Hablar con Nero Lvigi es asomarse a un Perú que late entre la rabia y la celebración, entre la memoria afroperuana y el vértigo del presente. Mientras el país vuelve a enfrentar un clima político cargado de incertidumbre —ese que artistas como Susana Baca vienen advirtiendo hace años—, Nero aparece como una voz que no se esconde detrás del ruido ni de las modas: observa, cuestiona, registra. Y lo hace desde un lugar muy propio, muy territorial, muy suyo.
En esta conversación, el rapero repasa el peso de la historia reciente, la fragilidad de la escena musical peruana, la falta de industria, la censura de los 90, la desconexión entre los artistas y su propio público. Pero también habla de lo que lo sostiene: San Luis de Cañete, la raíz afroperuana, la mezcla, el baile como libertad, la necesidad de contar lo que los medios no cuentan. Su disco Los de verdad nunca mueren funciona como un mapa emocional y político de ese recorrido: un joven afroperuano que empieza en la bronca y termina en la comprensión, en la mezcla, en la identidad múltiple.
Nero no solo rapea: arma puentes. Entre generaciones, entre géneros, entre memorias. Entre lo que duele y lo que celebra. Entre lo que se hereda y lo que se elige. Y en un país donde la verdad suele quedar atrapada entre distracciones, él insiste en decirla desde la esquina, desde el barrio, desde el cuerpo. Desde la música.
O.C.: Me gustaría empezar por algo que vengo pensando hace tiempo respecto a lo que va a suceder el domingo con las elecciones en Perú. Es un tema que vengo conversando con distintos referentes de la cultura peruana. ¿Cómo ves ese panorama? La última vez que hablé con Gustavo Rodríguez o con Susana Baca, ambos mostraban preocupación por un posible regreso de la derecha, o más específicamente, de Fujimori.
Nero: Sí. Lo que pasa es que estamos casi en la misma situación que en la última elección: siempre parece que Fujimori está a punto de entrar… y ahora también. Yo realmente espero que no. Pero como la izquierda, en los últimos dos períodos en los que logró llegar al gobierno, no pudo sostenerse —porque los mismos jugadores de siempre son tan fuertes que terminan sacándola—, el escenario vuelve a repetirse. Ojalá no entre, pero todo indica que Fujimori podría volver.
O.C.: En esta situación, ¿qué lugar ocupa el arte? Se nota una preocupación grande por parte de varios actores culturales. Tal vez la figura más conocida fuera de Perú sea Susana Baca, pero no fue la única que lo expresó. Y también me pregunto si esto sucede porque a Perú todavía le falta una revisión histórica más profunda de lo que fue la dictadura, algo que en Argentina está muy presente: se habla todo el tiempo y hay numerosos trabajos artísticos y académicos que abordan ese período.
Nero: Acá los verdaderos artistas, como Susana Baca, no son tan apreciados como lo son afuera. Lo mismo pasa con la cultura en general. La televisión y los medios están demasiado saturados de distracciones, de contenido que bloquea la verdadera información. Eso viene desde los 90 y los 2000. Fujimori se encargó de que los medios estuvieran totalmente dominados por él.
No es que los músicos peruanos llenen estadios acá. Sin embargo, viene Daddy Yankee o cualquier reguetonero y llenan estadios toda la semana. Eso pasa porque la mayoría de la gente está más enfocada, creo yo, en esas distracciones que se nos impusieron desde los 90.
Ahora, gracias a los medios digitales, la música con mensaje ha podido ampliarse. Por eso hay más artistas independientes que pueden hablar sin ser bloqueados o censurados. Antes era casi imposible que un artista afro tuviera esa lucha. En los 90 y 2000, la mayoría de artistas afro tocaban canciones para bailar, pero con muy poco mensaje. No porque no quisieran, sino porque eran realmente censurados por el gobierno.
Internet tiene sus pros y sus contras, pero uno de los pros es que permite compartir información y mensajes que ayudan a hacer crecer al pueblo. Por eso nosotros siempre tratamos de estar presentes en las marchas y de apoyar de alguna manera.

O.C.: Recién mencionabas que a los artistas peruanos les cuesta llenar estadios. Pero si te busco en Internet, aparecés vinculado a Inkas Mob, a Money Gang Victory en algún punto tenés cierto reconocimiento dentro de la escena del rap.
Nero: Es que no te imaginás el trabajo que hemos hecho para, por lo menos, insertarnos en las páginas web y en los medios. Es un trabajo bastante tedioso.
Yo puedo tener casi 50.000 oyentes mensuales en Spotify, tengo videos con más de un millón de reproducciones, pero aun así al artista peruano le cuesta llenar estadios o incluso un venue de 1.000 o 1.500 personas. El consumidor de música peruana no está acostumbrado a comprar una entrada para ver a su artista. Te diría que uno o dos raperos en Perú —de más de cien que hay— pueden meter 3.000 o 4.000 personas. Uno de ellos es Gonzalo Hennett, un rapero súper talentoso, pero su música es más rap romántico, su contenido no es tan contestatario ni tan de lucha. No es que sea malo, pero es una música que llega más fácil.
O.C.: En algún punto tiene un mensaje más “liviano”, sin tanto trasfondo a primera escucha… lo cual no quiere decir que sea malo. Después está Jaze, que por lo menos fuera de Perú la viene pegando.
Nero: Él es súper talentoso. Y su último disco ya casi no tiene rap: es más fusión, más indie, más pop. Pero igual los veo como representantes de la cultura hip-hop, porque salieron de esta escena.
Después está Norick, un rapper de la old school. Pero fuera de eso, alguien que pueda meter más de 1.000 personas en Perú es complicado. Yo ahora voy a tocar en un teatro para 350 personas, y he luchado muchísimo para tenerlo casi sold out.
Veo la trayectoria de otros raperos de mi generación en otros países —Big Soto, Trainer, Neutro Shorty, Acapella de Venezuela— y ellos están llenando estadios, no solo en Venezuela. En Argentina ni hablar, en Colombia ni hablar.
Entonces creo que eso es lo que le falta al artista peruano. No sé si al artista o al público, pero es lo que falta amarrar. Porque música hay, variedad hay, propuestas hay, mensajes hay. Pero ese es el paso que todavía no damos.
Cuando empezábamos en Perú no éramos tan apreciados, hasta que tocamos en Casa Parlante, fuera del país. Cuando tocamos ahí con Inkas Mob en 2017 o 2018, regresamos a Lima y automáticamente nuestra carrera cambió para bien. Nos empezaron a ver de otra manera, nos empezaron a contratar para festivales, nos invitaron a abrir conciertos. Abrimos muchos shows, uno de ellos para Bad Bunny. Creo que el público peruano siempre está mirando qué artista la rompe afuera para recién abrazarlo acá.
En esas estoy yo: tratando de descubrir cómo seguir creciendo. Soy un artista independiente, no tengo sello, y siempre estamos viendo cómo avanzar. No me estoy quejando; lo digo como una realidad que tenemos que afrontar y como un obstáculo que los músicos de rap en Perú tenemos que superar. Porque acá lo que sí llena es la salsa y la cumbia. Ya están consolidados, sobre todo la cumbia.
Tanto así que ahora hay un artista que se llama Achal, que mezcla cumbia, huayno y algo urbano, y está logrando cosas importantes. Yo lo veo con muy buena proyección.
O.C.: Para muchos, Perú siempre fue fuerte a nivel latinoamericano en lo que respecta a la escena del hip hop. Recuerdo que cuando casi no había páginas de rap, existía un Facebook que se llamaba Hip Hop Peruano Más Na, que tenía muchísima data. Vos venís de esa escena que en Argentina casi no se veía; acá, por esos años, lo que estaba en auge era el rock barrial.
Nero: Hip Hop Peruano Más Na y Rapealo eran dos medios de hip hop muy masivos en redes. Pero yo creo que la movida del rap tiene un techo hasta que se vuelve popular. En Perú siento que cuesta dar ese paso: que conozcan a todos los rappers del país y que la escena pase a ser realmente popular.
Con el freestyle se popularizó un poco más, pero aun así no logramos consolidarnos como una escena sólida. Falta ese salto.
Creo que tardamos años en aceptar que el hip-hop tenía que pasar a cierto nivel de popularidad para poder seguir creciendo, cosa que ya lo estamos haciendo. Ya hay rappers, hip-hoppers que fusionan, que hacen cosas como lo que yo estoy haciendo, que fusiona con música afroperuana. Hay rappers que pueden hacer una canción de trap y no hay problema. Antes, el que hacía trap dentro de la escena del rap era crucificado.
También siento que podríamos habernos unido mucho antes. Hoy en día creo que ya lo hemos superado y estamos camino a ello, pero antes no éramos tan unidos, para ser honesto. Creo que ese es el punto de quiebre donde tal vez Argentina despegó, Venezuela despegó, Colombia despegó. Aunque Colombia siempre… Colombia y Chile siempre su rap ha estado posicionado.
No es por hablar mal, pero siento que puede ser una de las razones por las cuales no pudimos despegar al cien por ciento todavía. Yo creo que va a pasar de todas maneras. Pero siento que tampoco estamos mal; me parece que estamos en un camino por trabajar, y que con trabajo podemos lograr cosas más grandes de lo que ya se ha logrado.
O.c: A veces es mejor una escena que vaya más lenta pero se mantenga, a una escena que después baje. ¿Cuánto de toda esta escena, de acá a 15 años, va a durar en el tiempo? ¿Cuántos van a poder quedar en la historia como Tego Calderón o Canserbero? Creo que es una escena que después sola se va puliendo. Una cosa es la escena que va de la mano con la industria y otra es la que después realmente se mantiene, que son los que realmente le llegaron a la gente.
Nero: Es verdad. Y una muestra de ello, hablando a Latinoamérica, son Randy Acosta, el mismo Norick, el mismo Warrior Rapper School, el mismo Jonás Sánchez. Son personas que sí han mantenido underground. Yo he visto cómo Crecieron por los años. Mientras más años te mantienes real, más respeto tienes, y es bastante complicado.
O.c: Venís del rap más tradicional, después hiciste Afroperuband, y de hecho la primera vez que escuché tu nombre fue por Susana Baca. Ahora me hablás de fusión, pero hasta Los de verdad nunca mueren venías haciendo un hip hop más clásico. Ese disco marca un quiebre. Y me llama la atención que, siendo de Perú, no muchos se animen a esa mezcla o que te haya llevado tiempo llegar a este tipo de propuesta
Nero: Lo quise hacer, pero lo he hecho en mi octavo año de carrera como músico. Estoy seguro de que, si intentaba hacerlo en mi primer año de carrera, no iba a tener el mismo impacto. Esta fusión la hice porque San Luis de Cañete —que es donde hice el disco— es el lugar de donde son mis papás. A mí me gusta hacer trabajos territoriales.
San Luis de Cañete es un pueblo muy especial. Susana Baca tiene su casa ahí. Es cuna y capital del arte afroperuano. Son cosas que he ido asimilando desde muy niño, porque yo todos los años siempre he ido a San Luis: porque era cumpleaños de un tío, porque se casaba un tío o pasaba las vacaciones con mis abuelos. Toda mi familia viene de ahí, y siempre la música afroperuana ha estado a mi lado. Entonces, es algo que siempre quise hacer, pero me tomé todo el tiempo posible para hacerlo bien.
Pero sí se ha hecho aquí en Perú rap afroperuano, Lo ha hecho Chispa Rap, lo ha hecho KarolinaTiva, lo ha hecho por un lado Pedro Moe, lo ha hecho Irving y Luén. Es más, el primer disco de rap peruano en la historia fue hecho por un afroperuano, Droopy G, en los 90, pero no tenía nada de cajón ni nada de eso, porque obviamente con las justas se grababa rap en los 90. Pero este disco yo quise hacerlo con toda mi alma. Sentía que tanto el rap y la música afroperuana necesitaba algo así. Que mezcle el festejo, el landó y el rap.
Siempre las canciones están hablando de lo que paso antes. Canciones como Toromata, por ejemplo, que habla de lo que pasaba en San Luis de Cañete en ese tiempo, escrita por Caitro Soto. Canciones del Zambo Cavero, canciones de Perú Negro. Todas cuentan historias de lo que pasaba en ese tiempo: 1990, 80, 70. La música afroperuana para mí necesitaba ser contada nuevamente desde un joven, desde un afroperuano en el 2025, 2026.
Yo simplemente me fui a Cañete seis meses a vivir con mi papá y ahí escribí todo. Ahí hice los videos. Igual, al final el proceso completo terminó siendo dos años.
Aunque para ser honesto la primera vez que fusioné música afroperuana fue en Procesión de mi primer disco Original Gallo de la Vicky
La gente de Cañete me ha visto caminar, tocar por aquí, tocar por allá. Cuando salió el disco, cuando salieron los videos, la gente comenzó a apreciarme más. También le agregamos arte al disco, porque cada canción tiene un cuadro pintado por un artista de La Victoria que se llama Dagner Melissa. Son cuadros al óleo. Cada canción tiene un cuadro, que ahora que lo vamos a tocar en el teatro vamos a exponer sus cuadros.
Lo que yo quería hacer con Afroperurban quería hacer una fusión cultural porque también están los videos y los cuadros.
O.c: Bueno, es un poco de lo que se trata el hip hop, porque el rap es una cosa y el hip hop es otra. En tu caso, capaz no es graffiti, pero son los cuadros, es el baile, la danza afroperuana, si querés.
Nero: Lo entendiste perfecto. Los cuadros son pinturas a artistas afroperuanos de Cañete y de La Victoria, pero los hizo una grafitera, que es Dagner Melissa. Ella es grafitera primero, pero hizo una colección de cuadros hermosa.
Metimos scratches, metimos a DJ Gs, a The Angel, y metimos percusión afroperuana. Metimos breakdowns en los videos, y también metimos festejo, baile afroperuano. Y metimos rap y décimas, que son como rimas. Tratamos de juntar eso, que ahora lo vamos a llevar al teatro: va a haber baile, va a haber pintura, va a haber graffiti, vamos a tocar, vamos a hacer décimas, vamos a rapear.
O.c.: En tu disco conviven ritmos afroperuanos con hip hop justo cuando muchos dicen que ya nadie busca música, que Spotify te da todo y que se perdió la curiosidad. ¿Sentís que esta mezcla puede despertar ganas de investigar, de volver a las raíces? Pienso en que quizá un pibe no conoce a Susana Baca, pero igual es importante que esa historia circule.
Nero: Este disco tiene bastante sample. Se samplea a Iván Cruz, a Los Kipus en Nada Soy, y usé extractos de entrevistas de Susana Baca para el intro. En el interludio Signo Igual aparece Antonio Quispe Rivadeneira, un tío mío, compadre de Susana, exalcalde de San Luis y creador del primer museo afroperuano. Es un mentor para mí. Lo puse porque siempre me inspiró a abrazar mi raíz afroperuana y mis raíces cañetanas.
Los primeros libros que leí fueron de él: uno dedicado a Donayre, y otro, De la Pampa, donde escribe sobre la gente del campo en San Luis, incluso sobre mi abuela. En mi casa no se leía mucho, pero esos libros estaban ahí y los agarré de niño.
Es un disco con mucho sample y mucha historia. Igual que el hip hop americano, que siempre sampleó a Sam Cooke, a Michael Jackson o cosas de los 60 y 70.
O.c: Pero el que escucha hoy no sé si tiene en cuenta ese bagaje, si se da cuenta, si entra a investigar quienes hablan en el disco, por ejemplo.
Nero: Es que yo creo que un disco tiene que ser así, hermano. Un disco es como escribir un libro. Es la manera en la que a mí me gusta hacer música.
Por ahí es más difícil de digerir, porque el que no es de San Luis de Cañete tal vez no se siente identificado. Pero a mí no me importa, porque esto es lo que yo hago, y no sabes lo orgulloso que siento de haber hecho un disco sobre el pueblo donde nacieron mis padres. Y, dada la casualidad, es el mismo pueblo donde Susana Baca tiene su estudio y sus Grammys.
Yo hice Original Gallo de la Vicky, me pegué en La Victoria haciendo rap, trap, pum pum. Y tenía la opción de seguir ese camino más popular, más radial, de hacer feats internacionales. Pero decidí otra cosa: seguir mi corazón y no ir hacia afuera, sino hacia adentro.
Es un disco que se lo puedo poner a mi madre y le encanta. Cosa que no pasa con mi primer disco, que no lo va a escuchar completo. Pero este sí, porque es para ellos. El disco se llama Los de verdad nunca mueren.
O.C.: Recién me decías “es lo que yo viví ahí”. ¿Qué sentiste que tenías que decir? ¿Qué cuenta el disco? Porque es un disco muy localista, pero al mismo tiempo tiene algo global: no habla de cosas tan distintas a las que pasan en el resto del continente.
Nero: Sí, mirá, el concepto del disco fue evolucionando. Afroperurban: Los de verdad nunca mueren al comienzo iba a ser un tributo. Yo quería hablar de Cañete, pero también de las personalidades afroperuanas que han impactado en el país. Pero cuando intenté hacer algo fuera de Cañete, se me hizo muy complicado. Entonces cambié el concepto y dije voy a hablar de mis raíces.
Si escuchás el disco desde el comienzo, la primera parte muestra a un joven afroperuano de treinta y pico, enojado con el sistema. Criminal habla de los prejuicios, Ladinos del sistema, San Luis Freestyle de San lo mismo. Esa primera etapa es rabia, frustración, enojo.
Después aparece el interludio Signo Igual, donde habla mi tío Antonio Quispe. Y ahí empiezan las canciones que explican por qué ese joven está molesto: mi historia. Mis padres se separaron, crecí rebelde, con desamor, con cosas que pasaban en la calle. Iglesias vacías habla de eso. Mamá reza por mí es bien familiar: al final, un joven afroperuano siempre confía en su madre. Esa parte del disco muestra las razones detrás de la rabia inicial.
Luego viene Máquina, que cambia toda la energía y se va hacia la fiesta. Ese audio es de mi primo —que falleció— y es una llamada donde hablamos de hacer una fiesta en San Luis. Ahí entran Qué fue, La esquina de la verdad, canciones para bailar, porque la cultura afroperuana y el hip hop también son celebración, baile, fiesta.
Después vienen Legends y Freestyle 2025, que son más raperos, más conscientes. Freestyle 2025 es como la resaca de la fiesta, y también amarra con mi proyecto de sacar un freestyle cada año. Y luego, para cerrar el disco, viene un interludio de Victoria Santa Cruz, donde ella dice lo penoso que es que nos discriminemos entre nosotros mismos. Y eso me da la conclusión de todo: que al final no se trata del color de piel ni de la raza, sino del amor que uno lleva dentro.
Ahí cierra todo el concepto: un afroperuano que empieza muy molesto —porque realmente está molesto por todo lo que pasó— pero que al final del disco entiende que eso ya pasó, que hay algo más profundo. Por eso hicimos La razón, donde hablo de darme cuenta de que no solamente soy negro, y de que San Luis de Cañete no es solo un pueblo afroperuano. También llegaron chinos, también llegaron cholos —me refiero a la gente de la sierra—, también llegaron otras influencias.
Quedarme en San Luis, investigar, convivir, me llevó a esa conclusión: sí, acá brillaron los afroperuanos y llegaron primero, pero San Luis también es especial porque no solo hay gente afro, sino también gente de la sierra y gente de China que aportó muchísimo. Mi abuelo es chino.
O.c Justo estaba por decirte que tenes apellido chino
Nero: Es un poco lo que hablábamos con Susana Baca: San Luis de Cañete es la cuna y capital del arte negro, pero es mucho más que eso. Es especial no solo por lo afro, sino también por lo andino, por lo asiático. Hay historias de japoneses: el primer cementerio japonés del Perú está en San Luis de Cañete.
Y también hay un cementerio “ilegal”, por decirlo de alguna manera, frente a una iglesia de esclavos, que están investigando en La Quebrada, en San Luis. Hay presencia andina, hay mezcla. Por eso hicimos La razón. Y lo que me dice mi tío Antonio Quispe es: “Tú eres eso. Sos la combinación de todo”. Porque tengo un abuelo cholo, un abuelo chino, una abuela negra, un bisabuelo con raíces españolas. Me dice: “Tú eres todo eso junto”.
Esa idea me llevó a hacer la canción. Es un juego de palabras, pero también es una conclusión personal. Y la última canción, Los de verdad nunca mueren, es algo súper personal. A mí siempre me gusta terminar mis discos así: hablando, agradeciendo, dejando algo íntimo.
O.c: Recién hablabas de Iglesias Vacías. En esa canción hacés una crítica a las iglesias, pero también a la escuela y a la clase política. ¿Qué te lleva a escribir sobre eso y a unir todo en un mismo reclamo, desde tu propia experiencia?
Nero: Es que yo creo que Iglesias Vacías es exactamente lo que estamos viviendo aquí en Perú en este año, en esta era. Es un registro para que la gente que lo escuche en el 2035–2040 sepa lo que estábamos pasando en esta época. No sé si estaremos mejor o peor, pero nosotros escribimos esa canción desde esa molestia, desde esa inconformidad. Y aun así decidimos hacerla single, sabiendo que no va a sonar en la radio ni va a ser tan compartida, porque aquí hay mucha gente católica y mucha gente que tira para un lado político. Sin embargo, la hicimos single, le hicimos video, porque considerábamos que era muy importante dejar un mensaje claro.
Nosotros sabemos que esa canción no iba a impactar mundialmente en el primer mes de salir, pero estamos seguros de que va a envejecer muy bien. En realidad, esa es la idea del disco: que pueda envejecer bien, que la gente pueda seguir escuchándolo en el 2035–2040.
O.c: Siento que el disco plantea que la voz del pueblo, de alguna forma, es la voz de Dios. ¿Cuánto hay de eso? ¿Y cuánto es necesario dejar de pensar en una voz religiosa o etérea y escuchar más al pueblo, a lo que necesita la gente? Pensando en Perú, en lo que pasa hoy y en todo lo que hablamos de las elecciones. ¿Todavía falta mirarnos más hacia adentro? Por lo que hablo con otros peruanos, muchos sostienen lo mismo
Nero: Sí, es eso. Y está en nosotros hablar de estos temas que son necesarios, porque los medios en Perú no cuentan la verdad. Nosotros estamos obligados a decir lo que está pasando, a compartir lo que realmente vive el pueblo. Y es un compromiso al que poco a poco nos estamos sumando más artistas. Mire a Susana Baca hablando sobre lo que estamos haciendo nosotros. ¿Cuándo Susana Baca había hablado de raperos? Eso sucede porque hoy es muy necesario que nos unamos, que las distintas generaciones se junten sin importar el ritmo o el género musical. Lo que importa es el mensaje que uno quiere llevar.
Si empezamos a separarnos por géneros musicales, es como separarnos por razas. No importa si yo hago rap, o el otro hace reguetón, o trap, o música afroperuana, o rock. Si tenemos una verdad y un mensaje para compartir, entonces vamos para allá.
O.c: En La Esquina de la Verdad hablás de una verdad que no aparece en los medios ni en el mainstream, una verdad que queda solapada en el barrio. ¿Cuál es esa verdad que vos necesitaste relatar en esa esquina?
Nero: Lo que pasa es que La Esquina de la Verdad es, literalmente, es como le dicen a mi barrio. Y te voy a ser honesto: la gente de mi barrio no entiende muy bien esto del mensaje del pueblo, de la verdad, de luchar por nuestros derechos. La gente está muy distraída con los lujos, con las banalidades. Y en el barrio, lamentablemente, hay mucha ignorancia. No nos obligan a leer, no hay información.
Entonces quería hacer una canción que mi barrio escuche, que la pongan a todo volumen en sus carros. Yo me pasé casi todo el disco hablando de lo molesto que estoy, de las injusticias, del prejuicio, de la discriminación, de la realidad del país. Pero necesitaba una canción que enganche a mi barrio. Y ahí, escondida, le meto la verdad que quiero compartir.
O.c: No recuerdo en qué canción, pero también hablás de raperos falsos. Es como una crítica hacia adentro, hacia tus colegas en algún punto.
Nero: Yo siempre trato de ser un poco competitivo también, y ahora, a mis 34 años, muchos jóvenes me ven como una referencia. Entonces trato de llamarles la atención: no tienen que estar sacando armas en los videos, eso no te hace mejor rapero. Es una llamada de atención, porque acá se está poniendo muy de moda en los barrios que los chicos saquen armas y hablen de quién mató a más gente para ser más “gánster”. Es mi llamado de atención a lo que está pasando en la escena.
O.c: Hace poco vi un video de unos chicos que hacían drill, con toda esa estética de taparse la cara, todo oscuro. Esa escena a mí no me llama la atención. Prefiero algo más cercano a Jaze, Wos, Trueno, El Rocca…
Nero: Pero créeme que en los colegios ahorita están escuchando maleanteo. Está muy de moda acá.
O.c: Es como en México con los narcocorridos…
Nero: Sí, y lamentablemente ya han matado como a cuatro. Eso es algo de lo que hay que hablar, para que no tomen como un juego tener armas y hablar de lo que pasa. Lamentablemente es el reflejo de la sociedad. Esos chicos no tienen la culpa: están contando lo que viven en el barrio. Son chicos de 16, 17 años, no tienen la conciencia de un tipo de 30.
Acá en Perú las extorsiones están a flor de piel. Están dejando minibombas en tiendas humildes, disparándole a gente de los micros para extorsionarlos. No te imaginás el nivel de delincuencia que hay. Antes, en mi chivolada, yo mismo en algún momento pude haberme robado un celular —no me siento orgulloso—, pero era para entrar a la pandilla, para ser parte del barrio. Ahora es distinto: ahora se matan, brother. Todos tienen armas, se están disparando entre todos. Yo no puedo pasar por mi barrio con un carro último modelo porque me extorsionan. Lo que está pasando en el país es realmente preocupante.
O.c: En La Razón hay una crítica a ciertos estereotipos, y pienso también en esto que venimos hablando. Pero también hay una invitación a bailar. Hay una frase que dice algo así como “no aparecen zapatos rojos, baile de libertad”.
Nero: Sí, Emi Castro escribió eso. Es una gran artista esa chica.
O.c: ¿Qué lugar ocupa el baile en esta idea de libertad y expresión? Porque a veces se lo subestima, y también forma parte de un deseo de libertad.
Nero: Yo creo que el baile y la música son lo que une a la gente. La mayoría de las parejas en el mundo se han juntado bailando. Cuando te casás, tenés que bailar con tu esposa. Ahí está la libertad. Podés estar en el barrio más peligroso o en el pueblo más pobre, pero en el momento del baile no importa qué tan pobre seas o qué tan peligroso sea el lugar. En el baile siempre hay libertad.
O.c: El disco cierra con L.D.N.M…
Nero: Sí. En realidad, la canción se iba a llamar Los de verdad no mueren, pero era demasiado largo, así que le puse L.D.V.N.M. Es un juego que hago siempre. En mi primer disco, Original Gallo de la Vicky, el primer tema es O.G.D.L.V. Siempre trato de conectar un disco con otro. Es mi forma de hacer discos: con interludios, mensajes ocultos, conceptos territoriales dedicados a un pueblo o a un barrio específico. Ese es el tipo de discos que me gusta hacer, y por eso los conecto. Esta última canción es muy personal.
O.c: Debo admitir que uno viene escuchando el disco con toda una atmósfera más rap estadounidense, más barrio, más crudeza. Pero en este último tema mostrás sensibilidad en un género donde lo rudo parece pegar más.
Nero: Sí, tal cual. Y no tengo vergüenza de ponerla. Me encanta esa canción, hermano. Eso hacía Tupac: podía ser muy rudo y después hacer Dear Mama, canciones sentimentales para su madre.
O.c: Es cierto: él podía cantar lo que pasaba en el barrio y después llorar en una canción…
Nero: Eso también es el barrio, porque está lleno de bipolaridad. Yo conozco delincuentes que un día están llorando por su madre y al día siguiente están haciendo cosas que decís “wow”. El barrio tiene eso: una bipolaridad extraña. En un momento pueden ser la persona más agradable del mundo y después todo lo contrario. No digo que yo sea así, pero sí muestro mis sentimientos a flor de piel. Ser de verdad, ser real, decir cómo te sentís. Y en esa canción es tal cual.
O.c: Para ir terminando, ¿cómo sigue el año? Este disco salió el año pasado, y con todo lo que está pasando me imagino que debés estar escribiendo…
Nero: Este disco me llevó a Europa el año pasado, a fin de año. Pasé por varios países tocándolo, pero me quedé en Barcelona dos meses. E hice un EP porque me gusta lo territorial: me quedo en un lugar, me hago amigo de una comunidad, y hago algo sobre eso.
O.c: Barcelowna es un EP más hip hop tradicional, digamos…
Nero: Es más hip-funk, más West Coast, que es lo que me encanta. Siempre quise hacerlo.
O.c: En lo personal me gustó más Afroperurban, lo sentí distinto y más latinoamericano. Pero para el que ama el West Coast, ese EP es tremendo.
Nero: Me fui de vacaciones a Barcelona y quise registrar mis vacaciones en un EP. Me hice muy amigo de ellos. Barcelowna es una comunidad de lowriders allá. Viví con ellos y decidí hacer un disco. Ahora lo estoy moviendo, pero obviamente lo que tengo que abrazar y mover más es Afroperuban y ese concepto, porque es lo que tengo para aportar. Yo no tengo mucho que aportar al movimiento G-Funk, pero si traigo un cajón peruano y lo mezclo con el G-Funk, tal vez puedo hacer algo.
Siento que en Perú ya gané varios premios. Estoy reconocido por la matriarca de la música afroperuana, Susana Baca. Me voy a tomar mi tiempo, como me tomé para hacer este último disco. Mientras tanto voy a ir sacando EPs, colaboraciones, pero me voy a tomar mi tiempo para hacer un disco que busque internacionalizar el rap afroperuano.
O.c: ¿Va a seguir manteniendo esta mezcla con el landó y la música afro?
Nero: Voy a tratar de incluir un poquito de estos ritmos G-Funk que me gustan. Ahorita no te puedo decir qué voy a hacer, porque Afroperurban lo construí en años y el concepto fue cayendo solo. Ahora estoy concentrado en el show del teatro. Es la primera vez que va a haber rap afroperuano en un teatro.