En una escena local que cada vez se anima más a dialogar con sus raíces sin perder de vista el pulso global, Shakya aparece como una voz singular. Desde un cruce entre el soul, el funk y la tradición del Hip Hop, su propuesta no solo busca un sonido propio sino también una narrativa que lo sostenga. Su último trabajo, Honestamente (2025), es un disco construido desde la autonomía, atravesado por preguntas sobre identidad, política y pertenencia, y con una intención clara de pensar qué significa hacer música negra.
Lejos de los atajos estéticos, Shakya trabaja sobre el detalle, el lenguaje cotidiano, la historia local y la experiencia local convertida en canción. En esta entrevista, recorre su evolución desde 4 Life LP, su formación musical, el desafío de producirse íntegramente y su mirada sobre la cultura Hip Hop como matriz que lo contiene y, al mismo tiempo, lo empuja a correrse. También reflexiona sobre la tensión entre lo global y lo propio, el lugar de la política en su obra y la construcción de un “soul argentino” que no suene forzado sino inevitable.
O.c: Me gustaría que nos cuentes quién es Shakya, porque podría decir que sos un músico de soul, de R&B, pero en algún punto sos más que eso. Más si tenemos en cuenta tu recorrido con 4 Life LP y Yvy Smokin’.
Shakya: Me considero un artista y productor de la comunidad Hip Hop argentina, especializado y enfocado en el Soul y Funk Criollo.
O.c: Entre 4 Life LP y Honestamente se nota una evolución enorme: más soltura vocal, más recursos musicales, más claridad estética. ¿Cómo trabajaste ese crecimiento y qué rol tuvo tu formación en el Manuel de Falla y tu hábito de estudiar discos en profundidad?
Shakya: Siempre tuve claro la música que quise hacer, pero el enfoque narrativo sobre todas las cosas es lo más difícil de encontrar. Qué narrativa tiene mi yo artista fue la pregunta que más me hice. Cuando largué mi primer LP, a los pocos meses me independicé, pudiendo vivir de dar clases de música y de producir otros artistas acá en Buenos Aires. Si bien tuve el privilegio de poder hacer muchas clases particulares de chico, porque mi familia vió esa inquietud musical en mí, cuando empecé a proyectar mi independencia me sentía obligado a oficializar un poco lo que había absorbido, y el falla fue un gran espacio en donde ejercitar intensamente mi conocimiento musical. Sobre todo gracias a mi gran profesora de Audio perceptiva Sandra Cacia a quien siempre recuerdo con mucho cariño.
O.c: Honestamente está íntegramente producido por vos, desde la composición hasta la mezcla. ¿Qué te dio esa autonomía total y qué aprendiste de asumir todos los roles —músico, productor, técnico— en un mismo proyecto?
Shakya: Parte de ese proceso que te mencioné anteriormente fue haberme metido en un terciario de grabación y post producción de audio. Empezaban a llegarme clientes y claramente tenía que saber más, estar capacitado de sobra para poder resolver cosas que quizás no tienen tanta relación directa con la música, el mensaje o la composición. Lo que aprendí es que hacerlo sólo es tan difícil como liderar un equipo o conseguir la gente correcta que te acompañe. No estaba empeñado en hacer el disco solo y encargarme de todo. Se me dió así y fue una gran prueba personal para mi. Tuve la ayuda de mi querido Tío Juan Huici, que forma parte de otro planeta en el universo musical, y se ofreció a masterizar el disco. También está la participación de mi otro tío Fran Huici en el saxofón de un tema, y de mi pareja Violeta Souza con quien convivimos y compartimos la música, en los coros. Por lo que terminó siendo un disco muy familiar.
O.c: En tu obra aparece una intención clara de “argentinizar el Neo-Soul” sin caer en el cliché. ¿Qué elementos de la lengua, la poética y la vida cotidiana creés que permiten construir un soul argentino auténtico sin que suene forzado?
Shakya: El argentino en particular tiene un lenguaje riquísimo de expresiones, berretines, insultos o eufemismos que te pueden situar directamente en Argentina, o si se quiere, en Buenos Aires. Yo creo que tiene que ver con estudiar y absorber la poética natural que contienen las expresiones tan cotidianas. Allá, si traducís las letras yanquis, no tienen poética directamente, son letras barriales. Acá tenemos toda una historia de Tango y Rock que logra transportarte en distintas épocas de nuestro propio lenguaje, con una musicalidad y una profundidad inigualables. Me acuerdo de estar escuchando el tango “Desencuentro” una versión de Ruben Juarez, y haberme hecho un click la letra: Frases como “Estás desorientao´ y no sabés que trole hay que tomar” , “La araña que salvaste te picó, qué vas a hacer” , Son tan simples y tan profundas, las podría decir tu tía o Roberto Arlt y mantienen esa intensidad.Desde mi modesto lugar, me gusta la idea de aportar a ese linaje.
O.c: En Honestamente tu discurso político aparece más maduro, menos desde la bronca y más desde la experiencia. ¿Qué te llevó a ese cambio y cómo encontraste un modo de hablar de política sin caer en la consigna directa?
Shakya: Siempre digo que en mis discos anteriores y en mi adolescencia estaba muy en modo Lisa Simpson, “Todo este maldito sistema está mal”, y creo que es una parte natural del proceso de interesarte por la política y por la historia, cosa que me pasó de chico también. Mis dos grandes pasiones son la música y la historia. Entendí que el espectador como sujeto abstracto o directo es algo muy importante para encaminar el mensaje y que pueda ser recibido, que pueda impactar en la profundidad del otro si siente alguna afinidad con lo que sentí en esa canción, y parte de eso está en no forzar una representatividad con enojo, si no apelar a la identificación. Convertir esa bronca en personajes, en narrativas, en situaciones puntuales que permitan desplegar un mundo en el que se pueda sentir representado un otro y diga: “Esto me pasó!” y no “Cómo se queja este pibe”.
O.c: En el disco aparece un orgullo latino poco frecuente en Argentina, y también una crítica al “modelo latino exportable”. ¿Por qué creés que en nuestro país la identidad regional genera tanta tensión y tanta autocensura en los artistas?
Shakya: Indefectiblemente las ideas políticas dominantes moldean la forma de escuchar y de consumir la música. Hace 50 años quizás en una autorreflexión se habrán dado cuenta que censurar provocaba el efecto contrario. Ahora siento que vivimos en una situación de domesticación. La figura del latino sufre una globalización centralizada en el centroamericano, y eso impacta en cómo piensan la música los que tienen representatividad. Llega un punto en donde es inevitable tomar posición y , por ejemplo, hablar en neutro, o no.
Yo creo que en nuestro país la influencia de la dictadura militar y el impacto del genocidio de gente con otras ideas y con otro vuelo indefectiblemente impactan en lo que es la realidad en todos los aspectos del día de hoy. La música no es la excepción. Todavía hay un debate por quién es el ser nacional y quién es el terrorista. Para mí está clarísimo, y poco me importa si tiene que llevarme más tiempo para ser oído.
O.c: Formás parte del “groove argentino”, un ecosistema que incluye Nafta, Militantes del Clímax, An Espil, Abril Olivera, Sophie Sobral, Crewrod y Ekathé. ¿Qué te aporta esa red y qué lugar sentís que ocupás dentro de ese mapa en expansión?
Shakya: Me aporta una suerte de esperanza de que esa música puede ser oída, pero no ocupo particularmente un espacio en ese mapa. Siento que no sentirte parte de la cultura Hip Hop, que es la cultura que domina los últimos 50 años las expresiones contraculturales, es aislarte en tu propio nicho y estar tranquilo con tu Niceto. Creo fervientemente que se tiene que comprender en partes iguales el sonido y la cultura, y esa concepción mía me aleja de esa comunidad.
O.c: Tu figura conecta el groove con la escena del Hip Hop, “su mayor aliada”. ¿Qué cosas del rap te dieron disciplina, estética o ética que hoy son centrales en tu manera de hacer soul?
Shakya: Me crié escuchando rap, antes freestyleaba, antes me imaginaba rapero, hasta que me dí cuenta que tenía otros intereses más amplios que ser rapero. Parte de eso queda reflejado en el paso de 4 Life a Honestamente. El sonido y la cultura Hip Hop evolucionaron y absorbieron a todos los movimientos anteriores. Es decir, yo veo al Hip Hop como la síntesis de todos los movimientos negros que una vez fueron Soul, otra Funk, otra r&b, y que a mi entender se fueron titulando más por un cambio de época y de contexto cultural. Después de eso lo asocio con el sonido particular de cada género. Pero el Hip Hop engloba todo, y logró sintetizar y tomar lo mejor de cada mundo y ponerlo a disposición.
O.c: En Honestamente conviven West Coast Hip Hop, soul setentero, NeoSoul y una argentinidad muy marcada en el lenguaje. ¿Cómo manejás esa mezcla para que no se vuelva un collage sino un estilo propio?
Shakya: Lo asocio con sentarse a escribir. No me acuerdo donde lo leí pero, leyendo libros sobre escribir, básicamente el consejo principal era “Escribí”. Largalo, vomitalo. Sentate y escribí. Eso es lo que predispone al instinto y a la habilidad a encontrar un concepto. Yo me siento a producir. La vez 30 que me senté tenía 25 canciones y empecé a encontrar un hilo narrativo, nació un concepto. Todos los temas se me hacían encarados desde una perspectiva personal y honesta. Y se me ocurrió esto de plantear cada canción como una especie de postal, o en su defecto una historia sobre una situación, una anécdota cantable.
Parte de que no se arme el collage es poder estar sensible a esas relaciones y esos hilos narrativos que aparecen. Uno puede tener una idea sintetizada en una sola frase, “Se va a tratar de esto”. Pero el mundo se forma empezando a hacer.
O.c: En “Huey P. Newton” te metés con golpes de Estado en Latinoamérica, Panteras Negras y haraganería intelectual. ¿Qué te empuja a traer esas discusiones a un disco de soul y qué riesgos sentís que implica hacerlo?
Shakya: La premisa es decir lo que siento. Cuando uno forma parte de cualquier tipo de comunidad en donde se arma un negocio, o se arman vínculos profesionales, es inevitable el lobby, la diplomacia, el acuerdo. En mi música no quiero acordar con nadie. Esto es lo que pienso, tomalo o dejalo. No te voy a decir qué pensar vos. “Tampoco hago rap pensando en que estés cómodo”. Riesgo en decir lo que pensas había antes. Hoy en día creo que lo contrario. Alguno que se sienta zarpado y tenga una estructura que le permita cerrarme una puertita, que se quede del lado de adentro.
O.c: Tu obra se diferencia de quienes usan la música negra como “accesorio aesthetic”. ¿Cómo identificás esa diferencia en la práctica y qué señales te indican que un proyecto está realmente comprometido con la historia del género?
Shakya: Viste esa frase “Una madre sabe”. Bueno, jaja. Hay algo en la pasión y en el diálogo. Es como los directores apasionados con la imagen. La verdad que a mi personalmente no me gustan las películas que plantean un mundo sin sentido, que buscan la sensación que provoca ver. Me gusta las películas en donde la sensación esta en subtexto de lo que la trama se trata. En las cosas tangibles que pasan. Lo mismo creo que es con la música. Hay muchos apasionados por el sonido, y se nota que lo estudian y tocan sin parar, pero no les interesa la narrativa, y para mi eso habla de un despojo con comprometerse a entender qué hay atrás del sonido.
O.c: En “To Live and To Die in B.A” aparece una declaración de amor a Buenos Aires que no es chauvinista sino identitaria. ¿Qué cosas de la ciudad —sus ritmos, sus tensiones, su lenguaje, su historia— sentís que moldean tu música de manera inevitable?
Shakya: Todo. Yo soy un porteño. Mi departamento da a 4 paradas de bondi. no tengo que salir para escuchar una puteada. Tengo que elegir los tomates en la verdulería para que no me den uno podrido. Y a mis amigos los saludo con un beso y un abrazo.