Ana Fornaro: una escritura entre la resistencia y la mirada sobre el mundo

Hay trayectorias que no pueden explicarse desde una sola profesión. La de Ana Fornaro transita entre el periodismo, la literatura y la edición, pero también entre Argentina y Uruguay, entre la escritura y la gestión de medios, entre la mirada íntima y las discusiones políticas de su tiempo. Formada en Letras en Francia, donde se especializó en los cruces entre literatura y pintura y estudió, entre otros, las obras de Georges Perec y Julio Cortázar, Fornaro volvió a Uruguay y comenzó un recorrido periodístico que nunca dejó de estar atravesado por la literatura.

En 2016 cofundó junto a Maru Ludueña y Luciana Caminos Agencia Presentes, un medio que nació para ampliar la cobertura sobre género, diversidad y derechos humanos y terminó convirtiéndose también en una experiencia de construcción colectiva a escala regional. Con sedes en Argentina y México, Presentes fue para Fornaro una escuela de periodismo, pero también de gestión, sustentabilidad, activismo y construcción de redes con periodistas y organizaciones de distintos puntos de América Latina. A diez años de su creación, el proyecto suma además el acompañamiento a medios comunitarios de mujeres indígenas en Argentina y Paraguay.

Su recorrido puede leerse también en sus textos. Instrucciones para las ruinas reúne crónicas de la última década y propone una escritura capaz de encontrar, detrás de una escena mínima, un mundo entero: una persona detrás de un disfraz de Hombre Araña, un grupo de trabajadoras domésticas organizándose en Nordelta o una sensación que, al seguirse como una pista, termina revelando algo más amplio sobre la sociedad. Allí conviven registros personales, etnográficos y humorísticos, junto con una mirada política que Fornaro no busca esconder, aunque tampoco convertir en una bajada de línea.

Desde 2024 dirige y edita Lento, revista de crónica y ensayo, en un regreso más visible a la literatura que, en realidad, nunca abandonó. En esta entrevista habla sobre la influencia de una familia atravesada por el periodismo y la escritura, la relación cultural entre Argentina y Uruguay, el retroceso en materia de género y diversidad, la idea de “grieta” como forma de ocultar las discusiones de clase, la construcción del “yo” narrativo y el vínculo entre intuición y método a la hora de escribir. También reflexiona sobre el presente del periodismo y reivindica la crónica —y el arte— como una forma de resistencia: una manera de mirar, entender y contar el mundo incluso cuando hacerlo parece ir a contramano de la época.

Foto: Ariel Gutraich

O.c: Me gustaría empezar por quienes quizás no saben quién es Ana Fornaro, podría enumerar medios y proyectos, pero siento que lo tuyo no es solo periodismo. Un ejemplo es Agentes Presentes, que imagino nació como algo que iba más allá del periodismo de género. ¿Cómo te definirías hoy?

Ana Fornaro: Soy escritora, periodista y editora.  Tuve un pasaje por la academia en Francia, donde terminé mi licenciatura en Letras comparada e hice un master en literatura y además di clases. Allí me especialicé en los cruces entre literatura y pintura en los años ´70, en particular en la obra de Georges Perec y Julio Cortázar. Volví a Uruguay, mi país, a los 25 años y ahí empecé a trabajar de forma ininterrumpida en periodismo en diversos medios hasta que cofundé en Argentina Agencia Presentes junto a Maru Ludueña y Luciana Caminos. Fui codirectora de ese medio hasta el año pasado. Agencia Presentes fue una escuela, no sólo de periodismo, género y derechos humanos sino también en gestión de medios, fue un aprendizaje enorme armar un medio regional (tiene sedes en Buenos Aires y México) por todo lo que implica: construcción de vínculos con activismos, periodistas de toda América Latina, conseguir fondos para la sustentabilidad. Estoy muy orgullosa de ese proyecto, que este año cumple 10 años, y que, además, en los últimos años, acompañó la creación de medios comunitarios de mujeres indígenas en Argentina y Paraguay. Desde 2024 dirijo y edito la revista de crónica y ensayo Lento, así que hace un tiempo volví a estar más centrada en la literatura, aunque nunca dejé de escribir literatura y sobre literatura en estos años.

O.c: ¿Cuánto hubo, a la hora de ser periodista y de escribir, de herencia familiar, pensando en que venís de una familia donde tu abuela estaba ligada a la escritura?

A.F:
 La influencia familiar fue muy grande, pero de chica no tanto por mi abuela, porque no la conocí, ella se murió muy joven. Pero mis dos padres trabajaron en periodismo cuando yo era chica, mi madre luego se dedicó al psicoanálisis y mi padre también es escritor. Desde que tengo memoria quiero ser periodista y escribir. Aunque de chica, por suerte, también quise ser otras cosas: bailarina en un circo, detective privada, espía, actriz, cantante. 

O.c: Agentes Presentes tengo entendido que nació para darle un lugar a aquellas noticias de género que muchas veces no llegaban a los medios. ¿Cómo ves la cobertura sobre esos temas hoy en comparación a cuando nació?

A.F: Presentes nació en 2016 y en ese momento comenzaba a haber una cobertura más consciente de los temas de género, sobre todo violencias, en los medios, gracias a los esfuerzos del periodismo feminista y de derechos humanos que venía insistiendo desde hace mucho para erradicar perspectivas y fórmulas misóginas y discriminatorias. Sin embargo, la cobertura de temas de la diversidad no estaba en agenda, fue entrando en agenda en los años siguientes pero luego de la pandemia hubo un retroceso enorme, tanto en derechos como en cobertura periodística. En Argentina, la llegada al poder de la agenda libertaria y Trump en Estados Unidos, en general todo el giro hacia la extrema derecha en varias partes del mundo, hicieron que ese terreno ganado retrocediera. Es un momento muy difícil en general, y para el periodismo en particular.

O.c: Colaborás seguido tanto en medios argentinos como uruguayos. ¿En qué cambia escribir para un medio argentino y uno uruguayo?

A.F: Supongo que en la óptica, un ejercicio que hago seguido es escribir como uruguaya para Argentina y como residente argentina para Uruguay, es casi una manera de traducción cultural.

O.c: ¿Cómo creés que permea la sociedad uruguaya el consumo de medios argentinos? Pareciera estar muy presente en la televisión uruguaya.

A.F: Es omnipresente. Mi generación ha crecido mirando la tele argentina, parte de mi educación cultural fueron las novelas argentinas, y ahora creo que la cosa va por el streaming, las redes, influencers argentinos. Uruguay está muy pendiente de Argentina, para bien y para mal.

O.c: ¿Cómo te llevás con la idea de la grieta, donde la clase trabajadora parece no existir más y todo se redefine como emprendedurismo en los medios?

A.F: La grieta es una polarización y también una manera de dejar de hablar de clases sociales, es un concepto bastante perverso que se ha convertido en un lugar común para no hablar de lo importante.

O.c: Hablando de medios, ¿cómo nace Instrucciones para las ruinas? A simple vista parece una recopilación de notas, pero el nombre del libro llama la atención y parece dialogar con Circe Maia.

A.F: Es una recopilación de algunas de mis crónicas de la última década. Elegí el epígrafe de un poema de Circe Maia porque es una de mis poetas favoritas y le ha dedicado gran parte de su obra a analizar el tiempo como una variable de vida. Es la poeta del tiempo, Circe, y la crónica tiene adentro a cronos, al dios del tiempo.

O.c: Instrucciones para las ruinas funciona casi como un mapa de ese cambio, y también se nota cierto cambio en la forma de escribir y hasta de intereses. ¿Lo pensaste como una forma de ordenar y entender tu propia evolución como escritora?

A.F: No tanto, lo pensé como un recorte de mi escritura y de mi trabajo como periodista. Dentro de la crónica hay diversos registros, algunos más personales, otros más etnográficos, otros humorísticos, porque he ido experimentando en los últimos años y ahí está el resultado.

O.c: Una de las crónicas más leídas es la del Hombre Araña. ¿Cómo nace la idea de hacerla y qué te atrajo de ese personaje?

A.F: La curiosidad por saber quién estaba detrás de ese disfraz, de es máscara que veía hace años por las calles de Montevideo. Me pregunté si habría una historia ahí y la había, una historia por momentos increíble y por otros muy pedestre, gris, normal.

O.c: “Las chicas de Nordelta” muestra procesos de organización y conciencia social. ¿Qué te interesa de esas historias colectivas?

A.F: Eso justamente, la idea de que nadie se salva solo y que frente al poder hay que organizarse, aunque se pierda. La lucha trae dignidad, te saca del lugar de víctima, y es lo que hicieron este grupo de empleadas domésticas.

O.c: En tus textos partís muchas veces de una escena mínima o una sensación antes que de un “tema”. ¿Qué tiene que pasar para que eso se convierta en una crónica y no quede solo como intuición?

A.F: Las sensaciones y las escenas son muy poderosas, pueden ser infinitas. Detrás de algo pequeño suele haber un mundo, basta con tirar del hilo y ver qué se despliega. A veces funciona, a veces no, pero me gusta partir de ahí.

O.c: ¿Cuánto hay de método y cuánto de instinto en tu forma de observar y escribir?

A.F: Hay mucho de intuitivo, pero soy tremendamente obsesiva a la hora de escribir, por eso lo hago muy lentamente. Corrijo mucho, a medida que voy escribiendo. Me encantaría no ser así. Y de método hay bastante también, sobre todo en las crónicas, trabajo mucho con estructuras previas, esquemas. En las ficciones y ensayos no, voy más a tientas.

O.c: En Instrucciones para las ruinas aparece un “yo” que se involucra, pero que también es una construcción. ¿Cómo trabajás ese equilibrio entre experiencia personal y dispositivo narrativo? 

A.F: Se va armando, parto de la experiencia personal y después le voy sumando algunas capas que tienen que ver con el estilo, muchas veces la exageración, sobre todo cuando escribo humor. Todo yo es una construcción narrativa, no sólo en la escritura, somos las historias que nos contamos acerca de nosotros mismos. Es un lugar común, pero es cierto. Y la escritura juega con eso, lo despliega, lo enriquece.

O.c: Se menciona que en tus textos hay una mirada política clara, aunque no necesariamente panfletaria. ¿Cómo trabajás ese equilibrio entre posicionamiento y narrativa?

A.F:  No me gusta disimular lo que pienso, mi mirada política e ideológica, que a su vez se ha ido moldeando con los años. Entonces no la disimulo, pero tampoco me interesa bajar línea, convencer a nadie, ni subirme al banquito de la superioridad moral.

O.c: En un contexto donde el periodismo está precarizado y cuestionado, ¿qué lugar ocupa hoy la crónica? ¿Sigue siendo una forma de resistencia o tuvo que adaptarse a nuevas reglas?

A.F: La crónica es resistencia, así como el arte es resistencia en la medida que es algo que hacemos como manera de entender el mundo y de contarlo, de expresarnos, es algo que nadie nos pide y que no se hace por dinero, más allá de los pagos escuetos de artículos publicados.

Instrucciones para las ruinas (Ana Fornaro) - Lo de Cra

Foto de Portada: Ariel Gutraich