, un clásico de The Byrds que Charly García supo hacer suyo con una gran versión en español.

Por su parte, uno de los artistas internacionales novedosos de este año fue la presentación de Los Hermanos Gutiérrez. El dúo instrumental llegó para demostrar por qué es uno de los proyectos con mayor crecimiento en los últimos años. Llevaron al escenario Boomerang una propuesta de música acústica psicodélica donde el spaghetti western convive con la cumbia y otros ritmos. Sin duda, fue el momento ideal para sentarse a escucharlos, lejos de la distorsión y el rock de los otros escenarios.
También tocaron canciones de su último disco, Sonidos Cósmicos, nombre que —según ellos mismos— es la denominación que hoy mejor los caracteriza.

La sorpresa del primer día fue un cruce de músicos entre los que se encontraban Raúl Sencillez y Ale Kurz (El Bordo). La zapada arrancó con un clásico de Callejero: “Una nueva noche fria en el barrio”, y siguió con “Demoliendo hoteles” junto a Bersuit. El segundo invitado a esta reunión de amigos fue Juan Taleb, de Los Caligaris, que interpretó “Flaca”, un clásico de Andrés Calamaro. El siguiente fue Un Muerto Más, interpretando “cansado de ser”. Y como si fuera poco, apareció otra gran sorpresa: Abel Pintos, que se sumó para interpretar “Jijiji”. Mientras tanto, El Kuelgue hizo lo suyo en el escenario Montaña con un invitado de lujo: nada menos que Litto Nebbia, uno de los creadores del rock argentino. La banda aprovechó su presencia para expandir aún más ese universo tan propio que mezcla humor, teatralidad y groove, encontrando en Nebbia un guiño histórico que elevó el momento y lo volvió irrepetible.

Para muchos, a las 19:40 en el escenario Norte llegaba el turno del primer número convocante del día. Dillom es, a esta altura, un imán inevitable: siempre genera curiosidad por el tipo de show que plantea. Pero más allá del impacto visual, su banda es realmente potente; por momentos pareciera que estuviéramos frente a un grupo de metal, mientras Dillom despliega un espíritu rockero que, en ciertos gestos, recuerda al Pity Álvarez.

Llegadas las 20:40, Abel Pintos se acercó al escenario Boomerang para hacer su debut en Cosquín Rock con un puñado de canciones entre las que no faltaron “El Adivino” y “Cómo te extraño”. Contra lo que algún rockero escéptico podría suponer, Abel salió a conquistar un público que —si bien en su mayoría ya lo conocía y cantaba sus temas— también incluía curiosos que se acercaron a ver qué hacía Abel en Cosquín Rock. Y la rompió. Demostró con creces por qué es uno de los artistas más convocantes del país.
Entre los clásicos sonaron “No me olvides», «Tiempo”. Hay que destacar que mostró su costado más pop. Puede gustar o no, pero Abel Pintos es de esos artistas que, cuando aparecen en un festival, nunca son una mala opción.
Más tarde llegó “Pajaro Cantor”, seguido por “El alcatraz” en su versión más rockera —o por lo menos más poguera—.

Mientras tanto, en el escenario Norte, Babasónicos —a esta altura, un clásico absoluto de Cosquín Rock— volvió a demostrar por qué es una de las bandas que marcó una época. Como era de esperar, llegaron con un repertorio cargado de clásicos y algunas canciones de su último disco. Dárgelos, impecable y cómodo en el escenario, lucía un saco rojo sin remera que acompañaba a la perfección su presencia escénica.

A las 22:20, Ale Kurz y compañía volvieron a armar una zapada sorpresiva, esta vez con Toti, de Jóvenes Pordioseros, como invitado. El cruce dio paso a clásicos del Bordo y del rock nacional, como “Ángel para tu soledad”, de Los Redondos, seguido por “El viejo”, de Pappo, con Wayra Iglesias como invitada. Luego se sumó otro Iglesias, y quién podría ser sino Tete, para hacer un clásico de La Renga: “Veneno”.

Mientras tanto, La Vela Puerca festejó sus 30 años en el escenario Sur con todos los clásicos de su carrera. El Enano y Cebolla, a pesar de las tres décadas de ruta, siguen arriba del escenario con las mismas ganas que la primera vez. El invitado de lujo fue German Dafunchio para interpretar «Para no verme más»

Pero la gran novedad estuvo en Franz Ferdinand, que —a pesar de competir en horario con La Vela Puerca y Lali— reunió una cantidad de público más que aceptable. Muchos curiosos que se acercaron para ver qué hacía Franz Ferdinand en Cosquín Rock se llevaron una sorpresa enorme y terminaron bailando. Ojalá sea el comienzo para ver más artistas de este tipo en el festival.
Promediando el final, Lali encendió el escenario Norte demostrando que puede rockearla y, al mismo tiempo, transformar Cosquín en una pista de baile. Entre riffs, beats y efectos, dejó claro que —al contrario de lo que algunos esperaban— tenía con qué sostener el escenario principal en horario central. Hizo un repaso por su discografía, con énfasis en su último disco, donde sonó 33 entre otros.
Para el final dejó la que ella misma llamó “casi la canción más importante de la noche”: “Fanático”.
En los bises se despachó con “Viejos vinagres”, de Sumo, y “Pendeja”, para luego cerrar con “No me importa”.

Los encargados de cerrar el primer día de Cosquín fueron Los Caligaris, con un show donde no faltaron los hits: “Hagamos un asado”, “El cara de pipa”, “Mi estanciera y yo” y ese repertorio festivo que ya es marca registrada de la banda. Con su mezcla de circo, humor y energía desbordante, lograron que el cierre del día se sintiera como una verdadera celebración colectiva.