Cultura Profética volvió a Córdoba después de un poco más de 10 años sin venir. Esta vez fue en Quality. La banda oriunda de Puerto Rico presentó En Bucle, su último trabajo, y recorrió distintas etapas de sus treinta años de historia.
Si Sobrevolando y La Dulzura ya habían mostrado una faceta cada vez más ligada a las canciones de amor, En Bucle parece profundizar ese camino. Hay una búsqueda romántica que atraviesa buena parte del nuevo material y que Cultura Profética parece asumir no como una concesión, sino como una necesidad: cantar sobre el amor, los vínculos, el deseo y aquello que todavía importa decir. Tal vez hoy la banda siga manteniendo esa idea de que le sobran rimas al dolor y por eso busca rimas para seducir, en tiempos donde lo que prima es el dolor.
Pero si algo quedó claro en Córdoba es que esa sensibilidad convive con una banda que conserva intacta la potencia de sus presentaciones en vivo. Con Willy Rodríguez al frente, Cultura Profética sostuvo durante toda la noche un sonido sólido, preciso y cargado de matices, capaz de pasar de una canción íntima a un reggae de alto voltaje sin perder identidad.
Después de los primeros temas, Willy Rodríguez se tomó unos minutos para saludar y agradecer el regreso a Córdoba. El cantante y bajista destacó especialmente el tiempo transcurrido desde la última visita y celebró poder volver a encontrarse con el público después de más de una década.

El concierto siguió con “Déjame entrar”, “La Complicidad” y “Llévate allí”, hasta llegar a uno de los momentos que ya forman parte del ritual de cada visita de Cultura Profética a la Argentina. Rodríguez lo había dicho en varias oportunidades: hay una canción que no puede faltar cuando la banda pisa el país. Y esa canción es “Mr. Swin”. Como era de esperar, el público la bailó y la coreó como cada vez que suena en nuestro país.
Después llegó “En Bucle”, la canción que le da nombre al nuevo disco y también a esta gira, como una manera de marcar que el presente de la banda no aparece separado de todo lo construido durante casi tres décadas.
En uno de los momentos más particulares de la noche, Willy habló de José Feliciano y Tito Rodríguez. Recordó aquella imagen de los grandes artistas siempre vestidos de punta en blanco, incluso cuando el calor y el esfuerzo del escenario hacían evidente que debajo del traje también había transpiración, algo que él estaba sintiendo también debajo del saco que mantuvo puesto durante casi todo el show.
La referencia sirvió como introducción para una versión acústica de “Días intensos”. La intensidad cambió de forma: menos volumen, más cercanía. Cultura Profética encontró allí otro de los registros que atraviesan su obra, ese lugar donde el reggae puede correrse hacia el soul, la canción romántica y los climas más íntimos.

El recorrido por En Bucle continuó con “Bruna”, seguida por “Bendito vicio”. El nuevo material empezó así a ocupar cada vez más espacio dentro del concierto, pero sin desplazar a las canciones que forman parte de la memoria afectiva de quienes siguen a la banda hace años, pero sobre todo desde La Dulzura en adelante, discos que ocuparon gran parte del repertorio.
También apareció “Malena”, en una versión atravesada por un sonido marcadamente caribeño. La canción funcionó como un homenaje a esa raíz isleña que forma parte del ADN de Cultura Profética y que la banda nunca dejó de reivindicar, incluso cuando su música incorporó elementos del jazz, el soul, la bossa nova y otros lenguajes.
Después llegó “La de antes”, otro clásico de la banda, para luego abrir paso a “La Playa”, una de las canciones del proyecto solista de Bebo Dumont, quien estuvo gran parte del concierto a cargo de la batería.
El repertorio volvió entonces a En Bucle con “Malherido”, “Hechicera” y “Ella era del mundo”, canciones que continuaron mostrando esa faceta más romántica del grupo. En ellas aparece una Cultura Profética que parece interesada en detenerse en aquello que sucede en los vínculos, en las contradicciones del amor y en esa necesidad de seguir encontrando canciones para decir lo que muchas veces cuesta poner en palabras.

La noche todavía tendría otro cambio de clima con “Yo volveré”, una balada con una fuerte impronta soul incluida en el nuevo disco y escrita por Frido, percusionista de Cultura Profética, quien durante el concierto también ocupó por momentos el lugar detrás de la batería.
Llegando ya casi al tramo final, dejó por unos minutos la parte romántica para sentar posición sobre su pensamiento acerca de la marihuana con “Saca, Prende y Sorprende”, para dar paso al final con “La espera”, una versión acústica para el recuerdo, y “Sube el humo”.
Así, entre clásicos y canciones nuevas, Cultura Profética construyó en Córdoba un recorrido que no necesitó elegir entre pasado y presente. En Bucle encontró su lugar dentro de una historia que sigue teniendo en el reggae su punto de partida, pero que hace tiempo aprendió a moverse con libertad por otros territorios. Y quizás ahí esté una de las claves de por qué Cultura Profética sigue vigente: porque puede hablarle al público que llegó a la banda buscando reggae lovers, pero también a quienes encuentran en sus canciones una forma de hablar sobre los vínculos en su sentido más amplio.
