Cosquín Rock 2026 bajó el telón en la madrugada del lunes después de dos días en los que el clima jugó al mismo juego que la grilla: cambiar de ánimo a cada rato. Entre ráfagas de sol, nubes densas y un predio que nunca dejó de moverse, el Aeródromo de Santa María de Punilla volvió a convertirse en ese punto de encuentro donde conviven generaciones, estilos y formas de vivir la música. Más de 90.000 personas circularon por los seis escenarios del festival, que en su edición número 26 volvió a apostar por una mezcla amplia: rock histórico, trap, indie, murga, electrónica, folk y todo lo que hoy late en la escena local e internacional.
Lejos de limitarse a su nombre, Cosquín Rock reafirmó una vez más que su identidad está en la diversidad más que en el lo que podría denominarse rock o porque no pensar que a está altura la identidad del festival está en una filosofía de lo que sería el rock más que en el propio sonido. Más de un centenar de artistas —desde figuras consagradas hasta proyectos que recién empiezan a asomar— pasaron por el predio construyendo un mapa musical que explica por qué el festival sigue siendo un ritual para muchos.
Un domingo de contrastes en Cosquín Rock: del sol al trap, del rock eterno a las nuevas voces
Alrededor de las 15:15, Beats Modernos abrió la tarde del escenario montaña con Canción para mi muerte, un clásico de la época de Sui Géneris, seguido por No voy en tren. Ese clima preparó la llegada del gran invitado: León Gieco, para interpretar junto a la banda Los salieris de Charly, Pensar en nada, El fantasma de Canterville y una versión histórica —por lo bien lograda— de Yo no quiero volverme tan loco, con un Joañco Burgos que confirmó ser una de las jóvenes promesas del rock.
Mientras tanto, en el Escenario Norte, Blair hacía su debut mostrando credenciales como nueva promesa del indie rock.
A las 16:10, en el Escenario Paraguay, Malandro subió acompañado por un DJ para desplegar su rap barrial —o, como él mismo dijo, “armar un jolgorio de día”— con temas como Como en donde vivo, Bla bla, Amor, De la risa y una reversión de Espejismo.
Por su parte, Gauchito Club, una de las bandas del momento dentro del funk-pop, comenzaba a recibir a buena parte del público que llegaba promediando la tarde. Era su cuarta participación en el festival como representantes de la escena indie mendocina. Invitaron a Goyo, de Bandalos Chinos, para sumarse al set.
La gran sorpresa del día fue la aparición de Agarrate Catalina, que subió para interpretar Malandra y darle paso nuevamente a León Gieco, quien ofreció El ángel de la bicicleta —dedicada a Pocho Lepratti—, Solo le pido a Dios y El tiempo nos enseñó, clásico de Tabaré Cardozo. El bis llegó con El viaje.
El show de la tarde funcionó como antesala de lo que sería la presentación propia de la murga a las 22:00.

Mientras tanto, Kapanga llenaba el Escenario Paraguay con su fiesta habitual, en un set repleto de éxitos donde no faltaron Me mata y El mono relojero. La banda demostró que, después de 30 años, sigue siendo para muchos una de las propuestas más festivas del rock nacional.
Tras Kapanga llegó uno de los momentos más singulares del día: Devendra Banhart, una de las rarezas del Cosquín Rock, se presentó en formato solo set para interpretar un puñado de clásicos. Él mismo lo dijo: después del “terremoto Kapanga”, venía a bajar los decibeles y ofrecer su música en su versión más íntima, aunque en un festival esa cercanía a veces se diluya.
De muy buen ánimo, declaró: “Para mí es muy especial estar aquí. Fui muy obsesionado con Atahualpa, por eso esto es muy especial”. Se mostró cómodo y charlatán, bromeando varias veces con las palabras “guachin” y “pibes”. Entre las canciones sonaron Carolina, Negrita, Quédate luna, entre otras. Para el final dejó un mini set de música electrónica, mostrando también su faceta como DJ.

A las 19:40, el Escenario Sur se preparó para recibir a Divididos, la aplanadora del rock. Mollo, Arnedo y Catriel demostraron una vez más por qué llevan ese apodo, con un show que abrió con Aliados en este viaje, corte de difusión de su último disco, seguido por clásicos de la banda y de Sumo como Rubia tarada, Huelga de amores, Rasputín, La 38, Ala delta y Par mil.
Después de la clase de rock de Divididos, llegaba el turno del hip hop: Trueno volvió a demostrar por qué es uno de los referentes indiscutidos del género en Argentina. Mostró que todavía tiene mucho para dar y crecer. Al igual que haría YsY a momentos después en el Escenario Norte, Trueno dejó claro que no olvida sus raíces ni a quienes marcaron nuestra música: invitó a León Gieco para interpretar Cinco Siglos Igual y Tierra Zanta, cuyo original incluye a Víctor Heredia. También estuvo acompañado por su padre, Pedro Peligro, ícono del hip hop underground. No faltaron clásicos como Grandmaster, Fuck the police, Fresh, Gil, Argentina, Violento y Dance Crip.

Luego fue el turno de YsY a, que volvió a demostrar que, aunque haga trap, tiene alma tanguera y puede fusionar ambos mundos. Lo hizo con canciones como Relojes reventados, Llegó, Traje unos tangos, Pa’ esta soledad y ¿Cuál?, acompañado por pesos pesados del género como Noelia Sinkunas, Juan Míguez, Mateo Castiello, Nicolás Perrone, Pablo Benítez y el gran Cucuza Castiello, una de las voces vivas del tango.
Momentos después se quedó solo en el escenario para dar una lección de trap y hacer lo que él llama “un ysismo en Cosquín Rock”. Se mostró agradecido de estar en el mismo festival donde pasaron leyendas como Fito y Ciro, y recordó sus días rapeando en plazas y en el subte antes de llegar a un escenario así.
El final quedó en manos de Caras extrañas y Louta, ante un grupo reducido de personas que decidió quedarse pese al amague de lluvia.
